El álgebra
bagdadí
Ángel Requena
Iniciativa Socialista, número 69, verano 2003
Ángel Requena es autor de
El álgebra. Sobre su historia
Escribo estas líneas durante el
saqueo de Bagdad. Tras la conmoción y el pavor llega el pillaje. La
reconstrucción tendrá que esperar, pero llegará: las
reservas petrolíferas financiarán la restauración de
tanta destrucción. Las vidas humanas, la sangre y la humillación
no se olvidarán tan pronto. Quizá algún marine ilustrado
–mientras patrulla- podrá sentir la emoción de estar pisando
no una ciudad sometida sino aquella ciudad redonda que fue la más
grande de su época. La capital de los abasíes floreció
en el siglo IX como centro religioso cultural (y científico) sin equivalente
en el mundo. En el siglo siguiente los supervivientes omeyas, autonombrados
califas, pudieron reflejar en Córdoba el esplendor de Bagdad.
Pero hablar de restauración, de recomponer, es hablar de álgebra.
Pues ese es el término árabe del que procede esa parte
de la matemática. Álgebra proviene del libro que al-jwarizmi
(780-850) escribe en Bagdad sobre el arte de la restauración (al-jabr)
y de la oposición (Libro de álgebra y al mucabala)
Cuando Don Quijote queda maltrecho es llevado al algebrista para que le
recomponga. Cervantes conserva la acepción árabe del término:
restaurar, poner en el orden debido.
Esa Bagdad que ha dado tanto al mundo, necesita ver restaurado el orden
legítimo. Mesopotamia, la cuna de la civilización, donde las
tablillas de barro nos permiten conocer más detalle de su vida y su
ciencia que de ninguna otra cultura antigua, se ha transformado en estos
días en un choque entre barbaries.
Ni el derecho romano ni la ilustración han llegado a los beligerantes.
Ni siquiera el cruel código de Hammirabi se ha puesto en práctica.
La desproporción del castigo ha sido evidente: los crímenes
del tirano los paga su pueblo.
La cultura griega llega al occidente cristiano dando un gran rodeo por el
Mediterráneo. Una etapa fundamental fue Bagdad. Pero la ciudad del
Tigris no se limita a asimilar el saber alejandrino, las ciencias médicas,
astronómicas, filosóficas o matemáticas se enriquecen
con importantes aportaciones originales. El mismo Muhammad ibn Musa al Jwarizmi
no sólo sistematiza la resolución de ecuaciones cuadráticas,
también escribe el Tratado del arte del algorismo, que lleva su nombre,
sobre el uso de las cifras indias. Como símbolo de la decadencia bagdadí,
ese tratado está perdido en árabe y sólo se conserva
la versión latina.
Mucho queda por hacer. Bagdad y su poderío es referencia para el
decepcionado mundo árabe, como lo es Palestina. La guerra ha durado
semanas, devolver la autoestima, sacar de la miseria y cicatrizar las heridas
pueden durar muchos años.
De acometer la restauración correctamente, dando solución
al pueblo iraquí y al palestino depende el próximo futuro.
Naciones Unidas es nuestra única legalidad y la única con autoridad.
Lejos de perder prestigio, la actitud de la ONU no ha sido un demérito,
la ha facultado para la reconstrucción.
La brecha que ha abierto el Sr. Aznar con el mundo islámico sólo
le ha invalidado a él y a su partido para un futuro de concordia. La
ciudadanía española pocas veces ha estado tan alejada de su
gobierno, y eso lo han visto nuestros vecinos.
La política es un arte que se la juega en el álgebra bagdadí.