Iniciativa Socialista (portada) Tres grandes desafíos
para la humanidad

Jacques Robin

Artículo publicado en francés por Transversales, noviembre 2001, y en castellano en Iniciativa Socialista, invierno 2001-2002. Intervención en los coloquios de Bled (Eslovenia) realizados entre el uno y el tres de octubre de 2001.

Con la pérdida general de referentes en nuestras sociedades productivistas, los símbolos del economicismo dominante no serán ya los únicos lugares atacados: las frágiles Torres del conocimiento y las relaciones de comprensión volarán también en pedazos.
En el plazo de sólo algunas generaciones, la propia supervivencia de la humanidad está en cuestión. La proposición categórica de Hans Jonas se revela difícil de realizar: “Actúa de manera que tus acciones sean compatibles con la permanencia de una vida auténticamente humana sobre la tierra”.

Los mayores envites al amanecer del siglo XXI

Sin hacer una lista exhaustiva de ellos, y por orden de importancia, tres tipos de cuestionamientos se revelan como decisivos de forma inmediata.
- ¿Cómo realizar una gestión sostenible de los recursos naturales, que deje a la humanidad un tiempo de respiro suficiente para construir otro mundo más respetuoso del entorno?
- ¿Cómo disminuir la contaminación global y limitar de manera drástica el efecto invernadero?
- ¿Cómo poner fin al hambre de un gran número de humanos, a la escasez creciente de agua potable, a la expansión de pandemias mortales (en particular la del sida) que atacan sobre todo a las zonas más pobres?
- ¿Y cómo, en general, construir un modelo de desarrollo que esté lo más cerca posible de la coevolución con la biosfera?
Otro envite está ligado a la evolución fulminante de nuevos conocimientos humanos referentes a la “materia”. Después de haberse servido de fuentes de energía cada vez más potentes para transformar la materia que les rodea, los humanos se han convertido en maestros, a mediados del siglo XX, en la utilización de una nueva característica de la acción sobre la materia, llamada con ligereza “información”. Esta apertura ha producido en algunos decenios tecnologías inéditas: informática, robótica, telecomunicaciones digitalizadas, biotecnologías… La entrada en esta era informacional pone hoy en día a disposición de los humanos riquezas (bienes y servicios) en cantidad considerable. Esta realidad podría permitir la abundancia material para todo el mundo y liberar capacidades relacionales infinitas.
Ahora bien, el reparto de estas nuevas riquezas no encuentra acomodo en una economía capitalista de mercado que persigue desde hace cuatro o cinco siglos un objetivo central: la mercantilización del mundo. Después de haber absorbido la tierra, el trabajo y la moneda, hoy en día son la educación, la salud, la cultura, en resumen lo más íntimo de nosotros mismos, lo que la economía capitalista de mercado pretende poner al servicio de un economicismo totalizante. La aplicación de las tecnologías nacidas del concepto de información a las reglas habituales de la economía de mercado (basadas sobre el beneficio inmediato dentro de una competencia encarnizada) produce brutalmente desigualdades sociales enormes entre un pequeño número de ganadores y un gran número de perdedores. Una violencia inaudita invade por tanto el planeta (terrorismo, guerras, delincuencias, drogas…) bajo la batuta de múltiples mafias que toman el poder en numerosos ámbitos (agua potable, armamento, inmigración, manipulación genética…) avasallando particularmente a los países del Sur.
Se están planteando desafíos enormes a las sociedades mundiales que rehusan comprender la fuerza dinámica y las especificidades del concepto de información.
- ¿Cómo encontrar indicadores nuevos para medir la riqueza?
- ¿Cómo favorecer las estructuras en red y el acceso de los servicios a la gran mayoría?
- ¿Cómo estructurar una economía plural capaz de repartir de manera menos injusta la riqueza producida?
- ¿Cómo establecer regulaciones que el mercado no puede asegurar por sí solo?
- ¿Cómo manejar las nuevas y pasmosas cuestiones que se plantean en la bioética sin hacer de aprendices de brujo?
- ¿Cómo reducir la fractura entre el Norte y el Sur de nuestro planeta?
- ¿Cómo salir del economicismo asfixiante para poner en pie una nueva racionalidad al servicio del ser humano?
- ¿Cómo asociar a una transformación social planetaria, tan poco coherente como es aún, una verdadera transformación personal, educada en la autonomía y la complejidad?
- ¿Cómo buscar mejor la comprensión del otro, lo cual necesita apertura, simpatía, generosidad?
- ¿Cómo hacer retroceder los repliegues identitarios que conducen a los nacionalismos guerreros?
-Y, en resumen, ¿cómo abrirse a la alteridad y a la “ecosofía”, es decir, a una perspectiva filosófica que incluya las dimensiones éticas y articule entre ellas al conjunto de las ecologías científicas, medioambientales, sociales y mentales? (cf. Félix Guattari).

Etapas hacia una gobernanza democrática mundial

La puesta en marcha de una gobernanza democrática mundial se convierte así en un desafío central. Una mundialización con rostro humano y un nuevo humanismo democrático se revelan como los pilares de un proyecto de civilización a escala planetaria.
Ciertamente, la complejidad de las situaciones, la necesidad de dar ventaja al largo plazo sobre el corto, el dejar de lado los objetivos actuales del tipo “cada vez más grande”, “cada vez más deprisa”, “cada vez más fuerte”, exigirán muchos pasos intermedios y probablemente pasar antes por una primera etapa de formación de conjuntos de regiones geopolíticas homogéneas. Para conseguir llegar a esto, sería bueno utilizar de una forma mejor adaptada los organismos mundiales ya existentes, en particular las instituciones financieras internacionales bajo el control de la ONU.
Los Encuentros de Bled no pretenden ser seminarios episódicos. Tienen la intención de crear, en un corto espacio de tiempo, una instancia internacional ética, política y científica. El papel de esta instancia sería a la vez modesto y muy ambicioso: “Apelar” a la opinión planetaria para incitarla a la vigilancia y proponerle acciones para responder a los desafíos y apuestas en juego, los principales de los cuales son los que acabamos de subrayar arriba. Un verdadero “tercer espacio”, situado entre las tentativas de reagrupamientos obsoletos de las estructuras jerárquicas y estatales existentes y las propuestas alternativas sin suficiente coherencia global, puede afirmarse como un lugar de debates y de construcción indispensables. Esta instancia actuaría en coherencia y resonancia con las Naciones Unidas, y buscaría el apoyo de grandes organismos capaces de sondear las “opiniones de los pueblos”.