Los graves errores
del régimen castrista
Alexis Gainza Solenzal
Iniciativa Socialista, número 69, verano 2003
Alexis Gainza Solenzal es refugiado cubano
en Suecia y Coordinador General de "Cuba Nuestra" (http://www.cubanuestra.nu)
El régimen castrista ha golpeado
fuertemente al movimiento democrático y cívico de Cuba. Durante
tan solo dos días (19 y 20 de marzo) fueron arrestados 73 prominentes
opositores. Los arrestos masivos sucedieron a la sombra de la Guerra de Irak.
Sin embargo, los analistas no dudan que el encarcelamiento de los luchadores
prodemocracia se planeó meticulosamente con antelación. Grandes
despliegues policiales participaron en minuciosos allanamientos en las viviendas
de líderes de partidos políticos y de organizaciones civiles,
periodistas, economistas, maestros y bibliotecarios independientes, asimismo
como de activistas pro derechos humanos. Todo lo que el régimen consideró
“subversivo” fue confiscado; por ello los gendarmes embargaron libros, revistas,
documentos, archivos, etc. de los opositores.
La excusa oficial del régimen es como de costumbre que los partidarios
de la democracia han tenido contacto con la Oficina de Intereses de los Estados
Unidos de América en La Habana, y por lo tanto son considerados en
los únicos medios de divulgación masivos permitidos y controlados
por los comunistas como ”espías”, ”agentes” y ”colaboradores del imperialismo”.
La causa subyacente es naturalmente utilizar el antiamericanismo que la Guerra
de Irak ha despertado para encargarse de que el mundo condene, o al menos
ignore, a los demócratas cubanos. También amenazas de fuertes
penas han tronado desde La Habana pero hasta ahora ningún material
comprometedor ha sido presentado por la administración castrista.
Detrás de la habitual retórica antiamericana se esconde sin
embargo otra realidad. Ésta explica de manera más fiable tanto
la envergadura de los arrestos como la meticulosidad de los registros domiciliarios.
Los últimos 10-13 años las aspiraciones de democracia de los
cubanos ha sido testigo de un auge colosal. El trabajo prodemocracia al que
valientes disidentes se dedicaran a finales de los 80tas, desembocó
en la primera mitad de la siguiente década en la creación de
partidos políticos (liberales, socialdemócratas y democristianos),
así como contribuyó a la fundación de una miríada
de organizaciones independientes eslabonadas en una sociedad civil genuina
dentro del estado postotalitario. En otras palabras, emergió un movimiento
democrático bien estructurado.
No sólo eso; los últimos tres-cuatro años las principales
constelaciones del movimiento democrático han llevado a cabo una actividad
intensa orientada hacia el exterior con el fin de ganar legitimidad del ciudadano
común. Algunos ejemplos. El Proyecto Varela, encaminado por el luchador
por la libertad Oswaldo Payá Sardiñas, Premio Sájarov
a la Libertad de Conciencia 2002 del Parlamento Europeo, ha recogido muchas
más de las diez mil firmas que según la vigente constitución
se exigen para efectuar un referéndum sobre el futuro sistema político
de Cuba.
Los miembros de la Mesa de Reflexión de la Oposición Moderada,
una reunión de socialdemócratas, liberales y democristianos,
han elaborado una bien pensada ”Carta de Derechos y Deberes Fundamentales
de los Cubanos”, la cual ha sido enviada a consulta y hasta ahora apoyada
por más de 30 mil ciudadanos. Por último pero no por ello menos
importante, tenemos a la recientemente emergida Asamblea para Promover la
Sociedad Civil, una organización sombrilla que acorde a declaraciones
propias tiene más de 300 organizaciones civiles y de derechos humanos
vinculadas, y la cual estuvo en el candelero en enero de este año cuando
esta de cara al pueblo controló y condenó la farsa electoral
cubana con 609 candidatos a 609 bancas.
La evolución arriba esbozada implica que el movimiento democrático
de Cuba ha hecho un significativo salto cualitativo y como consecuencia de
esto poco a poco se ha convertido en un movimiento cívico. Después
que las organizaciones en los círculos democráticos fortalecieron
sus estructuras internas, elaboraron sus programas y formaron sus estrategias
han tenido como su misión más importante y más difícil
la de ganar la simpatía de los ciudadanos, con pocos recursos, medios
sencillos, cero medios de divulgación masivos y la represión
de la omnipresente policía política.
Justamente este progreso no lo esperaba el régimen castrista. Es
por ello que la maquinaria represiva ha respondido con al parecer la mejor
medicina para curar “el virus de la democracia”, es decir, con el arresto
masivo de figuras centrales dentro del movimiento cívico y democrático,
así como con la confiscación de los medios que le auxilian en
su actividad de esclarecimiento.
La administración de La Habana está hasta tal grado sobresaltada
que ha puesto en juego los intentos de acercamiento por parte de la Unión
Europea cuando esta abriera recientemente una oficina oficial en aquella capital,
al tiempo que dentro de poco tramitará la entrada de Cuba en el acuerdo
de Cotonú, el cual da condiciones de comercio preferenciales a países
de África, el Pacífico y el Caribe. Ni siquiera el hecho de
que la Comisión de Derechos Humanos de la ONU durante un par de meses
discutirá la situación de los derechos humanos en Cuba ha detenido
al régimen represivo.
Sea como sea, también en esta ocasión el régimen ha
cometido al menos dos graves errores. En primer lugar, la autocracia ha juzgado
equivocadamente la legitimidad internacional que los demócratas de
Cuba han ganado en todo el mundo los últimos años. En segundo
lugar, la dictadura ha subestimado la voluntad inquebrantable de los cubanos
de democratizar su país natal.