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Un relevo necesario

 Joaquín Almunia

 
Artículo publicado en el diario La Vanguardia, 25 de julio de 2000. Más textos de Joaquín Almunia en http://www.inicia.es/de/jalmunia
 
El 35.º congreso del PSOE ha sido un festival de democracia. Sin trampa ni cartón, sin tutelas ni decisiones precocinadas, el millar de delegados con derecho a voto se sabían los auténticos depositarios de la voluntad colectiva de los afiliados al partido. Y ejercieron su mandato con total libertad. Muchos de ellos llegaron a Madrid sabiendo a qué candidato iban a apoyar, haciendo un uso perfectamente legítimo del poder que les había sido conferido. Pero otros, con la misma legitimidad, no tomaron su decisión hasta después de escuchar las intervenciones de los cuatro aspirantes a la secretaría general. Como la diferencia a favor de Rodríguez Zapatero sobre Bono fue de nueve votos, la conclusión es evidente: el valor de la palabra y de los argumentos ha sido decisivo para el resultado del congreso. Nada estaba predeterminado, y prueba de ello es que la mayoría de los pronósticos de dentro y de fuera de nuestras filas se han equivocado de plano.

Esta vez, nadie podrá poner peros a la enorme legitimidad con la que comienza a ejercer sus funciones el nuevo líder del PSOE. Cuando comparo su situación con la que yo viví hace tres años, reconozco que siento una sana envidia. En uno y otro caso, el voto de los delegados ha sido libre, individual y secreto, pero las condiciones en las que se desarrolló el 34.º congreso eran muy diferentes a las que han concurrido esta vez. Me alegro, además, no sólo de la forma en que se han adoptado las decisiones, y del modo en que se han desarrollado las cosas, sino también de cuál ha sido el sentido de la decisión. Cuando expliqué las razones de mi dimisión después del 12-M, expresé la necesidad de que los socialistas iniciásemos una nueva etapa, y me alegra ver que el 35.º congreso ha tenido la valentía de iniciarla. Una alegría que comparto con casi todos los que hemos vivido con intensidad y, por qué no decirlo, también con preocupación, estos últimos cuatro meses.

A partir del 23 de julio, el PSOE empieza a vivir una nueva etapa, con la que el socialismo español se dispone a traspasar el dintel que conduce al siglo XXI. Más que por las propuestas políticas aprobadas, que mantienen una razonable continuidad con el último programa electoral, lo que marca cualitativamente la diferencia son las características del nuevo liderazgo del partido. Un liderazgo que se personifica en Rodríguez Zapatero, pero que también implica al resto de la nueva dirección elegida, cuyo promedio de edad no se aleja mucho de la anterior, pero que sorprende positivamente por la dimensión de su rejuvenecimiento político.

Una nueva generación llega al poder. Y lo hace con ilusión, segura de sí misma, con la confianza que da sentirse protagonista de un cambio que debió producirse de manera progresiva a lo largo de la década anterior. Se ha hablado mucho de la renovación y de los renovadores a lo largo de los últimos diez años, pero hemos de reconocer que los hechos se quedaron muy por detrás de nuestras buenas intenciones. Ahora es distinto: el callejón sin salida en el que había quedado bloqueado el impulso renovador nacido en vísperas del 32.º congreso, allá por el otoño de 1990, da paso ahora a un panorama despejado, con mucho terreno por delante. Las odiosas querellas de familia, los fulanismos, los posicionamientos en función de las lealtades personales a los viejos líderes, pasan a formar parte de una historia no demasiado edificante.

La irrupción de José Luis Rodríguez Zapatero al frente del Partido Socialista cambia lo que, en términos futbolísticos, podría denominarse el sistema, y quien todavía pretenda desempeñar un papel en función de los viejos esquemas quedará en fuera de juego. La imagen de Alfonso Guerra a lo largo del congreso es muy ilustrativa al respecto. Este es, por el contrario, el momento de volver a hablar de política con mayúscula, de la política que interesa a los ciudadanos porque les sirve para enmarcar en un proyecto global sus ilusiones y dar solución a sus problemas. Ha llegado la hora de cerrar, de una vez por todas, nuestro departamento de problemas internos y de ponernos todos a mirar hacia lo que sucede en el exterior. En sus dos discursos ante el plenario del congreso, Rodríguez Zapatero dio muestras de entender muy bien qué es lo que los ciudadanos esperan de nosotros.

Con este resultado, el 35.º congreso nos sitúa de nuevo a los socialistas en condiciones de competir por el triunfo electoral. La esperanza en el 2004, a la que hizo referencia el nuevo secretario general en su alocución final, no es una quimera sino una meta alcanzable. Con su liderazgo joven, el PSOE vuelve a ocupar el espacio reservado a las alternativas de futuro, mientras que Aznar y el PP van a tener que aprender con rapidez a responder cuando se les pregunte por su gestión, y a asumir sus responsabilidades sin recurrir al recurso fácil de endosárselas a quienes estaban sentados antes que ellos en las sillas del Consejo de Ministros. Lo cual es muy bueno para nosotros, pero sobre todo para el sano funcionamiento del sistema democrático.

Cuando mi dimisión como secretario general arrastró la de toda la dirección anterior del partido, muchos de quienes la criticaron me decían que era muy injusto llevarse por delante a toda una generación, que ni se merecía una jubilación colectiva ni tenía edad para desvincularse de manera definitiva de las responsabilidades políticas. Pero no hay que confundir los términos: se puede estar políticamente en activo, aun dejando el protagonismo a otros. Soy el primer convencido de ello, y por eso ni me siento jubilado, ni me veo aspecto de dinosaurio cuando me miro al espejo por las mañanas. El agotamiento de un político, mientras la salud no le abandone, tiene mucho más que ver con su estado de ánimo y su frescura intelectual que con los años que haya estado desempeñando cargos en primera línea. Todos hemos visto alguna vez a jóvenes políticamente anquilosados y con escasa posibilidad de recuperación, y también a veteranos muy experimentados capaces como nadie de comprender el presente y de avizorar el futuro. Para una tarea como la que afronta el PSOE a partir del 35.º congreso, todos somos necesarios. Por eso, a partir de la elección de José Luis Rodríguez Zapatero los únicos que merecen ser jubilados son aquellos que, con independencia de su edad y de su currículum, todavía se estén preguntando qué es lo que el partido debe darles para pagar no se sabe qué deudas. Mientras que son más necesarios que nunca quienes, habiendo estado hasta ahora en primera línea, tengan muy claro lo que en esta nueva fase pueden y deben seguir ofreciendo al PSOE y a su nueva dirección. Aunque ya no figuren en la primera fila de la fotografía.

joaquin.almunia@diputado.congreso.es

 
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