Irak vencerá...
pero nadie vencerá en Irak
Wu Ming 4
Iniciativa
Socialista, nº 72, primavera 2004
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a ésta. La traducción es de Iniciativa Socialista
Irak vencerá... pero nadie vencerá en Irak. Estamos asistiendo
al mayor síncope político-militar de la historia del Occidente
moderno. Metáfora y concreción del fin del Occidente mismo.
La idea loca y filonazi de que un choque de civilizaciones podría
resolver el desastre neoliberista conduce el mundo hacia el punto en el que
colapsará, el punto que la pulsión de muerte innata a nuestra
barbarie deseaba alcanzar. El punto al que nos arrastraba la concepción
apropiadora y adquisidora de la existencia: el mundo es consumido, explotado,
achicharrado, y sólo las bombas alcanzan la misma eficacia económica.
Una vez abandonada la máscara del liberismo de rostro humano, las
oligarquías capitalistas del Extremo Occidente han hecho la apuesta
de afrontar la crisis por medio del conflicto bélicos. Olvidando que
cuando la amenaza de muerte es el único instrumento del que se dispone
para obtener obediencia, no es inexorable que el adversario decida aferrarse
a la vida.
El kamikaze es el arma más mortífera y eficaz de la historia.
Ningún bombardero puede competir con un fulano cualquiera que se sienta
a tu lado en el restaurante o en la estación del Metro con una mochila
al hombro. Las oligarquías petroleras árabes lo saben muy bien.
La religión es solamente la coartada ideológica escogida para
poner en marcha esta estrategia en un determinado contexto cultural. Pero,
sobre todo, saben que el soldado occidental que apunta con su fusil al chaval
que lleva la mochila a su espalda no tiene elección. Si le permite
avanzar, saltará por los aires y morirá. Si dispara, habrá
asesinado a un niño. Vaya como vaya, la guerra de Occidente está
perdida de antemano.
En Irak, la alianza occidental paga la cuenta de la altanería, la
ignorancia y la hipocresía, actitudes de las que no hay mejor prueba
que la pretensión de ser una fuerza liberadora mundial. En Vietnam
transcurrieron varios años hasta alcanzar, gota a gota, un nivel análogo
de ingobernabilidad de la situación. En Irak han bastado doce meses.
Parece increíble que en el Pentágono nadie haya tenido en cuenta
el axioma de Sun Tzu: nunca cierras todas las vías de huida al enemigo,
pues quien se enfrenta a la muerte, combate. No hay adversario más
temible que aquel que se encuentra entre la espada y la pared.
Las bandas armadas que reaccionan ante la ocupación extranjera de
Irak no son el Vietmihn, al menos en lo que se refiere a las fanáticas
bombas humanas que se hacen saltar por los aires en las estaciones. Pero todos
ellos forman el ejército a la altura del desafío que los estadounidenses
han lanzado y de los tiempos locos que vivimos. El ejército de los
insensatos, de los fascistas, de los desesperados. Como Bush y quienes lo
siguen.
El resultado político es que la alianza occidental se está
deshaciendo y que los gobiernos belicistas caen o se aproximan a su caída.
Hace dos años Bush ponía precio a la cabeza de Bin Laden y lo
rastreaba en las grutas afganas. Hoy, Bin Laden se permite el lujo de proponer
una tregua a los aliados europeos de EEUU. Una tregua que, si no surgiese
de la boca de un petrolero fascista, fanático y muy "americano", podría
sonar incluso razonable: si dejáis de atacarnos, dejaremos de
atacaros.
Cuando hace un año escribimos en las páginas de "Carta" que
Bush había perdido la guerra, hubo alguien que, desde dentro del movimiento
de los movimientos, nos liquidó con suficiencia, acusándonos
de no querer reconocer la omnipotencia imperial y de refugiarnos en un pacifismo
inofensivo y ecuménico. La historia está demostrando lo contrario:
quien se comporta como el avestruz es quien se esconde tras la idea de que
los "Grandes Planes" mundiales pueden ser proyectados y llevados a cabo desde
una mesa camilla, basándose solamente en un despliegue de fuerzas,
lo que nos dejaría como única posibilidad una genérica
y testimonial tendencia a la rebelión.
No existe plan que pueda prever todo, y el plan de Bush y de sus aliados
era, en verdad, muy pobre y negligente, lo que le hace aún más
desastroso y terrible. Carente totalmente de conocimiento, de perspectiva,
de inteligencia (aunque fuese perversa), conduce hacia una catástrofe
de dimensiones incalculables. El choque de civilizaciones no tiene nada que
ofrecer, salvo la desaparición de todo margen de convivencia y de "vivilidad"
sobre el planeta. El imperio era un sueño veleidoso ya derrumbado.
En reacción a las utopías senescentes del siglo XX,
se alza la utopía senil de quien no tiene nada que perder, por el
simple hecho de que el capitalismo armado ya no tiene nada que ofrecer salvo
la guerra. Contra la pulsión de muerte, se alza la vida. Por ella,
merece la pena apostar todo lo que queda del día. Y luchar y resistir
por ella, haciendo frente a lo peor tan colectivamente como sea posible.
La obstinación en un comportamiento justo y el mantenimiento de una
esquiva sonrisa de la razón, aunque pudieran ser un lujo en medio del
apocalipsis, son la condición necesaria para seguir estando vivos y
continuar defendiendo los mundos diferentes y posibles de los que somos portadores.
17 de abril 2004