Iniciativa Socialista (portada) Italia: las mujeres
se apoderan del tiempo

Elisabetta Bucolo

Artículo publicado en francés por Transversales, junio 2001, y en castellano en Iniciativa Socialista, otoño2001. Elisabetta Bucolo es socióloga, encargada de investigación en el CRIDA-LSCI/CNRS.

Hace ya veinte años, los movimientos de mujeres italianas planteaban públicamente la cuestión de saber cómo conciliar los tiempos de vida (domésticos, parentales y privados) con los tiempos de trabajo (1). Nunca antes se había planteado, ya que el mundo del trabajo estaba concebido para trabajadores hombres que no tenían que administrar el tiempo doméstico, delegado en las mujeres. Todo cambia cuando las mujeres comienzan a trabajar y se encuentran en la imposibilidad de conciliar los horarios públicos y privados (generalmente les estaban confiadas las tareas domésticas y el cuidado de niños o de personas mayores).
Este debate ha permitido dirigir a los poderes públicos una demanda de reajuste de los horarios de las ciudades, a nivel de las oficinas administrativas, de las escuelas, de los transportes, de las empresas, de los comercios, etc. Una demanda bastante futurista si se piensa que, actualmente, en países como Francia, tal armonización de horarios privados y públicos está lejos de realizarse (2).
Reunidas en colectivos, tanto a nivel sindical como en grupos de ciudadanas, de concejalas o de universitarias, las mujeres italianas han llevado el debate a los diferentes lugares de la sociedad civil. La proposición de ley de iniciativa popular de 1989 titulada “Las mujeres cambian los tiempos” es el primer acto público de envergadura que contribuye a que el debate salga del círculo de especialistas para situarlo a escala nacional. La reflexión toma una dimensión más institucional al llevar a cabo acciones, sobre todo a nivel de colectividades locales. Las negociaciones para la disposición de los horarios en las ciudades comienzan a organizarse por iniciativa de las confederaciones sindicales o de consejos comunales sensibles a la cuestión.
En este sentido, gracias al artículo 36 de la ley 142/90 sobre la reestructuración de la administración pública, se reconoce a los alcaldes la posibilidad de administrar de forma autónoma los horarios públicos y privados de su ciudad, según las exigencias de los ciudadanos. Este artículo proporciona así la ocasión de llevar a cabo “planes reguladores de horarios”. Las grandes ciudades como Florencia, Milán, Roma o Turín han activado tales planes y delegado a instancias específicas -las oficinas de los tiempos- una misión de promoción y desvelo por el respeto a las exigencias “temporales” de los ciudadanos.

Una ley sobre los tiempos sociales

El debate público ha dado paso a una reflexión más amplia sobre la organización, aparentemente anodina, de las actividades públicas y privadas en un medio urbano. De hecho, esta organización refleja una idea sobre las vivencias colectivas de los ciudadanos. Igualmente, la pertenencia a un género atraviesa nuestra visión del tiempo, que difiere según se lo piense en masculino o femenino. Las mujeres han planteado estas cuestiones, ligadas a las múltiples dimensiones del tiempo: el tiempo para sí, el tiempo para los otros, el tiempo de trabajo (3)… Existe una flexibilidad inherente al pensamiento femenino, ya que el tiempo de trabajo no constituye más que uno de los aspectos de identidad que unen a las mujeres con la sociedad, junto al tiempo doméstico, de cuidados y de ocio. Las mujeres reivindican la posibilidad de vivir plenamente estos diferentes tiempos. A pesar de los debates y la apertura recientes sobre el tema del reparto de las tareas, una encuesta llevada a cabo en Francia demuestra que, en las parejas, las madres están dos veces más presentes que los padres en la vida de los niños. En las familias monoparentales, sin embargo, las prácticas no difieren ya se trate de un hombre o de una mujer (4). Se da, pues, un efecto “de género” en el reparto de los roles, que no se puede subestimar cuando se trata de abordar la cuestión de los tiempos sociales.
En Italia, la ley nacional nº 53 de 8 de marzo de 2000 sobre los tiempos sociales ha integrado todos estos cuestionamientos. Es el resultado de veinte años de debate y la fecha simbólica de su entrada en vigor, el Día Internacional de la Mujer, no es anodina. Se trata de un conjunto de normas convergentes que, habitualmente tratadas por el legislador en apartados diferentes, se han reunido.
La primera parte trata esencialmente de los permisos parentales en favor de un mejor y más justo reparto de los roles en el seno de la familia. Se reconoce el derecho individual a un permiso parental para los dos padres, y no solamente para la madre. La segunda parte de la ley trata del “tiempo para sí” y reconoce a los trabajadores el derecho a permisos retribuidos para formación. Este segundo enfoque se basa en la perspectiva del respeto a los tiempos individuales de vida, que no pueden calcarse de las obligaciones de un tiempo de trabajo uniformizado. Cada uno debe poder construirse su caminar adaptándolo como mejor pueda a su situación social y familiar. Por último, la tercera parte trata de la gestión y la coordinación de los tiempos en la ciudad: los artículos 22 al 28 están inspirados por los avances que han tenido lugar a nivel local desde los inicios de los años 90. La ley intenta, pues, promover novedades metodológicas de gestión de las ciudades para la conciliación de los tiempos ya que “cada uno debe ser ciudadano de su propio tiempo”.
Si los tiempos individuales y colectivos se reducen a su papel productivo, se establece un bloqueo cultural que impide valorizar sus otras dimensiones. Por lo tanto, los tiempos de vida son ricos en posibilidades, como lo demuestran otras iniciativas ciudadanas en Italia.
En este sentido, los bancos del tiempo (5) son sistemas de intercambios locales que contribuyen a crear vínculos sociales gracias a su forma de funcionamiento y a los servicios rendidos. El valor tiempo es utilizado como única unidad de cuenta para los intercambios de servicios entre los miembros. Los servicios intercambiados tratan sobre todo de la gestión de lo cotidiano: guarderías, cursos de cocina, cuidado de personas mayores, etc. En el conjunto del debate público sobre los tiempos sociales, esta experiencia de economía solidaria, extendida por todo el territorio italiano, ha permitido reconocer, en la práctica, la articulación compleja de los tiempos de trabajo, de ocio, parental, doméstico y colectivo.

Administrar el tiempo fuera del trabajo

Cuando se sabe que en los países europeos donde se están dando políticas de reducción del tiempo de trabajo esto significa un verdadero incremento de tiempo liberado, los bancos del tiempo demuestran que es posible la utilización colectiva de ese tiempo fuera del trabajo. Las 35 horas, el trabajo a tiempo parcial, el trabajo de noche, etc., han liberado franjas horarias, partes de la jornada, semanas que están por ocupar. La dificultad estriba en nuestra incapacidad de trasladar la centralidad del tiempo fuera del trabajo.
En Italia, cuando las mujeres empezaron a hablar de los tiempos sociales, no se trataba de reflexionar sobre la reducción del tiempo de trabajo, sino de la calidad de vida. Por mucho tiempo considerados como subalternos, los tiempos para las relaciones, de socialización, el tiempo libre, los tiempos parentales, etc., retoman su lugar primordial como indicadores propios de mejores condiciones de vida, individual y colectiva.

NOTAS

1. La socióloga italiana Laura Balbo ha publicado dos pequeños libros de reflexión sobre la cuestión de los tiempos de trabajo y de los tiempos de vida.
2. Para profundizar sobre la cuestión de los tiempos en Francia, ver, entre otros, Dominique Méda, Le Temps des femmes, Flammarion, 2001.
3. Grazia Colombo, “Governare il tempo, non farsi negare dal tempo che scorre”, Animazione Sociale, Torino, enero 2000.
4. Encuesta realizada en 1999 por el grupo “división familiale du travail” de MATISSE, unidad mixta de investigación del CNRS.
5. Para más información sobre el funcionamiento y la historia de los bancos del tiempo italianos, ver Transversales nº58, agosto 1999.