ALTO A LA GUERRA Y EL TERROR EN CHECHENIA
CAMPAÑA SOLIDARIDAD CONTRA
LA GUERRA EN CHECHENIA. Movimiento de solidaridad en Rusia contra la guerra.
Publicado en Iniciativa Socialista número 73, otoño 2004
La serie de atentados terroristas en Rusia, culminada por una sanguinaria
tragedia en Beslán, ha recordado nuevamente al mundo entero que nuestro
país está en guerra, a la que nuestras autoridades denominan
“intervención del terrorismo internacional” comparándola a
los acontecimientos del 11/9/2001.
Sin embargo, por mucho que se diga que entre los asaltantes de la escuela
oseta había “árabes” y “negros”, no es posible ocultar que
el fuego de la guerra arde en el norte del Cáucaso y que ha sido prendido
por el propio gobierno ruso.
No son las ideas del integrismo militante en sí mismas las que empujan
a mujeres chechenias suicidarse haciendo explotar una bomba en aviones o
en el metro moscovita. Los terroristas de Beslán no plantearon reivindicaciones
integristas abstractas, sino otras muy concretas: el cese de la ocupación
de Chechenia. El terrorismo, el asesinato de civiles, más aún
cuando se trata de niños, es una locura y una barbarie, pero son
producto del ambiente de terror que inunda Chechenia por culpa de las autoridades
rusas que intentan mantener allí su poder imperial a cualquier precio.
Contra el terrorismo no se lucha con las manos ensangrentadas hasta los
codos, sino con las manos limpias. En Chechenia, desde 1994, la máquina
militar rusa ha eliminado a 150.000 personas, entre ellas más de 35.000
niños, cerca de 7.000 niños han perdido a sus familiares, 40.000
personas han sido mutiladas y otras 4.000 han desaparecido.
Las operaciones de “limpieza”, las ejecuciones sumarias, los actos de violencia
contra la población de la república ocupada, crean cada día
nuevas kamikazes cargadas de explosivos, dispuestas a vengarse de la forma
más monstruosa. En su conciencia traumatizada, identifican a todos
los ciudadanos de Rusia con los violadores y asesinos del Servicio Federal
de Seguridad, del Ministerio del Interior o del ejército. Por eso,
en nuestro país nadie goza de seguridad, salvo, quizás, la
élite suprema dentro de sus hoteles particulares y sus limusinas blindadas.
Esta situación se mantendrá mientras que no cambie la política
del Kremlin en el norte del Cáucaso. No es posible saber dónde
tendrá lugar un próximo atentando terrorista que cause centenares
de víctimas...
Es estúpido esperar que el Estado defienda a sus ciudadanos contra
los terroristas. Los acontecimientos de Beslán han vuelto a poner
de relieve la indiferencia, la crueldad, corrupción e ineficacia de
todo el aparato militar y policial. La acción de los destacamentos
especiales, provistos de todo tipo de armamentos, incluyendo tanques y helicópteros,
han provocado la muerte o desaparición de más de 500 rehenes.
Una vez más, como ya ocurrió el año 2002 en el Teatro
Dubrovka, un irreflexivo asalto al edificio ocupado a desembocado en una
sangrienta pesadilla. Y, de nuevo, la preocupación del Gobierno ha
sido impedir toda negociación con los separatistas chechenios y ocultar
la verdad, sin intentar salvar a las personas, ni siquiera a los niños.
Ahora, tras todo lo ocurrido, se pide que el pueblo se “una” con el Poder
que pretende que va a combatir al terrorismo con la supresión burocrática
de las elecciones de gobernadores y la formación de una nueva nomenklatura.
Resulta difícil inventar algo más absurdo y cínico.
Las manifestaciones montadas desde arriba bajo consignas de apoyo al Gobierno
no son capaces de detener la ola de terror. Sólo una respuesta popular
masiva puede hacerlo.
Para poner fin al terrorismo, es preciso, en primer lugar, suspender el
terror de estado en Chechenia, que se extiende a Inguchia y amenaza con afectar
a todo el Norte del Cáucaso. Sólo así desaparecerían
en esa región las bases del extremismo islamista, que se alimenta
de los sufrimientos de las víctimas de la guerra.
Hay que llevar acabo una regulación política del conflicto
chechenio, con participación de los representantes de la República
Chechena de Ichkeria, de las ONG rusas y chechenias, de las organizaciones
internacionales. Esa regulación contribuiría a la liquidación
de una de las principales causas del terrorismo, esa maldita guerra desencadenada
en provecho de las ambiciones imperiales de los dirigentes del Kremlin.
Los pueblos de Rusia y Chechenia no necesitan esta guerra. Pero las autoridades
nunca la pondrán fin por su propia voluntad. Hay que obligarles a
ello utilizando todas las formas de presión civil desde abajo: boicot
activo a las iniciativas gubernamentales; acciones de solidaridad con las
víctimas de la guerra y del terror; movilización de la opinión
pública en Rusia y en el extranjero. Está tarea resulta difícil
en una sociedad en la que la mayoría no privilegiada es aún
débil. Pero no hay otro camino hacia la paz y la seguridad.