
Ha muerto Emma, el 8 de noviembre de 2004. Desde que en 1935 ingresó
en la Izquierda Comunista, con la que poco después contribuyó
a la fundación del POUM, Emma, sin ningún dogmatismo y con una
enorme capacidad de adecuación a los cambios de la realidad social,
ha vivido con la firme convicción de que otro mundo es posible y que
conseguirlo dependía de lo que hacíamos.
Incorporada a las milicias del POUM, combatió al franquismo en el
frente de Sigüenza, formando parte de la columna dirigida por otra mujer
extraordinaria, Mika Etchebehere. Tras una larga permanencia en las cárceles
franquistas, ella y su compañero “Quique”, Enrique Rodríguez
Arroyo, se trasladan a Francia en 1947, donde viven y participan activamente
en el movimiento sindical de ese país hasta su retorno a España,
en 1978. Una vez aquí, mantuvieron viva su pasión política
y su compromiso emancipatorio. Varias de las personas que integran este consejo
editorial los conocimos durante los últimos años de la década
de los 80, a través de experiencias compartidas como la realización
de un acto sobre los sucesos de mayo de 1937 y de unas jornadas sobre la figura
de León Trosky. Emma tuvo también un papel muy importante, junto
a Wilebaldo Solano, Quique o Francesc de Cabo, en la creación de la
Fundación Andreu Nin (http://www.fundanin.org). Por paradójico
que resulte, Emma y todos los compañeros del POUM que conocimos jugaron
también un excepcional papel para permitir la reconciliación,
pese a la diversidad de puntos de vista, entre personas de la “generación
del 68” o algo más jóvenes que, precisamente por compartir valores
muy cercanos pero desde diferentes organizaciones políticas, nos habíamos
mirado hasta el momento con una injustificable e inmadura hostilidad.
A Emma era habitual encontrártela, siempre con su sonrisa y su inagotable
impulso vital, en casi todas las manifestaciones progresistas, contra la guerra,
por el Prestige, 1 de mayo, 8 de marzo... Para nosotr@s ha sido un honor
el haber contando con su presencia en varias de las reuniones de este consejo
editorial, en las que siempre nos llamaba la atención sobre aspectos
que no habíamos tenido en cuenta. De ella, como de los compañeros
del POUM ya citados o de Ignacio Iglesias, Eugenio F. Granell, Amparo Segarra,
Víctor Alba, Grimalt, también veteranos poumistas, hemos aprendido
mucho, aunque sin estar a su altura, sobre esa radicalidad realista, ese espíritu
rebelde sin sectarismo, esa visión de un socialismo verdaderamente
democrático y liberador, aún tan actuales.
Nunca la olvidaremos. Y desearíamos ser capaces de trasmitir a otras
y otros un poquito, al menos, de lo mucho que ella nos enseñó,
lo que no es fácil, ya que no puede reproducirse con palabras una presencia
en la que palabra, acciones y sentimientos se combinaban de forma inseparable.