El 28 de septiembre de este año se cumplen 140
años de la fundación de la Primera Internacional, parece oportuno
hacer algunas reflexiones sobre aquel crucial momento histórico para
el movimiento obrero.
En primer lugar, parece hecho incuestionable la existencia de un sistema
económico, político y social mundial- el capitalismo-, al cual
están supeditadas las especificidades nacionales. En este sentido,
el internacionalismo proletario surge como una respuesta a una realidad objetiva,
en absoluto es un constructo ideado por Marx en su escritorio.
Hoy más que nunca, la globalización de la economía
mundial del capitalismo, la integración del capital financiero y del
capital especulativo, la formación de bloques económicos regionales,
llevan a que las viejas barreras nacionales se vayan volviendo un elemento
secundario de la lógica del sistema.
En consecuencia, el internacionalismo del movimiento obrero y la construcción
de una organización internacional no es un dogma, ni, parafraseando
a Trotsky, una consigna para los grandes actos en los días festivos,
sino que es, sobre todo en estos momentos, la necesidad política más
clara del movimiento obrero internacional.
Esta necesidad fue consciente en el movimiento obrero durante muchos años
y todos los obreros de vanguardia reivindicaban la internacional. En la Primera
estaban los marxistas, los anarquistas, los proudhonistas, los sindicalistas
ingleses. Después, todas las corrientes del movimiento obrero, menos
los anarquistas que continuaron reivindicando la Primera, participaron en
la Segunda Internacional. Posteriormente surgió la Tercera que aglutinó
a lo mejor de la vanguardia obrera que surgió con la Revolución
Rusa de 1917.
El estalinismo quebró esa tradición a la vez que elaboraba
la teoría del socialismo en un solo país. Esta ideología
tuvo su expresión más simbólica en la disolución
de la Tercera Internacional, provocando un salto hacia atrás en la
conciencia internacionalista del movimiento obrero, la cual retrocedió
al periodo anterior a la aparición del Manifiesto Comunista en 1848.
El resurgir del denominado movimiento antiglobalización, a raíz
de las movilizaciones de Seattle, abre nuevas posibilidades para avanzar en
la gran tarea de reconstruir la conciencia internacionalista del movimiento
obrero.
De la respuesta que se dé a este desafío dependerá
en buena parte el destino de la humanidad, pues a pesar de su crisis económica
crónica, de sus crisis políticas y de las grandes luchas del
movimiento de masas a nivel mundial, el imperialismo continúa existiendo,
atacando y destruyendo a la humanidad.
Ahí están los signos visibles en los millones de personas
que no tienen acceso a nada, ni siquiera a un techo; en las epidemias que
se desarrollan y acaban con poblaciones enteras, en países que quedan
marginados del mercado, en el hambre como problema endémico, en la
destrucción de tierras, de mares, de la atmósfera...
Prólogo
La Primera Internacional debe ser considerada como la culminación
organizativa del periodo inicial de resistencia del movimiento obrero.
Marx y Engels describen ese despertar del movimiento de los trabajadores,
en el Manifiesto Comunista: “El proletariado pasa por diferentes etapas
de desarrollo. Su lucha contra la burguesía comienza con su surgimiento.
Al principio la lucha es entablada por obreros aislados, después
por los obreros de una misma fábrica, más tarde por los obreros
de un mismo oficio de la localidad contra el burgués aislado que los
explota directamente. No se contentan con dirigir sus ataques contra las relaciones
burguesas de producción, y los dirigen contra los mismos instrumentos
de producción; destruyen las mercancías extranjeras que les
hacen la competencia, rompen las máquinas, incendian las fábricas
(...)
En esta etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país
y disgregada por la competencia. Si los obreros forman en masas compactas,
esta acción no es todavía la consecuencia de su propia unidad,
sino de la unidad de la burguesía (...). Durante esta etapa, los proletarios
no combaten, por tanto, contra sus propios enemigos, sino contra los enemigos
de sus enemigos, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los
propietarios territoriales, los burgueses no industriales, y los pequeños
burgueses.(...)
Pero la industria, en su desarrollo, no sólo acrecienta el número
de proletarios, sino que los concentra en masas considerables, su fuerza aumenta
y adquieren mayor conciencia de la misma. Los intereses y las condiciones
de existencia de los proletarios se igualan cada vez más (...); el
constante y acelerado perfeccionamiento de la máquina, coloca al obrero
en situación cada vez más precaria; las colisiones individuales
entre el obrero y el burgués adquieren más y más el carácter
de colisiones entre dos clases. Los obreros empiezan a formar coaliciones
contra los burgueses y actúan en común para la defensa de sus
salarios. Llegan a formar asociaciones permanentes para asegurarse los medios
necesarios, en previsión de estos choques circunstanciales. (...)
A veces los obreros triunfan, pero es un triunfo efímero. El
verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la
unión cada vez más extensa de los obreros. Esta unión
es favorecida por el crecimiento de los medios de comunicación creados
por la gran industria y que pone en contacto a los obreros de diferentes localidades.
Y basta este contacto para que las numerosas luchas locales, que en todas
parten revisten el mismo carácter, se centralicen en una lucha nacional,
en una lucha de clases”.
Los precursores de la I Internacional
La I Internacional no surgió de un momento para otro como algo acabado.
Las tres organizaciones más importantes que dieron origen a la Internacional
fueron: la Sociedad de Demócratas Fraternales, fundada en 1845 por
Julián Hamey en Londres, que organizaba a los refugiados políticos
de toda Europa. Esta fue la primera organización internacional de la
clase obrera. La segunda fue La Liga Comunista que se creó (en 1848)
basada en el trabajo de Marx y Engels, el Manifiesto Comunista, y que dio
al movimiento obrero su primer programa científico y, en mi opinión,
las bases teóricas correctas. La tercera fue El Comité Internacional
organizado por Ernest Jones en Londres, quien con mítines y manifiestos
mantuvo viva la tradición del internacionalismo durante los reaccionarios
años 50.
En 1848, se dio un importante proceso de revoluciones democráticas
burguesas que son derrotadas en todos lados: en Francia, Alemania, Austria,
Italia, Polonia, Hungría. Estas derrotas fueron provocadas porque la
burguesía se negó a ir hasta el final en su lucha contra de
la nobleza totalitaria por temor de que el movimiento obrero, que jugó
un papel muy importante en esos procesos, escapara a su control y continuara
la revolución por sus propias reivindicaciones de clase. Los años
posteriores a esas derrotas son llamados los años de reacción.
De todos esos países donde la revolución fue derrotada llegaron
a Londres perseguidos políticos. Eran de dos tipos: burgueses demócratas
y proletarios revolucionarios. Al principio intentaron actuar en común
dentro de las asociaciones de emigrados, pero en seguida eso se demostró
imposible, y se comenzaron a dar las divisiones de clase.
Mientras tanto, aquellos que habían permanecido en sus países
y que no fueron presos, actuaban como podían, formaban clubes, asociaciones
literarias y musicales, para mantener encendida la llama de la revolución
y reclutar nuevos elementos.
El nacimiento de la I Internacional
Al final de la década de 1850 ocurrieron una serie de hechos que
comenzaron a cambiar la situación internacional: la crisis económica
de 1857 (la más importante del siglo XIX), la guerra de la independencia
italiana en 1859 y el estallido de la Guerra Civil en Estados Unidos en 1860.
Estos hechos tuvieron consecuencias económicas y políticas.
En Francia, debilitaron la dictadura de Napoleón III y lo obligaron
a realizar concesiones económicas y políticas. Los trabajadores
consiguieron el derecho al voto y se revocaron las leyes que prohibían
las organizaciones sindicales. En Inglaterra, los obreros habían conquistado
en 1825 el derecho a sindicalizarse, pero no tenían derecho a votar.
El desarrollo continental del capitalismo había creado una competencia
peligrosa entre los trabajadores. Cuando intentaban conseguir mejores salarios,
o menos horas de trabajo, los capitalistas ingleses amenazaban con importar
fuerza de trabajo barata de Francia, Bélgica, Alemania y otros países.
El estallido de la Guerra Civil norteamericana y el embargo de las exportaciones
de algodón produjeron una crisis algodonera que causó gran miseria
entre los obreros textiles ingleses. Estas condiciones impactaron en los
sindicatos y dieron a origen a lo que se conoció como el “Nuevo Sindicalismo”
encabezado por dirigentes de nivel cultural bastante alto, todos ellos eran
obreros cualificados de los gremios de mecánicos, carpinteros, constructores
y zapateros.
En 1862 se realizó la Exposición Mundial (Feria Industrial)
en Londres. Eso provocó la visita de delegados franceses a Inglaterra,
lo que ayudó al contacto con los obreros ingleses y al posterior intercambio
de correspondencia.
Este intercambio se profundizó cuando en 1863 se dio una conspiración
entre Francia, Inglaterra y Rusia para intervenir y aplastar la insurrección
polaca por la independencia.
El proceso concluyó en un acto conjunto de representantes obreros
franceses e ingleses en el St. Martin’s Hall de Londres, el 28 septiembre
de 1864. Allí se decidió crear un Comité Internacional
de Trabajadores que escribiera los estatutos para una organización
internacional obrera que deberían ser aprobados en un congreso internacional,
convocado para el año siguiente en Bélgica. En las reseñas
periodísticas de la creación de ese Comité Internacional,
figura en último lugar el nombre de Karl Marx.
Marx y la I Internacional
Marx pronunció el discurso inaugural de la Asociación Internacional
de Trabajadores, en el acto del 28 de septiembre y fue encargado de escribir
los estatutos y el programa de la Primera Internacional.
Ese discurso inaugural es una fuerte denuncia al capitalismo y un llamamiento
a la solidaridad y unidad de los trabajadores.
Las diferencias entre el discurso inaugural y el Manifiesto Comunista (escrito
en 1848), son las que Marx explicaba en un escrito a Engels: “Hace falta tiempo,
antes de que el movimiento revivido nos permita utilizar el viejo lenguaje
audaz. La necesidad del momento es: osadía en el contenido, pero moderación
en la forma”. Las diferencias de ese documento con el Manifiesto tienen que
ver con el objetivo de agrupar en una sola organización a trabajadores
con diferente grado de desarrollo político. A pesar de ello, ese discurso
contenía las ideas fundamentales del comunismo. Marx confiaba en que,
posteriormente, la conciencia de clase de los trabajadores avanzaría
como resultado de su acción unificada para garantizar la victoria
final del socialismo científico dentro de la Internacional.
Los logros de la I Internacional
1- Su primer éxito político se dio en la lucha que dirigieron
sus miembros por la reforma de los derechos políticos en Inglaterra.
2- Los miembros de la Internacional dirigieron una gran campaña por
una legislación laboral más progresiva: exigieron una jornada
de trabajo más corta y condenaron el trabajo nocturno y todas las formas
de trabajo perjudiciales para las mujeres y los niños.
3- La Internacional estimuló la organización sindical en varios
países y buscó elevar el nivel político del movimiento
sindical. Apoyó las huelgas que se extendieron de un país otro
después de la crisis económica de 1866.
4- Expresó su solidaridad activa en guerras civiles y nacionales,
por ejemplo apoyó la lucha de Lincoln en contra de los esclavistas
del Sur durante la guerra civil norteamericana.
5- Pero lo que desató el odió de toda la burguesía,
fue el apoyo dado a la Comuna de París
6. La Comuna de París
Todo comenzó con la guerra entre Francia y Prusia en 1870 que acabó
en una brutal derrota para Francia. Ante la capitulación de la burguesía
francesa, los obreros parisienses organizados en la Guardia Republicana resolvieron
asumir la defensa de la ciudad y tomaron la dirección de París.
Marx y Engels consideraron a la Comuna de Paris como la primera experiencia
de revolución obrera y de gobierno obrero. Contradictoriamente entre
todos los comuneros no habían partidarios suyos y si representantes
de las corrientes pequeño burguesas existentes en la I Internacional,
como los proudhonistas, o corrientes que no pertenecían a la Internacional
como los blanquistas.
Igualmente, las medidas que tomaron fueron producto de la naturaleza de
clase de la revolución en curso: fue la primera experiencia del asalto
violento de la clase obrera al poder político y de la construcción
de un gobierno obrero que se apoyaba en la movilización revolucionaria
del proletariado parisiense en armas. Lenín, años más
tarde se inspiraba en la Comuna de Paris, para escribir su libro “El Estado
y la Revolución”. Los errores de la Comuna, sirvieron para fortalecer
aún más la concepción marxista. Uno de los más
conocidos es el hecho de que, faltando desesperadamente recursos económicos
para sustentar la lucha, los comuneros no expropiaron el Banco de Francia
(abarrotado de oro) porque los sectores que encabezaban la lucha no tenían
el objetivo de expropiar la propiedad privada. Engels dice que el gran problema
de la Comuna es que no fue lo suficientemente violenta.
La Comuna de Paris terminó siendo masacrada por las fuerzas de la
burguesía francesa ayudadas por sus antiguos enemigos de la guerra,
las tropas prusianas.
7. El mayor logro de la Primera Internacional
La Primera fue la prueba viviente de que la unidad internacional de los
trabajadores era posible y fructífera. Y eso lo logró a pesar
de su primitiva organización, que tenía que ver con el grado
de organización del proletariado en esa época. La Primera Internacional
no llegó a ser un partido mundial. En realidad fue un Frente Único
de organizaciones obreras y dirigentes revolucionarios, pero dejó
grandes enseñanzas e inscribió el término “internacionalismo”
en el diccionario. Hoy los progresistas del mundo seguimos reivindicando
y cantando las estrofas de su himno: “La Internacional”.
8. Las batallas contra el sectarismo y el oportunismo dentro de la I Internacional.
La historia de la Primera Internacional, escribió Marx en una carta
a Bolte el 23 de noviembre de 1871, fue “una lucha continua del Consejo General
contra las sectas y los experimentos de aficionados, que intentaban mantenerse
dentro de la Into 2004