La reelección de Bush representa la continuación
de la política exterior de EEUU, la política de unilateralismo,
de intervención en Irak, de guerra preventiva contra el terrorismo
y los países “canallas” como Irán o Corea del Norte. Una reelección
que no deseaba la opinión pública europea y mundial, así
como casi la mitad de los votantes norteamericanos que, más que apoyar
a Kerry, estaban en contra de lo que representaba Bush. Ha ganado una política
de poder ligada a las industrias armamentísticas y del petróleo,
cuyo mayor representante en el gobierno es Cheney; pero también un
fanatismo, el de los neocon, que creen en un destino de EEUU para gobernar
el mundo y expandir la democracia al modo americano, una fe nueva aliada a
la antigua de los conversos, como el mismo Bush. Un fanatismo ligado a las
Iglesias cristianas (la católica se ha desmarcado en parte del católico
Kerry). El triunfo de Bush ha sido el triunfo de los viejos valores conservadores
de la América profunda. Este triunfo hay que verlo en el marco de
la política de guerra en Irak como respuesta al atentado del 11 de
septiembre y a una amenaza permanente del terrorismo. Pese a la falsedad
de los mensajes, el mito ha funcionado con la inapreciable ayuda del poder
mediático, especialmente de las televisiones, que han informado censurando
las imágenes negativas de la guerra de Irak.
Esta política de prepotencia, en función del predominio militar
estadounidense ha sido contestada en todo el mundo. Primero por el movimiento
contra la intervención en Irak, pero también por los países
islámicos y por el núcleo de la UE, especialmente Alemania y
Francia. El contraste entre la intervención en Irak y las manos libres
a Israel para la liquidación de la resistencia palestina producen un
rechazo mayoritario en la población europea y en todo el mundo.
En Irak no cabe hablar de una resistencia sino de una guerra inacabada,
ahora en forma de guerrillas. Parece difícil la realización
de elecciones, y de producirse pueden llevar al dominio casi total de los
chiítas, gran paradoja para la política USA al tiempo que se
sigue hostigando a Irán. Hay que tener en cuenta que es en la zona
sunní donde están mas presentes los ataques y puede ser más
difícil realizar las elecciones, un triunfo mayoritario chií
puede dar lugar a una guerra civil y a una desestabilización mayor
de la zona.
El intento de EEUU de implicar a más países, que supone un
cambio ante la potencia de los hechos, ya que se pasaría a un multilaterarismo
controlado, parece difícil ante el peligro de mandar instructores para
la policía iraquí u observadores para las elecciones.
De momento, dentro de la OTAN se niegan España, Alemania, Francia,
Bélgica y Grecia, y se anuncian nuevas retiradas de tropas como las
polacas.
Política de la Unión Europea
La división entre los países europeos que introdujeron Blair
y Aznar está suavizándose, en primer lugar por el cambio de
la política de España así como por el intento de Alemania
y Francia de cicatrizar su enfrentamiento con Estados Unidos. Paradójicamente,
España se ha situado en la máxima lejanía con el gobierno
de Bush debido a la salida de las tropas de Irak y a algunos errores de forma
de Zapatero, a continuación está Francia, mientras que Alemania
está consiguiendo un rápido acercamiento a Estados Unidos. En
esta encrucijada se presentan distintos escenarios para la UE:
- Una UE que se enfrenta a la política exterior de Estados Unidos.
No parece viable en este momento, ya que no existe ni la fuerza ni la unidad
política suficiente para ir a un choque frontal.
- La sumisión a la política de Bush intentando dulcificarla
desde dentro. Ha sido el propósito de Blair y puede que de Colin Powell.
No ha tenido ningún resultado concreto, excepto que Powell ha salido
del gobierno y Blair tiene cada vez mayores problemas en el Reino Unido y
en el partido laborista. Difícilmente puede imponerse como política
de la UE ni aún entre los países más proestadounidenses
si siguen las dificultades en Irak.
- Una posición intermedia, que desarrollando la autonomía
de la UE con una política propia busque conciliar acuerdos con EEUU
y evitar al máximo posible los choques. Parece que es éste
el escenario que está configurándose, así los acuerdos
con Irán para inspeccionar su programa nuclear en contra del propósito
del equipo de Bush y la intervención en Ucrania, esta vez de acuerdo
con la política estadounidense. El que prospere depende del grado
de realismo del equipo, en parte nuevo pero continuista de Bush, para comprender
la imposibilidad de una política unilateral y de la determinación
de la UE para desarrollar una política propia. En este sentido la actuación
en el conflicto palestino–israelí puede ser decisiva.
El análisis de la situación mundial nos indica que el sistema
capitalista es realmente un entramado, una red, con muy diferentes polos de
poder y la importancia de EEUU no significa que domine el sistema. No lo
domina claramente desde lo económico, donde la UE es una potencia semejante,
China avanza con peso y los países árabes productores de petróleo
controlan la mayor fuente de energía. Tampoco militar y políticamente
puede EEUU actuar unilateralmente, o, mejor dicho, cuando así lo hace
su actuación está produciendo desastres, como indica la situación
en Irak. No es concebible que quisiera actuar simultáneamente en Irán.
La política estadounidense necesita apoyos, al menos políticos
y económicos, para poder seguir en la línea actual, de aquí
el interés mostrado en expulsar a Kofi Annan y poder usar el Consejo
de Seguridad de la ONU a su antojo.
En la situación actual de amenaza de terrorismo islamista, tanto
en EEUU, como en Europa, Rusia o en los mismos países islámicos,
con la gangrena que supone la actuación de Sharon en Palestina, con
la afirmación de China como nueva potencia económica, con una
Rusia que se reconstruye como un poder despótico, en este marco pueden
darse dos polos de intervención, el del palo que maneja Bush o el de
la zanahoria del diálogo diplomático y de las ayudas económicas
que está intentando la UE. El primero puede llevarnos al choque de
civilizaciones como una profecía que se autocumple. Hay que señalar
que por debajo de las distintas posiciones de los Estados europeos frente
al “amigo” americano hay un acuerdo básico en huir de la guerra como
política.
¿Qué podemos hacer los ciudadanos europeos?
Si queremos limitar el peligro de la política de Bush tenemos que
fortalecer otra política en la Unión Europea. Tenemos que contribuir
a construir una UE mas política, con una política exterior común,
así como con la posibilidad de una coordinación militar independiente
de la OTAN.
Hay indicios que apuntan en esa dirección, la intervención
en Irán y en Ucrania, la substitución de tropas de la OTAN
por tropas dependientes de la UE en Bosnia, las conversaciones en el área
del Mediterráneo, y debería actuarse urgentemente con mucha
mayor decisión en el conflicto palestino. España con el ministro
de Exteriores Moratinos está muy bien situada para ello y Europa tiene
unas relaciones preponderantes con Israel con acuerdos preferenciales de comercio.
Más Europa significa consolidar los aspectos jurídicos de
estabilidad de la Unión, conseguir más peso del Parlamento
como representación de la opinión pública, tener una
política exterior con gestión común, poder decidir por
mayoría de los Estados y no por unanimidad, aparecer ante el mundo
como un polo de los derechos humanos y de la justicia social, ayudar a los
países pobres a eliminar sus carencias alimentarias, de salud y de
educación y por último permitir una intervención mayor
de los ciudadanos en los asuntos europeos. La Constitución europea
permite avanzar en estos campos.
Los ciudadanos españoles y europeos podemos subir y consolidar un
peldaño más con el voto Sí al tratado constitucional
europeo. Es verdad que muchos quisiéramos avanzar mucho más
de lo que recoge la Constitución Europea, pero ésta es un avance.
El desnivel entre los países que forman la Unión es grande,
no sólo económicamente sino también social y de posiciones
políticas, desde el interés por el norte de África y
Oriente Medio de los países del Sur hasta la preocupación por
el vecino ruso de los del Este, y desde la tradicional amistad con EEUU de
Gran Bretaña hasta el “antiamericanismo” de Francia y España,
por eso la Constitución establece un equilibrio, un nuevo punto de
partida, una consolidación. Además la Constitución no
impide el avance de grupos de Estados en determinados campos, como ha pasado
con el euro y está pasando con los acuerdos policiales y militares.
El fracaso de la ratificación en alguno de los países sería
un fracaso de las señas de identidad europeas y si se da en algún
país como Francia sería la parálisis y puede ser que
la descomposición política de la Unión.
Es la izquierda la que debe estar más interesada en aprobar mayoritariamente
la Constitución, no puede entenderse que desde estas posiciones se
pida el No. ¿Se quiere volver a los estados nacionales que casi no
tienen poderes?, ¿se quiere fortalecer la política de Bush?
¿se espera un salto adelante sin tener en cuenta la realidad de los
distintos países?
Hay que decir que queremos votar Sí a Europa, consolidando primero
unas normas jurídicas constitucionales y avanzar después hacia
una Europa mejor para sus ciudadanos y para el mundo.
Madrid 11 de diciembre de 2004