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Alto el fuego israelí-palestino

 Un balance provisional: ¿Quién ganó?

 Uri Avnery

Ury Avnery es posiblemente el más conocido de los dirigentes pacifistas israelíes, víctima de numerosas amenazas por sus claros posicionamientos, por sus encuentros con Arafat y por su compromiso con la causa de la paz entre palestinos e israelíes. Aconsejamos visitar su sitio en Internet, http://www.avnery-news.co.il
El alto el fuego impuesto por los estadounidenses a Israel y a la Autoridad Palestina nos da una buena ocasión para trazar un balance provisional. Independientemente de la duración que pueda tener el alto el fuego, podemos intentar sopesar las ganancias y las pérdidas de los palestinos durante los ocho meses y medio transcurridos desde el comienzo de la al-Aksa Intifada.

 
 

La opinión pública mundial

En Israel, generalmente se presta mucha atención a la pugna por la opinión pública mundial. Escuchando a las " fuentes políticas" y a los portavoces del primer ministro, podría pensarse que se ha infringido una gran derrota a los palestinos en este campo. Shimon Peres emerge triunfante de cada reunión. Y da la impresión de que Ariel Sharon podría recibir de un momento a otro el premio Nobel de la Paz.

La realidad es muy diferente. Desde hace bastante tiempo, el mundo ya no acepta la imagen de los supervivientes del holocausto (Israel) desafiando valerosamente a terroristas abominables (los palestinos). Actualmente, la imagen dominante es la de un pequeño pueblo invadido sublevándose contra un poderoso ocupante. La historia de David y Goliath, pero invertida.

Esta imagen queda reforzada por las fotos que diariamente aparecen en los medios de comunicación mundiales, mostrando casi siempre a soldados ocupantes de aspecto brutal, armados hasta los dientes, que se enfrentan a personas que lanzan piedras o a simples civiles. La situación ha empeorado con los informes sobre los bombardeos por aviones militares y helicópteros, la destrucción de barrios civiles utilizando tanques y el estrangulamiento de la vida civil.

La opinión pública israelí ignora lo que sucede en las áreas palestinas, a pesar de que algunos viven a pocos minutos en coche de ellas. Esta opinión pública se protege tras una pesada cortina de eufemismos: Seger, Keter, liquidación, blancos terroristas, fuente de fuego, gisum, limpieza. Cuando se traducen a otros idiomas, suenan de forma muy distinta: bloqueo, hambre, asesinatos, barrios civiles, venganza, tala de árboles, demolición de hogares. No suena muy bonito.

A pesar de todo esto, los palestinos no han obtenido una tajante victoria en esta batalla. En los medios de comunicación mundiales, "los amigos de Israel" (no todos ellos judíos) disfrutan de una ventaja enorme. Los medios internacionales no informan sobre el enfrentamiento israelí-palestino de la misma manera que hicieron sobre la lucha sudafricana entre el régimen del apartheid y la población negra. Considerando esta realidad, si los palestinos ganaron por puntos, eso ya es un gran logro para ellos.

Desde el punto de vista palestino, el logro principal es que su causa nacional figura en la agenda. Antes de la Intifada, los portavoces israelíes informaban, felices, de que el mundo había perdido todo interés por el asunto palestino, del que estadounidenses y europeos se habrían hartado. Estos informes, por cierto, podrían haber alimentado la determinación palestina para inicar la sublevación, que, desde luego, cambió la situación completamente.

Hay un ámbito en el que los palestinos han obtenido una victoria decisiva: el mundo entero detesta a los colonos. Resultado de esta situación fue la recomendación del informe Mitchell, apoyada por estadounidenses y europeos, para paralizar completamente toda actividad colonizadora.

 
 

El bloqueo de los asentamientos

Sin embargo, la lucha por ganarse a la opinión pública mundial, por muy importante que sea, no deja de ser algo secundario. El conflicto histórico entre los dos pueblos de este territorio no se decidirá en las páginas del New York Times. Cuando los medios de comunicación israelíes se centran casi exclusivamente en este aspecto, están evitando, como de costumbre, el aspecto principal: la batalla sobre el terreno.

En esta batalla, los palestinos han sufrido más de 500 muertes, frente a un centenar de muertos israelíes. La proporción entre los muertos de ambas partes comenzó siendo de 1 a 10, pero ahora es ya de 1 a 4. Más de diez mil palestinos han sido heridos, quedando muchos de ellos incapacitados para toda la vida. El número de heridos israelíes es relativamente pequeño.

¿A cambio de ese precio, qué han ganado los palestinos? Para ellos, el combate principal se centra en los asentamientos, y en ese ámbito han logrado una gran victoria. Con solamente unos cuantos disparos nocturnos, han obtenido impresionantes resultados. Mientras que los isralíes hablan del bloqueo y sitio de cada aldea palestina, cada asentamiento ha terminado quedando bloqueado por los palestinos.

Algunas carreteras centrales en Cisjordania han dejado de ser utilizadas. Bellas carreteras de circunvalación, en las que se habían invertido enormes sumas de dinero, son pura desolación. En otras carreteras, todo el tráfico se hace por medio de caravanas protegidas, cuando no en autobuses blindados.

Es difícil averiguar cuántos colonos se han rendido ya. La Televisión sólo muestra a los colonos más fanáticos, ondeando a sus propios bebés y jurando que "nunca nos moveremos". ¿Pero cuántas familias han retornado a Israel? ¿Cuántas, con buen juicio, han enviado a sus niños con la abuela en Tel-Aviv? Los medios de comunicación patrióticos no formulan esas preguntas.

¿Qué les ha sucedido a las empresas que se trasladaron desde Israel a los "parques industriales" de los asentamientos, con la ayuda de enormes subvenciones públicas y con la promesa de grandes beneficios, sin salario mínimo, sin prestaciones sociales obligatorias, sin impuestos y con todo tipo de subsidios para los empresarios? Una investigación de Gush Shalom, organización que desde hace varios años lidera una campaña de boicot a los productos de los asentamientos, ha revelado que alrededor de la mitad de esas empresas se han ido, tras comprobar que ni el personal de mantenimiento ni los camioneros están preparados para arriesgar así sus vidas.

 
 

Las fuerzas de defensa de los asentamientos

A largo plazo, el aspecto militar es muy importante. Hace ya algunos años que se ha desmoronado la leyenda de que los asentamientos son necesarios para la defensa de Israel, como juró, en un famoso caso ante el Tribunal Supremo, el entonces Jefe del Estado Mayor Rafael Eytan. La Intifada ha obligado al ejército a dedicarse casi por completo a la defensa de los asentamientos, aplazando todas las actividades formativas y preparatorias precisas para capacitarse de cara a la defensa del Estado contra enemigos extranjeros. El ejército tendría que doblar su personal para poder ejercer su función principal sin abandonar la defensa de los asentamientos. Pero esto no es posible. La petición del ejército para obtener un presupuesto adicional de cinco mil millones es solamente la punta del iceberg de necesidades.

Por regla general, los asentamientos no gozan de popularidad en Israel. La mayoría de la población está bastante harta de las bufonadas de los colonos, como puede verse en la televisión. ¿Cuántas de estas personas estarán dispuestas a qué sus hijos arriesguen sus vidas por esa gente? ¿Cuánto tiempo estarán dispuestas a pagar para ello? Aunque el inmenso esfuerzo del ejército para proteger a los soldados ha dado fruto, las bajas que se producen, por limitadas que sean, deterioran la disposición pública a seguir luchando por los colonos.

Las encuestas revelan que la mayor parte de los israelíes apoyaría la paralización de toda actividad colonizadora a cambio de un alto el fuego. Un tercio de los jóvenes que viven en los propios asentamientos están listos para abandonarlos inmediatamente. Si el gobierno hubiese ofrecido pagar generosas compensaciones a los colonos que aceptasen la evacuación, como propusimos a Rabin inmediatamente después de Oslo, la mitad de los colonos habría abandonado los asentamientos. Aproximadamente un 80% de los colonos creen que los asentamientos, todos o la mayoría de ellos, serán evacuados en el futuro. Este es un resultado irreversible de la Intifada, incluso si el alto el fuego fracasa y, tal y como Sharon espera, tiene lugar una escalada masiva de las hostilidades.

 
 

Bombas humanas en Israel

Los ataques dentro de Israel son un otro asunto. Incluso entre los palestinos hay puntos de vista diferentes al respecto. Aquellos que son partidarios de los ataques pueden alegar los resultados inmediatos de las suicidas bombas humanas. Para todo el futuro previsible, el turismo a Israel ha quedado reducido a un pequeño goteo. Las organizaciones judías más importantes de EE.UU. temen enviar sus niños a Israel. Incluso la perspectiva de celebrar la Macabeada [una especie de Juegos Olímpicos judíos] ha ocasionado protestas importantes. La agricultura y la industria de la construcción han retrocedido significativamente. El aumento de gastos militares está obligando al Gobierno a recortar servicios sociales esenciales, y eso que ya son malos. Ni la prensa ni la televisión israelíes han investigado las pérdidas materiales ocasionadas al país por la Intifada. Según los diversos indicadores económicos, el crecimiento ha disminuido significativamente (afortunadamente, el retroceso mundial del sector de alta tecnología ha permitido a los economistas transferir las pérdidas a esta cuenta).

Psicológicamente, la moral nacional ha sido dañada a largo plazo. Nadie sabe como esto afectará a la futura emigración, por ejemplo. Los medios de comunicación patrióticos, que hinchan cada incidente para darle proporciones histéricas, incluso cuando se trata de disparos al aire realizados al azar y sin producir heridos, contribuyen a aumentar el daño causado. El miedo a entrar en un autobús, en un centro comercial, en una feria de libros o en un estadio para asistir a un importante partido de fútbol, está provocando un agotamiento de largo alcance.

Pero si los palestinos que defienden los ataques con bombas ven estos resultados como logros, sus adversarios también tienen fuertes argumentos. A corto plazo, los ataques empujan a los israelíes moderados hacia los brazos de los extremistas derechistas. Consolidan una unidad nacional basada en la negación total de los derechos palestinos. Ocultan el hecho de que esta guerra busca la continuación de la ocupación y de los asentamientos, y dan pretextos a quienes arguyen que esta guerra versa sobre Tel-Aviv y Netanya, lugares donde las suicidas bombas humanas actuaron. Dan pretextos a los sectores de la "izquierda" israelí que, desde comienzos de la Intifada, se acogieron al regazo cálido del consenso nacional. Desde este punto de vista, se ha causado un daño inmenso a la causa palestina.

 
 

Alto de fuego: el lado palestino

Este cuadro general puede convencer a muchos palestinos de que la Intifada está ganando, mereciendo la pena el tremendo sufrimiento causado al pueblo palestino. La conclusión es no detener la Intifada, salvo con objetivos tácticos a corto plazo, a menos que se ofrezca al pueblo palestino significativos beneficios políticos, más allá de la paralizaciòn de los asentamientos. Esto significa: comienzo de verdaderas negociaciones, que conduzcan a la creación del Estado de Palestina en Cisjordania y la Franja de Gaza; soberanía sobre Jerusalén Este; evacuación de los asentamientos; y una solución razonable al problema de los refugiados. Pero a Sharon no se le pasan tales cosas por la cabeza.

En ausencia de esa esperanza ("la luz al final del túnel"), una gran mayoría de la opinión pública palestina apoyará la continuación de la Intifada, incluyendo los ataques dentro de Israel, aún cuando el precio sea casi insufrible. Ningún líder palestino será capaz de ignorar esta disposición pública, que también alentará la acción de las organizaciones extremistas con el fin de obtener apoyos.

 
 

Alto de fuego: el lado israelí

Tampoco en el lado israelí hay mucha inclinación a mantener el alto el fuego. El actor principal sobre la escena es la enorme camarilla de oficiales de ejército, en el pasado o en el presente, que domina los principales partidos y los medios de comuniciación, y que, realmente, dirige el Estado.

Como sus colegas estadounidenses en Vietnam y los franceses en Argelia, nuestros generales no pueden aceptar el hecho de que están siendo derrotados por los despreciados "nativos", carentes de recursos y de experiencia. Esto, comprensiblemente, es insufrible para ellos. ¿Cómo pueden aceptar que Arafat dicte el curso de los acontecimientos al poderoso Israel, precisamente el mismo Arafat al que Sharon dio por "terminado" en el Líbano, y que, según el Ministro de Defensa Fuad Ben-Eliezer, sería un general fracasado y un político de tercera, que debería "abandonar el escenario de la historia".

Apenas hay un veterano oficial profesional capaz de comprender el carácter de una sublevación popular, y los generales no han sido formados por él . Su monumental falta de comprensión se manifiesta en cada una de sus declaraciones, desde el jefe del estado Mayor, Mofaz, hacia abajo. Sin comprender nada, son incapaces de diseñar una estrategia razonable y recurren a la clásica máxima israelí: si la fuerza no da resultados, usa más fuerza.

Los frustrados oficiales, dirigidos por el general Sharon, odian el alto el fuego y sólo lo reconocen de boca para fuera, pero anhelan romperlo a la primera oportunidad. Sharon quiere hacer esto de forma que pueda culpar a Arafat. Sin una razón clara y convincente, no recibiría el permiso estadounidense. Hay una extraordinaria similitud con la situación de Sharon en vísperas de la guerra del Líbano, cuando el secretario de Estado estadounidense, general Haig, dijo a Sharon que sólo permitiría la invasión del Líbano si había una clara provocación, reconocida como tal mundialmente. Unos días más tarde, hubo un atentado contra el embajador israelí en Londres, Argov, y la pelota comenzó a rodar.

Sharon y sus generales creen que la escalada ilimitada dará la victoria a Israel. Esta vez, todo estará permitido: el asesinato, arresto o destierro de Arafat; el asesinato sistemático de todos los líderes locales palestinos; el fraccionamiento de las áreas palestinas en docenas de aislotes separados; la expulsión de poblaciones; el corte de los accesos a la electricidad, al agua, a los alimentos y a las medicinas; el bombardeo por tierra, mar y aire; y, en definitiva, otros muchos métodos "creativos".

El problema es que todos estos métodos, sin excepción, han sido ya utilizados por los generales en otros países, y todos han fracasado. Los resultados han sido siempre los contrarios de los buscados. El pueblo oprimido se ha consolidado, la resistencia se ha fortalecido y sus métodos se han refinado. Y quienes han utilizado esos métodos han perdido el apoyo de la opinión pública mundial y han fracasado. Da la impresión de que no hay solución para este drama.

La única alternativa es un cambio en la opinión pública israelí, el cese la la lucha violenta y de la actividad colonizadora, y unas serias y rápidas negociaciones para poner fin a la ocupación y aceptar una solución política, cuyos elementos son ya bien conocidos. Finalmente, esto sucederá, pero mientras tanto pueden correr ríos de sangre.

16 junio 2001
 
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