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Repensar la izquierda

Ana Segura


Publicado en Iniciativa Socialista número 55, Invierno 1999-2000. Ana Segura Graiño es encargada de Relaciones Institucionales de Los verdes (Comunidad de Madrid)


Antes de plantearse un futuro alternativo y entusiasta siempre conviene revisar un poco la historia para buscar posibles semillas de estados de ánimo más constructivos, utópicos y positivos de los que insuflarse ánimo y esperanza. Para la izquierda, en general, es inevitable pensar en 1982, en aquel triunfo electoral del PSOE que fue el triunfo de toda la gente progresista de este Estado, pero para Los Verdes, en particular, y para mí, en concreto, el periodo al que no puedo dejar de retrotraerme arranca en la primavera de 1986, cuando se está gestando una movilización inusual entorno al referéndum sobre la permanencia de España en la OTAN, y culmina tras las elecciones generales del 22 de junio de ese mismo año.

No lo traigo a colación porque sea un buen momento para Los Verdes desde que fueran inscritos en el Registro de Partidos, el 26 de noviembre de 1984. El proceso constituyente ha concluido en un primer Congreso en Cardedeu (Barcelona), en febrero de 1985, en el que se han producido las primeras escisiones. Petra Kelly ha venido a España tres veces a tutelar nuestro crecimiento y a influir para que Los Verdes se constituyan en un verdadero referente de la izquierda española. La primera, en mayo de 1983, aterriza en Tenerife para encontrarse con una representación de ecologistas español@s que asisten a la segunda edición del Festival de Cine Ecológico y de la Naturaleza en el Puerto de la Cruz. La segunda, en marzo de 1984, llega a Madrid con Gert Bastian, invitad@s por la revista Tiempo para asistir al estreno del largometraje El día después y participar en el programa radiofónico de Jesús Quintero, "el loco de la colina". La tercera, en febrero de 1986, para sumarse a la campaña anti-OTAN y pedir el voto negativo en el referéndum sobre la permanencia de España en la Alianza Atlántica.

Lo quiero recordar porque es un momento crucial para toda la izquierda, incluidos Los Verdes. Pero los problemas organizativos, las escisiones, los personalismos, etc. a nosotros nos están sumiendo en un proceso que nos está impidiendo ponernos a la cabeza de una movilización que tiene a toda la población civil "procree" en la calle. El pacifismo, seña de identidad original de Los Verdes, está en la base de toda la reivindicación, pero no se queda ahí, va más allá. El referéndum se pierde por muy poco, un 47%, y al PSOE no le queda más remedio que convocar elecciones generales.

Entonces el PCE, muy inteligentemente, decide proponer la creación de una gran coalición electoral para concurrir a las elecciones con el objetivo claro de gestionar, de alguna manera, los siete millones de noes del referéndum, verdadero capital político de energía social constituyente de un nuevo espacio político. La izquierda se organiza al margen del PSOE, empeñado por el pragmatismo del Gobierno de la Nación.

En este momento, Los Verdes tomamos una decisión que va a ser determinante en nuestra evolución posterior y en los acuerdos que tomemos sobre estrategia en los próximos diez años. Los Verdes descartan cualquier tipo de alianza electoral con el partido comunista. La Federación Progresista de Tamames -que tiene la misma edad que Los Verdes como partido político y se ha convertido en una verdadera competencia porque reivindica el mismo espacio político-, en lugar de fusionarse con Los Verdes, apelando al pragmatismo político, decide darnos la espalda y plegarse a la fundación de Izquierda Unida.

Si vuelvo a este momento y no a otro es porque en él se encuentra el origen de la izquierda más allá del PSOE y el comienzo de nuestro periplo al margen del movimiento social y de la izquierda unida entorno al PCE. Y con ello, también comienzan nuestras rupturas, encuentros y desencuentros cada vez que ha habido una convocatoria electoral y hemos tenido que tomar una decisión respecto a la estrategia electoral que poner en marcha. Conviene repasar, aunque sea someramente, las estrategias que hemos intentado viabilizar para consolidar nuestra opción política y los fracasos y las consecuencias que éstos nos han acarreado.

Cuatro han sido y son nuestros intentos fallidos: lo intentamos con listas propias, autónomas, que nos parecen el procedimiento más puro; también, coaligad@s con partidos nacionalistas, haciendo uso de nuestra soberanía autonómica; la peor fue, porque no sólo se trataba de una coalición sino de un intento de confluencia, y ha sido dejarnos fagocitar por Izquierda Unida, en distinta medida, en Andalucía, Catalunya y Euskadi, o por el PSOE en menos ocasiones y bastante menor medida, todas ellas con un resultado común: no se ha consolidado ningún referente verde en España y las consecuencias, en algunos casos, han sido terribles.

Véase, como muestra, lo ocurrido con Izquierda Unida-Convocatoria por Andalucía organización que una vez rota la federación, hace dos años, decide no devolver a Los Verdes su patrimonio. La XII Asamblea de la federación, celebrada a primeros de noviembre de este año, ha rechazado por 189 votos en contra una enmienda que defendía la renuncia al uso de las siglas y de los símbolos de los ecologistas. Los Verdes siguen la batalla legal y política mientras esperan la decisión del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) sobre este asunto.

O lo ocurrido con Iniciativa per Catalunya, formación que, una vez rota la Coalición con Els Verds, se reconvierte en ecosocialista, -lo cual, sin duda, es motivo de alegría-, pero cambia su nombre por el de Iniciativa per Catalunya-Verds y asume el espacio político de Els Verds en Catalunya mientras estos pierden credibilidad y presencia, deshechos en una nueva oleada de guerras internas.

Más recientemente hemos empezado a incorporarnos a plataformas amplias de izquierdas como la Coalición Los Verdes-Las izquierdas de los pueblos, con Iniciativa per Catalunya, Chunta Aragonesista, Izquierda Andaluza y Esquerda de Galicia, partidos nacionalistas no excluyentes ni dogmáticos, algunos fruto de la ruptura de Izquierda Unida, que nos han hecho albergar esperanzas, pero que no han dado tampoco sus frutos en lo que a la representación institucional se refiere.

También se han conseguido grandes éxitos en plataforma en las que se ha coexistido con el PSOE y con IU, como ha ocurrido en Baleares en las últimas elecciones autonómicas y municipales.

Una nueva oportunidad


Históricamente, podemos considerar que 1999 es un año en el que la izquierda vuelve a moverse. El PSOE empieza a levantar cabeza. Izquierda Unida sufre algunas derrotas electorales, parece que se hunde. Las primarias del PSOE le rellenan un poco las pilas. Las Elecciones Catalanas son un modelo que nos devuelven la confianza. Se genera un estado de ánimo en el que todas las formaciones de izquierda consideran que es posible recuperar "el poder" perdido en manos de la derecha más ultramontana y conservadora de toda Europa. Parece que ha llegado una nueva oportunidad para la izquierda.

A punto de cumplir quince años como partido político, Los Verdes tenemos que reconocer que durante este tiempo no nos ha sido posible llegar al electorado con claridad suficiente como para convencerles de que elegir nuestro proyecto no era desperdiciar su voto. No hemos sabido explicarles que la Ecología Política y la defensa y protección del medioambiente no son lo mismo. Ni tampoco hemos sido capaces de poner en segundo lugar nuestro índice de prioridades en favor de una mayor comunicación y proximidad con nuestr@s elector@s.

Por otra parte ocurre que el que haya una gran preocupación medioambiental entre el electorado no se traduce en que el partido Los Verdes tenga mayor apoyo y mejores resultados en las convocatorias electorales sino en una mayor presión a las instituciones para que cumplan y hagan cumplir las normativas existentes.

Somos, en número muy significativo, la segunda opción que eligen l@s elector@s, pero tenemos que ser conscientes de que esto no supone que vayan a producirse cambios sustanciales y abandonos de la primera opción en favor de la nuestra. Es un error pensar que quién elige como segunda opción Los Verdes abandonaría la primera opción por la nuestra. Más bien hay que pensar que a l@s elector@s lo que le gustaría, en verdad, tanto si es de derechas como si es de izquierdas, es que los partidos tuvieran un espléndido programa medioambiental.

Las dudas que supone al electorado elegir nuestra papeleta, suponen una considerable vacuna para considerarnos como una opción electoral útil. Hemos trasladado a l@s votantes nuestro debate interno y les hemos sometido a la presión de que sean ell@s quiénes tengan que decidir cuál de las opciones verdes que concurren a unas elecciones es la buena. Esto es un error que no podemos seguir cometiendo ni un día más. El electorado debe ser liberado de esta responsabilidad y de la inútil obligación de tener que dilucidar a qué grupo verde está votando.

Debemos ser conscientes de que quiénes tenemos que cambiar somos nosotr@s, si queremos tener un futuro medianamente interesante. Por ello, si quisiéramos dar una buena noticia, con vistas a las elecciones generales, en este momento, ésta no sería la unión definitiva de todos los partidos verdes, -harto reclamada por la opinión pública- para concurrir en solitario. La situación política del país ha cambiado mucho en estos últimos años y los partidos tradicionales de izquierda, (PSOE e IU) así como muchos partidos nacionalistas han incorporado en sus programas muchas de las reivindicaciones medioambientales que han sido ejes centrales de las propuestas verdes. La posible unión de Los Verdes llegaría ya tarde y dejaría indiferente a la opinión pública tanto como a l@s elector@s. No sería noticia. Además, de ser un imposible porque hay partidos pseudo-verdes cuyos objetivos y financiaciones son cada vez más dudosas.

Hay que tener presente que, la existencia de un único partido con siglas y nombre verde que se mantuviera al margen de la negociación con el resto de los partidos verdes o con las otras fuerzas políticas de izquierda, daría al traste con la noticia y posibilitaría su concurrencia a las elecciones como representante único del proyecto autónomo puro. El espacio político verde quedaría en sus manos.

Esto es algo que no es nuevo y que viene ocurriendo y ha ocurrido, recientemente, tras el último Congreso de Unidad de Los Verdes, celebrado en septiembre de 1998, en Sevilla, en donde confluyeron todos los partidos verdes de ámbito autonómico salvo alguna marca estatal que ha sido la responsable de que hubiera más de una lista verde al Parlamento Europeo y que con ello se mantuviera, de manera mediática y política, la supuesta escisión, -inexistente a partir de esa fecha-, de Los Verdes.

El electorado verde es fiel, pero no tanto como para no terminar por aburrirse y abstenerse o cambiar su voto a otra opción aunque no sea tan coherente. En general, siempre se ha dicho que el electorado rechaza las escisiones y apoya los procesos unitarios por lo que no es de esperar que pueda producirse un corrimiento de votos de la izquierda tradicional a Los Verdes de quiénes es inevitable tener una opinión que podría resumirse en varias señas de identidad que sí han calado en el electorado y que tenemos que asumir responsablemente: escisiones, personalismos, una organización nada jerarquizada y descentralizada, funcionamiento asambleario, competencia desleal, etc.

En este momento, somos muy conscientes de los errores que hemos cometido nosotr@s y que ha cometido la izquierda. Hay cuestiones que debemos enfrentar tales como que es muy posible que Los Verdes hayamos alcanzado un techo electoral difícil de superar en solitario que, además, no va a ser suficiente para consolidar nuestra opción política, en los albores del siglo XXI, como fuerza autónoma. Seguir disputándonos el espacio verde enfrentándonos electoralmente con otras listas pseudo-verdes no sirve más que para restar votos a la izquierda y favorecer el mantenimiento de la derecha. No queremos que nuestros votos divididos sirvan para esto. Tenemos que asumir que tanto el PSOE como IU han evolucionado ideológicamente hacia lo verde, aunque sea de manera especial en la parte relativa al medioambiente, y que ya podemos hablar entre nosotr@s de una fecha concreta para la sustitución de la energía nuclear por energías limpias y renovables, lo cual es un buen principio para poder olvidar viejos prejuicios y poder pensar que la verdadera noticia que prendería en la opinión pública con tanta fuerza como entre l@s elector@s, sería, sin lugar a dudas, que, superando nuestra historia pasada, Los Verdes anunciaran su firme voluntad de defender la unidad de acción de la izquierda, por encima de sus intereses partidistas, para volver a conseguir una mayoría suficiente y un futuro gobierno de izquierdas.
 

Hacia una Izquierda Verde


Por ello, vemos con interés el acuerdo adoptado por el Consejo Político Federal de Izquierda Unida, el 14 de noviembre, por el que queda abierta una puerta a posibles candidaturas unitarias al Senado, de acuerdo con lo que decida cada federación en su comunidad autónoma. Es un paso muy importante que nos gustaría que no quedara en agua de borrajas.

Pero el Senado no debe ser el único objetivo. Es ya una solución antigua. Tengamos en cuenta que ya se puso en marcha en las anteriores elecciones generales. Basta hacer un breve repaso: 1996, elecciones generales, candidatura unitaria al Senado por Ibiza y Formentera, en forma de agrupación de electores, apoyada por el PSOE, Els Verds, Izquierda Unida, Entesa Nacionalista i Ecologista (ENE) y Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y un numeroso grupo de personas independientes pertenecientes al movimiento cívico de las Pitiusas, conduce a Pilar Costa a la Cámara Alta con una diferencia superior a los 8 puntos; 1999, elecciones autonómicas y municipales, coalición electoral d' Organitzacions Progressistes (COP) que consigue una victoria en el Consell Insular, ajustada, y victorias mayoritarias en la capital de Ibiza y en el ayuntamiento de la isla. Pacto Progresista en las Baleares, (Pacte Progressista), acuerdo postelectoral que posibilita un gobierno progresista integrado por PSOE, PSM-Entesa Nacionalista, Izquierda Unida, Els Verds y Unió Mallorquina.

La no presentación de listas al Senado allí donde los votos se pierden y favorecen la obtención de un escaño para la derecha, es algo que debe ser asumible, incluso por Izquierda Unida, sin apenas contrapartidas, pero debemos ir más lejos porque es el Congreso el que interesa cambiar de signo y de mayoría y para ello los partidos de la izquierda tenemos que apostar fuerte y ser muy generosos.

Los Verdes creemos que la izquierda verde es posible y que es imprescindible en el futuro de nuestros municipios, nuestras comunidades autónomas y nuestro estado. Con toda claridad queremos formar parte de ella sin perder nuestra identidad, sin que nos ahogue ningún dogmatismo, con presencia de ciudadan@s en la política, en representación de los movimientos sociales como garantía de la necesaria conexión con la sociedad, ejercitando siempre la democracia interna, el pluralismo, la tolerancia y el respeto dentro de los partidos.

Los Verdes no creemos que el programa ahora sea una dificultad para llegar a un acuerdo, la ideología no puede ser el obstáculo. Lo hemos reiterado en el transcurso de este escrito: el matrimonio civil con independencia de la orientación sexual, la jornada de 35 horas, la despenalización del aborto, la legalización de la prostitución, papeles para tod@s, etc. son propuestas que no pueden obstaculizar el objetivo general de ganar las elecciones. Hacer aquí una crítica a Anguita y a quiénes en Izquierda Unida siguen anteponiendo el programa como impedimento para una negociación es ineludible. Se pueden prometer muchas buenas palabras y dejarlas pendientes como ha ocurrido con la Ley de Parejas de Hecho que no ha sido tramitada por la vía de urgencia, antes de terminar la legislatura, como ha ocurrido con otras leyes también muy importantes.

Digamos sinceramente que de existir algún desencuentro estará relacionado con la confección de las listas, con las cuotas de poder que cada organización quiera mantener y con la falta de visión y generosidad. Si dejamos de aferrarnos a los pactos postelectorales, como si estos representaran opciones más puras que los pactos prelectorales, podemos llegar a un punto de encuentro. Puede ser mucho más sencillo si, después, existe la posibilidad de formar grupos parlamentarios propios.

Debemos pensar en que hay un porcentaje muy alto de nuev@s votantes que van a ejercer este derecho por primera vez. También, en el porcentaje, aún más alto, de quiénes han abandonado hastiad@s la práctica de votar porque ninguna opción les ofrece garantías ni propuestas llenas de ilusiónů

Quiénes nos dedicamos a la política estamos obligad@s a ofrecerles una opción esperanzadora, con credibilidad, que les devuelva el entusiasmo perdido después de comprobar, día tras día, en qué se ha convertido la política. Esta vez deberíamos prescindir de las excusas para hacer que sea posible la unidad de acción. Tenemos una nueva oportunidad que no deberíamos desaprovechar porque nuestro planeta y los problemas que le hemos generado no pueden esperar indefinidamente una solución.
 
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