Presidenciales en Argentina:
una encrucijada política
Enrique del Olmo, Luis Zamora
Carlos Vanni, Alfredo Leuco
Enrique del Olmo: introducción al diálogo
Desde el estallido de la gran crisis argentina el pasado mes de diciembre
con la renuncia de De la Rúa, hemos venido realizando un seguimiento
continuo de la evolución de la misma abriendo las páginas de
Iniciativa Socialista a diversos puntos de vista. Ahora, cuando la situación
económica sigue al límite y el FMI dilata la posibilidad de
un acuerdo y parece que el interés de los actuales gobernantes de Estados
Unidos es que se hunda aún más para patrimonializar los despojos,
la perspectiva de las próximas elecciones presidenciales de marzo
concentra parte del debate político en Argentina.
Desde lejos, contemplamos cómo la clase política masivamente
repudiada en las movilizaciones sociales de estos últimos meses se
resiste a irse. Nos llegan las noticias del resurgir de uno de los grandes
responsables de la actual situación de descomposición de la
nación argentina, un Carlos Menem que vuelve a aparecer como una opción
presidencial, proponiendo la dolarización total de la economía.
En cabeza de las encuestas aparece el efímero presidente Rodríguez
Saá que, recuperando toda la parafernalia de la amalgama peronista
(sumando desde los golpistas como Aldo Rico a los montoneros de Perdía,
pasando por la vieja burocracia sindical), apela a la desesperación
para consolidar una opción capaz de tomar la Presidencia. Mientras
tanto, la movilización que se extendió por todo el país
con una multiplicidad de formas e iniciativas, marchas, asambleas barriales,
piqueteros, sindicalismo renovador, etc., parece que ha decrecido sustancialmente.
Sin embargo, algunos referentes políticos como Zamora y Carrió
irrumpen con fuerza (cerca del 30% en conjunto) y han generado una importante
confianza en diversos sectores de la población.
Las enormes dificultades de la situación han generado desesperación
y desesperanza, con una posición inaceptable por parte de los organismos
financieros internacionales y de las empresas y países inversores,
entre ellos, en primer lugar, España, que más allá de
las demagógicas declaraciones de hermandad histórica, no ha
tomado una sola medida solidaria con el pueblo argentino, pues nuestro Gobierno
sólo intenta proteger los intereses de los grandes amigos de Rato:
Cortina, Francisco González y Botín. Por otro lado, la persistencia
de los repudiados dirigentes políticos y de la Corte Suprema en mantenerse
en el control del poder sin abrir un proceso democrático de renovación
de los poderes del Estado, profundiza aún más esta situación
sin salida que se instala en la conciencia de la población.
De ahí ha surgido una importante corriente abstencionista con vistas
a las presidenciales, que inicialmente partió de un manifiesto de intelectuales
y profesores universitarios, pero que tuvo eco creciente en la opinión
pública y ahora se ha visto arropada por la posición de Zamora
y Carrió, que oscilan entre su no participación directa en
los comicios y la abstención.
Intentamos que este debate esté presente en nuestras páginas,
para ello a manera de puzzle presentamos dos artículos, uno de Luis
Zamora publicado en Página 12 y otro del periodista Alfredo Leuco publicado
en el semanario Noticias; y junto a estos artículos hemos querido
publicar cartas personales de amigos que han participado en el proceso de
contestación social de estos meses y que reflejan cada uno a su manera
los interrogantes que introduce la caída de la movilización
y el debate sobre la abstención.
Esta discusión tiene una gran importancia. No coincido con nuestro
amigo Luis Zamora, promotor del movimiento Autodeterminación y Libertad,
en apostar toda la resolución de la crítica situación
a la continuidad de la movilización (por otro lado, en lógica
caída). Ésta es imprescindible y la exigencia de Constituyente
me parece una necesidad, ante la profunda crisis institucional y social existente;
pero resulta decisivo que aparezca una nueva opción política
profundamente democrática y capaz de dar una respuesta a la miseria
creciente del país. En ese camino, cualquier acuerdo que permita expresar
el repudio a la vieja dirigencia corrupta es un factor de esperanza y confianza.
Coincido plenamente con Alfredo Leuco cuando dice: “Hoy nadie duda de que
Carrió y Zamora son decentes. Pero no alcanza. La denuncia, la resistencia
y la honestidad son sólo el comienzo. Hay millones de argentinos marginados
que no pueden esperar más“. Hacer un recordatorio de todas las movilizaciones
que se producen en América Latina está bien, pero si eso no
se transforma en opciones políticas capaces de agrupar, sumar y ser
determinantes en el futuro, la perspectiva será una nueva y profunda
frustración o una lucha entre sectas para capitalizar los despojos
de una movilización social ilusionante. Que se vayan todos, desde luego
pero para que se vayan alguien tiene que empujarlos y sobre todo alguien tiene
que ocupar su lugar, los vacíos en política siempre los llenan
los mismos o algunos todavía peores, y en la actualidad argentina el
vacío es temerario. Los Saá, Menem y compañía
están dispuestos a gobernar con el 70% de la población en contra
y saben perfectamente que eso les garantiza sus intereses. Romper esa jugada
requiere articular, aunque sea con un acuerdo de mínimos, otra opción.
El proceso en Brasil es muy ilustrativo, uno puede hacer las criticas que
quiera a Lula o diferenciarse de él, pero la extraordinaria realidad
es que el país más importante del subcontinente puede ser gobernado
desde una nueva política progresista y democrática. Sus dificultades
serán muchas, ya las está teniendo en el proceso preelectoral
con los ataques desestabilizadores de la economía, pero ha demostrado
capacidad para ir sorteándolas. La victoria de Lula es también
fundamental para la salida a la crisis argentina y un test para la izquierda
de este país: abandonar el autismo nacionalista y apostar decididamente
por una salida regional y una auténtica construcción del Mercosur,
superando la tendencia reduccionista a situar exclusivamente en el tema de
la deuda externa el centro del debate económico.
El debate está abierto, pero de su resolución dependen mucho
los futuros acontecimientos. Desde la distancia física, pero desde
la total cercanía con los trabajadores y ciudadanos de aquel país,
deseamos que nuestros amigos y compañeros encuentren el mejor de los
rumbos, en una situación complicadísima, para dar una salida
progresista y plenamente democrática a la actual encrucijada.
Luis Zamora: ¡que se vayan!
Enfrentar el día a día es angustiante para gran parte de los
que habitan la Argentina. Ya hay hambruna. La falta de trabajo se agrava.
La inseguridad crece. Muchos alimentos o medicamentos ya no pueden comprarse.
Encima anuncian aumentos de tarifas. Sigue la concentración de la riqueza.
El FMI aumenta sus imposiciones mientras el Gobierno prepara ejercicios militares
con EE.UU. y le ofrece apoyo a Bush para nuevas masacres en el mundo.
Se insiste con elecciones sólo para presidente. Es decir, quieren
quedarse todos. Pero no sólo porque “están atornillados” a cargos
y privilegios como bien dicen muchos. Detrás tienen a los grupos económicos
y al propio Gobierno norteamericano que dicen “al Congreso y a la Corte”
no la toquen por ahora. Es que esa mayoría justicialista-radical en
legisladores y jueces les da la única garantía de que sus planes
de hambre y saqueo del país puedan continuar. Si abren el juego y
hay elecciones para todo, el resultado es una lotería.
Estamos en plena campaña por que se vayan todos. El viernes 20 de
setiembre, a las 18 horas, será otro paso con la concentración
en Plaza de Mayo y distintas acciones en todo el país. Ha sido importante
que se hayan logrado acciones unitarias con organizaciones políticas
y gremiales, asambleas vecinales, comedores, movimientos de trabajadores desocupados,
de derechos humanos, de estudiantes. Celebramos que intelectuales del interior
sigan sumando apoyos, algunos especialmente queridos y respetados, y que
se acerquen nuevas organizaciones sociales. Allí está el desafío
para Autodeterminación y Libertad. Participamos de estas acciones
unitarias porque pensamos que pueden estimular que muchos la tomen en sus
manos. Que se reúnan y se autoorganicen en barrios o trabajos o facultades.
Que vuelva la fuerza del proceso asambleario que inventó el grito
y el reclamo. Que vuelva a adueñarse del “Que se vayan todos”. Con
asambleas o con nuevas formas o nombres. Que las caras conocidas pasen a
un segundo plano y caras anónimas comiencen a ser determinantes en
esta lucha. Que cada uno de los que escuchen este llamado piense cómo
suma a otros, a comedores comunitarios, a grupos de vecinos que discuten
las tarifas sociales o se reúnen para hacer compras comunitarias.
Si el pueblo la toma en sus manos esta pelea se puede ganar. Mientras tanto
eso es ser parte de formas de contrapoder. Peleas contraculturales. Lazos
solidarios. Fuerza desde abajo.
Como dijimos, los que dominan no tienen como antes partidos que les aseguren
seguir con los planes de ajuste y al mismo tiempo apoyos en la población.
Pienso en Menem o en Alfonsín. Tenían más del 50 por
ciento de los votos. El FMI y los grupos económicos festejaban. En
cambio ahora los de arriba se resignan a mirar que Rodríguez Saá
o cualquier otro logra el 25 por ciento en encuestas y sin ningún entusiasmo.
Si De la Rúa duró con esos planes dos años y el pueblo
lo terminó echando, ¿cuánto durará el próximo
cuando pretenda seguir con lo mismo?
Ellos también saben que con planes de hambre y entrega ya no construyen
nuevos entusiasmos que duren. De allí que piensen en tendencias más
autoritarias para imponer esos planes. EE.UU. piensa en el ALCA que es como
recolonizar América Latina. Y adueñarse de lo que todavía
no tiene. Pero también ve el continente. Manifestaciones en Paraguay
y en Perú parando las privatizaciones, los campesinos y los indígenas
en Ecuador, el triunfo -aunque siga la amenaza- contra el golpe en Venezuela,
¿y si gana el PT en Brasil?, ¿y Evo Morales en Bolivia? Allí
sigue estando el movimiento zapatista, la ebullición en Uruguay y el
proceso que se mantiene en Argentina.
Y realizan más ejercicios militares. Pero también está
la otra cara y la América Latina que puede llenarse de rebeldías.
Pienso en la campaña “Que se vayan todos”. Muchos preguntan “¿si
se van todos, qué?”. En Autodeterminación y Libertad pensamos
que se convoque a elecciones para una Asamblea Constituyente elegida por el
pueblo y que en forma soberana debería decidir todas las medidas que
den urgente respuesta a los problemas que nos agobian. Si siguen así
recién en marzo se va a elegir un presidente. Si se vota un cambio,
¿quién lo realiza con un Congreso lleno de radicales y justicialistas
y la Corte Suprema en contra? Será una burla para el pueblo. ¿Cuánto
puede durar ese gobierno? Si se vota más de lo mismo va a tener un
Congreso a favor y al FMI también pero entonces todo seguirá
igual o peor.
Personalmente pienso que de mantenerse este llamado a elecciones tramposas
no deberíamos participar con candidatos y, en cambio, intervenir con
todas nuestras fuerzas para que sean impugnadas. Quizás con una boleta
propia con nuestras propuestas de autodeterminación. Otros compañeros
en Autodeterminación y Libertad piensan distinto. Lo resolveremos juntos
en su momento.
Mientras tanto, “Que se vayan”. Para lograrlo es necesario que muchos se
sumen. Es ahora porque dentro de diez meses, cuando tengamos otro demagogo
gobernando, nos daremos cuenta que se perdió tiempo. Que el grito recorra
los barrios y los lugares de trabajo: “Que se vayan todos y que el pueblo
pueda elegir y decidir sobre todo”. El viernes 20 en la Plaza.
Carlos Vanni: carta a Luis Zamora
Ante todo quiero presentarme. Soy Carlos, de Martín Coronado. Tengo
45 años, y empecé a militar a los 14 años en el PST en
La Plata. Milité en el PST-MAS hasta el año 1989. Estuve exiliado
en Francia 9 años, donde te conocí personalmente en el año
1981, nos presentó Enrique Broken. Hoy soy simpatizante de Autodeterminación
y Libertad.
Estoy orgulloso de tener un referente político como vos. Te escribo
porque no estoy de acuerdo con tu política actual, y que expresás
claramente en la nota que publica hoy Página 12.
Esta carta no es elaborada, ni muy trabajada, no voy a buscar citas, ni
a rotular cosas. La escribo con el mayor de los respetos y sin querer dar
ninguna lección, es más, de muchas cosas de las que digo no
estoy 100% seguro. Pero tengo ganas de hacer este debate.
Discutamos de una buena vez de política. Empezás la carta
enumerando los problemas que tenemos los trabajadores y el pueblo. ¿Que
hacemos ante eso? Tenemos que discutir con millones, que el único
camino es romper con el imperialismo y el capitalismo, no pagar la deuda,
nacionalizar la banca y el comercio exterior, expropiar las privatizadas,
reforma agraria, disolver las FFAA y la policía, etc. No quiero poner
un programa, pero tenemos que decir que hay otro camino distinto a Menen,
Saá, Duhalde y Carrió. Y el eje pasa por ahí, por lo
que hay que hacer para que 20 millones de personas empiecen a mejorar.
Ante la inseguridad, los burgueses piensan esto, nosotros lo contrario.
Ante el corralito, los burgueses piensan esto, nosotros lo contrario. Ante
la invasión a Irak, los burgueses piensan esto, nosotros lo contrario.
Ante los saqueos a los supermercados, los burgueses piensan esto, nosotros
lo contrario.
¿Por qué? Porque debemos ser la expresión de la clase,
de los intereses de la clase trabajadora y sus aliados, en todos los lugares
donde esa clase y sus aliados están.
Evidentemente esas medidas no las va a tomar un presidente electo, pero
tampoco una asamblea constituyente electa, ni un parlamento electo, ni nada
electo en elecciones burguesas, pues son una trampa (11 de septiembre de
1973, Salvador Allende), pero guarda, siempre son una trampa, en tiempo y
lugar, en Rusia en el 17, y en Suecia en el 2002, las elecciones para elegir
a Lula o a Evo Morales, son tan tramposas como estas en Argentina. Sólo
un gobierno de los trabajadores y el pueblo, de sus organizaciones democráticas
puede hacerlo. ¿Eso está planteado ahora? Claro que no. Pero
las elecciones son una oportunidad para discutir con millones sobre esto.
Es decir, debemos hacer propaganda sobre lo que creemos, sobre la democracia
directa, la acción directa, las organizaciones piqueteras, los sindicatos,
etc, etc. Decir que porque las elecciones son tramposas no debemos participar,
es entrar en la trampa de la democracia y ética burguesa, y es peligroso
dejar a nuestra clase y sus aliados solos en esa contienda.
Participamos porque no lo dejamos ningún terreno libre. Cómo
explicarte esto a vos, gran consumidor de Reliveran en los pasillos del congreso.
Vos el que puteaste a Bush en la cara en ese Congreso plagado de cipayos.
Vos sos en el Congreso la expresión de la clase trabajadora. Muchos
lloramos de emoción con tu discurso de la asamblea legislativa después
del 20 de diciembre.
Se puede pensar que las masas no van a participar en las elecciones, que
la abstención o el voto nulo pueden ser mayoritarios y esa contienda
es un cáscara vacía. Creo que no es así. No veo una oleada
del que se “Vayan todos” como las “Directas ya”, o la campaña contra
Collor de Melo oCarlos Andrés Pérez. Las asambleas están
en un momento de reflujo, cualquier equipo de 1ª B moviliza más
gente. Si bien el voto bronca sigue siendo importante, creo que la burguesía
está logrando encauzar la situación por la salida electoral.
Con mucha debilidad es claro. Prueba de esto es la abstención en Santiago
del Estero. Pero creo que tu política en las elecciones legislativas
pasadas fue la correcta con ese sector, no criticarlo ni darle un discurso
moralizante.
En un parte de tu nota vos decís “Que las caras conocidas pasen a
un segundo plano y caras anónimas comiencen a ser determinantes en
esta lucha”. Creo que es un deseo infantil. Vos Zamora sos la máxima
conquista de la izquierda argentina de 1983 en adelante. Sos un dirigente
reconocido, respetado, por millones. Participaste de miles de luchas obreras,
de derechos humanos, lo puteaste a Bush, Duhalde, Alfonsín, en la cara.
Hablaste de la deuda externa en el 83, es decir 18 años antes de la
debacle de 2001.
Vos, como figura más conocida, me parece que tenés que estar
a la vanguardia. No vamos a ganar las elecciones, pero podemos ser el centro
del debate, como dijo Menen “Carrió y Saá son mediáticos,
Zamora no aporta soluciones”, es decir, que para unos de los principales agentes
del imperialismo, hay 2 payasos y uno serio pero que no sirve.
Esa es la discusión. No sólo sirve, sino que es lo único.
Trabajo en una pequeña empresa de unas 30 personas, de servicios de
computación. Diez personas votarían ya por vos, y los otros
20, incluyendo al patrón, discuten lo que decis porque te respetan,
porque sos el único de izquierda que juega en 1ª A. ¿La
deuda, sí o no? ¿estaremos como en Cuba si viene Zamora? ¿Se
puede expropiar a los bancos? ¿Que se vayan todos? ¿Lula es
como Zamora?
Es decir Luis, con vos, a través tuyo, podemos discutir todo con
millones. Tu candidatura a Presidente creo que es la mejor herramienta táctica
para avanzar junto a nuestra clase y sus aliados, en su larga lucha por su
enmancipación.
Te mando un fuerte abrazo y nos vemos el 20.
Alfredo Leuco: Carrió y Zamora se equivocan
Elisa Carrió hace un diagnóstico correcto de la crisis pero
se equivoca cuando elige el remedio para superarla. Mantiene intacta su capacidad
de análisis y su sensibilidad para comprender lo que nos pasa, pero
tiene serias dificultades para generar hechos políticos y construir
una organización partidaria capaz de sostener sus ideas y su carisma.
Por eso viene perdiendo altura en las encuestas y en las expectativas que
despertó en amplios sectores de la población.
Es cierto que la consigna “que se vayan todos” encarna el hartazgo de las
grandes mayorías frente a los responsables del peor momento de
la historia argentina, con excepción de la última dictadura.
Es cierto que esa expresión de deseos funciona como motor, como catarsis
de la bronca y como utopía. Y es cierto que plantea la renovación
de todos los cargos y la refundación de esta democracia en ruinas.
Pero un conductor que aspira a estadista o a encabezar grandes transformaciones
debe saber interpretar correctamente las demandas de la sociedad y elegir
los mejores tiempos y las mejores tácticas.
Elisa Carrió, y en gran medida también Luis Zamora, se han
dejado llevar por la ilusión óptica de lo que fueron (repito:
fueron) los grandes cacerolazos de los viernes a la noche y las masivas y
pluralistas asambleas populares de los barrios. Aquel altísimo “nivel
de conciencia de las masas” (para utilizar conceptos de los 60) que tuvo su
pico en la pueblada que derrocó a Fernando de la Rúa, está
en un momento expectante y potencial. Por eso fue tan módica la respuesta
a la convocatoria de Carrió y Zamora, pese a que en las encuestas aparecen
con mejor imagen pública. Eso en cuanto a los tiempos. Las tácticas:
Carrió no planteó un mecanismo factible y eficaz para lograr
“que se vayan todos” y encima confundió a gran parte de sus seguidores
cuando coqueteó con la contraproducente idea de la abstención
revolucionaria. Estos temas hoy son materia de arduos debates en el seno
del ARI e incluso en la propia fuerza política de Zamora.
Hay que ser claros en los planteos. La sociedad está esperando planes
muy concretos para construir otra realidad más justa y ya no tanto
para resistir esta realidad injusta, aunque todo sea parte de la misma lucha.
Ya pasó el tiempo de la denuncia como principal herramienta y de la
honestidad como principal virtud. Ya todo el mundo sabe quién es Carlos
Menen. O cuáles son las mafias en la Argentina. Hoy nadie duda de que
Carrió y Zamora son decentes. Pero no alcanza. La denuncia, la resistencia
y la honestidad son sólo el comienzo. Hay millones de argentinos marginados
que no pueden esperar más.
Creo que eso lo vieron más claro referentes ideológicos similares
a Carrió como Néstor Kirchner, Aníbal Ibarra o Hermes
Binner. ¿Qué dicen ellos? Edifiquemos un movimiento político
que gane las elecciones y que luego llame a un plebiscito, que a su vez permita
convocar a una asamblea constituyente que perfile otro modelo de país
y que la verdad haga borrón y cuenta nueva con la Justicia y con el
Congreso. Tienen el mismo objetivo que Carrió y Zamora, pero utilizan
instrumentos más adecuados. Tal vez sea sólo una casualidad
pero los tres dirigentes que nombré están unidos por la responsabilidad
de gobernar todos los días y de resolver cientos de problemas gravísimos
de los ciudadanos de carne y hueso. Eso marca la diferencia. Una cosa es tener
opiniones correctas y otra es hacer una gestión correcta.
No sé si recuerda la primera lección de peronismo básico:
mejor que decir es hacer. Kirchner, Ibarra o Binner están llamando
a hacer y no a decir. Que se vayan todos ya está dicho. Y lo dijeron
multitudes independientes que no necesitaron la aprobación de ningún
dirigente político. El gran desafío para Carrió y los
demás es cómo transformar en realidad esa consigna. No todo
se resuelve en la calle y con una marcha. Hay tiempos para las protestas y
hay tiempos para las realizaciones. El olfato y la sabiduría para descubrir
en qué momento estamos convierte a seres humanos más o menos
normales en líderes gigantescos. Amenazar con la no presentación
para intentar deslegitimar una elección presuntamente tramposa, le
hace bajar los brazos a la gente. Les quita entusiasmo. A lo sumo les puede
despertar una simpatía ética fugaz que después van a
asimilar como una traición o una rendición, tal como ocurrió
en el renunciamiento de Chacho Álvarez.
El poder se construye con cosas concretas y no con vaguedades. Muchos dirigentes
del progresismo argentino deberían mirarse en el espejo de Lula en
Brasil. Su partido gobernó todo lo que pudo y de la mejor manera posible,
y con esfuerzo y creatividad armó una gran propuesta electoral que
está a punto de culminar exitosamente.
Pero hay una contraindicación más grave aún. En estos
tiempos explosivos y con una sociedad atomizada, no participar en las elecciones
deja un vacío peligroso que en este país, históricamente,
llenó el autoritarismo. Y con eso no se juega. Porque se nos va la
vida.