Los culpables se hacen pasar por víctimas
JOSÉ LUIS SAMPEDRO. Saludo enviado
por José Luis Sampedro al acto de presentación del manifiesto
Por una sociedad laica. La religión fuera de la escuela, realizado
en Madrid el pasado 26 de noviembre. Publicado en Iniciativa Socialista número
74, invierno 2004-2005, con autorización del autor
Al no poder asistir personalmente, me adhiero con estas líneas al
acto de presentación de la campaña por una escuela laica, consciente
de la importancia de apoyar e incluso de presionar al Gobierno para que no
ceda ante el chantaje de la Iglesia y siga avanzando en la exigencia del laicismo
escolar.
Los señores obispos se resisten a perder los privilegios alcanzados
durante la dictadura declarándose perseguidos cuando, en realidad,
son ellos quienes azuzan a sus fieles contra un gobierno que se limita a ejecutar
el programa votado mayoritariamente por los electores.
Pero ¿de qué persecución nos hablan los señores
obispos, que viven del dinero público porque sus fieles no aman la
Iglesia lo suficiente para sostenerla? Nadie les obliga ni a divorciarse,
ni a abortar, ni a practicar la eutanasia, ni a contraer matrimonio entre
personas del mismo sexo. Nadie les obliga a prescindir de sus ritos, cultos
ni siquiera del adoctrinamiento a sus fieles. Lo que exigimos es que no nos
lo impongan a los demás y no nos obliguen a costearlo a quienes no
practicamos la religión católica. Los no católicos queremos
gozar de libertad para no ser sometidos a leyes dictadas por prejuicios religiosos
y no por criterios de ciudadanía.
Lo que ellos llaman “persecución” es, simplemente, el cumplimiento
de la Constitución aconfesional que nos hemos dado los españoles.
Constitución que permite al clero el adoctrinamiento de sus fieles,
pero no en los centros públicos, con dinero público al que contribuimos
los no creyentes. Como bien dice el manifiesto que hoy se presenta, la escuela
es el lugar del saber, no el de las creencias. Las creencias pertenecen al
ámbito de lo privado y para el adoctrinamiento ya existen las parroquias.
Pero los obispos, conscientes de que la sociedad española se va desinteresando
de la ideología episcopal, como lo demuestran las estadísticas,
desean frenar esa tendencia y asegurarse adultos adictos para el futuro, por
el procedimiento de moldear tempranamente los cerebros infantiles.
Ésa es la realidad de la supuesta persecución: el viejo truco
de fingirse víctima siendo el culpable. Sosiéguense pues, sus
reverencias. Acepten las decisiones democráticas y confíen en
que la asistencia del Señor no ha de faltarles.