Un nuevo tiempo
se abre
Enrique
del Olmo y Rubén Caravaca
Iniciativa
Socialista, nº 72, primavera 2004
Enrique del Olmo es miembro de la asociación No
Nos Resignamos. Rubén Caravaca lo es de la Plataforma Cultura contra
la Guerra
Lo hemos conseguido: se acabó el periodo aznarista.
Lo decimos con satisfacción y con alegría aunque ésta
puede parecer incompatible con el dolor, pero la mejor lección de
coraje cívico nos la dieron los heridos y familiares de las víctimas
que, sobreponiéndose, fueron capaces de ir a votar como homenaje
a los asesinados y como ejercicio de la democracia con sobrecogedoras mayúsculas.
Madrid es capital del dolor, pero, como dijo Saramago, al final de la manifestación
del día 20 en la Puerta del Sol, "Madrid es también la capital
moral de Europa".
El Partido Popular ha perdido las elecciones, superado de forma clara
por el PSOE. La suma de los votos obtenidos por PSOE e IU supera en más
de dos millones y medio de votos a los resultados obtenidos por el PP, distancia
que aumenta si tomamos en cuenta el apoyo obtenido por fuerzas políticas
progresistas como ERC, BNG o CHA. El PP ha tenido un retroceso generalizado
en todas las comunidades, fracasando de forma espectacular en la mayor parte
de aquellas en las que no gobierna la derecha, pagando la factura por su
sectarismo y por su desleal comportamiento discriminatorio y hostil hacia
ellas. Su debacle en Cataluña, donde las fuerzas del tripartito han
superado el 60% de los votos, o su fuerte retroceso en el País Vasco,
que le deja muy por detrás del PSE-PSOE y arruina su plan de consolidarse
como el partido representante del electorado "no soberanista", erosionan
profundamente algunas de las estrategias con las que pretendía asegurarse
una larga dominación. La agresiva respuesta de importantes ministros,
dirigentes y una parte de militantes del PP, no puede ocultar la gravedad
de la crisis política a la que se aboca la derecha, a pesar de su importante
fuerza electoral. Grandes amigos de hace cuatro días hoy toman distancias,
los tibios se vuelve críticos y los críticos conspiradores.
Lo hemos conseguido todas y todos, millones de personas. Lo hemos conseguido
porque el domingo 14 de marzo fuimos a votar, pero también y sobre
todo porque nos manifestamos contra la guerra, porque hicimos la huelga,
porque defendimos a Galicia ante la catastróficamente gestionada catástrofe
del Prestige, porque hemos denunciado las contrareformas educativas y el
Plan Hidrológico, porque hemos entendido que la cultura requiere libertad.
Lo hemos conseguido porque nos hemos hartado de mentiras y de guerra, lo
hemos conseguido porque el 12 de marzo llenamos las calles de nuestras ciudades
para gritar nuestra solidaridad con las víctimas de la matanza del
día anterior y para exigir la verdad, echando por tierra la voluntad
sectaria de quien quiso apropiarse de nuestra protesta y porque la rebelión
espontánea de miles de personas el día 13 de marzo cortó
de cuajo la persistencia del Gobierno en la manipulación y la mentira,
actuando como altavoz en todo el mundo de la añagaza antidemocrática
en la que el Gobierno Aznar quería que se diesen las elecciones del
14-M.
La sociedad civil se ha movilizado, desde los movimientos sociales como
No Nos Resignamos, la Plataforma Cultura contra la Guerra y el Foro Social
de Madrid, a los que de forma jocosa algunos amigos denominaban "el tripartito
de Madrid", se ha intentado dar una respuesta sin respiro a los coletazos
del aznarismo. El mismo día del atentado las dos primeras asociaciones
habían convocado a un acto público en las calles de Madrid
para proyectar la extraordinaria contribución del mundo del cine a
la derrota de la derecha: Hay motivo. Dicho acto se transformó en un
acto de recuerdo a las víctimas y fue leído por Juan Diego Botto,
un comunicado conjunto apoyado también por el Foro Social y por la
Coordinadora de ONGDs, llamando a la movilización electoral el 14
como respuesta democrática al atentado. El día 12 se concurrió
a la masiva y pacífica ocupación de las calles por parte del
pueblo de Madrid, a pesar de las increpaciones de sectores de la derecha
al mundo de la cultura y del intento de control por parte del Gobierno de
la repulsa de los ciudadanos. Ese día el "queremos saber quién
ha sido" empezaba a convertirse en la seña de identidad de la exigencia
cívica. El sentimiento de rechazo empezaba a cristalizar en voluntad
de cambio y, por si fuera poco, los mensajes de móvil convocando ante
la sede del PP el sábado día 13 acabaron de derrumbar el cerco
"sanitario" con que los Aznar, Acebes, Rajoy y Zaplana querían ocultar
la verdad. La exigencia se vinculaba ahora a las elecciones del día
siguiente: "queremos la verdad antes de votar". Cuando nos llegaron noticias
de que en decenas de ciudades se estaba saliendo a exigir lo mismo, sabíamos
que íbamos a romper la mentira. Cuando a las 8 de la noche nos notificaron
la rueda de prensa de Acebes comunicando las detenciones, supimos que habíamos
derribado el muro. Cuando por la noche, poco antes de la cacerolada y de
la concentración en Sol, Rajoy salía como Ministro de Gobernación
a señalar la ilegalidad de las protestas ciudadanas, sabíamos
que el PP estaba sin rumbo. El emocionado recuerdo a las víctimas
a las 2 de la madrugada en Atocha era a la vez un compromiso firme de todos
de derrotar la infamia en las urnas al día siguiente.
El triunfo socialista, así como la clara mayoría absoluta
tanto en votos como en escaños contabilizada por la totalidad de
las fuerzas de izquierda, es síntoma de un cambio no sólo
de gobierno sino también de tiempo. Ya anunciado tibiamente en las
municipales y autonómicas del 25-M, proceso cortado por el fiasco
de la Asamblea de Madrid, retomado con el triunfo claro de las fuerzas de
izquierdas y del nacionalismo progresista en Catalunya y que explota ahora,
con la ayuda del desgraciado catalizador de la desvergüenza del PP
ante el brutal atentado de Madrid, en la nueva mayoría política
en el Parlamento español.
El nuevo gobierno de Zapatero ha sido recibido con alborozo, sobre todo
por la losa que la ciudadanía se quita de encima. Se respira un nuevo
aire más limpio, donde de nuevo la gente se siente protagonista de
la situación. Las expectativas generadas son muy grandes tanto nacional
como internacionalmente. Sin embargo, Zapatero y el Gobierno deberán
tener muy en cuenta que una parte significativa de los votos recibidos por
el PSOE son, ante todo, votos de repudio al PP y expresión de una
necesidad vital de cambio: "no nos falles". Si Zapatero y el PSOE entienden
que no han recibido un cheque en blanco, sino una oportunidad, cuyo aprovechamiento
va a estar sometido a la vigilancia de un poderoso y espontáneo movimiento
ciudadano al que no debe ignorar, ningunear o tratar de desactivar, por muy
crítico que en ocasiones pueda mostrarse, el cambio democrático
que se puede operar en España puede ser histórico. Algunas
personas han hablado de la "segunda transición", esperemos que sin
los déficit de la primera.
Y también deberá ser consciente de que no cuenta con mayoría
absoluta y está obligado a tomar en consideración la presencia
de otras fuerzas políticas, especialmente las de signo progresista.
Que debe abrirse a la colaboración con otras izquierdas, incluyendo
a las de ámbito territorial específico, con una importante
representación en el Parlamento.
Habrá dificultades, pero la ocasión es extraordinaria. Nos
animamos a decir algo que quizá suene a herejía: Zapatero está
en mejores condiciones para abordar los problemas que cuando llegó
Felipe en 1982 con mayoría absoluta. Razones varias:
- Una explosión de protagonismo de la sociedad (movilizaciones
precedentes) que refleja una maduración democrática superior,
no haciendo depender todo de la confianza en "el líder" o "el partido".
- Una situación económica mucho más favorable que
la de 1982, en la que se coincidían inflación incontrolada,
desempleo cercano al 20%, reconversión industrial, fuera de la Comunidad
Económica Europea, reestructuración económica, fuertes
desajustes presupuestarios, con crisis bancaria, fuga de capitales, con déficit
de infraestructuras, sin casi estado del bienestar, etc.
- Con un alto apoyo político, las fuerzas parlamentarias van a
votar la investidura sin contrapartidas, al contrario de lo que sucedió
en 1993 y 1996.
- Con una altísima disposición al diálogo de los
gobiernos autonómicos para la generación de una nueva institucionalidad.
- Con una alta expectativa en el terreno internacional en la Unión
Europea, en América Latina, en los países mediterráneos.
- Con un tremendo contrapunto negativo como ha sido la política
de la derecha en la última legislatura, que hace brillar las medidas
progresistas y democráticas que tome.
- Una situación crítica de ETA tanto desde el punto de vista
político como operativo (lo que no significa que no pueda atentar,
pero a un precio político tremendo).
- Las medidas iniciales a las que está comprometido dependen de
la voluntad y del acuerdo político y no de la disponibilidad económica
(si exceptuamos vivienda).
Algunos ejemplos de esto último: retirada de tropas de Irak y giro
en la política internacional; reforma de los medios de comunicación
públicos y desaparición de los Urdaci de turno; ley integral
contra la violencia de género; derechos de los matrimonios de gays
y lesbianas; freno a los desmanes educativos del binomio PP/Iglesia; negociación
con las autonomías... Posteriormente se abordarán temas sustanciales
que implicarán el esfuerzo del Estado para rearmar la protección
social, la sanidad, la escuela pública, la inversión en I+D+I,
pero Zapatero tiene por delante agenda política no marcada por los
problemas económicos, sino por la reforma política y la regeneración
democrática.
Además, desde nuestro punto de vista, la derecha se encuentra desarticulada
políticamente. Aznar la ha dejado hecha unos zorros, hay que darse
cuenta de que hoy está atrapada entre la herencia mortal del tercero
de las Azores y la necesidad de un nuevo discurso político. Si el
PP se opone a todas las propuestas del Gobierno PSOE que vayan en dirección
del diálogo, la paz, la unión europea, el entendimiento con
Cataluña, Euskadi, Andalucía, Aragón, etc., va a quedar
cada vez peor y sólo se reafirmará en ese sector de derecha
reaccionaria y predemocrática. Si entra a otro tipo de juego político,
deberá desprenderse de toda la política generada por el Aznarato.
Esto no significa que Zapatero lo vaya a tener fácil, gobernar
nunca lo es. Por descontado, no todo podrá hacerse de inmediato,
pero tampoco podrán posponerse indefinidamente las medidas que deban
ser tomadas para cumplir los compromisos o para asumir exigencias sociales
justas. En definitiva, el gobierno que presida Zapatero debe entender que
el movimiento ciudadano que le ha impulsado hacia la mayoría y está
dispuesto a ser su aliado para realizar el cambio y hacer frente a cualquier
intento de frustrar esta nuevo impulso reformador, también será
un agente crítico que ha sabe que tiene voz y tiene fuerza, que un
correo electrónico o un mensaje telefónico puede desencadenar
una avalancha, que cada persona puede ser un centro de iniciativas.
Un nuevo tiempo se abre, para el gobierno, para los partidos políticos
y organizaciones sociales, para las nuevas formas de articulación
e iniciativa ciudadana. Un tiempo apasionante lleno de posibilidades y como
siempre no exento de grandes dificultades, pero de nuevo sentimos que volvemos
a ser los ciudadanos los que tenemos algo que decir y aportar. Ese es el
reto.