Por un mundo sin hambre
VICENT GARCÉS. Texto publicado en
Iniciativa Socialista
número 74, invierno 2004-2005. Intervención en la apertura
del Foro Mundial sobre la Reforma Agraria (FMRA) celebrado en Valencia del
5 al 8 de diciembre de 2004. Vicent Garcés es ingeniero agrónomo,
profesor de la Universidad Politécnica de Valencia, coordinador del
Comité Internacional Promotor del FMRA.
Hoy el hambre crónica acosa a más de
840 millones de personas en el planeta, les roba salud y nubla su inteligencia,
destruye vidas inocentes, especialmente a los niños. El hambre es
una lacra intolerable que impide el desarrollo social y económico
de los pueblos. El hambre es una manifestación concreta de las desigualdades
de poder, persistentes y generalizadas, que existen en el mundo, declaró
el año 2002 el Director General de la FAO.
El análisis de las tendencias más recientes hace que las perspectivas
sean sombrías. De 1995 al 2001 el número de personas subnutridas
en el mundo aumentó en 18 millones. Peor aún, en los últimos
cuatro años sobre los que se dispone de datos, el número de
personas crónicamente hambrientas ha aumentado a una tasa de casi 5
millones anuales. El hambre está creciendo en el conjunto de los países
en desarrollo y también en las bolsas de pobreza de los países
desarrollados.
El pasado 24 de noviembre el Consejo de la FAO ha aprobado las Directrices
voluntarias en apoyo a los esfuerzos de los Estados miembro encaminados a
alcanzar la realización progresiva del derecho a una alimentación
adecuada en el contexto de la seguridad alimentaria nacional.
Esas Directrices se fundamentan en diversos instrumentos internacionales
reiteradamente reivindicados por los movimientos sociales en todas sus plataformas,
a saber: el Art. 25 de la Declaración Universal de Derechos Humanos;
los artículos 2 y 11 del Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales; y los artículos 55 y 56 de la Carta de las Naciones
Unidas.
Las Directrices de la FAO recomiendan a los Estados poner en práctica
políticas económicas, agrícolas, pesqueras, forestales,
de uso de la tierra y, si es necesario, de reforma agraria, que permitan a
los agricultores, pescadores, silvicultores y otros productores de alimentos,
en particular a las mujeres, obtener un rendimiento justo de su trabajo, capital
y gestión, estimulando la conservación y la ordenación
sostenible de los recursos naturales, incluso en las zonas marginales.
Estas Directrices, cortas por su voluntariedad y tardías por la gravedad
de los problemas planteados, vienen a señalar que muchos Gobiernos
e importantes instituciones multilaterales no han facilitado el acceso de
los pobres a la tierra y han perjudicado con sus políticas a las pequeñas
explotaciones familiares, que han visto como los precios percibidos por los
productos agrícolas disminuían y los costos de producción
aumentaban. En el mundo de hoy muchas tierras siguen improductivas y otras
han tenido que ser abandonadas o malvendidas por los agricultores al no poder
hacer frente a las obligaciones que habían contraído. La producción
y distribución de alimentos se ha concentrado en manos de grandes corporaciones
que presionan, a través de instrumentos multilaterales, para obtener
la propiedad de los recursos productivos de las naciones con las consecuencias
que todos observamos.
El hambre se debe, en la mayor parte de los casos, a que las personas o
grupos sumidos en la pobreza no tienen acceso a los medios de producción,
o bien el acceso que tienen es insuficiente para cubrir sus necesidades nutricionales
mínimas. Puesto que más del 75% del total de las personas que
sufren hambre vive en zonas rurales, el acceso a la tierra y al agua como
medios de producción más importantes en dichas zonas es una
condición indispensable para combatir esas lacras. Las cifras de población
rural en el mundo el año 2002, por continentes, eran: Asia 2.321.220;
África 513.770; Europa 191.436; América Latina y Caribe 127.259;
América Norte Desarrollada 71.500; Oceanía 8.370. Total mundial:
3.233.555 (Fuente: FAOSTAT). Según la misma fuente, la población
rural es países desarrollados ascendía en 2002 a 351.716 personas,
y a 2.881.849 en países en desarrollo.
Observando esas cifras y considerando que los casos más graves de
pobreza y hambre corresponden a campesinos sin tierra o bien a campesinos
que cultivan parcelas cuya calidad y tamaño impide el mantenimiento
de una familia, podemos dibujar una parte sustancial del mapa mundial de la
exclusión.
Otra Agricultura
Todos los países del mundo tienen derecho a definir sus políticas
sobre el acceso a la tierra y a los recursos naturales. Esas políticas
son una condición necesaria para el ejercicio de la soberanía
alimentaria. Y para ello se necesita un proceso de Reforma Agraria adaptado
a las condiciones de cada país y región. Esta Reforma debe facilitar
a los campesinos y a los agricultores indígenas -con iguales oportunidades
para las mujeres- un acceso equitativo a los recursos productivos (principalmente
tierra, agua, semillas, bosques y pesca), así como a medios de producción
tales como la financiación y la capacitación.
Pero, dolorosamente, las cosas van en sentido contrario. Para el economista
Plinio Sampaio que nos acompaña hoy aquí, el giro neoliberal
de los años 80 y 90 restó prioridad a la reforma agraria. Además,
insiste Sampaio, las políticas neoliberales han provocado una gran
concentración del ingreso y esto alcanzó también a la
renta de la tierra. Obviamente poblaciones que ya se encontraban pauperizadas,
han sido golpeadas más fuertemente que los otros sectores de la población.
El gran aumento de la presión migratoria de los campesinos hacia las
ciudades y de las poblaciones de los países pobres del hemisferio sur
hacia los países ricos del hemisferio norte se debe, en gran medida,
a la pauperización provocada por ese tipo de modernización.
Podríamos concluir que la liberalización mundial del sector
agrícola impulsado por la globalización neoliberal vuelve imposibles
la reforma agraria y la soberanía alimentaria.
El debate de las políticas sobre la tierra en el siglo XXI abarca
otros elementos además de la distribución de la tierra. No son
únicamente los campesinos sin tierra los que tienen interés
en el establecimiento de mecanismos más equitativos de acceso a los
recursos productivos. También interesa a la agricultura campesina y
a los jóvenes del sur y del norte, a los sectores sociales urbanos,
a los consumidores, a los parados, a las comunidades costeras de pescadores
y a los empresarios. Todos ellos ven amenazada su supervivencia o su crecimiento
por la situación de millones de campesinos y pequeños productores
de alimentos empobrecidos, condenados a la extrema pobreza y empujados a la
emigración masiva. A todos estos sectores sociales afecta la destrucción
de los ecosistemas, la ruptura de equilibrios ecológicos a nivel del
planeta, y los conflictos de nuevo tipo generados por las formas de acceso
a la tierra y de gestión del territorio. La tierra se ve cada vez más
como un espacio complejo, multifuncional. Tiene una dimensión ambiental,
con recursos naturales, reservas de biodiversidad e impacto sobre el clima.
Las interacciones entre el campo y la ciudad toman nuevas formas y la opinión
de la población urbana sobre la gestión del espacio y la manera
de producir alimentos sanos no puede obviarse. Todo ello obliga a actualizar
las políticas de Reforma Agraria.
¡Reforma agraria ya!
Hoy, en el contexto de la globalización neoliberal, los grandes desafíos
del planeta exigen nuevas políticas de acceso y gestión de la
tierra y los recursos naturales. Urge retomar la reflexión y la acción
sobre las Reformas Agrarias, en la búsqueda de nuevas modalidades
que permitan reducir las desigualdades y garantizar el derecho a la tierra,
que junto al derecho a la alimentación, son derechos fundamentales
de toda la humanidad.
Para esa reflexión colectiva, para la puesta en común de las
experiencias, para intercambiar ideas y conocimientos, se convocó el
Foro Mundial sobre la Reforma Agraria. El Comité Internacional Promotor
ha orientado un proceso que se inició en el Foro Social Mundial de
Porto Alegre en enero de 2003 y del que han participado con su aporte teórico
y práctico centenares de organizaciones sociales, entidades académicas
e instituciones de todo el mundo. Desde aquí nacerán, sin duda,
propuestas para un futuro más justo y mejor.
Hemos venido desde todos los rincones del planeta. Desde África,
desde América, desde Asia, desde Europa, desde Oceanía. Somos
diversos e iguales. Y estamos emplazados a levantar la voz en defensa de
la humanidad.
Bienvenidos al Foro Mundial sobre la Reforma Agraria. Bienvenidos a Valencia.