Iniciativa Socialista (portada) La agresión contra Rafah

Uri Avnery

Iniciativa Socialista, primavera 2004. Uri Avnery es escritor, periodista y activista por la paz. Texto escrito el 22 de mayo de 2004. Aconsejamos visita a:
http://www.avnery-news.co.il/english/index.html


El inmenso poderío del ejército israelí ha atacado un pequeño municipio palestino situado al sur de la empobrecida Franja de Gaza. Los palestinos, tanto combatientes como civiles, están siendo asesinados por docenas, las casas están siendo destruidas masivamente, y las escenas de población huyendo nos retrotrae a 1948.
Todo esto, ¿para qué?
A primera vista, la acción es completamente absurda. Ariel Sharon ha propuesto una retirada unilateral de toda la Franja de Gaza, y su plan original incluía la evacuación del "eje Filadelfia", una estrecha "zona tapón" de terreno entre Gaza y Egipto. Esto quiere decir que él no considera que este territorio sea necesario para la seguridad de Israel. Según esto, la Franja de Gaza es una carga militar y demográfica, y cuanto más rápido salgamos de allí,  mejor.
Shaul Mofaz, antiguo Jefe de Gabinete y actualmente Ministro de defensa presente, fue aún más lejos. Este eminente pensador declaró que Gaza no es parte "de nuestro patrimonio", y que los asentamientos habían sido un error desde el comienzo. Esto significa que los soldados bajo sus órdenes que fueron asesinados allí murieron para nada, por un error, y que cada soldado que ha sido matado allí a muerto en vano.
Pero ahora han puesto a más soldados ante un peligro de muerte. Docenas de palestinos, incluyendo mujeres y niños, están siendo matados a causa de este error.
¿Se han vuelto locos? ¿Qué espíritu maligno impulsó al Pirmer ministrop y a su jefe de gabinete para dar comienzo a una gran operación militar en un territorio que el ejército, supuestamente, abandonará en cualquier momento?
Debe haber algo de método en esta locura. ¿Cuál es la verdadera razón de este ataque?
El objetivo oficial es "destruir los túneles" que discurren bajo el "eje Filadelfía". Pero los túneles han estado allí durante años. El Ejército se ha jactado de haber destruído 98 de esos túneles en el pasado, pero en esta operación sólo se ha decubierto un túnel. Está claro o que ninguna acción militar acabará con ellos. Incluso aunque el Ejército destruya cada vez más casas para ensanchar el eje, nuevos túneles surgirán, aunque más largos que los anteriores.
Los túneles son un pretexto. ¿Cuáles son, entonces, los verdaderos motivos para esta brutal invasión de una ignorable pequeña ciudad?
La primera razón es la más simple: la sed de venganza. El ejército ha sufrido dos golpes dolorosos y sus mandos quieren ajustar cuentas. Docenas de palestinos han sido matados "a cambio" de trece de nuestros soldados, y cientos de casas son demolidas como respuesta a la destrucción de dos transportes blindados.
Sumemos a esto el argumento relativo a la "moral". Algunos oficiales de alta graduación han sido claros al respecto: una operación impresionante que subraya la superioridad del ejército israelí para levantar la moral de los soldados que aún se sienten "escocidos" por los fracasos.
Puede mencionarse también la la conciencia culpable de los mandos que enviaron a sus soldados al campo de la muerte montados sobre enormes cantidades de explosivos en transportes blindados inadecuados. En un ejército decente, los oficiales responsables -encabezados por el desventurado Jefe de Gabinete- habrían dimitido pocas horas después de unas horas. Pero en el ejército israelí las cosas no funcionan así. Por el contrario, quien falla puede esperar un ascenso.
Desde un punto de vista estrictamente militar, el " eje Filadelfia" (nombre asignado al azar por un ordenador) es una locura. No puede ser defendido sin cometer atrocidades que son crímenes de guerra o lindan con ellos. Atrae a los combatientes guerrileros como una vela a las mariposas nocturnas. Pero los jefes militares que lo inventaron nunca admitirán su locura.
Hay otra razón para esta operación. Los generales quieren marcharse de Gaza "con la cabeza bien alta". No pueden permitir que los guerrilleros palestinos se atribuyan hacbrles expulsado por la fuerza,  como hizo Hezbolá en Líbano. Un argumento infantil, reflejo de una particular mentalidad militar. Tras Rafah, puede ocurrir todo lo contrario: la acción confirmará a los palestinos que su tenaz heroismo ha expulsado al Ejército. ¿Quién podrá negar esto?
Pero la orden de ataque sobre Rafah provino del mando político, que necesitaba un resonante espectáculo militar, con mucha muerte y destrucción, para satisfacer las primitivas emociones de una parte de la opinión pública. Muy simplemente: si nos hacen daño, se lo devolvemos multiplicado por diez. Diez ojos por un ojo, diez dientes porun diente. Así se ganan los votos.
Ariel Sharon tiene también una muy buena razón personal para ordenar tan gloriosa campaña militar en los callejones de Rafah: tras su derrota en el referéndum de los miembros Likud, quedó colocado en un callejón sin salida, con todas las direcciones bloquedas a causa de la oposición procendente de su propio partido y de su propio gobierno.
Pocos días después del referéndum celebrado en el Likud, la organización pacifista Gush Shalom publicó un anuncio político titulado "¡Alerta!", en el que se leía:
"Ahora, Sharon se parece a un toro herido. Un toro herido es un animal peligroso. Su plan está muerto. Es incapaz de desmantelar ni un solo asentamiento. Es incapaz de ofrecer otro plan que sea aceptado. Su única salida es ordenar una espectacular aventura militar. No hay ningún límite a los hechos sangrientos de los que es capaz ahora para sobrevivir".
Esta advertencia fue publicada en Haaretz el 7 de mayo. Menos de dos semanas más tarde, la operación comenzó.
La acción ha sido diseñada para satisfacer la sed de venganza de los generales y los intereses personales de Sharon. Los dramáticos acontecimientos en Rafah llenan todos los boletines informativos y no dejan espacio para los fracasos políticos de Sharon, lo que  restaura su imagen como un líder resuelto. De nuevo, aparece como un actor en el escenario mundial. Y si el mundo entero lo condena, eso sólo sirve para incrementar su estatura ante sus votantes.
¿Y la oposición? Hace una semana, 150.000 partidarios de la  paz se concentraron en la Plaza Rabín de Tel Aviv para expresar su repugnancia ante la situación actual y exigir cambios. Algunos políticos se autoproclamaron como líderes de esta maravillosa gente y lanzaron un chaparrón de mensajes confusos y contradictorios. Sin embargo,  ninguno de ellos había alzado su voz durante esta semana contra la atrocidad cometida en Rafah. Los movimientos pacifistas radicales fueron dejados solos de nuevo. Unas horas después de la matanza de los manifestantes desarmados en Rafah, estos activistas por la paz hacían frente a la policía en las calles de Tel Aviv, y ayer hicieron una tumultuosa protesta junto al control de carretera establecido cerca de Rafah.
La invasión de Rafah, desde luego, fracasará, como fracasó  la invasión de Jenin. Un ejército regular, por muy fuerte que sea, no puede acabador con combatientes guerrilleros apoyados por una población desesperada. Al contrario, cuanto más poderoso es un ejército, más pequeñs son sus posibilidades de éxito. Puede matar docenas o cientos de personas, destruir vecindarios enteros, expulsar en masa a la gente de sus casas y causar uan pequeña Nakba ("desastre", más en particular, término con el que se hace referencia a la expulsión de cientos de miles palestinas de sus casas en 1948). pero nada de eso ayudará. Una guerra de guerrillas sólo puede terminar por medio del compromiso y de una solución pacífica.
Un pequeño recordatorio: la palabra "guerrilla" fue acuñada en España durante la lucha contra Napoleón. El francés reaccionó con brutalidad extrema, atestiguada por las tremenddas pinturas de Goya. Esto no les ayudó. Muchos historiadores creen que la guerrilla española asestó un golpe mortal al Imperio mundial de Napoleón, aún antes de su desastrosa invasión de Rusia.
Sharon no es ningún Napoleón, independemente de lo que él se crea. Entró en Rafah y dejará Rafah. Nada cambiará, excepto una cosa: Rafah, como Jenin, ocupará su lugar en la epopeya nacional de la próxima generación palestina.