Asociaciones en red: del
mito al laboratorio
Valérie Peugeot
Artículo publicado en francés
por Transversales, febrero 2001, y en castellano en Iniciativa Socialista,
verano 2001
Valérie Peugeot,
es delegada internacional de VECAM (reflexión y acción para
un Internet ciudadano).
Todo ocurre como si politólogos, sociólogos, organizaciones
y militantes viesen en las “asociaciones en red” la oportunidad de abrir todos
los callejones sin salida con los que habían chocado dentro de los
modos tradicionales de organización política. ¡He aquí
la asociación en red!, saldando cuentas con todas las frustraciones
y expectativas insatisfechas heredadas de las instituciones, de los movimientos
sindicales, de los partidos políticos, de las asociaciones tradicionales
y de otros entes intermedios. Pero, en realidad, ¿qué hay de
cierto en todo ello?
Algunas certezas
- Como primera certeza, es evidente que la herramienta Internet constituye
una palanca formidable, un multiplicador de la acción asociativa. Facilita
los contactos, amplifica las campañas, retransmite la comunicación...
y todo a poco precio. Una asociación, aunque sea pequeña, puede
organizar su acción llevándola a una escala hasta ahora era
inaccesible.
- Segunda certeza, la desterritorialización. Cada vez más,
las asociaciones hacen frente a retos transfronterizos, que van desde la especulación
financiera hasta la ecología, desde la pobreza a la bioética.
La mayor parte de los agentes asociativos, incluso aquellos cuya acción
está inscrita preferentemente sobre el territorio local, han comprendido
que todos esos retos reclamaban, si no respuestas globales, sí, al
menos, que se compartan experiencias, que se coordinen acciones a escala
internacional. En su discurso, las instituciones políticas también
buscan la acción internacional, pero, en la práctica, el sector
asociativo ha sabido sacar el máximo partido de Internet, mucho mejor
que ellas y a una velocidad increíble -menos de cinco años,
en su mayor parte-, para organizar acciones transfronterizas: movimientos
campesinos, campaña contra el AMI, cumbres de Praga, Seattle, Porto
Alegre...
- Tercera constatación: la red facilita la movilización de
energías nuevas sin ánimo lucrativo. Al hacer posible la participación
a distancia, permite que aquellos que, por falta de tiempo o de ganas, no
acuden a las reuniones asociativas tradicionales, puedan responder a un texto
en elaboración, traducir un artículo, aportar elementos de información
o contactos...
... e intuiciones...
Citaré dos intuiciones, bastante extendidas:
- La red disminuye las jerarquías. Hay estudios que ya lo han demostrado
en el mundo empresarial, y por analogía y empirismo se llega a la misma
conclusión en el mundo asociativo. Aún falta por saber si en
el universo asociativo la cuestión jerárquica tiene la misma
centralidad que en el mundo empresarial. ¿No se trata más bien
de conservar un equilibrio entre el poder del voluntariado y el trabajo de
los asalariados? ¿O de facilitar la renovación de las responsabilidades?
¿O de permitir que entren en movimiento un número mayor de voluntarios?
- La red facilita los modelos de democracia participativa versus democracia
representativa. Cuidado con la confusión: la herramienta no ayuda si
no etá al servicio de un pensamiento y de una voluntad de participación.
Hoy, de forma efectiva, algunas primeras experiencias -forum UE/ACP (http://www.ue-ac.org),
Mistica (http://www.funredes.org/mistica)- demuestran que, bien utilizadas,
las redes permiten crear comunidades virtuales donde cada cual puede expresar
y construir su opinión de una manera muy participativa. Pero estas
experiencias, aún escasas, requieren dos comentarios. Por una parte,
deben su éxito a los equipos humanos que hay tras las máquinas;
y quien dice recursos humanos dice financiación. Escasean las asociaciones
(y sus financiadores) dispuestas a invertir para facilitar la democracia participativa
en su propio seno. Por otra parte, estas experiencias raras veces afectan
al corazón de aquello que está en juego en el poder. Cuanto
más nos acercamos a las decisiones, más inoperantes parecen
las redes. En parte, porque no han sido pensadas para eso.
Partenariados entre investigadores y asociaciones
¿Para cuándo el logicial que garantice la diversidad cultural,
permitiendo una traducción simultánea de nuestros escritos en
los idiomas que elijamos con el propósito de que nuestros interlocutores
reciban sistemáticamente todos nuestros mensajes electrónicos
bajo forma multilingüe? Aún está lejano el logicial capaz
de resumir el contenido sustancial de un texto antes de colocarle en línea,
dejando a la voluntad del lector la posibilidad de ir a consultar la versión
completa si lo desea, evitando el ruido en las redes y facilitando la construcción
de diálogos múltiples.
¿Cuándo las asociaciones podrán organizar sus asambleas
generales con participación televisual a distancia y con un sistema
de voto seguro? ¿Cuándo se equiparán de logiciales, ya
existentes en el mercado, de redacción colectiva? ¿Para cuándo
y para quién las famosas herramientas de trabajo en grupo a distancia
[N.T.: “collecticiels” en francés, “groupware”, en inglés]
que permitirán construir pensamiento colectivo y organización
no jerárquica? ¿Para cuándo herramientas de acceso universal
que permitan hacer la cartografía de las capacidades, de la energía
militante, de la distribución de saberes, a semejanza de las primeras
exploraciones desarrollas medio de árboles de conocimiento?
¿Cuándo dispondrán las asociaciones de herramientas
de simulación que les permitan, como ocurre ya en algunas administraciones,
medir mejor el impacto de una decisión que preconicen o combatan (por
ejemplo, el impacto ecológico de la construcción de una autopista
o las consecuencias de una decisión urbanística en términos
de migraciones sociales)? ¿Dónde están las herramientas
que permiten conservar la memoria compleja de un debate en el seno de una
comunidad virtual, sin hacer desaparecer las controversias y la complejidad?
En realidad, lo que necesitamos actualmente es un doble vínculo ente
investigadores, productores y asociaciones. Las intuiciones antes evocadas
deben ser objeto de un trabajo riguroso de observación sociológica.
Sólo de esta forma, en un incesante movimiento interactivo con la experimentación
militante, se podrá dar respuesta a la principal pregunta política:
¿la entrada en la sociedad en red permitirá verdaderamente
que las asociaciones experimenten nuevas modalidades de trato con el poder,
tanto en su interior como en su relación con las instituciones y otras
entidades intermedias?
En segundo lugar, deben establecerse profundos partenariados entre el mundo
asociativo y el mundo del I + D, a fin de que los desarrollos tecnológicos
dejen de responder exclusivamente a las exigencias del sector privado y a
la única lógica de las posibilidades mercantiles y de la rentabilidad,
para pasar a alimentarse también de las necesidades y de los imaginarios
del sector no lucrativo. En Canadá, un empresario ha creado una fundación
dedicada enteramente al apoyo a los artistas multimedia. Estos últimos,
siguiendo el hilo de sus imaginarios, implican a las herramientas en ámbitos
que el mercado habría dejado sin explorar y que, sin embargo, abren
nuevas perspectivas tecnológicas y societales.
En Europa, debemos conseguir que las asociaciones tengan acceso directo
a la elaboración de las ofertas públicas de contratación,
siempre que su petición contribuya al interés general. El Estado
no tiene el monopolio del bien común, a fortiori cuando acostumbra
a dejarle en manos del sector privado. Las empresas, por su propia naturaleza,
no incluyen entre las opciones que seleccionan a aquellas que no prometen
un retorno de la inversión a corto plazo. Por el contrario, la forma
asociativa puede pensar en una creación de riquezas y de inteligencia
colectiva a largo plazo. ¿Para cuándo un programa de investigación
y desarrollo europeo creado en partenariado con las redes asociativas?