Por una escuela laica en una España laica

JOSÉ LUIS REDONDO. Profesor de Enseñanza Secundaria. Artículo publicado en Iniciativa Socialista número 73, otoño 2004.

La Ministra de Educación acaba de hacer pública la propuesta para la reforma de la LOCE y, con ella, de la enseñanza de la Religión en los centros escolares. Es oportuno plantearse, por lo tanto, el carácter laico de la Escuela.
La derecha española ha tenido una posición sobre la educación que es una de sus claves ideológicas. El Partido Popular propone e impulsa, allí donde gobierna, la escuela privada, al tiempo que ha deteriorado -y sigue haciéndolo- la pública de forma constante e insidiosa. La ideología de la elección del centro por parte de los padres de los alumnos no trata de otra cosa más que de “la libre elección del consumidor”. La consecuencia es la subvención de los centros concertados. No se trata de asegurar una educación pública de calidad y además de permitir otro tipo de centros privados, sino de eliminar las posibilidades de igualdad que ofrece la escuela pública, al demostrar en la práctica que el consumidor prefiere la privada. Debe señalarse que la mayor parte de los centros concertados no son gratuitos, esconden sus ingresos bajo los términos de gastos de comedor, transporte y actividades especiales fuera del currículo oficial. Su última habilidad ha consistido en subvencionar la escuela infantil no obligatoria, facilitando a los centros un alumnado cautivo, que, en su mayor parte, pasará por la primaria, la ESO y el bachillerato.
Se apoya así a los empresarios de la enseñanza, que pertenecen en su mayor parte a órdenes religiosas de la Iglesia católica, con lo que se fortalece la alianza siempre presente entre la Iglesia y la derecha.
Los centros concertados están sirviendo para potenciar una división clasista, las capas medias de bajos ingresos pueden diferenciarse de otros sectores, entre ellos de los inmigrantes que son orientados hacia la escuela pública, facilitando actitudes racistas.
Es en este marco donde cobra importancia la formación religiosa confesional. No tiene suficiente la Iglesia con utilizar sus propios centros para esta enseñanza, sino que precisa los públicos y pretende que sean usados para enseñar la religión como si fuera matemáticas o lengua. Esto es lo que habían conseguido con la LOCE, obligando a optar entre la religión no confesional (con un currículo proyectado por los obispos) y la confesional, propuesta que sin duda es anticonstitucional, puesto que viola diversas sentencias del Tribunal Constitucional. Era una vuelta más de tuerca en imponer la religión a una sociedad, donde las bodas reales se hacen por la Iglesia y las procesiones católicas pertenecen al folclore nacional.
Afortunadamente el gobierno del PSOE  ha parado la Ley de “calidad” y ha anunciado su cambio. Ahora es el momento de debatir otras líneas mas democráticas y progresistas, por lo tanto también más laicas.
La propuesta puesta a debate avanza ligeramente respecto a la situación anterior, donde se impartía la religión confesional a propuesta de la familia pero no era evaluable, no contaba como otra materia ni tenía una alternativa equiparable. Parece ser que ahora se trata de que no haya materia alternativa y se sugiere que pueda darse al principio o al final del horario, hay que suponer que para que los chicos no acudan al centro, o se marchen los que no la quieran cursar, lo que parece un reconocimiento vergonzante del carácter laico de los centros.
La propuesta anterior y ésta se apoyan en la ficción de que la mayor parte de los alumnos querrían conocer la religión católica, pero no otras religiones, y en la práctica sólo existían clases de la católica. Nos encontramos actualmente con un profesorado de religión católica que paga el Estado pero contrata y despide la jerarquía de la Iglesia. La interpretación jurídica de quien sea el empresario no está siendo uniforme por los tribunales de justicia.
Supongamos que para mantener la neutralidad relativa de un Estado no confesional se desarrollan los acuerdos con otros sectores religiosos para que también lleven sus religiones a las escuelas. Las Comunidades Autónomas, que tienen transferida la enseñanza, deberían pagar al profesorado especializado de todas las religiones presentes (¿también de los agnósticos y los ateos?). Basta pensar en un centro con un número importante de españoles o inmigrantes no católicos, como una gran parte de los de Madrid, para que curas, imanes, pastores o clérigos de diversa índole copen los claustros. Es posible que no haya aulas en los centros saturados para acoger las distintas opciones, los niños se separarían según sus especialidades, y quien sabe si las guerras de religión pasarían a ser el nuevo pasatiempo durante los recreos. Surge además un nuevo problema: ¿quién controla los contenidos que se impartan?, ¿a qué nuevos fundamentalismos podrían estar sometidos los niños con el apoyo del Estado? Se abre una perspectiva práctica demencial.
Las religiones, como los mitos griegos, tienen que ser conocidas para entender cualquiera de las  culturas humanas, pero el hecho religioso se aprende igual que el político a lo largo de la historia de la humanidad.
En realidad, la situación de la religión en la Escuela, el predominio de la confesionalidad católica y del adoctrinamiento están producidos por la inexistencia de un Estado laico y ya es hora de impulsarlo. Los primeros pasos comienzan en la educación y llevan inexorablemente a revisar los acuerdos de 1979 con El Vaticano -en parte al margen de la Constitución-, a eliminar los privilegios financieros y de imagen social que mantiene la Iglesia Católica, a llegar a acuerdos más igualitarios con otros cultos. Es imprescindible dar este paso que el gobierno de Zapatero no quiere abordar.
Es la hora de impulsar un Estado laico, tan imprescindible como lo que se está haciendo con otros derechos civiles. Es el único tipo de Estado que permite la libertad de todos y de cada uno en una sociedad cada vez mas multicultural. Las creencias son un tema privado y la religión tiene que salir del currículo escolar.
Madrid, 28 de septiembre de 2004