Al buen tiempo, buena cara

ARMANDO MONTES. Texto publicado en Iniciativa Socialista número 74, invierno 2004-2005


Ha transcurrido el tiempo suficiente para poder hacer un primer balance de la gestión del gobierno Zapatero. Por mi parte, estoy contento y satisfecho. Sin ningún tipo de seguidismo ni de incondicionalidad, considero que es el mejor gobierno que hasta ahora ha tenido la España democrática. No ha hecho todo lo que a mí me gustaría, ni estoy de acuerdo en todo lo que ha hecho, pero sí ha hecho más de lo que yo esperaba de él y creo que más de lo que habría hecho cualquier otro gobierno posible.
En la cuenta positiva pondría la retirada de las tropas de Irak, la línea general de la nueva política exterior, el lógico reconocimiento de que no puede decidirse el futuro de Gibraltar sin contar con quienes allí viven, los sustanciales avances en marcha en cuanto a derechos civiles (ley contra la violencia de género, reforma del divorcio, fin de la discriminación por orientación sexual en el matrimonio), la paridad en el Gobierno, ciertas mejoras sociales como la elevación del salario mínimo, la paralización de los aspectos más reaccionarios de la LOCE, el diálogo con las universidades de cara a su reforma, la recuperación de la capacidad de diálogo con todas las comunidades autónomas, el trato dado a los familiares y víctimas del Yakolev 42 y el esfuerzo para descubrir la verdad, el renovado compromiso europeísta y el impulso decisivo que se dio para facilitar la firma de la Constitución europea, la decisión de someter ésta a referéndum, la capacidad de rectificar cuando se cometen errores, la renuncia al tono de permanente confrontación con toda la oposición que había sido propio de Aznar, el cambio producido en los informativos de los medios de comunicación públicos, la nueva política de agua, la reforma de la Ley orgánica del Poder Judicial, el esfuerzo realizado para negociar con los sindicatos una solución al heredado problema de Izar, la anunciada ley sobre el buen gobierno, la actuación de Zapatero en la comisión de investigación sobre el 11 de marzo, la rapidez de respuesta a las justas críticas de Pilar Manjón en representación de las víctimas y de sus amigos y familiares, las previsiones respecto a leyes sobre atención a personas dependientes, y unas cuantas cosas más que ahora no recuerdo.
En lo negativo, resalta aquello que no corresponde tanto al Gobierno como a sectores de su partido. Me toca las narices, por contenido y por oportunidad, la campañita a favor de Vera. No me gustan nada las declaraciones de Ibarra, ni me parecen adecuados ciertos excesos verbales de Bono. Hasta la llegada de Zapatero, la actuación de los representantes del PSOE en la comisión del 11-M fue realmente fallida, más empeñados en escucharse a sí mismos que en formular preguntas claras y precisas. Pero también hay críticas para el Gobierno. Creo que el camino seguido para abordar el asunto de la religión en la escuela -todas las religiones en el currículo- no es la forma adecuada de poner fin al inadmisible privilegio católico y va a generar graves problemas en muchas escuelas, que podrían evitarse dejando a la religión fuera del currículo escolar. Desearía que se anunciase lo antes posible para cuándo está prevista la reforma de la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, compromiso inexcusable, y creo necesario abordar con coraje el cambio radical de una disparatada política sobre drogas y la regulación de la eutanasia, sin que haya ningún indicio de que el gobierno Zapatero vaya a hacerlo. Me ha indignado, y alguna cabeza debería caer, la ausencia de los diputados necesarios para sacar adelante en la primera votación sobre la Ley orgánica del Poder Judicial. Con cierta frecuencia, algunos ministros sueltan declaraciones apresuradas, que luego deben rectificar, o lo hacen en lugar inapropiado. Me suena mal todo el asunto de la telebasura y el horario infantil, y desde luego rechazo el enfoque si va a significar que entre las 17 h. y las 20 h. quienes no tengan televisiones de pago no podrán ver películas tan magníficas como “La buena estrella”, mucho más adecuada para generar una conciencia ciudadana que los programas religiosos aún presentes en los medios públicos. Y creo que, siendo justo separarse de la política de embargo promovida desde EEUU y positivas las gestiones que han conducido a la liberación de algunos presos políticos, haría falta algo más de claridad respecto al carácter dictatorial del régimen castrista y a un apoyo a la oposición democrática que no se quede en lo humanitario y que llegue también a lo político de forma algo más expresa.
Nadie es perfecto. La lista positiva y la negativa me han salido igual de largas, pero si valoramos sus contenidos, la balanza se inclina de forma evidente hacia el “lado bueno”. Diría que este Gobierno se merece un notable alto, algo insólito en lo que a mi percepción de los gobiernos españoles se refiere. Así que estoy contento y se me ha puesto mejor cara que antes. Ya decía Brecht que el odio a la injusticia también deforma la cara, así que ahora se nos ve más guapas y más guapos.
Los que siguen feísimos son los aznaristas fervientes, zaplanistas, arenistas y similares. Sus delirios han llegado a tal extremo que sus patrañas ya no hay quien se las crea, por muy dispuesto a ello que esté. Sí, hay quien las acepta, claro, pero no porque se las crea, sino porque comparte el ánimo desestabilizador de la derecha cerril. No es posible que nadie se trague que para expulsar al PP del gobierno se ha urdido una conspiración asesina en la que, nada más y nada menos, estarían implicados terroristas islámicos, la ETA, la trama del GAL, los servicios secretos de Marruecos y sectores de la Policía y la Guardia Civil españolas. Y encima piden que no se cierre la comisión de investigación hasta que todo eso "sea descubierto"... buena forma de garantizar que nunca se cierra y nunca emite conclusiones.
Han ido, también, demasiado lejos al pretender presentarse ellos como las víctimas del 11-M, olvidando a quienes murieron, a quienes sufrieron heridas, a quienes han perdido allí a sus seres queridos. No es de extrañar que a alguno de sus adeptos se le calentase la boca y dijese a las verdaderas víctimas “meteros a los muertos por el culo”. Claro está que chalados y energúmenos hay en todos lados, también hubo ante el 11-S de 2001 quien, por canalla o por estúpido, dijo “se lo merecen”, o difundía sin escrúpulo historias absurdas sobre 5000 judíos que habrían faltado a su trabajo en las Torres Gemelas el día de la tragedia. Pero en este caso, la actuación llevada por los dirigentes del PP no desdice de forma tajante el insulto de ese otro canalla, un canalla de derechas, en este caso. Y eso es lo grave.
Incapaces de reconocer el resultado de las elecciones, su objetivo es crispar, crear un clima en el que la sociedad vuelva a sentirse incómoda, harta de la política. Sólo pretenden emitir un mensaje: este gobierno no dura cuatro días. Mensaje falso, por descontado, este gobierno tiene raíces sólidas para llevar a cabo todo su mandato, y creo que también para que la izquierda gane también las siguientes elecciones. Mérito de la ciudadanía que inició en la calle el cambio que ahora se prosigue desde el Gobierno, mérito del Gobierno que ha entendido -al menos en parte- lo que se le pedía, mérito de la mayoría progresista plural sin la que el PSOE y el Gobierno no podrían llevar a cabo los cambios legislativos. No sería positivo que en la izquierda picásemos el anzuelo y empecemos a preocuparnos por el riesgo de que el Gobierno no acabe su mandato. Así que arriba los corazones, sin dejarse llevar por miedos injustificados. Ahora lo necesario no es temer al lobo aznarista, sino un activismo creativo y constructivo, alegre, seguro de sí mismo, satisfecho de que en España tengamos en este momento el gobierno más a la izquierda existente en el mundo y dispuesto a la vez a vigilarle, presionarle, controlarle, criticarle y lo que haga falta para seguir avanzando, que el reconocimiento de lo bien hecho no debe equivaler a la entrega de cheques en blanco.