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Ury
Avnery es posiblemente el más conocido de los dirigentes pacifistas
israelíes, víctima de numerosas amenazas por sus claros posicionamientos,
por sus encuentros con Arafat y por su compromiso con la causa de la paz
entre palestinos e israelíes. Aconsejamos visitar su sitio en Internet,
http://www.avnery-news.co.il
La realidad es muy diferente. Desde hace bastante tiempo, el mundo ya no acepta la imagen de los supervivientes del holocausto (Israel) desafiando valerosamente a terroristas abominables (los palestinos). Actualmente, la imagen dominante es la de un pequeño pueblo invadido sublevándose contra un poderoso ocupante. La historia de David y Goliath, pero invertida.
Esta imagen queda reforzada por las fotos que diariamente aparecen en los medios de comunicación mundiales, mostrando casi siempre a soldados ocupantes de aspecto brutal, armados hasta los dientes, que se enfrentan a personas que lanzan piedras o a simples civiles. La situación ha empeorado con los informes sobre los bombardeos por aviones militares y helicópteros, la destrucción de barrios civiles utilizando tanques y el estrangulamiento de la vida civil.
La opinión pública israelí ignora lo que sucede en las áreas palestinas, a pesar de que algunos viven a pocos minutos en coche de ellas. Esta opinión pública se protege tras una pesada cortina de eufemismos: Seger, Keter, liquidación, blancos terroristas, fuente de fuego, gisum, limpieza. Cuando se traducen a otros idiomas, suenan de forma muy distinta: bloqueo, hambre, asesinatos, barrios civiles, venganza, tala de árboles, demolición de hogares. No suena muy bonito.
A pesar de todo esto, los palestinos no han obtenido una tajante victoria en esta batalla. En los medios de comunicación mundiales, "los amigos de Israel" (no todos ellos judíos) disfrutan de una ventaja enorme. Los medios internacionales no informan sobre el enfrentamiento israelí-palestino de la misma manera que hicieron sobre la lucha sudafricana entre el régimen del apartheid y la población negra. Considerando esta realidad, si los palestinos ganaron por puntos, eso ya es un gran logro para ellos.
Desde el punto de vista palestino, el logro principal es que su causa nacional figura en la agenda. Antes de la Intifada, los portavoces israelíes informaban, felices, de que el mundo había perdido todo interés por el asunto palestino, del que estadounidenses y europeos se habrían hartado. Estos informes, por cierto, podrían haber alimentado la determinación palestina para inicar la sublevación, que, desde luego, cambió la situación completamente.
Hay un ámbito en el que los palestinos han obtenido una victoria decisiva: el mundo entero detesta a los colonos. Resultado de esta situación fue la recomendación del informe Mitchell, apoyada por estadounidenses y europeos, para paralizar completamente toda actividad colonizadora.
En esta batalla, los palestinos han sufrido más de 500 muertes, frente a un centenar de muertos israelíes. La proporción entre los muertos de ambas partes comenzó siendo de 1 a 10, pero ahora es ya de 1 a 4. Más de diez mil palestinos han sido heridos, quedando muchos de ellos incapacitados para toda la vida. El número de heridos israelíes es relativamente pequeño.
¿A cambio de ese precio, qué han ganado los palestinos? Para ellos, el combate principal se centra en los asentamientos, y en ese ámbito han logrado una gran victoria. Con solamente unos cuantos disparos nocturnos, han obtenido impresionantes resultados. Mientras que los isralíes hablan del bloqueo y sitio de cada aldea palestina, cada asentamiento ha terminado quedando bloqueado por los palestinos.
Algunas carreteras centrales en Cisjordania han dejado de ser utilizadas. Bellas carreteras de circunvalación, en las que se habían invertido enormes sumas de dinero, son pura desolación. En otras carreteras, todo el tráfico se hace por medio de caravanas protegidas, cuando no en autobuses blindados.
Es difícil averiguar cuántos colonos se han rendido ya. La Televisión sólo muestra a los colonos más fanáticos, ondeando a sus propios bebés y jurando que "nunca nos moveremos". ¿Pero cuántas familias han retornado a Israel? ¿Cuántas, con buen juicio, han enviado a sus niños con la abuela en Tel-Aviv? Los medios de comunicación patrióticos no formulan esas preguntas.
¿Qué les ha sucedido a las empresas que se trasladaron desde Israel a los "parques industriales" de los asentamientos, con la ayuda de enormes subvenciones públicas y con la promesa de grandes beneficios, sin salario mínimo, sin prestaciones sociales obligatorias, sin impuestos y con todo tipo de subsidios para los empresarios? Una investigación de Gush Shalom, organización que desde hace varios años lidera una campaña de boicot a los productos de los asentamientos, ha revelado que alrededor de la mitad de esas empresas se han ido, tras comprobar que ni el personal de mantenimiento ni los camioneros están preparados para arriesgar así sus vidas.
Por regla general, los asentamientos no gozan de popularidad en Israel. La mayoría de la población está bastante harta de las bufonadas de los colonos, como puede verse en la televisión. ¿Cuántas de estas personas estarán dispuestas a qué sus hijos arriesguen sus vidas por esa gente? ¿Cuánto tiempo estarán dispuestas a pagar para ello? Aunque el inmenso esfuerzo del ejército para proteger a los soldados ha dado fruto, las bajas que se producen, por limitadas que sean, deterioran la disposición pública a seguir luchando por los colonos.
Las encuestas revelan que la mayor parte de los israelíes apoyaría la paralización de toda actividad colonizadora a cambio de un alto el fuego. Un tercio de los jóvenes que viven en los propios asentamientos están listos para abandonarlos inmediatamente. Si el gobierno hubiese ofrecido pagar generosas compensaciones a los colonos que aceptasen la evacuación, como propusimos a Rabin inmediatamente después de Oslo, la mitad de los colonos habría abandonado los asentamientos. Aproximadamente un 80% de los colonos creen que los asentamientos, todos o la mayoría de ellos, serán evacuados en el futuro. Este es un resultado irreversible de la Intifada, incluso si el alto el fuego fracasa y, tal y como Sharon espera, tiene lugar una escalada masiva de las hostilidades.
Psicológicamente, la moral nacional ha sido dañada a largo plazo. Nadie sabe como esto afectará a la futura emigración, por ejemplo. Los medios de comunicación patrióticos, que hinchan cada incidente para darle proporciones histéricas, incluso cuando se trata de disparos al aire realizados al azar y sin producir heridos, contribuyen a aumentar el daño causado. El miedo a entrar en un autobús, en un centro comercial, en una feria de libros o en un estadio para asistir a un importante partido de fútbol, está provocando un agotamiento de largo alcance.
Pero si los palestinos que defienden los ataques con bombas ven estos resultados como logros, sus adversarios también tienen fuertes argumentos. A corto plazo, los ataques empujan a los israelíes moderados hacia los brazos de los extremistas derechistas. Consolidan una unidad nacional basada en la negación total de los derechos palestinos. Ocultan el hecho de que esta guerra busca la continuación de la ocupación y de los asentamientos, y dan pretextos a quienes arguyen que esta guerra versa sobre Tel-Aviv y Netanya, lugares donde las suicidas bombas humanas actuaron. Dan pretextos a los sectores de la "izquierda" israelí que, desde comienzos de la Intifada, se acogieron al regazo cálido del consenso nacional. Desde este punto de vista, se ha causado un daño inmenso a la causa palestina.
En ausencia de esa esperanza ("la luz al final del túnel"), una gran mayoría de la opinión pública palestina apoyará la continuación de la Intifada, incluyendo los ataques dentro de Israel, aún cuando el precio sea casi insufrible. Ningún líder palestino será capaz de ignorar esta disposición pública, que también alentará la acción de las organizaciones extremistas con el fin de obtener apoyos.
Como sus colegas estadounidenses en Vietnam y los franceses en Argelia, nuestros generales no pueden aceptar el hecho de que están siendo derrotados por los despreciados "nativos", carentes de recursos y de experiencia. Esto, comprensiblemente, es insufrible para ellos. ¿Cómo pueden aceptar que Arafat dicte el curso de los acontecimientos al poderoso Israel, precisamente el mismo Arafat al que Sharon dio por "terminado" en el Líbano, y que, según el Ministro de Defensa Fuad Ben-Eliezer, sería un general fracasado y un político de tercera, que debería "abandonar el escenario de la historia".
Apenas hay un veterano oficial profesional capaz de comprender el carácter de una sublevación popular, y los generales no han sido formados por él . Su monumental falta de comprensión se manifiesta en cada una de sus declaraciones, desde el jefe del estado Mayor, Mofaz, hacia abajo. Sin comprender nada, son incapaces de diseñar una estrategia razonable y recurren a la clásica máxima israelí: si la fuerza no da resultados, usa más fuerza.
Los frustrados oficiales, dirigidos por el general Sharon, odian el alto el fuego y sólo lo reconocen de boca para fuera, pero anhelan romperlo a la primera oportunidad. Sharon quiere hacer esto de forma que pueda culpar a Arafat. Sin una razón clara y convincente, no recibiría el permiso estadounidense. Hay una extraordinaria similitud con la situación de Sharon en vísperas de la guerra del Líbano, cuando el secretario de Estado estadounidense, general Haig, dijo a Sharon que sólo permitiría la invasión del Líbano si había una clara provocación, reconocida como tal mundialmente. Unos días más tarde, hubo un atentado contra el embajador israelí en Londres, Argov, y la pelota comenzó a rodar.
Sharon y sus generales creen que la escalada ilimitada dará la victoria a Israel. Esta vez, todo estará permitido: el asesinato, arresto o destierro de Arafat; el asesinato sistemático de todos los líderes locales palestinos; el fraccionamiento de las áreas palestinas en docenas de aislotes separados; la expulsión de poblaciones; el corte de los accesos a la electricidad, al agua, a los alimentos y a las medicinas; el bombardeo por tierra, mar y aire; y, en definitiva, otros muchos métodos "creativos".
El problema es que todos estos métodos, sin excepción, han sido ya utilizados por los generales en otros países, y todos han fracasado. Los resultados han sido siempre los contrarios de los buscados. El pueblo oprimido se ha consolidado, la resistencia se ha fortalecido y sus métodos se han refinado. Y quienes han utilizado esos métodos han perdido el apoyo de la opinión pública mundial y han fracasado. Da la impresión de que no hay solución para este drama.
La única alternativa es un cambio en la opinión pública israelí, el cese la la lucha violenta y de la actividad colonizadora, y unas serias y rápidas negociaciones para poner fin a la ocupación y aceptar una solución política, cuyos elementos son ya bien conocidos. Finalmente, esto sucederá, pero mientras tanto pueden correr ríos de sangre.
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