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Política sudamericana y

vuelta de tuerca al realismo mágico

 Ángel Rodríguez Kauth

 
Iniciativa Socialista nº 59, invierno 2000/2001. Tras la recepción de este artículo de Ángel Rodríguez Kauth, Universidad de San Luis, Argentina, tuvo lugar la caída de Fujimori en Perú, hecho que, por tanto, no está recogido en el artículo, aunque no afecta a su fondo.

Debo reconocer, sin soberbia alguna, que me equivoqué soberanamente cuando a finales de 1999 escribía acerca de la estabilidad democrática en nuestro subcontinente iberoamericano (Kauth, 2000), especialmente Sudamérica. ya que por entonces se podía ver alguna certeza de superar el latiguillo de la "transición a la democracia" que nos atenazaba en cuanto a la estabilidad política. Sin embargo, pareciera ser que ya finalizando aquel año, el panorama político de nuestra región se está complicando a ojos vistas y de manera alarmante en la dirección de un retorno a las viejas prácticas políticas no democráticas que nos han azotado durante todo el siglo XX. La última década del milenio anterior nos dejó un respiro en la perspectiva esperanzadora de avizorar un futuro que se encaminaba hacia formas maduras de expresión política. Pero, como dice la letra del tango de Gardel y Le Pera, "siempre se vuelve al primer amor". Ese amor es el del realismo mágico, que tan bien describiera García Márquez.

Esta es la oportunidad de recordar que no es la conciencia, o las esperanzas que en ella se asientan, las que determinan a la realidad; sino que, como tan bien lo describiera Marx (1847), es la realidad la que determina los fenómenos y contenidos de la conciencia. Cualquier intento por invertir el sentido de la fórmula propuesta por Marx corre el riesgo cierto de arrastrarnos por la vorágine devoradora de la "falsa conciencia", que nunca nos permitirá percibir e interpretar los hechos sociales, políticos y económicos en la auténtica y dramática dimensión en que son vividos por los pueblos.

El desprecio por la democracia como forma política de gobierno ha sido testimoniado, a principios del Siglo XX, a través de teóricos sociales como W. Pareto, G. Mosca o G. Sorel. Este grupo de pensadores antidemócratas habían extendido sus influencias por Europa en las dos décadas previas a la Gran Guerra, y fueron el caldo de cultivo tanto del fascismo y del nazismo, como de la rama stalinista del comunismo. La idea y la práctica de la dictadura del proletariado no la extrajo Stalin directamente de Marx. Este habló de la dictadura del proletariado en 1875, aunque no necesariamente ha de interpretársela como la dictadura cruenta del "proletariado" como la que impuso el stalinismo en la Unión Soviética y en sus países satélites, que de ella hizo una dictadura personalista, que nada tenía que ver con el proletariado y la protección de sus intereses. Si se observa con atención la evolución y coherencia del pensamiento de Marx, se podrá ver que ya en 1844 sostenía que el fin último de la acción pública era sustituir el dominio de las circunstancias sobre la vida de los individuos por el dominio de los seres humanos sobre las circunstancias que los rodean. Ofrecer a los seres humanos la libertad es el propósito del "joven" Marx y que se contrapone con la concepción de dictadura del proletariado propuesta mas adelante en Gotha. Ese Marx de 1844 es el testimonio revelador en que se expresa -posiblemente mejor que en cualquier otro pensador- la idea del progreso social y técnico en términos de libertad humana.

Retornemos a la "mágica realidad" que atrona por nuestra Latinoamérica, especialmente la Sudamericana, y encontraremos que apenas transcurridos diez meses del nuevo siglo -inaugurado entre fastos y expresiones de deseos de mantener los sistemas democráticos que tanta sangre y dolor nos costó conquistar a los sudamericanos- podemos ver que el panorama político del continente se ha complicado de manera notable y peligrosa. Es verdad que aunque hayamos vivido en democracia esto no significa que se hayan transitado los caminos de la justicia social y la equidad; muy por el contrario, cada vez se ha hecho más patente entre nuestros pueblos sometidos a la dictadura de los mercados la "máxima infame de los amos" que denunciaba el célebre ideólogo del liberalismo económico, Adam Smith (1784), cuando dijo que "Para nosotros todo, para los demás nada". Pero, más allá de estos enormes abismos que separan a una masa de empobrecidos trabajadores y parados de la ínfima minoría de enriquecidos a costillas de aquellos, lo cierto es que en la región se vivía, al menos, un clima de relativa tranquilidad política institucional. Esto no significa que la tranquilidad política sea lo esperable o deseable -ya que en algún momento sonará la hora de las revoluciones sociales en pueblos que ya no pueden soportar más el agobio y la explotación a que están siendo sometidos-, pero si bien no hubieron serias manifestaciones revolucionarias, tampoco se produjeron los temidos golpes de Estado ejecutados por las manos ensangrentadas y mugrientas de los militares golpistas que, además de traer la destrucción y persecución de las organizaciones populares, siempre han continuado con el modelo económico vigente de enriquecimiento para unos pocos y de empobrecimiento para los más, ya que fueron los que lo impusieron durante sus feroces dictaduras de los años 70 en que actuaron como gendarmes vernáculas del imperiocapitalismo que ha dado en llamarse eufemísticamente el Nuevo Orden Internacional (NOI). Podemos afirmar, a sólo diez meses de iniciado el año 2000, que el panorama político continental se ha complicado gravemente a partir de diferentes hechos sociales, económicos y políticos que se eslabonan como un collar ocomo una larga cadena que simboliza la esclavitud que ha de profundizar el sometimiento al patrón de aquel NOI.

El año comenzó con aparentes buenos augurios cuando se produjo un alzamiento popular en Ecuador, como consecuencia de que el entonces Presidente Mahuad dispuso la suspensión -el 6 de enero- de los derechos y garantías constitucionales y el uso del Ejército con el fin de controlar el (des)orden y las protestas de la población ante las sucesivas crisis sociales y económicas que se daban en su país. A todo esto, el Presidente Clinton le ofreció su apoyo a Mahuad, con lo cual el día 10 se aprobó la vigencia de la dolarización de la economía ecuatoriana, medida que fue intensamente resistida por la población llana que reclamaba la renuncia del Presidente y un nuevo rumbo económico y social para el país. El día 22 de enero, dicho alzamiento fue abortado, merced a una maniobra política en que se unieron las fuerzas reaccionarias de la milicia, el clero y los grandes capitales transnacionales asociados con los pequeños capitalistas vernáculas (Kauth, 2000b). Esta fue no sólo una derrota para la estructura democrática formal y vacía de contenido -pese a la opinión en contrario del politólogo y constitucionalista ecuatoriano G. García Feraud (2000)-, sino también para todo el pueblo ecuatoriano.

Y la situación política continuó su agravamiento en otros países de la región. Chile, por ejemplo, vivió duros y dramáticos enfrentamientos entre los reaccionarios pinochetistas nostálgicos del viejo régimen y los ciudadanos democráticos, episodios que lo pusieron al borde del colapso cuando el viejo ex dictador fue devuelto a Santiago desde su lugar de detención en Londres, tras un pacto perverso triangulado entre el Primer Ministro "laborista" Blair, la ex Primer Ministro británica Thatcher y el gobierno español, el cual mantiene fuertes y jugosas inversiones financieras en el país trasandino. Las instituciones formales sufrieron entonces un notable cimbronazo, aunque afortunadamente pareciera que el heredero del ex Presidente Salvador Allende, el también socialista Presidente Ricardo Lagos -el que se consagró en segunda vuelta electoral el 16 de enero, por sobre su rival de los partidos reaccionarios, con solamente tres puntos de ventaja- hubiera logrado capear el temporal y así encauzar la nave que comanda. Tales cimbronazos comenzaron el 3 de marzo, con la llegada de Pinochet y la provocación de éste al abandonar la silla de ruedas con que descendió del avión y entre sonrisas saludó a amigos y militares que lo fueron a recibir dándole el trato protocolar de un Jefe de Estado. Es de hacer notar que el Presidente Lagos, el 29 de marzo, rechazó una ley aprobada por el Congreso que permitía gozar de "fueros especiales" a los ex Jefes de Estado, lo cual le permitiría a Pinochet esquivar las acciones judiciales que se iniciaban en su contra. Esta medida fue bien recibida por la población en general y fue una demostración de que está dispuesto a encauzar al país dentro de los marcos de la legalidad y la justicia.

Sin seguir una cronología exactamente ajustada a la sucesión de los hechos, cabe anotar los episodios que vienen ocurriendo en Venezuela, donde lejos de consolidarse un sistema democrático tras la derrota en las urnas del anciano régimen despótico de bipartidismo que gobernó por casi medio siglo a aquel país, el Gobierno del Presidente Chávez se consolida como una estructura populista que no ha tenido en cuenta a las instituciones de la democracia y de la república, ya que está gobernando bajo una mascarada democrática mientras aprovecha el alza de los precios del petróleo en los mercados internacionales, conservando los viejos hábitos del más rancio populismo autoritario fascista (Kauth, 2000c). Entretanto, el pueblo venezolano está siendo conformado en sus demandas sociales y de mejoramiento económico con "salchichón y vino", como definiera a las prácticas del morral clientelista Marx (1854).

A su vez, la República del Paraguay ha estado siendo sacudida, desde marzo de 1999 por acontecimientos políticos tipicamente desestabilizadores, luego de reconquistadas algunas libertades civiles tras el derrocamiento del dictador Alfredo Stroessner, lo que ocurrió diez años antes. En aquella fecha fue muerto a balazos -en plena calle- el vicepresidente de la República -José María Argaña- y el país entró en un cono de sombras, esto debido a la presencia en el escenario político y militar del ex General golpista Lino Oviedo -que pareciera estar confirmado que ordenó la muerte del vicepresidente Argaña y la masacre en la Plaza de Asunción, por lo cual está detenido en Brasil luego de un exilio en Argentina amparado por el menemismo, el que hacía buenos negocios con un sujeto de tal calaña-. Oviedo no ha perdido oportunidad de intentar, infructuosamente, el derrocamiento del gobierno para constituírse en un nuevo dictador, y huyó el 9 de diciembre de su confinamiento en Argentina, ante el temor de que las autoridades que asumirían dos días más tarde hicieran lugar favorable a la solicitud de extradición efectuada por la Justicia paraguaya.

El primer día del año 2000, la coalición gobernante sufrió una fractura al retirarse de la misma la segunda fuerza política que la conformaba, los que pasaron a unirse con los simpatizantes de Oviedo. Para el 6 de enero, el golpista ex General del Ejército mantiene una conversación telefónica desde la clandestinidad en la cual acusa al ex Presidente Wasmosy de ser el titiritero que maneja los piolines con que se mueve el Presidente Luis González., a la vez que le atribuye a Wasmosy la responsabilidad por el asesinato del Vicepresidente Argaña. El 19 de marzo se inicia una marcha de treinta mil campesinos sobre Asunción, que reclaman por la recuperación del sector agrícola en una economía alicaída. Asimismo, el clero observa con preocupación, y lo hace saber públicamente, la posibilidad de un estallido social mientras la pobreza siga ganando terreno entre el pueblo de ese país.

El 19 de mayo se produce un alzamiento militar -con su base en la fuerza Ejército- que cuestionan la legitimidad del Presidente González. Llegan al colmo de arrogarse el derecho constitucional a la rebelión, cuando ese derecho es exclusivo de los oprimidos; pero son reprimidos y obligados a rendirse por las tropas de la Marina y la Aeronáutica, más algunos sectores de su propia fuerza que se mantuvieron leales al Presidente. El Gobierno paraguayo culpó del alzamiento a la instigación de Lino Oviedo, cosa que éste, desde la clandestinidad, desmintió y replicó diciendo que se trataba de un autogolpe organizado por el Gobierno (previamente, el 11 de junio, Oviedo fue detenido por las autoridades de la policía federal brasileña en la zona de Foz de Iguazú e "internado" en la capital de ese país hasta resolver los trámites de extradición). Dos días después, los gobernantes paraguayos decretan el estado de emergencia para facilitar las aceleradas reformas económicas, ya que con ello logran frenar las multitudinarias manifestaciones populares contra el programa de privatizaciones. Sin embargo, el Presidente de la Central Nacional de Trabajadores se rehusa a aceptar tal estado de excepción y afirma que continuarán con las manifestaciones callejeras. El 22 de junio se inicia una huelga general contra el proyecto de privatización de las mayores empresas públicas. Tal programa comprendía de manera principal a teléfonos, ferrocarriles y agua potable y era alentado por el Banco Mundial que prometió un crédito de 400 millones de dólares para paliar el déficit fiscal del presupuesto paraguayo.

En la actualidad, el Paraguay ha entrado en la paradoja de tener un Presidente títere, elegido solamente por la voluntad de los parlamentarios y un Vicepresidente elegido en elecciones populares, las que se celebraron recientemente para designar al reemplazante del asesinado Argaña, todo lo cual lo pone institucionalmente al borde del abismo, ya que el segundo tiene la legitimidad que al primero le falta.

Por otra parte, en lo que va de transcurrido del año, la incaica República del Perú ha soportado extraños e insólitos avatares políticos. Desde un llamado a elecciones generales con claros visos de inconstitucionalidad, ya que autorizaba, según una decisión del Jurado Nacional de Elecciones, la inscripción para participar como candidato a Presidente del sempiterno gobernante "Chino" Fujimori, los cuales fueron denunciados por toda la oposición en bloque como un "Golpe de Estado" ejecutado desde el propio Estado, ya que la Constitución de ese país no acepta tres períodos presidenciales consecutivos. Hasta que se produjo la realización de las mismas -el 5 de abril- en medio de escándalos por las certeras acusaciones de fraude electoral en favor del candidato oficialista (testimoniadas no solamente en la falsificación de resultados en las mesas escrutadas, sino en la campaña preelectoral, donde Fujimori hegemonizó los espacios en los canales de televisión y en la prensa oral y escrita que, si no le obedecían, eran clausuradas). Dichas expresiones no solamente partieron de la oposición política peruana, sino también por la Comisión Observadora enviada por la Organización de Estados Americanos. A todo esto el principal candidato opositor -Alejandro Toledo- no solamente exigía la reconsideración del recuento de votos, sino que tuvo la pésima idea de hacer contactos con oficiales de las Fuerzas Armadas a los que les reclamó intervenir en el proceso electoral. Pareciera que el "demócrata" Toledo no ha entendido aún que, históricamente, asociarse con el enemigo terminará o en una traición o en la entrega de sus postulados al enemigo. El 12 de mayo la mencionada Comisión de la OEA señaló que si se realizaba una segunda vuelta electoral, anunciada para el 28 de ese mes, ésta tendría los mismos vicios de nulidad que la primera. El 22, Toledo anuncia su decisión de no presentarse en la segunda vuelta electoral a causa de que no existen garantías suficientes de un comicio límpido y transparente. Irónicamente, las oficinas electorales del oficialismo anuncian que el sistema de conteo de votos funciona perfectamente. Obviamente, en las elecciones celebradas el 28 de mayo triunfó Fujimori, en medio de protestas populares callejeras de citadinos e indígenas campesinos.

A todo esto, el gobierno de EE.UU. jugaba una partida aparte, por su cuenta y riesgo, mezcla de la hipocresía y el oportunismo que siempre lo ha caracterizado. Cronológicamente, el 26 de mayo el gobierno de Clinton exige la postergación de la segunda vuelta electoral, habiendo advertido al gobierno peruano que si se realiza el acto comicial las relaciones bilaterales quedarían seriamente afectadas. El 29 de ese mes, el gobierno norteamericano consideró inválidas las elecciones que proclamaban a Fujimori Presidente en Lima, ya que fueron una amenaza para el sistema democrático. Sin embargo, el 15 de junio, el embajador de EE.UU. en el Perú hizo el esperado anuncio para el oficialismo peruano de que el Gobierno de Clinton reconoce la proclamación presidencial de Fujimori, con lo cual se alejan los temores de sanciones económicas a la dictadura de Fujimori. Esto hay que comprenderlo en un contexto político, el "Chino" había sido un buen aliado de los norteamericanos en su lucha contra el terrorismo y el narcotráfico, a la vez que lo necesitaba para aplicar posteriormente su llamado "Plan Colombia". Debe recordarse que en los 50 el Secretario de Estado de la Presidencia de Eisenhower había dicho textualmente que "... los Estados Unidos no tienen amigos, tienen socios". Ha transcurrido casi medio siglo y tal política internacional sigue teniendo plena vigencia.

En este punto es preciso recordar las palabras de Rosa Luxemburgo (1916) acerca del valor de las consultas electorales en libertad, cuando señaló que "Sin elecciones generales, sin una lucha franca y abierta entre las distintas posiciones, la vida en toda institución pública se extingue, transformándose en una simple apariencia de vida, en la que únicamente la burocracia se conserva como principio activo". Sin dudas que las elecciones no son la única forma de participación popular, pero ellas son imprescindibles -en un marco no fraudulento- para que el pueblo pueda expresar sus preferencias y, si nos toca perder, no habrá más remedio que aguantarlo y modificar las estrategias para calar más hondo en la satisfacción de las demandas proletarias.

Retornando a la situación política y social peruana, es preciso señalar que cuando todavía no se habían acallado los ecos de las protestas populares por el robo electoral de que fue objeto la población, saltó a escena un escándalo de sobornos que implicaba al por entonces principal asesor de Fujimori -el Rasputín peruano- y que era a la vez el director del temible servicio de informaciones secretas del Estado: Montesinos. Este, un ex oficial del Ejército peruano y actualmente influyente hombre de negocios que mantiene excelentes relaciones con sus ex camaradas de armas, se vio obligado a renunciar mientras el Presidente Fujimori anunciaba a los cuatro vientos un nuevo llamado a elecciones generales para el año 2001, en las cuales él se juramentó a no participar como candidato. Entretanto, Montesinos buscó el exilio exterior pero, gracias a la intervención de las organizaciones continentales de derechos humanos no logró su objetivo, ya que está acusado de severas violaciones a los derechos humanos en su país por las acciones emprendidas desde el Servicio de Inteligencia no sólo contra los insurgentes de Sendero Luminoso, sino también contra la oposición política legalizada, y se vio obligado a retornar a Lima para la segunda mitad de octubre. Con lo cual se desató una crisis militar y política todavía imposible de evaluar en sus alcances, ya que Montesinos cuenta con el aval y apoyo de buena parte de la oficialidad de las Fuerzas Armadas peruanas -en particular del Ejército- que estarían dispuestas a derrocar al gobierno de Fujimori para instalarlo a su frente. A finales de octubre, el gobierno de Fujimori está siendo acosado no solamente por revueltas populares y acciones golpistas de militares adictos a Montesinos, sino que el panorama se le ha complicado más aún, ya que se han sublevado militares de algunas guarniciones del interior del país que exigen la detención del prófugo Montesinos y la renuncia inmediata del dictador.

Por otra parte, en Argentina se están viviendo momentos de alta tensión política, luego de la resonante e inesperada renuncia presentada por el Vicepresidente Carlos "Chacho" Álvarez y que fuera desencadenada por gestos políticos intempestivos del Presidente Fernando De la Rúa, quien ha intentado restarle poder político a su compañero de fórmula merced al sostenimiento en el Gabinete de personajes implicados en procesos de corrupción -soborno a legisladores de la oposición para lograr la sanción de una ley laboral cara a los cómplices capitalistas del Presidente, aunque repudiada por todo el espectro del pueblo trabajador argentino-. Desde el Gobierno se ha intentado reducir los alcances de la crisis política e institucional, aunque lo cierto es que el país ha ingresado a un proceso de escasa o nula gobernabilidad. Afortunadamente para los que vivimos en el país, los miembros de las Fuerzas Armadas están altamente desprestigiados -gracias a la acción de las organizaciones de derechos humanos que no pierden oportunidad en denunciar los aberrantes crímenes que aquellos cometieron durante la dictadura de 1976/83- y no tenemos ningún General esperando su turno en el banco de suplentes para entrar a jugar el partido de la descomposición institucional. Sin embargo, si bien no existen militares que tengan posibilidades de sacar réditos de la situación, existen políticos opositores -como el derrotado Eduardo Duhalde en las elecciones generales de 1999- que afirman estar en condiciones de gobernar con un programa de crecimiento y desarrollo social y económico. A todo esto, la incapacidad del gobierno para solucionar rápidamente los problemas sociales, está poniendo al país en una condición de "estallido social" generalizada, la cual ya ha tenido expresiones puntuales en variadas y diversas provincias argentinas. Es decir, grupos de "piqueteros" que reclaman su derecho al trabajo y a una vida digna, lo cual no es demasiado pedir.

A su vez, el gigante sudamericano que ocupa casi la mitad del territorio en cuestión, la República Federal de Brasil, está siendo gobernada por un ex intelectual de izquierdas, Fernando H. Cardoso, el cual ha olvidado sus dichos en el texto que lo hizo académicamente famoso en 1969. El país se maneja entre una mayoría de la población que padece los horrores del hambre y una minoría que goza la plusvalía obtenida del esfuerzo del trabajo mal pago de los hambrientos. Asimismo, el Gobierno brasileño ha sido tentado en el segundo semestre del 2000 por su par norteamericano para que abandone discretamente su relación con el Mercosur y se integre al Convenio NAFTA de libre comercio, donde tendrá un mercado numéricamente mayor de consumidores de sus productos, a la vez que con tal asociación se convertiría inexorablemente en el procónsul de ellos en la región sudamericana. Sin embargo, la situación no pinta nada bien para el gobernante y sus adláteres; en octubre han perdido las mayores comunas del país en elecciones municipales, al punto que debieron ceder la de la estratégica San Paulo a manos de la candidata del izquierdista Partido de los Trabajadores, aquel que tradicionalmente ha sido liderado por Lula. Este no fue un hecho casual, en Brasil han cobrado mucha fuerza y éxito los movimientos sociales por demandas puntales, dentro de los cuales vale la pena citar a los Sem Terra, conformado por campesinos a los que se le han sumado grupos urbanos que reclaman por la tenencia de tierras para poder trabajarlas y no ser asalariados mal pagados de los grandes latifundistas y terratenientes. Ya se han producido episodios de fuertes enfrentamientos armados contra el Ejército y contra los bandoleros contratados por los dueños de las grandes haciendas para diezmar a balazos -si es preciso- a los "revoltosos".

Finalmente, Bolivia y Colombia son dos casos de la conducción de una política interior y exterior que merecen un tratamiento particular. Se trata de dos países que se hayan divididos, escindidos entre el gobierno formal y los gobiernos locales en manos de: a) la guerrilla políticamente insurgente; b) la guerrilla que esconde sus negocios con el narcotráfico tras las prácticas guerrilleras urbana y rural; y c) la guerrilla de los llamados "paramilitares" de ultraderecha, que no son otra cosa que una forma de mimetizar las Fuerzas Armadas gubernamentales -y que cuentan con el apoyo en amplios espacios del Ejército, especialmente el colombiano- su quehacer represivo contra el campesinado en zonas rurales -y también en regiones semiurbanas- para "meterles miedo" y que no vayan a prestar su apoyo a ninguna de las otras dos expresiones de la insurgencia.

En este sentido, Colombia puede ser considerado como un país paradigmático, ya que se ha fracturado de manera clara y hasta reconocida por el propio gobierno central. Existen de hecho e informalmente de derecho cuatro áreas geográficas delimitadas que se reparten el dominio y la hegemonía sobre el territorio nacional. En el caso colombiano, el grupo rebelde o revolucionario (Kauth, 1970) Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas -FARC-, el principal grupo guerrillero operante en Latinoamérica, anunció el 20 de diciembre de 1999 un cese unilateral de su actividad hasta principios del año siguiente -para celebrar las fiestas findeañeras en paz- y eso fue utilizado por el gobierno colombiano para solicitarle a los otros grupos guerrilleros que siguieran su ejemplo. La tregua duró poco tiempo, para el 12 de enero se registraban al menos 75 muertos en combates contra las fuerzas oficiales y las paramilitares. Para fines de ese mes, el gobierno y las FARC establecen un diálogo de paz y las bases para un modelo de desarrollo socioeconómico intermedio entre la propuesta de máxima de las FARC y la que sostienen desde el Poder instituido de un capitalismo "salvaje", el que tendería hacia una figura socialdemócrata en el marco de la globalización. Sin embargo, tras bambalinas, el Presidente de la República estaba gestionando una ayuda económica y militar de los Estados Unidos, la cual se concretó el 30 de marzo con un desembolso de mil trescientos millones de dólares ... para combatir el narcotráfico en ese país, lo cual provoca que el mismo día las FARC ataquen con un coche bomba una alcaldía. Como una maniobra distractora, el Presidente Pastrana anuncia el 25 de abril la creación de una "zona desmilitarizada" en los departamentos de Bolívar y Antioquia para desarrollar un proceso de paz con las guerrillas guevaristas del Ejército de Liberación Nacional -ELN- lo cual provocó críticas encendidas de las Fuerzas Armadas, algunos grupos de campesinos de ambos departamentos y, fundamentalmente, de los paramilitares que veían debilitar su posición. Para los festejos del Día Internacional de los Trabajadores las FARC anuncian el lanzamiento de su brazo político -el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia- y tienen previsto independizarse judicialmente de Bogotá a partir de la creación de juzgados civiles y militares como primera medida de fuerza de demostración de su autonomía. El 30 de junio, el Senado norteamericano aprobó un paquete de "ayuda" denominado Plan Colombia de Paz y Desarrollo, cuyo principal objetivo es combatir a los productores de hoja de coca para de esa manera aumentar el precio de la misma en el mercado internacional que controlan los yankys.

Este denominado Plan Colombia ha provocado disímiles reacciones no solamente en Colombia, sino también en el resto de Sudamérica, especialmente en los países vecinos, ya que se lo observa -y no sin razón- cómo el establecimiento de bases norteamericanas en nuestra región que vienen a reemplazar a las que oportunamente tuvieron emplazadas en la Zona del Canal de Panamá, el cual retornó a dominio de los panameños a finales de 1999, aunque los medios de comunicación latinoamericanos poca información dieron al respecto. Obsérvese que Panamá es un país que originalmente constituía una provincia colombiana, por lo cual no se pueden considerar casuales los esfuerzos norteamericanos por mantenerse cerca de una zona estratégicamente clave para sus intereses económicos y militares bioceánicos.

A su vez, Bolivia es un país que vive sumido en la pobreza, gobernado por el ex dictador Hugo A. Banzer Suárez, quien en esta oportunidad llegó al poder por la vía de elecciones democráticas. También el gobierno boliviano adhirió a las políticas norteamericanas de erradicación de las plantaciones de coca en su territorio ... y lo lograron de una manera notable, especialmente en la región del Chapare (Kauth, 1995), donde el Ejército lleva adelante tal campaña. Aunque se trató de una victoria a lo Pirro. La tarea de desmantelamiento de los cocalares ha dejado sin trabajo a más de 40.000 familias campesinas y, aunque esto no les interesa a los gendarmes del NOI, sin embargo ha provocado un "efecto rebote" al sentirse los efectos de su baja producción en el tembladeral que se ha provocado en la "economía real" del país. Debe tenerse en cuenta que la misma ha estado basada, fundamentalmente, desde antaño en el contrabando y el narcotráfico y que estas actividades ahora están siendo controladas por las tropas del Ejército. Asimismo, la resistencia que oponen los campesinos ha conducido al corte de rutas, lo que ha producido en 15 días del mes de octubre una pérdida de 135 millones de dólares. Pero los militares no sacan barata su acción en favor de los intereses foráneos, sus operativos son resistidos a tiros por los campesinos, por lo cual el ex dictador ha decidido militarizar la región. Mientras los dirigentes campesinos, inclusive el diputado Morales, han calificado su conducta como "una lucha por la dignidad y contra la injusticia", a lo cual agrega que la guerra desatada es, en el fondo, por el control del sembradío de hojas de coca y la producción de cocaína. A su vez, el comandante militar en la zona ha calificado los hechos como "una virtual insurrección de narcotraficantes". Es decir, dos miradas opuestas frente a una misma realidad.

La realidad es económica y social. Al final de cada año una familia campesina del Chapare vende a los intermediarios -por lo general con buenos contactos entre las fuerzas armadas y sectores del gobierno- el producto de una hectárea de coca en unos 5.400 dólares, cifra que les permite sobrevivir. Si esa hectárea fuese sembrada con algún cultivo tradicional, no obtendrían más de 600 dólares anuales, lo cual justifica su dedicación a la producción de la hoja base para la posterior elaboración de la cocaína. Téngase en cuenta que lo que ellos vendieron en algo más de 5.000 dólares, terminará costando en el mercado mayorista norteamericano en algo más de 150.000 dólares ¡A esto Marx le llamaba plusvalía!.

Esta situación padójica de Bolivia la está arrastrando al camino de una rebelión popular que no fue oportunamente considerada ni por el gobierno ni por sus mandantes del Norte. En estos momentos se puede afirmar -sin temor a equívocos- que los bolivianos están ante la posibilidad cierta de una insurrección popular, tanto campesina como urbana, que podría poner en jaque a la débil democracia dependiente boliviana; ya que estarían dadas la condiciones sociales, políticas y económicas de lograr lo que el Che Guevara se propuso hace más de tres décadas en el país donde encontró la muerte a manos de los sicarios vernáculas de los "gringos".

Como se ha podido observar en este rápido pantallazo sobre la situación política de los países sudamericanos, la misma no aparece como estable para la democracia, salvo el caso de la República Oriental del Uruguay, que hasta el momento goza de estabilidad democrática. Para cerrar estas líneas, nada mejor que recordar unas palabras -las primeras- del discurso pronunciado por Robespierre ante la Asamblea General el 7 de febrero de 1794 (más allá de lo sanguinario que pudo haber sido posteriormente, estas palabras son por demás elocuentes acerca del valor de una revolución democrática con la participación del pueblo y no contra éste) cuando dijo:

"La democracia es un Estado en el que el pueblo soberano, guiado por leyes que son de obra suya, actúa por sí mismo siempre que le es posible, y por sus delegados cuando no puede obrar por sí mismo. Es, pues, en los principios del gobierno democrático donde debéis buscar las reglas de vuestra conducta política. Pero para fundar y consolidar entre nosotros la democracia, para llegar al reinado apacible de las leyes constitucionales, es preciso terminar la guerra de la libertad contra la tiranía y atravesar con éxito las tormentas de la Revolución; tal es el fin del sistema revolucionario que habéis organizado. Debéis aún regir vuestra conducta según las tormentosas circunstancias en que se encuentra la República, y el plan de vuestra administración debe ser el resultado del espíritu del gobierno revolucionario combinado con los principios generales de la democracia".

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