Iniciativa Socialista (portada) Del caos de la sociedad capitalista de mercado a las primicias de otro mundo

Jacques Robin

Artículo publicado en francés por Transversales, junio 2001, y en castellano en Iniciativa Socialista, otoño 2001

En Occidente y, en consecuencia, en el planeta entero, estamos plenamente sumergidos en el caos económico, social, cultural y político ligado al ascenso hacia su apogeo de la sociedad capitalista globalizada de mercado.
Sin alegrarnos de hacerlo, hemos denunciado a menudo esta evolución, corriendo el riesgo de cansar a los lectores. La economía capitalista de mercado, bajo la propulsión explosiva de la mutación informacional, no podía llevar a otro sitio. Marx y Polanyi ya lo advertieron: la economía mercantil, convertida en capitalista con las dos revoluciones industriales, había engullido ya la tierra, el trabajo y la moneda. Como recalca Jeremy Rifkin [Jeremy Rifkin, La era del acceso, Paidós, Barcelona 2000, 366 páginas], la educación, la salud, la cultura, es decir, lo que afecta profundamente a la experiencia vivida de cada uno, zozobran a su vez en la mercantilización del mundo.
La trinidad crecimiento salvaje, competencia permanente y (sedicente) libre cambio continúa presidiendo las decisiones de los dueños del mundo, que ya no se reducen solamente a los responsables de los Estados-nación y de las empresas multinacionales, pues éstos ceden terreno cada día a las diversas mafias (armamento, moneda especulativa, agua, genoma, migraciones...).
Todos nos espetan las mismas letanías: las leyes naturales del mercado, la formidable adaptación del capitalismo, la racionalidad económica ultraliberal. Llueven las afirmaciones al respecto. En Le Monde [“Pas de fossé entre L’Europe et les États-Unis”, Le Monde, 11 de junio de 2001], Condoleezza Rice, consejera de Seguridad de George W. Bush, escribe: “A ambos lados del Atlántico, estamos convencidos de que una economía abierta y un sistema cambiario abierto constituyen el mejor punto de partida para construir la prosperidad y responder a las necesidades humanas.” Y Henri Weber [“L’idée socialiste aujourd’hui”, Le Monde, 8 de mayo de 2001], el cantor de “La idea socialista hoy”, le hace coro: los asalariados de África, Asia y América Latina podrán evolucionar gracias a las “regulaciones concertadas de la economía de mercado”. Y estas pamplinas se dicen en el  momento en el que tiene lugar una mutación excepcional que pone en cuestión todos nuestros cimientos.

Hacia el caos

Nos estamos hundiendo en el caos. ¿Quién no está viendo, atemorizado, avanzar su gran sombra? Registramos tres factores alarmantes:
- La biosfera amenazada: la explotación desmesurada de la materia por las sociedades productivistas de Occidente prepara las condiciones de la extrema sequía en los países próximos al Ecuador y las inundaciones de amplitud inédita en las regiones húmedas. La falta de agua potable, el descenso de la calidad del aire y de los alimentos -que lleva incluso al hambre-, severas patologías ligadas a la contaminación y la acumulación de desechos de todas clases ponen en peligro para las próximas generaciones la propia habitabilidad para los seres vivos del planeta. Pero Bush (líder del país más contaminante del planeta, con el 25% de las emisiones para un 5% de la población) declara: “El nivel de vida actual de los americanos no es negociable”.
- Las desigualdades sociales, económicas y culturales entre los seis mil millones de humanos se tornan monstruosas y con consecuencias dramáticas. El producto anual por persona se escalona desde los 20.000 dólares para los habitantes de países desarrollados hasta los 300 dólares para los habitantes de los países menos desarrollados. Según el informe del PNUD de 1999, el 20% de los más ricos del mundo detentan el 86% de la riqueza, y el 20% de los más pobres el 1%. Bill Gates posee una fortuna evaluada en 450.000 millones de dólares. Sin mencionar la dramática situación de los 21 millones de personas censadas como “refugiados”, de los 25 millones de desplazados en su propio país, de los 36 millones de enfermos de sida localizados en su mayor parte en África, en el Sudeste asiático y en Europa del Este.
Tampoco en Occidente la desigualdad ha remitido. Así, en Francia, aunque el desempleo ha disminuido en más de un millón de personas en el 2001, el Observatorio Nacional de la Pobreza y la Exclusión evalúa en más de 5 millones el número de pobres. Mientras los amos de las transacciones financieras y de las multinacionales se embolsan centenares de millones de francos cada año, es muy fácil hacer la lista de los sectores que están en camino de desmoronarse: los despidos a conveniencia de la cotización bursátil van a más. Fingimos ignorar que las inéditas especificidades económicas y sociales procedentes de la mutación informacional continúan actuando: manipulación de la materia por medio de lo inmaterial, de los códigos y los signos, nuevas reglas de cambio, duplicación a bajo coste de los bienes y servicios relacionados con la informatización de la automatización. A pesar de la cortina de humo de la e-economía y de las start-up, los efectos globales están claros: la división entre un pequeño número de ganadores y un gran número de perdedores.
La sociedad de mercado va exhibiendo ya su arrogancia: en Francia, los “affaires” Marks and Spencer, Danone, Philips, Alcatel, subrayan los objetivos centrales de la sociedad globalizada: la rentabilidad financiera inmediata para cebar con cientos de millones a los fondos especulativos, a los analistas financieros, y en menor grado a los que controlan las multinacionales y a los directivos de éstas, así como, por último, a sus accionistas.
- Fijémonos bien: una marea de inaudita violencia está ligada a este caos. Múltiples guerras, terrorismos mortíferos, armas de fuego a gran escala, delincuencias armadas, la brutalidad y la tortura banalizadas, rápido ascenso del consumo de drogas con la pérdida de referentes sociales.
El dinero-rey, frecuentemente ligado a la especulación, entraña una corrupción que infiltra todos los dominios y todas las capas de la sociedad de mercado. El mundo del arte y el del espectáculo deportivo (con el agravante del dopaje) se van gangrenando. Este dios-dinero de la sociedad de mercado (“¿Quiere usted ganar millones?”) acomete hoy con éxito el dominio de cuerpos y espíritus a través de los medios de comunicación y de la publicidad; y mercantiliza la educación, el conocimiento y la salud.
¿Queda tiempo todavía para avanzar hacia otro mundo que ponga fin, después de siglos, a la dictadura totalitaria de la economía de mercado?

Primeros pasos hacia otro mundo

Desde hace algunos años se están produciendo fuertes señales de resistencia y de propuestas alternativas a la sociedad de mercado. Es el aliento de “otro mundo posible” lo que se extiende por todo el planeta.
Ya durante las cumbres de los últimos años del siglo XX, las Conferencias iniciadas por la ONU sobre la ecología, el trabajo, el hábitat, el derecho de las mujeres (en Río, en 1982, y después en Viena, Copenhague, Estambul, El Cairo, Pekín), habían permitido a las ONGs de todos los continentes encontrarse con los ciudadanos del mundo. Las primeras redes constituidas hicieron fracasar el AMI (Acuerdo Multilateral de Inversiones, muñido en la opacidad por la OCDE). Los agricultores del mundo entero se oponen victoriosamente (por el momento) a la invasión de los OGM (organismos genéticamente modificados) y a la perversión del “Terminator” de la firma Monsanto.
En Seattle, la oposición se hace todavía más viva con ocasión de las jornadas de la OMC (Organización Mundial de Comercio).
Estas y otras acciones arrastran irresistiblemente a la celebración, a finales de enero de 2001, del primer Foro Social Mundial en Porto Alegre. Éxito enorme: se propone abiertamente construir una auténtica ciudadanía planetaria dotada de herramientas políticas y económicas adecuadas. En las declaraciones finales, el Foro parlamentario mundial y los movimietos sociales de cientos de organizaciones declaran su voluntad de levantar en enero de 2002 “un verdadero consenso de Porto Alegre II”.
Porto Alegre es sin duda la manifestación más visible de la alternativa planetaria hacia otra mundialización, con rostro humano, pero otras tendencias de fondo convergen igualmente hacia esta perspectiva:
- Por ejemplo, la asombrosa penetración, en Francia y en Europa, del movimiento Attac. Con sus propuestas sobre la tasa Tobin y, sobre todo, sobre otras regulaciones financieras, su denuncia de los paraísos fiscales y sus proyectos de una “reforma radical” de las grandes instituciones financieras internacionales, Attac se aplica a hacer explotar la sociedad capitalista de mercado.
- La economía social y solidaria lleva agua al mismo molino: pone el acento sobre la importancia de los indicadores cualitativos al lado del unidimensional PIB como única medida de la riqueza; esta travesía abre las vías a una economía plural (en la cual la lógica de mercado no es más que un componente), a las monedas plurales y a nuevos criterios reflejados en la contabilidad pública.
- La ecología política, en la línea de las acciones y propuestas de René Dumont, André Gorz, Armand Petitjean, Jacques Elull, Félix Guattari y muchos otros, se esfuerza en introducir en las estructuras de las sociedades y en la subjetividad de los ciudadanos modos de producción económica y de consumo que permitan un desarrollo sostenible. De esta forma, el clima, el agua, el aire, la alimentación, los desechos, se convierten en asuntos humanos urgentes. Por otro lado, los Estados generales de ecología política (Egep) se esfuerzan, junto con las asociaciones civiles, en cambiar las relaciones de la política con el poder y de permitir el nacimiento de una verdadera “ecosofía” humana.
- Siguiendo en el ámbito de lo concreto, los ciudadanos retoman en sus manos cierto número de asuntos, como enseña lo mostrado a continuación.
- Finalmente, otros datos inscritos ya en la antropología merecen ser señalados, porque tienden a establecer una interacción estrecha entre la autonomía que cada persona requiere y un lazo social que anima nuevas formas de “asociacionismo”, tan apreciadas por Roger Sue. Efectivamente, lanzan algunos mensajes reconfortantes: muestran una generación ascendente de ciudadanos, tanto en las empresas como en las asociaciones, que cuestionan, y se cuestionan a sí mismos, cuál es el sentido que van a dar a su vida, individual y colectivamente. Para desarrollar su creatividad, su reactividad y su intuición, se vuelven hacia las relaciones de cooperación con sus diferentes interlocutores.
Estamos, sin duda,contemplándolos en su acto de presentación como ciudadanos del mundo. Otro mundo, más respetuoso de la naturaleza y de la humanidad, se implantará cuando un mayor número de personas se decida a retomar en sus manos su destino y se abrirá hacia reglas que concilien el bienestar individual y el bienestar colectivo.
En 1996, Cornelius Castoriadis [Cornélius Castoriadis, Les Carrefours du labyrinthe (IV), Le Seuil, 1996] describió soberbiamente el proyecto necesario: “Lo que se requiere es una nueva creación imaginaria de una importancia sin parangón en el pasado, una creación que pondría en el centro de la vida humana significaciones distintas de la expansión de la producción y del consumo, que plantearía objetivos vitales diferentes que pudieran ser reconocidos  como algo que vale la pena (...). Tal es la inmensa dificultad a la que tenemos que hacer frente. Tendríamos que querer una sociedad en la que los valores económicos hayan dejado de ser centrales (o únicos), en la que la economía haya sido puesta en su sitio como simple medio de la vida humana y no como fin último (...). Esto no solamente es necesario para evitar la destrucción definitiva del entorno terrestre, sino también, y sobre todo, para salir de la miseria física y moral de los humanos contemporáneos”
Esta es, asimismo, nuestra perspectiva: otro mundo posible no se limita a la puesta en marcha de una economía plural con un mercado contenido. Al mismo tiempo nos hace falta, para volver a encajar la economía en el desarrollo humano, sacar al economicismo de nuestros espíritus.