Iniciativa Socialista (portada) Genocidio simbólico

Lev Grinberg

Iniciativa Socialista, primavera 2004

Lev Grinberg, sociólogo y politólogo, Ben Gurion University

El asesinato del jeque Yasín por el Gobierno de Israel forma parte de una política general que puede ser descrita como un genocidio simbólico. Incapaz de recuperarse del trauma provocado por el Holocausto y de la subsiguiente inseguridad, el pueblo judío, víctima suprema del genocidio, está infligiendo, en la actualidad, un genocidio simbólico al pueblo palestino. Es triste y deprimente, y exige reaccionar ante ello. Como hijo del pueblo judío, como ciudadano israelí comprometido, condeno este acto abominable y llamo a comunidad internacional para que actúe y salve a Israel de sí mismo. En particular, pido a la Comunidad Europea que intervenga de manera directa y activa con el objetivo de evitar el previsible baño de sangre mutuo. Los complejos vínculos que unen al pueblo judío con Europa no han sido aún cortados. Es el momento de actuar, no por sentido de culpa hacia el pasado, sino por sentido la responsabilidad ante el futuro.
¿Qué es un genocidio simbólico? Cada pueblo tiene una representación simbólica a través de dirigentes nacionales, instituciones políticas, territorio, generaciones pasadas y futuras, esperanzas. Pues bien, en lo que se refiere al pueblo palestino todos esos símbolos están siendo dañados, destruidos y erradicados por Israel, que utiliza una insólita jerga burocrática. El término oficial que usa el ejército israelí para designar la lista de líderes y activistas palestinos a los que se quiere liquidar es “banco de objetivos”. Hace ya algunos meses, el ministro de Defensa había sugerido que Arafat debía ser “exterminado”, y ahora, tras la “exitosa operación” que llevó al exterminio del jeque Ahmed Yasín, resurge esta necia idea y vuelve a ser planteada como si se tratase de un legítimo debate público. Arafat está confinado en Ramala desde diciembre de 2001, y nadie ha logrado hasta ahora cambiar la postura de Israel para que el presidente palestino pueda recuperar cierta libertad de movimiento. El confinamiento de Arafat en Ramala se ha convertido en el símbolo del encarcelamiento de todo el pueblo palestino en ciudades y pueblos bloqueados por el ejército israelí, que controla todos sus movimientos..
El territorio palestino está siendo expoliado por los asentamientos de colonos, roto por el bloqueo de carreteras, desmantelado por medio de lo que ahora se denomina oficialmente “barreras de seguridad” y que en realidad representa el desmantelamiento sistemático de las últimas reservas territoriales sobre las que aún podían soñar los palestinos como la base territorial para un Estado independiente. Persistente en sus acciones, el gobierno de Israel, que oculta sus intenciones tras términos manidos como “hoja de ruta” y “proceso de paz”, no sólo está exterminando a los líderes palestinos, sino también al futuro material y a las esperanzas de independencia de todo el pueblo palestino. Sharon alega que ninguna negociación puede empezar bajo la presión de actos terroristas; pero, cuando las organizaciones palestinas anunciaron un alto el fuego unilateral en diciembre de 2001 y en julio de 2003, rechazó promover el “proceso de paz”, y la tregua temporal fue finalmente rota con la vuelta a la política de “ejecuciones selectivas”.
Las reacciones de los países europeos, que expresaron su “preocupación sobre la continuidad del proceso político” tras el asesinato del jeque Yasín, son ridículas, y premian en realidad al  gobierno de Israel, que no está interesado en iniciar ningún proceso político. ¿De qué proceso de paz se habla? ¿Y, en términos políticos, qué ha ocurrido realmente desde que se formó el gobierno Sharon en febrero de 2001? Surgieron el informe Mitchell, el plan Zinni, el plan Tenet, a iniciativa de Bush y la hoja de ruta, que pedía reformas a los palestinos y les prometía en cambio un “Estado provisional” en  2003 y un “Estado independiente” en 2005. ¿Qué queda de todo eso? Un primer ministro palestino, Abu Mazen, fue elegido, pero  el gobierno israelí lo humilló hasta que terminó dimitiendo. ¿Se ha producido algún desde la elección de su sucesor, Abú Alá?
Otros se centran en el derecho de Israel a defenderse. ¿Qué significa tal autodefensa tras 37 años de ocupación militar? ¿Cómo es posible que se denominen “defensivas” acciones cuyo propósito es preservar el régimen de ocupación? La única legítima defensa de Israel es la de sus fronteras legales desde el interior de su territorio. El terrorismo es una reacción. Una reacción terrible, cruel, inhumana e inmoral, políticamente estúpida, pero es una reacción. Hay que tratar la causa, no únicamente los efectos.
Toda esta cháchara sobre el “proceso de paz” y el “derecho a defenderse” es un fraude para ocultar el genocidio simbólico llevado a cabo por el gobierno israelí. Primero destruyó la autoridad, las instituciones y las infraestructuras de la Autoridad Palestina, y ahora está destruyendo todo lo que quedaba en pie de las esperanzas palestinas. Está asesinando a líderes y a ciudadanos comunes, a hombres y mujeres, a niños y ancianos, con el pretexto de que los “objetivos a liquidar” se ocultan entre los ciudadanos. El gobierno de Israel está convirtiendo a los palestinos en una nación de “shahids” (mártires), y el conflicto de Oriente Medio en guerra santa, en “Yihad”, en cruzada.
Esta política es peligrosa. Amenaza de forma creciente la existencia del pueblo palestino, pero también la del Estado de Israel y sus ciudadanos. Pone en peligro todo Oriente Medio. El Gobierno  conduce al pueblo israelí a una confrontación movida por el deseo de venganza inmediata, perdiendo de vista la construcción de un futuro estable. Mientras no exista una autoridad palestina y una fuerza que le permita defenderse contra la ocupación israelí, la única solución es una intervención internacional y el despliegue de una fuerza de paz de la ONU (¡no de EEUU!), para proteger a los palestinos e, indirectamente, a los propios israelíes. Mientras los palestinos estén en peligro, los israelíes también lo estaremos, pues están reaccionando con actos terroristas. Tal intervención podría ser vista como una victoria palestina y, por decirlo suavemente, sería mal recibida por el gobierno israelí. Pero si los palestinos no tienen una sensación de sustancial avance político, no habrá ninguna oportunidad de que este conflicto finalice. Sólo entonces podrán comenzar, bajo protección internacional, las conversaciones dirigidas a conseguir una solución estable. Si no rompemos el círculo ensangrentado de la violencia y el ciclo de la venganza tribal, no podrá llegarse a buen término. Es responsabilidad del mundo entero, y principalmente de Europa, detener al gobierno del Estado de Israel. hay medios para hacerlo y ya es hora de utilizarlos. Algunos meses de embargo económico bastarían para convencer a la mayoría de los israelíes de lo razonable que sería una intervención internacional. En las actuales circunstancias, todo silencio es consentimiento.