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El Protocolo no obliga en una primera fase a los países en desarrollo, dadas sus reducidas emisiones por habitante. Los países industrializados, con el 20% de la población mundial, son responsables de más del 60% de las emisiones actuales, y de la práctica totalidad de las emisiones históricas, y a pesar de estos hechos incuestionables, EE UU pretende condicionar la ratificación del Protocolo a la asunción de compromisos por parte de China (el segundo emisor mundial) y otros países en desarrollo, contradiciendo el llamado Mandato de Berlín, alcanzado en la COP1 en 1995.
El Protocolo de Kioto ha sido firmado por cerca de 100 partes, aunque
aún no lo han ratificado suficientes países industrializados,
y es un paso totalmente insuficiente para evitar el cambio climático
aún en el caso de aplicarse de forma estricta, pero incluso este
mínimo compromiso se ve amenazado por los "detalles" de la aplicación
y el desarrollo de algunos instrumentos del protocolo, como el mecanismo
de desarrollo limpio (CDM) de cooperación de los países industrializados
con los países en desarrollo (artículo 12 del Protocolo),
los sumideros (art. 3.3, 3.4 y 3.7), el intercambio de emisiones, las iniciativas
de aplicación conjunta (Joint Implementation) entre países
industrializados (art. 17) y el cumplimiento y las sanciones en caso de
incumplimiento.
¿Cómo espera cumplir el gobierno español los compromisos adquiridos con la firma del Protocolo de Kioto? ¿Qué hará para reducir las emisiones actuales (2000) a la mitad, pues ya duplican el compromiso firmado? Con el escenario actual, el gobierno incumpliría gravemente el principal protocolo para proteger el medio ambiente y el clima, pues para el periodo 2008-2012 las emisiones en España podrían ser superiores en un 60% a las del año base. ¿Qué legitimidad tiene España para pedir a los países en desarrollo que estabilicen sus emisiones de gases de invernadero, cuando éstas en la actualidad son como media inferiores en más de la mitad a las emisiones españolas? La evolución de las emisiones de gases de invernadero son el mejor indicador del compromiso de un gobierno con el medio ambiente.
Dadas las consecuencias del cambio climático en España (inundaciones y sequías, desaparición de playas, incendios forestales, perjuicios al turismo, la agricultura, la salud y a la diversidad biológica), cabría esperar una política más beligerante por parte de la Administración. Y sin embargo ésta deja traslucir una cierta indiferencia, cuando no el más trasnochado desarrollismo, reclamando el derecho a contaminar más.
Los Verdes del Mediterráneo, en la Declaración de Faro (Portugal) sobre Cambio Climático expresaron su preocupación por el rápido incremento de las emisiones de CO2 en los países mediterráneos, y señalaron que "ya se notan las consecuencias de cambio climático en el Mediterráneo, con el aumento de temperaturas, subidas del nivel del mar y más acontecimientos climáticos dramáticos, como sequías, lluvias torrenciales e inundaciones. Esta situación es especialmente grave dada la extrema vulnerabilidad de los ecosistemas mediterráneos debida a la baja tasa de renovación del suelo y del agua en gran parte de la región. Esta fragilidad es aun más pronunciada en muchas islas del mediterráneo".
El cambio climático agrava los procesos de desertificación
y erosión, la escasez de recursos hídricos debida a la deforestación,
la sobreexplotación de acuíferos y una pérdida generalizada
de biodiversidad en las zonas húmedas costeras y en los bosques.
La reducción del consumo de carne, del empleo de fertilizantes, de las fugas de metano en la minería de carbón y en la red de gasoductos, y de la cantidad de residuos, y una política forestal que reduzca la superficie afectada por incendios forestales, permitirá cumplir los objetivos de reducción de CH4 y N2O. La fabricación de nailon y la de ácido nítrico son responsables de gran parte de las emisiones antropogénicas de óxido nitroso. La eliminación de los HFC no plantea ningún problema, pues hay alternativas viables. La reducción de la generación de residuos, el reciclaje, la prohibición de la incineración y el aprovechamiento del metano de los vertederos, son algunas de las medidas de una política de residuos adaptada al cambio climático.
Residuos
Los residuos representaron el 4,9% del total de las emisiones de dióxido
de carbono (CO2) equivalente en el año 2000, con un aumento del
65% respecto al año base, en que se emitieron 11.576.560 toneladas
de dióxido de carbono (CO2) equivalente. Las emisiones de metano
son las más importantes. La reducción de la producción
de residuos, el reciclaje, la prohibición de la incineración,
el aprovechamiento de la materia orgánica para producir compost
y el aprovechamiento del metano, son algunas de las medidas de una política
de residuos adaptada al cambio climático.
El gobierno español no contempla ninguna política encaminada a traspasar mercancías de la carretera a otros modos más eficientes como el ferrocarril. Los AVE no permiten el tráfico de mercancías, y sus consumos específicos por viajero/km son muy altos, además de los grandes impactos ambientales de las infraestructuras ferroviarias de alta velocidad.
La reducción de los consumos unitarios de los vehículos, actuando sobre ellos o sobre la forma de utilizarlos, es necesario pero insuficiente. Tanto o más importante es la reorientación hacia los modos más eficientes, como el ferrocarril, el transporte público y los modos no motorizados.
La política municipal debe ir encaminada a reducir la demanda, con barrios donde viviendas, trabajo y servicios estén próximos en el espacio, aminorando la segregación espacial y social de las ciudades, y limitando el crecimiento de las grandes áreas metropolitanas, a la vez que se promueven las ciudades densas y compactas. El planeamiento urbanístico y territorial debe ir encaminado a promover la mezcla de actividades, y no la segregación, y a posibilitar la movilidad en transporte público.
Las propuestas de Los Verdes-Izquierda Verde son, en primer lugar, reducir las necesidades de transporte, que no su posibilidad, y en segundo lugar tratar de que el mayor número de desplazamientos de personas y de mercancías tenga lugar en los modos de transporte más eficientes, como es el ferrocarril para los desplazamientos interurbanos, frente a los automóviles privados y camiones. El ferrocarril debería elevar su participación, hasta alcanzar el 30% del tráfico de mercancías y el 25% de viajeros antes del año 2010. Tal participación puede alcanzarse sin grandes dificultades, pero para ello se requiere una clara voluntad política, materializada en las inversiones necesarias para mejorar el conjunto de la red, la seguridad, la gestión y los servicios, elevando las tarifas en una proporción inferior al del Índice de Precios al Consumo.
Una política decidida, clara y bien estructurada, para reducir
la necesidad de desplazarse, que no su posibilidad, y para orientar la
demanda hacia los modos más eficientes de transporte, significaría
una sensible reducción del consumo de energía, de la contaminación
atmosférica y del ruido, menor ocupación de espacio, reducción
del tiempo empleado en desplazarse, menor número de accidentes,
inversiones más reducidas en la infraestructura viaria y una mejora
general de la habitabilidad de las ciudades.
A.-Conseguir que las emisiones de CO2 del sector energético no aumenten más del 15% para el año 2010, respecto a 1990, como primer paso para una reducción ulterior del 60% en el año 2030. Tal objetivo es totalmente insuficiente, pero dado que en 2000 las emisiones habían crecido un 30%,, en la práctica supone reducir en cerca de un 15% las emisiones actuales.
B.-Cierre de las 9 centrales nucleares existentes, estableciendo planes de desarrollo económico que mantengan el empleo en las zonas en que se encuentran situadas.
C.-Aumento de la eficiencia energética, proporcionando mayores servicios con un menor consumo energético.
D.-Desarrollo de las energías renovables, especialmente la eólica y la solar directa.
E.-Mayor penetración del gas natural como energía de transición hacia un sistema basado en las energías renovables.
F.-La reconversión del sistema energético debe servir para aumentar el nivel tecnológico, la equidad y la creación del mayor número de empleos estables. Igualmente servirá para reducir el impacto ambiental. Para ello se debe acometer una reforma fiscal ecológica que grave la emisión de sustancias contaminantes y/o que contribuyen al cambio climático, y que combinen el palo (impuestos, normas) con la zanahoria (subvenciones, desgravaciones fiscales).
El fin es la elaboración de una propuesta de política
energética alternativa a la actual, creíble, posible y necesaria.
La eficiencia energética es la obtención de los mismos bienes y servicios energéticos, pero con mucha menos energía, con la misma o mayor calidad de vida, con menos contaminación, a un precio inferior al actual, alargando la vida de los recursos y con menos conflictos. Al requerirse menos inversiones en nuevas centrales y en aumento de la oferta, la eficiencia ayuda a reducir la deuda externa, el déficit público, los tipos de interés y el déficit comercial. La eficiencia energética debería incrementarse en un 2,5% anual.
Las tecnologías eficientes, desde ventanas aislantes o lámparas fluorescentes compactas a vehículos capaces de recorrer 100 kilómetros con tres o menos litros de gasolina, o la cogeneración, permiten ya hoy proporcionar los mismos servicios con la mitad del consumo energético, a un coste menor.
La cogeneración (producción simultánea de calor y electricidad), la mejora de los procesos y de los productos, el reciclaje y la reorientación de la producción hacia productos menos intensivos en energía, con mayor valor añadido, menos contaminantes, generadores de empleo y socialmente útiles, deben ser desarrollados. Las tecnologías hoy ya disponibles permitirán a la industria ahorrar entre el 10% y el 27% de su consumo actual de energía, según sectores, con una media del 16%.
Los ahorros posibles en los usos domésticos y en los servicios podrían reducir a la mitad los consumos, con medidas como el aislamiento térmico, electrodomésticos más eficientes y las lámparas fluorescentes compactas.
Para aumentar la eficiencia es necesario que los precios energéticos reflejen todos sus costes, lo que no sucede en la actualidad. La implantación de ecotasas, cuya recaudación se destine a mejorar la eficiencia y el empleo de energías renovables, es una necesidad acuciante. La imposición de un etiquetado energético obligatorio de los aparatos eléctricos, y la reforma de las normas de edificación para mejorar el aislamiento térmico, pueden reducir el consuno de energía en el sector residencial.
Los Verdes-Izquierda Verde quieren promover los programas de Gestión de la Demanda, encaminados a aumentar la eficiencia y a prestar los mismos servicios con un consumo menor, más negavatios y menos kilovatios. La Planificación Integrada de Recursos, o Planificación al Menor Coste, tiene como fin evitar el crecimiento del consumo energético al tiempo que se satisfacen los servicios que precisa la sociedad, y se debe implantar de forma real, especialmente en el sector eléctrico.
A un coste medio de 0,04céntimos de euro por kWh se puede ahorrar
hasta el 65% de la electricidad, proporcionando los mismos servicios, aunque
con equipamientos más eficientes. La electricidad debe ser utilizada
sólo en aquellas aplicaciones en las que resulta insustituible,
como la iluminación y los electrodomésticos, y en el resto
de los usos se debe emplear gas o energía solar.
El potencial de las energías renovables en España, aún
con las limitaciones actuales de tecnología y costes económicos,
es muy elevado. En el año 2010, si la Administración acometiese
una decidida política de empleo de las energías renovables,
éstas podrían llegar a proporcionar 11 Mtep. Tal cifra debería
crecer rápidamente a partir del año 2010, para alcanzar las
14,5 Mtep en el año 2020.
El colector solar plano, utilizado desde principios de siglo para calentar el agua hasta temperaturas de 80 grados centígrados, es la aplicación más común de la energía térmica del sol. Países como Japón, Israel, Chipre o Grecia han instalado varios millones de unidades, si bien el momento actual de bajos precios relativos de la energía no es precisamente el más favorable.
Cada metro cuadrado de colector puede producir anualmente una cantidad de energía equivalente a cien kilogramos de petróleo. Las aplicaciones más extendidas son la generación de agua caliente para hogares, piscinas, hospitales, hoteles y procesos industriales, y la calefacción, empleos en los que se requiere calor a bajas temperaturas y que pueden llegar a representar más de una décima parte del consumo. A diferencia de las tecnologías convencionales para calentar el agua, las inversiones iniciales son elevadas y requieren un periodo de amortización comprendido entre 5 y 7 años, si bien, como es fácil deducir, el combustible es gratuito y los gastos de mantenimiento son bajos.
Un objetivo voluntarista, pero posible de alcanzar, sería tener instalados para el año 2010 un total de 5 millones de m2 de colectores solares. Tal cifra permitiría ahorrar 340 ktep de otros combustibles.
La demanda potencialmente atendible con colectores solares planos asciende
a 6,1 Mtep, aunque el objetivo propuesto sólo aspira a cubrir el
5,6 % del consumo español de energía para bajas temperaturas.
Alcanzar tal cifra implica un apoyo decidido de todas las administraciones,
y la obligación de instalar colectores solares planos en las viviendas
de nueva construcción, con el fin de cubrir entre el 50 y el 75
% de las necesidades de ACS en las nuevas viviendas. Los municipios deben
dictar normas para instalar colectores solares en las viviendas de nueva
construcción, siguiendo el ejemplo del ayuntamiento de Barcelona.
La superficie ocupada no plantea problemas. En el área mediterránea se podrían producir 90 millones de kWh anuales por kilómetro cuadrado de superficie cubierta de células fotovoltaicas, y antes del año 2010, con los rendimientos previstos, se alcanzarán los 150 millones de kWh por km2. Un país como España podría resolver todas sus necesidades de electricidad con apenas 1.100 km2, el 0,22% de su territorio. Todas las necesidades energéticas mundiales se podrían cubrir ocupando sólo unos 300.000 km2 con células fotovoltaicas. Por lo que se refiere al almacenamiento, la producción de hidrógeno por electrólisis y su posterior empleo para producir electricidad u otros usos utilizando pilas de combustible, puede ser una óptima solución.
Para el año 2010 se podrían llegar a alcanzar los 167
MWp, cifra importante si se comparan con los 8,7 megavatios de 1998, pero
no descabellada, dadas las claras perspectivas que se abren con las nuevas
tecnologías. Tal cifra irá destinada a la electrificación
rural, a señalización y comunicación, y a los usos
agrícolas y ganaderos, aunque deberían igualmente instalarse
algunas centrales destinadas al suministro a la red, y varios miles de
tejados solares. En España, con una radiación solar diaria
superior en la casi totalidad del territorio a 4 kWh por metro cuadrado,
el potencial es inmenso. Sólo en los tejados de las viviendas españolas
se podrían producir anualmente 180 TWh. Los ayuntamientos deben
promover programas de tejados solares en viviendas e instalaciones municipales.
En España el potencial adicional técnicamente desarrollable podría duplicar la producción actual, alcanzando los 65 TWh anuales, aunque los costes ambientales y sociales serían desproporcionados. Las minicentrales hidroeléctricas causan menos daños que los grandes proyectos, y podrían proporcionar electricidad a amplias zonas que carecen de ella.
Los Verdes-Izquierda Verde no consideran adecuado la construcción
de ninguna nueva gran central, centrando los esfuerzos en la rehabilitación
de las minicentrales cerradas, mejora de las existentes y aprovechamiento
hidroeléctrico de los embalses que carecen de él. Tales acciones
permitirían incrementar la producción anual en 3 ó
4 TWh, sin ningún impacto ambiental adicional, hasta alcanzar los
35 TWh en un año medio (ni muy seco ni especialmente lluvioso).
La potencia que se puede obtener con un generador eólico es proporcional al cubo de la velocidad del viento; al duplicarse la velocidad del viento la potencia se multiplica por ocho, y de ahí que la velocidad media del viento sea un factor determinante a la hora de analizar la posible viabilidad de un sistema eólico. La energía eólica es un recurso muy variable, tanto en el tiempo como en el lugar, pudiendo cambiar mucho en distancias muy reducidas. En general, las zonas costeras y las cumbres de las montañas son las más favorables y mejor dotadas para el aprovechamiento del viento con fines energéticos.
La conversión de la energía del viento en electricidad se realiza por medio de aerogeneradores, con tamaños que abarcan desde algunos vatios hasta los 4.000 kilovatios (4 MW). Los aerogeneradores se han desarrollado intensamente desde la crisis del petróleo en 1973, habiéndose construido desde entonces más de 100.000 máquinas. En el 2001 la capacidad mundial instalada superó los 22.000 MW.
En el año 2000 ya es competitiva la producción de electricidad con generadores eólicos de tamaño medio (de 850 a 1.500 kW) y en lugares donde la velocidad media del viento supera los 5 metros por segundo. Se espera que dentro de unos pocos años también las máquinas grandes (de más de 2 MW) lleguen a ser rentables. La energía eólica no contamina y su impacto ambiental es muy pequeño comparado con otras fuentes energéticas. De ahí la necesidad de acelerar su implantación en todas las localizaciones favorables, aunque procurando reducir las posibles repercusiones negativas, especialmente en las aves, en algunas localizaciones. Las mejores zonas eólicas en España son las siguientes: Islas Canarias, Zona del Estrecho, costa Gallega, valle del Ebro y La Mancha, aunque se requieren estudios de recursos a escala local para detectar las mejores localizaciones. En España se instalaron 755 MW en 2001, y que convierte a nuestro país, con 3.019 MW, en el tercero del mundo, sólo superado por Alemania y EE UU.
El impacto sobre las aves es mínimo, en el paisaje depende de las percepciones y otros pequeños impactos (desmontes, accesos, tendidos, subestaciones) se pueden reducir cuando se hacen las cosas bien. En cualquier caso la eólica es la forma de producir electricidad menos mala en términos ambientales.
La energía eólica es una alternativa clara al cambio climático, a las lluvias ácidas, a los residuos radiactivos y a la pérdida de diversidad biológica, es ya competitiva y podría aportar 10.000 megavatios en España para el año 2005, según la Asociación de Pequeños Productores y Autogeneradores de Electricidad con Fuentes de Energía Renovables (APPA). Instalar tal potencia requerirá unas inversiones de 1,26 billones de pesetas, supondrá la creación de 9.000 empleos fijos en la producción de aerogeneradores y 3.600 en la explotación.
Navarra prevé en el horizonte del año 2010 cubrir el 45 por ciento de su demanda eléctrica con la instalación de 577 megavatios eólicos que producirán anualmente 1.300 GWh. La experiencia navarra es importante por muchas razones. En primer lugar porque demuestra que el potencial eólica es mucho mayor del estimado oficialmente; de hecho, tanto el Atlas Eólico Español como el Atlas Eólico Europeo no incluían a Navarra como zona potencialmente viable para la producción eólica. En segundo lugar Navarra es un claro ejemplo de que, cuando hay voluntad política, las energías renovables pueden desarrollarse de forma competitiva, creando empleo y sin dañar apenas al medio ambiente.
Cuando se aborda el impacto ambiental de una fuente de energía ha de estudiarse el ciclo completo y analizar todas las repercusiones. Entre todas las fuentes energéticas, la eólica, junto con la solar directa, es la menos dañina para el medio ambiente. Los impactos sobre el paisaje y la avifauna son pequeños. Los grupos conservacionistas, que con tan buena voluntad critican el desarrollo de la eólica, harían bien en destinar sus esfuerzos a otros enemigos infinitamente más dañinos para el medio ambiente.
La colisión de algún ave contra un aerogenerador, no es nada comparada con los afectos de las lluvias ácidas y el cambio climático en la avifauna, por no hablar de otras especies y los propios seres humanos, efectos que la eólica ayuda a mitigar. El California, donde existen 7.300 aerogeneradores, sólo se registra la muerte de un ave por molino cada 26 años. La mortandad mayor en Tarifa se debió a que un parque estaba situado junto a un vertedero, y en menor medida al paso de aves migratorias. Las aves se acostumbran rápidamente a los aerogeneradores, y hasta las aves migratorias desvían su trayectoria. En cuanto al paisaje, depende de gustos, igual que con los molinos de La Mancha o de Holanda.
Pero es que además la eólica se está desarrollando con un respeto para el medio ambiente que nunca se ha dado con otras fuentes de energía. En Navarra, de los 72 emplazamientos posibles, se han desechado 50 por razones medioambientales, de forma que la actual propuesta sólo contempla la implantación de 18 parques, quedando 4 en reserva. En los parques eólicos se utilizan al máximo los accesos y las infraestructuras existentes, se evitan afecciones a la vegetación, se restaura la vegetación y se cierran los caminos de acceso a vehículos de motor, entre otras muchas actuaciones. La eólica apenas ocupa suelo (la ocupación real es de sólo el 1 por ciento de la superficie del parque), es compatible con otros usos y es una instalación reversible, que tras su clausura devuelve al terreno su apariencia original.
Como recuerda la EWEA instalar 100.000 MW en Europa ocuparía sólo un área de 8.000 km2, y el 99 por ciento de esta superficie seguiría disponible para pastos o la agricultura. Los 10.000 MW propuestos sólo ocuparían realmente 80 km2, menos del 3 por ciento del área ocupada hoy de forma irreversible por los embalses (3.000 kilómetros cuadrados sólo en España).
La reducción del impacto ambiental del sector energético se logra de varias maneras. En primer lugar reduciendo el despilfarro y el consumismo, adoptando un modelo menos intensivo en energía. En segundo lugar aumentando la eficiencia y el ahorro energético. En tercero abandonando y clausurando las centrales nucleares, sin lugar a dudas la peor de todas las fuentes energéticas. En cuarto limitando, en este orden, la aportación del carbón, el petróleo y el gas natural, causa del cambio climático. En quinto, frenando la construcción de grandes embalses para producir electricidad, y los proyectos de monocultivos energéticos, que pueden tener graves repercusiones en la diversidad biológica, clausurando las plantas de incineración de residuos. Y en sexto, desarrollando la eólica, la geotérmica y todos los usos directos de la energía solar, como la fotovoltaica y la solar térmica, con el debido cuidado ambiental. La eólica es parte de la solución, no del problema.
En el año 2010 sería factible producir en España
24 TWh, y en el año 2020 se podrían alcanzar los 45 TWh.
La meta a alcanzar es instalar 20.000 MW eólicos en el año
2020, aunque muy probablemente esta cifra se alcance antes del 2010, dado
el fuerte desarrollo actual.
La explotación comercial de la geotermia, al margen de los tradicionales usos termales, comenzó a finales del siglo XIX en Lardarello (Italia), con la producción de electricidad. Hoy son ya 22 los países que generan electricidad a partir de la geotermia, con una capacidad instalada de 8.000 MW, equivalentes a ocho centrales nucleares de tamaño grande. Estados Unidos, Filipinas, México, Italia y Japón, en este orden, son los países con mayor producción geotérmica.
Actualmente, una profundidad de perforación de 3.000 metros constituye el máximo económicamente viable; otra de las limitaciones de la geotermia es que las aplicaciones de ésta, electricidad o calor para calefacciones e invernaderos, deben encontrarse en las proximidades del yacimiento en explotación. La geotermia puede llegar a causar algún deterioro al ambiente, aunque la reinyección del agua empleada en la generación de electricidad minimiza los posibles riesgos. Los países con mayores recursos, en orden de importancia, son China, Estados Unidos, Canadá, Indonesia, Perú y México.
El potencial geotérmico español es de 600 ktep anuales,
según una estimación muy conservadora del Instituto Geológico
y Minero de España. Para el año 2010 se pretende llegar a
las 10 ktep. Los usos serían calefacción, agua caliente sanitaria
e invernaderos, no contemplándose la producción de electricidad.
Aquellos municipios con recursos geotérmicos deben promover su uso
para calefacción, agua caliente sanitaria y calor a bajas temperaturas
para invernaderos y usos industriales.
La combustión de la biomasa es contaminante. En el caso de la incineración de basuras, tal y como se viene haciendo con los residuos urbanos en la mayoría de las ciudades europeas y norteamericanas, la combustión emite a la atmósfera contaminantes, algunos de ellos cancerígenos, como las dioxinas. El reciclaje y la reutilización de los residuos permitirá mejorar el medio ambiente, ahorrando importantes cantidades de energía y de materias primas, a la vez que se trata de suprimir la generación de residuos tóxicos y de reducir los envases.
En España actualmente el potencial energético de la biomasa asciende a 37 Mtep, pero tal cifra incluye 19,6 Mtep de cultivos energéticos y 13,8 Mtep de residuos forestales y agrícolas. La producción de biocombustibles y un uso energético excesivo de los residuos forestales y agrícolas no es deseable, dadas sus repercusiones sobre la diversidad biológica, los suelos y el ciclo hidrológico, sin olvidar que lo más importante es producir alimentos, y no biocombustibles para los automóviles privados.
Las estadísticas oficiales sobre el consumo de biomasa no reflejan
las cifras reales, muy inferiores a las publicadas por el IDAE. El objetivo
de alcanzar las 5,4 Mtep en el 2010 en la práctica supone duplicar
el consumo oficial de biomasa. La obtención de biogás en
digestores a partir de residuos ganaderos reducirá las emisiones
de metano, y debe ser promocionada, con el fin de reducir la contaminación,
obtener fertilizantes y producir energía.
El hidrógeno servirá para almacenar la energía solar y eólica cuando no haya sol o no sople el viento, y alimentará a las pilas de combustible hoy en desarrollo, y que en un futuro no muy lejano puede llegar a ser una importante fuente de producción descentralizada de electricidad a pequeña escala, sin apenas impactos ambientales. Las pilas de combustible también sustituirán a los motores de combustión interna de los automóviles.
*Para más información contactar con:
Los Verdes-Izquierda Verde
C/. Hermosilla 93, 1º Izq. 28001 Madrid Tel 915773376-650949021
Email: verdes.izquierdaverde@nodo50.org
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