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Publicado en Iniciativa Socialista nº 64, primavera 2002, con autorización del autor. Antes fue publicado en La Vanguardia. Javier Bauluz es premio Pulitzer de fotografía.
Tirada en la cuneta Melia temblaba de frío mientras su marido Ngonda intentaba consolarla y darle calor. Melia era incapaz de moverse, ya no le quedaban fuerzas, el dolor y el desamparo se reflejaban en sus ojos cuando miraba a su compañero que le abrigaba el abultado vientre. Desde hacía casi siete meses en sus entrañas crecía un nuevo ser humano. Un niño que ya antes de nacer había corrido grandes aventuras. Ngonda miraba angustiado a su mujer y en francés intentaba explicar a un guardia civil que su mujer estaba embarazada y enferma, un periodista tradujo sus palabras y los guardias llamaron a una ambulancia del hospital de Fuerteventura.
En la orilla de la playa las olas balanceaban la patera de madera que había resistido la larga travesía de quince horas por un mar negro como la noche. Alrededor de Melia y Ngonda otros cuerpos parecían muñecos rotos. Tirados entre las piedras en posturas antinaturales, agotados, mojados y con hipotermia, los dieciocho viajeros tiritaban al borde del colapso. Los guardias, impotentes por falta de medios, se afanaban en descubrir a los más enfermos. Las luces de la ambulancia iluminaron intermitentemente la escena. El teniente y el conductor de la ambulancia ayudados por Ngonda levantaban a la desmadejada Melia y prácticamente en volandas la metieron en la ambulancia. Ngonda hizo el gesto de subir con su esposa, pero la puerta se cerro ante su rostro y la ambulancia arrancó ante sus atónitos ojos. Ngonda repitió en francés: "Es mi mujer". No hubo respuesta. Las luces de la ambulancia se perdieron en la noche con su hijo y su esposa. Ngonda se derrumbó. Le fallaron las piernas y se sentó desesperado al borde de la carretera. Un periodista intentó consolarle: "ya estáis a salvo": Ngonda sonrío débilmente y murmuró: "ma femme" mientras se llevaba las manos a la cabeza. Varios guardias introdujeron a Ngonda y a sus compañeros de viaje en los coches policiales y la carretera quedó desierta. Empezaba otro calvario para Melia Katay de 21 años y Ngonda Mayamona de 32.
Mientras Melia era atendida en el Hospital de Fuerteventura su marido junto a sus compañeros, pasaba del calabozo de la guardia civil al de la policía nacional. Horas más tarde eran de nuevo introducidos en la jaula de un furgón y llevados al aeropuerto. Al bajar entre uniformes azules Ngonda vio abierta una puerta verde. La cruzó y la puerta color esperanza se cerró tras sus pasos.
"Huele a cerrado, un olor especial, difícil de describir" golpea en la nariz al entrar en la sala, según Modesto López, representante del sindicato de policía UFP. Ante los ojos de Ngonda, se ofrecía un espectáculo prohibido por el Gobierno español a los periodistas y por tanto para los ojos de los ciudadanos. Cientos de hombres "sentados, tristes, sin actividad, perdidos porque no les da el sol ni el aire" en un espacio reducido de treinta por treinta metros.
Unos días antes del ingreso de Ngonda, Médicos Sin Fronteras describía la situación: "Hacinamiento, 470 personas lo cual representa una superficie aproximada de 4m2 por persona ...los colchones se encuentran sobre el suelo... por una evidente falta de espacio. Es un posible foco de enfermedades. Los casos de sarna son muy frecuentes, es muy fácil el contagio, sólo funcionan 2 duchas y 3 inodoros. En un campo de refugiados, los estándares mínimos recomiendan 1 letrina por cada 25 personas. En ningún momento les está permitido acceder a algún espacio al aire libre y pasan en este internamiento hasta 40 días sin haber visto prácticamente el so"l.
Mientras, el actual presidente de Europa y España, José María Aznar declaraba en el Congreso que los centros de Fuerteventura y Lanzarote estaban habilitados para 634 personas y el ministro del Interior, Mariano Rajoy señalaba que los inmigrantes recibían el "trato idóneo".
Ngonda caminó entre los colchones tirados en el suelo y el olor producido por el sudor, el hacinamiento y la falta de ventilación. Posiblemente se sentó y pensó en Melia, su hijo y su futuro.
Poco antes, la prestigiosa organización internacional de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch con base en Nueva York, denunciaba "la violación de los derechos de más de quinientos inmigrantes detenidos en una superficie que, según la Cruz Roja española, sería sólo válida para unas cincuenta personas. Allí se aísla a los detenidos del resto del mundo, ya que no hay teléfonos y están prohibidas las visitas. Los detenidos no pueden salir nunca de los edificios. Tampoco pueden hacer ejercicio y no disfrutan de aire fresco ni de la luz del sol. El estado de los servicios de atención sanitaria y las condiciones higiénicas son también de lo más preocupante, especialmente después de que los médicos voluntarios (de Cruz Roja) han dejado de trabajar allí en protesta contra las condiciones de detención".
El delegado del Gobierno para la Inmigración, Fernández Miranda, calificaba de "desenfocado e inexacto" el informe de Human Rigths Watch. Media hora después Mª Luisa Cava, adjunta del Defensor del Pueblo, tras visitar la terminal calificaba de "deplorables, inconcebibles e insuficientes" las condiciones del centro donde "apenas cuentan con asistencia médica".
En el exterior de la puerta verde los periodistas se manifiestan con los ojos vendados y una pancarta con el lema "¿Qué ocultan?" denunciando en un manifiesto firmado por más de doscientos profesionales, el "trato denigrante a los inmigrantes " y la "violación del derecho a la información" al no permitir la entrada a la prensa.
El Foro de Fuerteventura bautiza el centro como "Centro Idóneo Guantánamo 2" y se manifiesta frente a la puerta verde con pancartas que luego trasladan a las playas donde entregan a los turistas extranjeros copias del informe de Human Rights Watch.
Médicos sin Fronteras se ofrece para atender médicamente a los inmigrantes que carecen de atención sanitaria adecuada y el delegado del Gobierno les acusa de "ánimo de notoriedad" y "espionaje" por dar a la prensa las únicas imágenes tomadas en el interior del centro. Ágüeda Montelongo, diputada del PP en la isla califica de "campañitas" las protestas. El PSOE dice que "se desprecian los derechos de los inmigrantes" y el consejero de Asuntos Sociales canario dice que "están peor que animales".
Mientras tanto, Melia en la casa de acogida de Cruz Roja relataba las razones de su viaje hacia el paraíso europeo: "Por el sufrimiento" repetía. Viajaron desde Kinsahsa, en el Congo hasta Brazzaville y luego en un pesquero hasta Camerún; desde allí hasta Costa de Marfil y finalmente hasta Marruecos donde subieron una noche a la patera que les llevaría hasta Fuerteventura.
Melia está angustiada y sus ojos miran constantemente al infinito con cara de tristeza absoluta. Apenas habla y no reacciona ni cuando los niños de otras inmigrantes del centro corretean y juegan a su alrededor. Lo único que dice es "Quiero estar con mi marido, libres para trabajar para mi hijo".
Gerardo Mesa, delegado de Cruz Roja en la isla, quien calificó la terminal como un "desván para los trastos", pide oficialmente la reagrupación familiar de Melia y Ngonda. El delegado del Gobierno en Canarias, Sr. López, exige un certificado de matrimonio. Es inútil la petición de humanidad. Tras varios días de angustia Melia consigue visitar a su marido. Su cara se alegra e incluso es capaz de ponerse guapa y pintarse los ojos para ir a verlo.
Nerviosa y acompañada por Ana, voluntaria de Cruz Roja, se presenta delante de la puerta verde. Un policía le niega el paso por carecer de autorización escrita. Melia se dobla junto a un coche de policía y se echa las manos a la cabeza. Al día siguiente consigue ver a su Ngonda que "está bien, aunque come mal y frío y está preocupado por mí y el bebé".
Con sus derechos jurídicos y de defensa, a Ngonda posiblemente le ocurra lo que han denunciado en otro informe conjunto Amnistía Internacional, Cruz Roja Española, Médicos Sin Fronteras, CEAR, SOS Racismo y ATIME: "los detenidos no pueden recibir ni hacer llamadas telefónicas, no pueden recibir cartas, no existen horarios para recibir visitas de familiares. Tampoco pueden comunicarse con sus familias para decirles dónde se encuentran, ni pueden contactar directamente por teléfono con su abogado. Son habituales las llamadas "asistencias letradas colectivas", un abogado de oficio firma varios formularios de asistencia letrada sin entrevistarse con sus defendidos. "No se permite la entrada a abogados de Ongs. Habitualmente no hay intérpretes…tienen que firmar la notificación del documento de internamiento en castellano y sin que se les explique el contenido... tampoco reciben información sobre la posibilidad de solicitar asilo político". Dichas organizaciones exigen el cierre inmediato del aeropuerto y protección y defensa jurídica de los inmigrantes.
Melia se queda sorprendida cuando se le explica que a los inmigrantes que llegan en patera a Tarifa se les da orden de expulsión y se les deja en libertad a las veinticuatro horas, y no están encerrados cuarenta días. "¿Por qué distinta ley en el mismo país?" pregunta.
Dentro de cuarenta días Ngonda saldrá libre
al no poder ser expulsado por ser de Congo. "¿Por qué nos
castigan si lo van a liberar?" dice Melia acariciándose el vientre
del que saldrá su hijo, tal vez antes de que su padre cruce la puerta
verde.
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