La primera internacional

MIGUEL MARTÍNEZ. Publicado en Iniciativa Socialista número 73, otoño 2004

El 28 de septiembre de este año se cumplen 140 años de la fundación de la Primera Internacional, parece oportuno hacer algunas reflexiones sobre aquel crucial momento histórico para el movimiento obrero.
En primer lugar, parece hecho incuestionable la existencia de un sistema económico, político y social mundial- el capitalismo-, al cual están supeditadas las especificidades nacionales. En este sentido, el internacionalismo proletario surge como una respuesta a una realidad objetiva, en absoluto es un constructo ideado por Marx en su escritorio.
Hoy más que nunca, la globalización de la economía mundial del capitalismo, la integración del capital financiero y del capital especulativo, la formación de bloques económicos regionales, llevan a que las viejas barreras nacionales se vayan volviendo un elemento secundario de la lógica del sistema.
En consecuencia, el internacionalismo del movimiento obrero y la construcción de una organización internacional no es un dogma, ni, parafraseando a Trotsky, una consigna para los grandes actos en los días festivos, sino que es, sobre todo en estos momentos, la necesidad política más clara del movimiento obrero internacional.
Esta necesidad fue consciente en el movimiento obrero durante muchos años y todos los obreros de vanguardia reivindicaban la internacional. En la Primera estaban los marxistas, los anarquistas, los proudhonistas, los sindicalistas ingleses. Después, todas las corrientes del movimiento obrero, menos los anarquistas que continuaron reivindicando la Primera, participaron en la Segunda Internacional. Posteriormente surgió la Tercera que aglutinó a lo mejor de la vanguardia obrera que surgió con la Revolución Rusa de 1917.
El estalinismo quebró esa tradición a la vez que elaboraba la teoría del socialismo en un solo país. Esta ideología tuvo su expresión más simbólica en la disolución de la Tercera Internacional, provocando un salto hacia atrás en la conciencia internacionalista del movimiento obrero, la cual retrocedió al periodo anterior a la aparición del Manifiesto Comunista en 1848.
El resurgir del denominado movimiento antiglobalización, a raíz de las movilizaciones de Seattle, abre nuevas posibilidades para avanzar en la gran tarea de reconstruir la conciencia internacionalista del movimiento obrero.
De la respuesta que se dé a este desafío dependerá en buena parte el destino de la humanidad, pues a pesar de su crisis económica crónica, de sus crisis políticas y de las grandes luchas del movimiento de masas a nivel mundial, el imperialismo continúa existiendo, atacando y destruyendo a la humanidad.
Ahí están los signos visibles en los millones de personas que no tienen acceso a nada, ni siquiera a un techo; en las epidemias que se desarrollan y acaban con poblaciones enteras, en países que quedan marginados del mercado, en el hambre como problema endémico, en la destrucción de tierras, de mares, de la atmósfera...

Prólogo

La Primera Internacional debe ser considerada como la culminación organizativa del periodo inicial de resistencia del movimiento obrero.
Marx y Engels describen ese despertar del movimiento de los trabajadores, en el Manifiesto Comunista: “El proletariado pasa por diferentes etapas de desarrollo. Su lucha contra la burguesía comienza con su surgimiento.
Al principio la lucha es entablada por obreros aislados, después por los obreros de una misma fábrica, más tarde por los obreros de un mismo oficio de la localidad contra el burgués aislado que los explota directamente. No se contentan con dirigir sus ataques contra las relaciones burguesas de producción, y los dirigen contra los mismos instrumentos de producción; destruyen las mercancías extranjeras que les hacen la competencia, rompen las máquinas, incendian las fábricas (...)
En esta etapa, los obreros forman una masa diseminada por todo el país y disgregada por la competencia. Si los obreros forman en masas compactas, esta acción no es todavía la consecuencia de su propia unidad, sino de la unidad de la burguesía (...). Durante esta etapa, los proletarios no combaten, por tanto, contra sus propios enemigos, sino contra los enemigos de sus enemigos, contra los vestigios de la monarquía absoluta, los propietarios territoriales, los burgueses no industriales, y los pequeños burgueses.(...)
Pero la industria, en su desarrollo, no sólo acrecienta el número de proletarios, sino que los concentra en masas considerables, su fuerza aumenta y adquieren mayor conciencia de la misma. Los intereses y las condiciones de existencia de los proletarios se igualan cada vez más (...); el constante y acelerado perfeccionamiento de la máquina, coloca al obrero en situación cada vez más precaria; las colisiones individuales entre el obrero y el burgués adquieren más y más el carácter de colisiones entre dos clases. Los obreros empiezan a formar coaliciones contra los burgueses y actúan en común para la defensa de sus salarios. Llegan a formar asociaciones permanentes para asegurarse los medios necesarios, en previsión de estos choques circunstanciales. (...)
 A veces los obreros triunfan, pero es un triunfo efímero. El verdadero resultado de sus luchas no es el éxito inmediato, sino la unión cada vez más extensa de los obreros. Esta unión es favorecida por el crecimiento de los medios de comunicación creados por la gran industria y que pone en contacto a los obreros de diferentes localidades. Y basta este contacto para que las numerosas luchas locales, que en todas parten revisten el mismo carácter, se centralicen en una lucha nacional, en una lucha de clases
”.

Los precursores de la I Internacional

La I Internacional no surgió de un momento para otro como algo acabado. Las tres organizaciones más importantes que dieron origen a la Internacional fueron: la Sociedad de Demócratas Fraternales, fundada en 1845 por Julián Hamey en Londres, que organizaba a los refugiados políticos de toda Europa. Esta fue la primera organización internacional de la clase obrera. La segunda fue La Liga Comunista que se creó (en 1848) basada en el trabajo de Marx y Engels, el Manifiesto Comunista, y que dio al movimiento obrero su primer programa científico y, en mi opinión, las bases teóricas correctas. La tercera fue El Comité Internacional organizado por Ernest Jones en Londres, quien con mítines y manifiestos mantuvo viva la tradición del internacionalismo durante los reaccionarios años 50.
En 1848, se dio un importante proceso de revoluciones democráticas burguesas que son derrotadas en todos lados: en Francia, Alemania, Austria, Italia, Polonia, Hungría. Estas derrotas fueron provocadas porque la burguesía se negó a ir hasta el final en su lucha contra de la nobleza totalitaria por temor de que el movimiento obrero, que jugó un papel muy importante en esos procesos, escapara a su control y continuara la revolución por sus propias reivindicaciones de clase. Los años posteriores a esas derrotas son llamados los años de reacción.
De todos esos países donde la revolución fue derrotada llegaron a Londres perseguidos políticos. Eran de dos tipos: burgueses demócratas y proletarios revolucionarios. Al principio intentaron actuar en común dentro de las asociaciones de emigrados, pero en seguida eso se demostró imposible, y se comenzaron a dar las divisiones de clase.
Mientras tanto, aquellos que habían permanecido en sus países y que no fueron presos, actuaban como podían, formaban clubes, asociaciones literarias y musicales, para mantener encendida la llama de la revolución y reclutar nuevos elementos.

El nacimiento de la I Internacional

Al final de la década de 1850 ocurrieron una serie de hechos que comenzaron a cambiar la situación internacional: la crisis económica de 1857 (la más importante del siglo XIX), la guerra de la independencia italiana en 1859 y el estallido de la Guerra Civil en Estados Unidos en 1860.
Estos hechos tuvieron consecuencias económicas y políticas. En Francia, debilitaron la dictadura de Napoleón III y lo obligaron a realizar concesiones económicas y políticas. Los trabajadores consiguieron el derecho al voto y se revocaron las leyes que prohibían las organizaciones sindicales. En Inglaterra, los obreros habían conquistado en 1825 el derecho a sindicalizarse, pero no tenían derecho a votar. El desarrollo continental del capitalismo había creado una competencia peligrosa entre los trabajadores. Cuando intentaban conseguir mejores salarios, o menos horas de trabajo, los capitalistas ingleses amenazaban con importar fuerza de trabajo barata de Francia, Bélgica, Alemania y otros países. El estallido de la Guerra Civil norteamericana y el embargo de las exportaciones de algodón produjeron una crisis algodonera que causó gran miseria entre los obreros textiles ingleses. Estas condiciones impactaron en los sindicatos y dieron a origen a lo que se conoció como el “Nuevo Sindicalismo” encabezado por dirigentes de nivel cultural bastante alto, todos ellos eran obreros cualificados de los gremios de mecánicos, carpinteros, constructores y zapateros.
En 1862 se realizó la Exposición Mundial (Feria Industrial) en Londres. Eso provocó la visita de delegados franceses a Inglaterra, lo que ayudó al contacto con los obreros ingleses y al posterior intercambio de correspondencia.
Este intercambio se profundizó cuando en 1863 se dio una conspiración entre Francia, Inglaterra y Rusia para intervenir y aplastar la insurrección polaca por la independencia.
El proceso concluyó en un acto conjunto de representantes obreros franceses e ingleses en el St. Martin’s Hall de Londres, el 28 septiembre de 1864. Allí se decidió crear un Comité Internacional de Trabajadores que escribiera los estatutos para una organización internacional obrera que deberían ser aprobados en un congreso internacional, convocado para el año siguiente en Bélgica. En las reseñas periodísticas de la creación de ese Comité Internacional, figura en último lugar el nombre de Karl Marx.

Marx y la I Internacional

Marx pronunció el discurso inaugural de la Asociación Internacional de Trabajadores, en el acto del 28 de septiembre y fue encargado de escribir los estatutos y el programa de la Primera Internacional.
Ese discurso inaugural es una fuerte denuncia al capitalismo y un llamamiento a la solidaridad y unidad de los trabajadores.
Las diferencias entre el discurso inaugural y el Manifiesto Comunista (escrito en 1848), son las que Marx explicaba en un escrito a Engels: “Hace falta tiempo, antes de que el movimiento revivido nos permita utilizar el viejo lenguaje audaz. La necesidad del momento es: osadía en el contenido, pero moderación en la forma”. Las diferencias de ese documento con el Manifiesto tienen que ver con el objetivo de agrupar en una sola organización a trabajadores con diferente grado de desarrollo político. A pesar de ello, ese discurso contenía las ideas fundamentales del comunismo. Marx confiaba en que, posteriormente, la conciencia de clase de los trabajadores avanzaría como resultado de su acción unificada para garantizar la victoria final del socialismo científico dentro de la Internacional.

Los logros de la I Internacional


1- Su primer éxito político se dio en la lucha que dirigieron sus miembros por la reforma de los derechos políticos en Inglaterra.
2- Los miembros de la Internacional dirigieron una gran campaña por una legislación laboral más progresiva: exigieron una jornada de trabajo más corta y condenaron el trabajo nocturno y todas las formas de trabajo perjudiciales para las mujeres y los niños.
3- La Internacional estimuló la organización sindical en varios países y buscó elevar el nivel político del movimiento sindical. Apoyó las huelgas que se extendieron de un país otro después de la crisis económica de 1866.
4- Expresó su solidaridad activa en guerras civiles y nacionales, por ejemplo apoyó la lucha de Lincoln en contra de los esclavistas del Sur durante la guerra civil norteamericana.
5- Pero lo que desató el odió de toda la burguesía, fue el apoyo dado a la Comuna de París
6. La Comuna de París
Todo comenzó con la guerra entre Francia y Prusia en 1870 que acabó en una brutal derrota para Francia. Ante la capitulación de la burguesía francesa, los obreros parisienses organizados en la Guardia Republicana resolvieron asumir la defensa de la ciudad y tomaron la dirección de París. Marx y Engels consideraron a la Comuna de Paris como la primera experiencia de revolución obrera y de gobierno obrero. Contradictoriamente entre todos los comuneros no habían partidarios suyos y si representantes de las corrientes pequeño burguesas existentes en la I Internacional, como los proudhonistas, o corrientes que no pertenecían a la Internacional como los blanquistas.
Igualmente, las medidas que tomaron fueron producto de la naturaleza de clase de la revolución en curso: fue la primera experiencia del asalto violento de la clase obrera al poder político y de la construcción de un gobierno obrero que se apoyaba en la movilización revolucionaria del proletariado parisiense en armas. Lenín, años más tarde se inspiraba en la Comuna de Paris, para escribir su libro “El Estado y la Revolución”. Los errores de la Comuna, sirvieron para fortalecer aún más la concepción marxista. Uno de los más conocidos es el hecho de que, faltando desesperadamente recursos económicos para sustentar la lucha, los comuneros no expropiaron el Banco de Francia (abarrotado de oro) porque los sectores que encabezaban la lucha no tenían el objetivo de expropiar la propiedad privada. Engels dice que el gran problema de la Comuna es que no fue lo suficientemente violenta.
La Comuna de Paris terminó siendo masacrada por las fuerzas de la burguesía francesa ayudadas por sus antiguos enemigos de la guerra, las tropas prusianas.
7. El mayor logro de la Primera Internacional
La Primera fue la prueba viviente de que la unidad internacional de los trabajadores era posible y fructífera. Y eso lo logró a pesar de su primitiva organización, que tenía que ver con el grado de organización del proletariado en esa época. La Primera Internacional no llegó a ser un partido mundial. En realidad fue un Frente Único de organizaciones obreras y dirigentes revolucionarios, pero dejó grandes enseñanzas e inscribió el término “internacionalismo” en el diccionario. Hoy los progresistas del mundo seguimos reivindicando y cantando las estrofas de su himno: “La Internacional”.
8. Las batallas contra el sectarismo y el oportunismo dentro de la I Internacional.
La historia de la Primera Internacional, escribió Marx en una carta a Bolte el 23 de noviembre de 1871, fue “una lucha continua del Consejo General contra las sectas y los experimentos de aficionados, que intentaban mantenerse dentro de la Into 2004
ernacional contra el movimiento real de la clase obrera.”
Marx tuvo que pelear contra las ideas proudhonianas. A diferencia de los socialistas científicos, los proudhonianos querían conservar la propiedad privada. Sus planes prácticos para reformar la sociedad burguesa consistían en formar sociedades cooperativas. Ellos eran enemigos de las principales formas y métodos de lucha de la clase obrera. Proudhon se oponía a los sindicatos, estaba en contra de las huelgas y no aceptaba la participación política de los trabajadores. Sostenían que las naciones debían disolverse en pequeñas comunidades que luego formarían algún tipo de asociación voluntaria en sustitución del estado.
La lucha política y organizativa más importante fue la que se dio contra las ideas anarquistas y su principal dirigente, el revolucionario ruso Mijail Bakunin.
Las principales diferencias entre Marx y sus seguidores y los anarquistas estaban en:
- Los marxistas defendían la lucha contra el estado burgués y por la imposición del poder estatal de la clase obrera, a través de la Dictadura del Proletariado, como transición necesaria para abolir toda autoridad del estado y formas de coerción. Los anarquistas estaban contra de toda autoridad y todo tipo de estado, independientemente de su carácter de clase.
- Los marxistas impulsan la participación política de los trabajadores. Los anarquistas se oponían a ella. Bakunin formó dentro de la Internacional una organización secreta que buscó ganar la dirección por medió de tácticas conspirativas.
Las luchas internas entre las dos tendencias irreconciliables dividieron y debilitaron considerablemente a la Internacional.
Los marxistas también tuvieron que luchar contra Lasalle, y sus seguidores en el movimiento obrero alemán, acerca de los problemas fundamentales. Uno, era su táctica oportunista sobre con qué fuerzas aliarse en la lucha. Lasalle apoyó, por ejemplo, la política de Bismarck a favor de los terratenientes y en contra de los burgueses, en vez de defender una política independiente del proletariado. Pero al mismo tiempo tenían una actitud sectaria hacia los sindicatos y se negaban a entrar a un sindicato si éste no tenía todo su programa y su dirección
Así, los fundadores de la Primera Internacional no sólo tuvieron que enfrentar a poderosos enemigos externos, sino también a opositores internos que defendían ideologías pequeño burguesas y/o actuaciones sectarias y oportunistas. Después de la derrota de la Comuna de Paris, esas fuerzas destructivas se desarrollaron en condiciones históricas adversas. Eso llevó a la decadencia, desintegración y finalmente a la disolución de la Primera Internacional en 1878.

Epílogo

El intelectual trotskista George Novack, en su trabajo “La Primera y la Segunda Internacionales “ dice: “Alguna vez Trotsky caracterizó el período de actividades internacionales de la clase obrera, realizadas durante la Primera Internacional, esencialmente como una anticipación. El Manifiesto Comunista fue la anticipación teórica del movimiento obrero moderno. La Primera Internacional fue la anticipación práctica de las asociaciones obreras mundiales. La Comuna de Paris fue la anticipación revolucionaria de la dictadura del proletariado.
Más tarde, Lenín caracterizó a la Tercera Internacional como la Internacional de la acción, que empezó a poner en práctica la primera gran contribución de Marx a la teoría política: la idea de que la clase obrera tenía que luchar para establecer la dictadura del proletariado.
El puente histórico entre la Internacional de la anticipación y la internacional de la acción fue la Segunda Internacional. Esta puede caracterizarse brevemente como la Internacional de la organización, que puso de pie a amplias masas de trabajadores en numerosos países, los organizó en sindicatos y en partidos políticos obreros y preparó el terreno para el movimiento obrero masivo independiente
”.
Pero esa es otra historia...

Santander, agosto 2004