La Ministra de Educación acaba de hacer pública la propuesta
para la reforma de la LOCE y, con ella, de la enseñanza de la Religión
en los centros escolares. Es oportuno plantearse, por lo tanto, el carácter
laico de la Escuela.
La derecha española ha tenido una posición sobre la educación
que es una de sus claves ideológicas. El Partido Popular propone e
impulsa, allí donde gobierna, la escuela privada, al tiempo que ha
deteriorado -y sigue haciéndolo- la pública de forma constante
e insidiosa. La ideología de la elección del centro por parte
de los padres de los alumnos no trata de otra cosa más que de “la libre
elección del consumidor”. La consecuencia es la subvención de
los centros concertados. No se trata de asegurar una educación pública
de calidad y además de permitir otro tipo de centros privados, sino
de eliminar las posibilidades de igualdad que ofrece la escuela pública,
al demostrar en la práctica que el consumidor prefiere la privada.
Debe señalarse que la mayor parte de los centros concertados no son
gratuitos, esconden sus ingresos bajo los términos de gastos de comedor,
transporte y actividades especiales fuera del currículo oficial. Su
última habilidad ha consistido en subvencionar la escuela infantil
no obligatoria, facilitando a los centros un alumnado cautivo, que, en su
mayor parte, pasará por la primaria, la ESO y el bachillerato.
Se apoya así a los empresarios de la enseñanza, que pertenecen
en su mayor parte a órdenes religiosas de la Iglesia católica,
con lo que se fortalece la alianza siempre presente entre la Iglesia y la
derecha.
Los centros concertados están sirviendo para potenciar una división
clasista, las capas medias de bajos ingresos pueden diferenciarse de otros
sectores, entre ellos de los inmigrantes que son orientados hacia la escuela
pública, facilitando actitudes racistas.
Es en este marco donde cobra importancia la formación religiosa confesional.
No tiene suficiente la Iglesia con utilizar sus propios centros para esta
enseñanza, sino que precisa los públicos y pretende que sean
usados para enseñar la religión como si fuera matemáticas
o lengua. Esto es lo que habían conseguido con la LOCE, obligando a
optar entre la religión no confesional (con un currículo proyectado
por los obispos) y la confesional, propuesta que sin duda es anticonstitucional,
puesto que viola diversas sentencias del Tribunal Constitucional. Era una
vuelta más de tuerca en imponer la religión a una sociedad,
donde las bodas reales se hacen por la Iglesia y las procesiones católicas
pertenecen al folclore nacional.
Afortunadamente el gobierno del PSOE ha parado la Ley de “calidad”
y ha anunciado su cambio. Ahora es el momento de debatir otras líneas
mas democráticas y progresistas, por lo tanto también más
laicas.
La propuesta puesta a debate avanza ligeramente respecto a la situación
anterior, donde se impartía la religión confesional a propuesta
de la familia pero no era evaluable, no contaba como otra materia ni tenía
una alternativa equiparable. Parece ser que ahora se trata de que no haya
materia alternativa y se sugiere que pueda darse al principio o al final del
horario, hay que suponer que para que los chicos no acudan al centro, o se
marchen los que no la quieran cursar, lo que parece un reconocimiento vergonzante
del carácter laico de los centros.
La propuesta anterior y ésta se apoyan en la ficción de que
la mayor parte de los alumnos querrían conocer la religión católica,
pero no otras religiones, y en la práctica sólo existían
clases de la católica. Nos encontramos actualmente con un profesorado
de religión católica que paga el Estado pero contrata y despide
la jerarquía de la Iglesia. La interpretación jurídica
de quien sea el empresario no está siendo uniforme por los tribunales
de justicia.
Supongamos que para mantener la neutralidad relativa de un Estado no confesional
se desarrollan los acuerdos con otros sectores religiosos para que también
lleven sus religiones a las escuelas. Las Comunidades Autónomas, que
tienen transferida la enseñanza, deberían pagar al profesorado
especializado de todas las religiones presentes (¿también de
los agnósticos y los ateos?). Basta pensar en un centro con un número
importante de españoles o inmigrantes no católicos, como una
gran parte de los de Madrid, para que curas, imanes, pastores o clérigos
de diversa índole copen los claustros. Es posible que no haya aulas
en los centros saturados para acoger las distintas opciones, los niños
se separarían según sus especialidades, y quien sabe si las
guerras de religión pasarían a ser el nuevo pasatiempo durante
los recreos. Surge además un nuevo problema: ¿quién controla
los contenidos que se impartan?, ¿a qué nuevos fundamentalismos
podrían estar sometidos los niños con el apoyo del Estado? Se
abre una perspectiva práctica demencial.
Las religiones, como los mitos griegos, tienen que ser conocidas para entender
cualquiera de las culturas humanas, pero el hecho religioso se aprende
igual que el político a lo largo de la historia de la humanidad.
En realidad, la situación de la religión en la Escuela, el
predominio de la confesionalidad católica y del adoctrinamiento están
producidos por la inexistencia de un Estado laico y ya es hora de impulsarlo.
Los primeros pasos comienzan en la educación y llevan inexorablemente
a revisar los acuerdos de 1979 con El Vaticano -en parte al margen de la Constitución-,
a eliminar los privilegios financieros y de imagen social que mantiene la
Iglesia Católica, a llegar a acuerdos más igualitarios con
otros cultos. Es imprescindible dar este paso que el gobierno de Zapatero
no quiere abordar.
Es la hora de impulsar un Estado laico, tan imprescindible como lo que se
está haciendo con otros derechos civiles. Es el único tipo de
Estado que permite la libertad de todos y de cada uno en una sociedad cada
vez mas multicultural. Las creencias son un tema privado y la religión
tiene que salir del currículo escolar.
Madrid, 28 de septiembre de 2004