Paridad en el
Gobierno
Almudena
García Mayordomo
Iniciativa
Socialista, nº 72, primavera 2004
Almudena García es miembro del Forum de Política
Feminista
Rara vez se tiene la satisfacción de haber ganado, personalmente,
después de un proceso electoral. No me refiero a la alegría
espontánea y lógica por la derrota de un partido que nos
estaba amargando y agriando el carácter a un número considerable
de ciudadanos y ciudadanas con su actitud despótica y arrogante ante
la discrepancia, con una actividad política “cargada de su única
razón”, con su desprecio manifiesto hacia derechos como el de manifestación,
huelga, libertad de expresión...Me refiero a la satisfacción
personal de ver avanzar hacia su consecución un objetivo de muchos
años de militancia y trabajo feminista: la paridad política.
Nadie puede negar que el primer gobierno que preside Rodríguez Zapatero
es un paso de gigante hacia la paridad política. Ya se habían
dado pasos importante en la asunción de responsabilidades políticas
por las mujeres, tanto en los gobiernos socialistas como en los del Partido
Popular; quizás los de éstos últimos más efectistas
colocando mujeres en puestos de altísima representación política.
Pero la importancia de la composición del nuevo gobierno estriba
en que se pasa de la excepcionalidad a la normalidad. La política
ya no es patrimonio de los hombres y de algunas mujeres, sino que la política
compete por igual a hombres y mujeres: ese el mensaje de un gobierno paritario.
De ahí su importancia pedagógica.
Hasta ahora los grandes pasos en la asunción de compromisos para
alcanzar la igualdad de las mujeres en la responsabilidad política
afectaban al poder legislativo. Desde las primeras batallas por las cuotas,
años ochenta, en el seno de los partidos de izquierda hasta las listas
paritarias (algunas cremallera) de los últimos años, pasando
por el impulso que supuso la Declaración de Atenas de 1992 por la
Paridad Política, mucho se ha avanzado en la presencia de mujeres en
la política. Y este avance ha sido posible por la presencia de mujeres
feministas dentro y fuera de los partidos políticos. El hecho de que
el movimiento feminista europeo asumiera como prioridad la paridad política
se convirtió en un elemento de presión interno y externo a
la hora de elaborar candidaturas en los partidos de la izquierda y, aunque
no se dijera de forma explícita, en los partidos conservadores. Ahora
bien, es justo decir que nunca ha sido fácil conseguir que se cumpliera
este compromiso en los partidos que lo tenían asumido y también
que con demasiada frecuencia en las listas se incumple este principio o se
desdibuja cumpliéndolo en toda la lista pero no en los tramos de salida.
Tampoco podemos olvidar lo que, desgraciadamente, tuvimos que llamar como
“la perversión de las cuotas”. Es decir, cumplir escrupulosamente la
cuota o el principio de paridad pero eliminando de las listas a las mujeres
más incómodas para el poder masculino de las organizaciones
y aumentando el número de mujeres más dóciles. Generalmente
las primeras son mujeres feministas, con un alto nivel de participación
en los debates tanto internos como externos y con el compromiso de poner encima
de la mesa la agenda feminista de prioridades. Haber vivido esta pelea dentro
de la política me hace valorar aún más positivamente,
si se puede, el primer gobierno socialista paritario. Convierte la paridad
en referente a alcanzar en las demás esferas de la política
y rompe la “perversión de la cuota” al situar a mujeres de carácter
y valía probada en los primeros puestos de la gestión política.
No es baladí que la primera vicepresidencia esté desempeñada
por una mujer. Pero este gran paso hay que acompañarlo con la presencia
de más mujeres en los segundos y terceros puestos de la Administración.
En los últimos veinte años se ha incrementado considerablemente
el número de mujeres en la Administración, posiblemente porque
el acceso a la misma es a través de oposición; hay cantera
suficiente para extender la normalidad (hombres y mujeres en igualdad de
presencia y responsabilidad) en todos los escalones de la gestión
política y administrativa.
Ahora bien, como decía Teresa Nevado en la Introducción
del XIII Taller del Forum de Política Feminista: “ Las feministas
hemos luchado para la plena incorporación de las mujeres a la política
por dos razones: la primera, porque es de justicia y, la segunda, porque
cambiaría el panorama político al introducir nuevos y diferentes
puntos de vista”. [Pactos entre mujeres. Paridad en las elecciones 2003.
Forum de Política Feminista. Taller XIII. Madrid, 2003]. Y eso es
lo que esperamos del nuevo gobierno: la apuesta decidida por impulsar políticas
que favorezcan la igualdad entre hombres y mujeres en todos los ámbitos
de la vida (aborto, parejas de hecho, libertad sexual plena, acceso al trabajo...).
De este gobierno esperamos que acelere lo más difícil, el
cambio de mentalidad de la sociedad tan necesario para terminar con la
violencia de género, para que se compartan las tareas y responsabilidades
domésticas y familiares. No basta con impulsar, siendo absolutamente
necesario, la conciliación de la vida laboral y familiar con políticas
activas y de servicios, es imprescindible que los hombres y las mujeres
crean y piensen que les afecta por igual. De ahí la importancia de
impulsar el cambio de mentalidad. No podemos conformarnos con que se tomen
medidas judiciales y policiales contra la violencia de género, es
necesario que ésta se sienta como un crimen nefando y horrible contra
la humanidad.
Se ha avanzado mucho pero queda mucho camino por andar. Más llevadera
y fácil será la jornada si se cuenta con las organizaciones
de mujeres como interlocutores sociales. Nosotras siempre hemos estado
abiertas al diálogo, a la participación y al compromiso,
ahora mucho más con un gobierno paritario.