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En un contexto donde múltiples actores de alto perfil compiten desde hace décadas por imponer un veto definitivo sobre las posibilidades de actuación del otro, se destaca un crecimiento económico sostenido que perduró durante 40 años. Pareciera ser que la "violencia" fuera un requisito sine qua non para la acumulación capitalista colombiana y que este crecimiento no podría explicarse sin aquella "eliminación física del adversario".
El Plan Colombia aparece justamente cuando esta dicotomía clásica del sistema capitalista colombiano deja de funcionar. El crecimiento negativo del PBI en 1999, con una caída del 5%, desata e independiza los componentes de una estructura que había garantizado durante todo el siglo XX las "ganancias a sangre y fuego". La "violencia" se independiza del desarrollo capitalista. Este proceso se inicia en 1991, cuando se implementan las medidas de adecuación de la economía colombiana a los estándares mundiales. La crisis de "disfuncionalidad" entre violencia y economía explota en 1999. Por lo tanto el Plan Colombia, a pesar de los motivos específicos con que avala su anuncio e implementación, es ante todo un intento de reconversión absoluta del sistema capitalista colombiano. Todos los componentes de la realidad colombiana encuentran en esta adecuación la razón última que explica las fuertes presiones que sobre ellos se ejerce: la reforma política a partir de la Constitución de 1991, la profundización de las reformas económicas, la reforma al Código de Justicia militar, la reivindicación de los derechos humanos, la lucha contra el narcotráfico y finalmente la eliminación de la guerrilla, con acuerdo de paz o no.
En esta tarea el Estado colombiano intenta recuperar energías y establecerse por encima de todos los actores para convertirse en el único interlocutor con capacidad de cortar el ingreso de demandas de los grupos en armas. De este modo un sistema de vetos paralelos entre fuerzas armadas ilegales (guerrilla-paramilitares-narcotráfico) es sustituido por un sistema de veto vertical ejercido por el Estado e instrumentado por las Fuerzas Armadas legales.
Es en este terreno donde deberá medirse finalmente el éxito del Plan Colombia. El Estado deberá recuperar soberanía en todo su territorio a fin de poder justificar la cesión de soberanía que implica su alianza estratégica con Estados Unidos. La burguesía colombiana intenta entonces "colonizar" todo el país a fin de ejercer control sobre los recursos disponibles en él, no como propietario último de ellos, sino como intermediario calificado de las masivas inversiones extranjeras que están por llegar, una vez que esta política de "tierra arrasada" haya dejado el terreno virgen. Estas inversiones no llegarán si el control territorial y la explotación económica sigue en discusión en manos de guardianes armados.
En el caso del Plan Colombia la tradicional cesión de soberanía que implica la adhesión de los países a las reglas transnacionales de comercio e inversiones en que se desenvuelve la economía mundial está magnificada por el excluyente componente militar del Plan. La presencia de asesores, aviadores, helicópteros, inteligencia e intervención directa de los militares norteamericanos en la ejecución del Plan Colombia es un "valor agregado" que sólo dosifica en el tiempo las políticas de intervención características de la guerra fría. La delgada línea que separa la participación encubierta de la intervención directa puede esfumarse con un certero disparo que obligue a los norteamericanos a entrar en combate.
El escaso nivel de conocimiento de los norteamericanos sobre Colombia se refleja en los numerosos artículos que hablan de 40 años de guerra civil. En realidad, la primera gran guerra civil que definiría las subsiguientes surgió entre los liberales y los conservadores en 1840, 21 años después que Bolívar había logrado independizar a Colombia de España. Estas guerras nunca terminaron y un momento clave fueron los disturbios salvajes en Bogotá, en 1948. El "bogotazo" fue un pico elevado en la vieja meseta de violencia colombiana pero no tuvo la entidad suficiente como para configurar un inicio. Es el momento culminante de un largo proceso con hondas raíces geográficas, culturales, sociales, económicas y políticas.
La población colombiana se reparte en una geografía tropical y montañosa. La cordillera se divide en tres al llegar a Colombia, generando gran cantidad de climas y terrenos, haciendo las delicias de las organizaciones guerrilleras y el dolor del Ejército. Esta conformación creó zonas geográficas bastante autónomas, separadas las unas de las otras por días, semanas o meses de caminos montañosos. Por ello, desde el siglo pasado, el país se desarrolló en cuatro grandes regiones: el Litoral Atlántico, el Alto Magdalena o la Cordillera oriental, el Valle del Cauca y Antioquía.
Los choques entre las distintas zonas por dominar el país provocaron infinidad de guerras civiles que signaron la historia del país desde la independencia (1), a lo que se agregó la guerra civil entre liberales y conservadores en 1840. Estas guerras continuaron hasta 1902 (2), impidiendo el desarrollo económico nacional y generando mucha pobreza. Pero la paz no alumbró con la llegada del nuevo siglo. La guerra con España hizo descubrir a Estados Unidos que el Caribe y el Pacífico (3) eran una buena opción. Muy cerca de los inicios del corolario Roosevelt, la creación del estado panameño y la construcción del canal de comunicación bioceánico ayudaron a esos fines. Nació así un estado artificial, escindido de Colombia, y un nuevo foco de conflictos por la búsqueda de la efectiva independencia del nuevo Estado, un hecho que recién se concretaría en los Tratados Torrijos-Carter de 1977 y la reversión (4) de 1999.
El conflicto entre liberales y conservadores, que había ensangrentado
de guerras civiles todo el siglo XIX colombiano continuó con algunas
interrupciones hasta 1958, cuando termina la "violencia" y se organiza
el Frente Liberal, que permitiría una alternancia ordenada en el
poder entre ambos partidos. Pero para ese entonces los grandes grupos guerrilleros
del presente estaban a punto de surgir.
Colaboró en la perpetuación de la memoria de la Violencia el hecho de que, cuando finalizó el episodio, ni los gobernantes ni las otras elites sociales hayan hecho la menor tentativa de dar cuenta de lo sucedido y de sus responsabilidades. Ningún tribunal se constituyó para juzgar a quienes iniciaron la Violencia: las clases populares fueron las únicas enjuiciadas.
Hubo unanimidad entre las elites socio-políticas
para acusarlas por su falta de educación, su barbarie, etc. Así,
las víctimas tuvieron que asumir toda la responsabilidad por la
tragedia que vivieron. No pudieron insertar su experiencia personal en
una narración colectiva que hiciera acceder a la Violencia al status
de drama colectivo y socialmente reconocido.
En Colombia no existe una democracia política real que garantice la vida de los opositores y de los que tengan un discurso anticapitalista. Todos aquellos que discrepan con el pensamiento dominante son eliminados, pues su sola existencia incomoda a las clases hegemónicas, cuya cultura política se caracteriza por la intolerancia y por la eliminación física del adversario. En nuestros días esta lógica se mantiene como en la guerra fría, claramente anticomunista. La acción contrainsurgente y la persecución de la izquierda se mantiene en los mismos términos de hace una década.
La ciudadanía implica ante todo el sentimiento de pertenecer a un conjunto social concreto y de beneficiarse de las garantías que ofrecen las instituciones.
Tanto lo uno como lo otro son escasos en muchas regiones.
El "sentimiento comunitario" es débil no tanto por la heterogeneidad
de las poblaciones como por las presiones ejercidas por las redes políticas.
En cuanto a las instituciones, su presencia sólo puede medirse por
las ocasionales inversiones realizadas por el Estado. Pero tal presencia
se define también en el plano simbólico y en la realidad
suelen estar ausentes los actores capaces de dar sustento a cualquier proceso
de institucionalización simbólica. Los jueces, los policías,
los alcaldes y los consejeros municipales se vuelven partícipes
de las interacciones que van definiendo las reglas de hecho de los juegos
locales. Tienen que formar parte de las redes organizacionales prevalecientes,
luchar por la apropiación del poder y negociar con los protagonistas
de la violencia.
El repentino (y desordenado) "interés" de Estados Unidos por Sudamérica encontró en Colombia una excusa para desbordarse, intentando controlar una situación que "se le había ido de las manos". Y dentro de Colombia enarboló al narcotráfico como el ariete para la penetración.
Pero al no colocar a la política como principio de organización del conflicto social y por lo tanto al carecer de un análisis complejo de la situación (6), el Plan Colombia amenaza con desmoronarse antes de comenzar a ser seriamente implementado. Presionado por los intereses económicos, Estados Unidos no encuentra mecanismos para crear una nueva asociación con los países sudamericanos, volcándose ineludiblemente hacia una simplificación rayana con la ignorancia. De repente se encuentra con una multitud de problemas mal estudiados.
- Empieza a encontrar en Brasil un enemigo, cosa que no es. Cree ver en Venezuela un Estado disidente, cosa que tampoco es. Dice ver en Colombia un narco Estado pero militariza la vida rural, quiere estabilizar Perú pero desestabiliza la "autonomía" de Fujimori, quiere erradicar la coca en Bolivia, pero genera autodefensas campesinas, sostiene el ajuste económico pero no puede impedir el desajuste político y social, aplaude los esfuerzos de paz pero empuja a las FARC hacia la guerra.
- Afirma que Colombia no es Vietnam pero sus principales asesores son veteranos de esa guerra, dice respetar los derechos humanos pero pide un "waiver" para Colombia, sostiene que el plan es colombiano pero lo elabora como parte del interés nacional norteamericano, fortalece la seguridad pero debilita la legitimidad, denuncia a las organizaciones terroristas pero los paramilitares no están en su lista, dice defender la democracia pero le preocupa sobre todo el petróleo, la tierra, los ríos y la biodiversidad, protege el libre comercio y las ventajas comparativas pero ataca a los campesinos cuando éstos los utilizan en su provecho, proyecta un desarrollo sustentable pero está por hacer desaparecer la Amazonia.
- Dice que la ayuda militar es contra el narcotráfico pero es contra la guerrilla, envía helicópteros artillados pero dice que no podrán atacar, los militares norteamericanos entrenan a los batallones de elite colombianos pero al mismo tiempo preparan un plan de retirada, afirma que la guerra no se extenderá pero instala bases en toda la región, implementa el Plan Colombia pero no encuentra financiación, quiere crear una Fuerza multilateral de intervención pero nadie lo apoya.
- Explica que el narcotráfico colombiano es una amenaza para Estados Unidos pero el 75% de la marihuana que se consume en Estados Unidos se produce en su propio territorio, supuestamente quiere combatir a los paramilitares pero las armas de éstos provienen de Florida, anuncia la destrucción del narcotráfico pero planea construir un canal interoceánico que conecta los puertos de salida de la droga, afirma que ya no hay carteles en Colombia pero los carteles están en Méjico y Estados Unidos.
- El hongo fusarium fue rechazado en Florida pero se usará en Colombia, el gobierno colombiano no tiene vinculaciones con el narcotráfico pero el responsable antinarcóticos norteamericano en Colombia está procesado porque su esposa traficaba cocaína, dice que las FARC son una narcoguerrilla pero el narcotraficante inventor del término fue un embajador norteamericano, niega la intervención norteamericana pero sus helicópteros rescatan militares que luchan contra la guerrilla.
El gobierno colombiano, jaqueado por el desastre económico, la derrota electoral de octubre y la oposición liberal, es el único sostén firme con que cuenta Estados Unidos en el Plan Colombia. Pero la militarización de la política que implementa Colombia también tiene sus contradicciones y debilidades:
- Pastrana sostiene los diálogos de paz pero amenaza con suspender el status de desmilitarización de la zona de despeje (7), discute con las FARC un proyecto de Plan pero firma otro texto con Estados Unidos, evalúa los proyectos guerrilleros de erradicación de la droga pero fumiga los cultivos, acepta las presiones del Congreso norteamericano sobre los derechos humanos pero no cumple sus exigencias.
- Los militares se equipan con ayuda norteamericana pero siguen acumulando derrotas, denuncian la debilidad del gobierno frente a la guerrilla pero tienen pedidos de juicio por violaciones a los derechos humanos, dicen defender su honor pero rehúyen a los tribunales.
Las FARC también acumulan serias contradicciones:
- Mientras dictan los decretos 001, 002 y 003 (8) privilegian la instauración de un modelo capitalista al estilo nórdico.
- Cuando el gobierno y los paramilitares atacan al ELN se trenzan en guerra contra éstos por el control del territorio.
- Mientras se lanza un paro general contra el gobierno de Pastrana las FARC no pueden insertarse en los medios sindicales y urbanos.
- Cuando efectúan un paro armado prolongado en el Putumayo, no establecen una política de propaganda para captar a la población urbana que se moviliza en protesta.
- En todo el transcurso del conflicto no buscan unificarse con los otros grupos guerrilleros.
- Mientras denuncian a Estados Unidos depositan excesiva confianza en la Unión Europea.
Mientras las contradicciones de Estados Unidos y Colombia son características de una lógica de discurso que crea un marco moral para la cruzada belicista, en las FARC se ve una lógica de "radicalización empírica". Los dos primeros se dirigen, aunque torpemente, hacia donde quieren. Las FARC están siendo obligadas, por la presión externa, a dirigirse hacia una guerra que no quieren.
Obligar a las FARC a transformar una guerra campesina en una guerra antiimperialista (9) es el principal error del Plan Colombia, incluso en el marco de un análisis estrictamente militar (10).
Algunos autores sostienen que la política de Estados Unidos es librar una guerra de extenuación para obligar a las FARC a sentarse a la mesa de negociaciones totalmente desarmados. La paz resultante reproduciría el esquema centroamericano (11) y nacería "la paz de los cementerios". Se aplicaría entonces la lógica de la guerra civil, moderna y absoluta, porque alguno de los que la libran deberá desaparecer, ya que ambos pretenden el mismo territorio. La paz sería la salida de emergencia para unas fuerzas guerrilleras claramente derrotadas en un esquema que resolvería la dialéctica paz-guerra mediante una paz condicionada por el vencedor en la guerra.
Este análisis, teóricamente correcto, no es apto para Colombia. Las FARC se encuentran militarmente cómodas en sus bases, siguen asestando costosas pérdidas al Ejército y demuestran su perfecta adaptación al terreno. La presión externa de Estados Unidos se traduce en una presión sobre los campesinos que aceptan la militarización del conflicto e impulsan la "radicalización empírica" de la guerrilla. En este marco de fortaleza militar y debilidad política de las FARC el error de Estados Unidos consiste en no ver que la mejor manera de evitar la guerra es concretar la paz. Se obtendría una victoria política sin necesidad de probar una victoria militar aunque el proceso sería largo y complejo, privilegiando la legitimidad democrática sobre la seguridad y la estabilidad (12). Pastrana parecía sinceramente interesado en esta posibilidad pero el Plan Colombia modificó abruptamente el escenario.
Ninguna alquimia política es nueva en Colombia. Basados en las contradicciones políticas de las FARC se podría suponer que, sorpresivamente, aceptarían negociar una paz donde obtuvieran algunas garantías generales sobre su seguridad sin modificar el capitalismo colombiano. Estados Unidos y el gobierno colombiano podrían obtener una victoria política a cambio de concesiones militares. Pero eso ya lo hicieron las FARC en 1984 y casi fueron exterminados. No quedan recursos históricos para volver a repetir la experiencia aunque la guerrilla insistió repetidamente en que estaba dispuesta a transitar por ese camino. Nadie les prestó atención. Ahora parece que la posibilidad quedó definitivamente perdida a partir de que el gobierno colombiano decidió comenzar negociaciones oficiales con los paramilitares.
Una posibilidad extraña echó a rodar en los últimos días. Comienzan a alzarse voces en Estados Unidos y en Colombia sobre la posibilidad de que el Plan Colombia involucione hacia la nada (13).
Hay varias causas para esta posible caída:
- El aislamiento norteamericano.
- La baja performance de la economía colombiana.
- Los indicadores sociales de desempleo y pobreza.
- Las derrotas del Ejército.
- La indefinición electoral norteamericana y la paridad de poder que se establecerá en el próximo gobierno republicano.
- La extensión de la crisis económica al cono sur (Argentina).
- La explosiva situación en el Medio Oriente, que absorberá la atención norteamericana.
Las tres posibilidades que se abren para el Plan Colombia son, pues:
- El triunfo de la cruzada belicista y la firma de un acuerdo de paz condicionado.
- La transformación de la "radicalización empírica" en una guerra antiimperialista.
- Una caída del Plan y el retorno al status anterior de "paz armada".
Las posibilidades están plenamente abiertas ya que las dos primeras están desarrollándose en el terreno y la última en el discurso.
NOTAS
(1) Carmen Carrasco, Correo Internacional Nº 14, noviembre de 1985, Buenos Aires.
(2) El punto final de este enfrentamiento fue la "guerra de los mil días" que culminó en 1902.
(3) Como resultado de esta guerra Estados Unidos se expandió a Filipinas, Puerto Rico, Cuba y Hawai.
(4) El término se refiere a la devolución del Canal de Panamá efectuada en diciembre de 1999.
(5) La guerra de los mil días significó el fin de las guerras civiles entre conservadores y liberales. Comenzó en 1899 contra el presidente conservador Núñez y culminó en 1902. En 1909 un acuerdo entre ambos partidos permitió la permanencia de los conservadores por 20 años en el poder y les garantizó a los liberales el fin de las persecuciones. Ver Historia Contemporánea de América Latina, Tulio Halperín Donghi, Alianza Editorial, Buenos Aires, 1998, págs. 362-363.
(6) William Pfaff, sostiene que Estados Unidos manifiesta una fácil adaptación a una perspectiva ideológica del mundo que lo condujo desde Vietnam a "una crisis de la cual aún no ha salido". Ver William Pfaff, La ira de las naciones, Editorial Andrés Bello, Santiago de Chile, 1996, pág. 178.
(7) El Ejército colombiano manifestó estar listo para retomar el control sobre la zona de despeje. El Espectador, 22 de noviembre de 2000
(8) Estos decretos tienen vigencias en las zonas controladas por las FARC y se refieren al cobro de impuestos a los ricos, a lucha contra la corrupción y al fomento de los cultivos campesinos.
(9) La condición para que la guerra se transforme en antiimperialista es la participación de soldados norteamericanos en ella.
(10) Hace 2500 años decía Sun Tzu que "a un ejército rodeado se le debe dar una salida. Muéstrales un camino hacia la vida para que no se dispongan a pelear hasta la muerte".
(1) El plan Colombia, una paz armada, Libardo González, ANNCOL, 27 de abril de 2000
(12) La lógica ideológica con que Estados Unidos encara el ordenamiento mundial está detrás de estos errores de su política exterior. Sus teóricos de política internacional se siguen moviendo con esquemas propios de la guerra fría.
(13) El propio Barry McCaffrey manifestó la posibilidad
de incumplimiento de las metas del Plan Colombia si no encontraba apoyo
de "sus vecinos y la comunidad internacional". La Nación, 22 de
noviembre de 2000.
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