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Hace varios meses Ediciones HOAC publicaba un nuevo trabajo de Rafael Díaz-Salazar dedicado a reflexionar sobre la potencial fecundidad del dialogo entre las tradiciones del socialismo democrático y del cristianismo liberador, asunto éste que está siendo objeto de debate en los últimos años en varios foros de discusión y que cuenta, dentro de las organizaciones políticas o sindicales de izquierda, tanto con simpatizantes como con detractores. El autor, firme partidario de la colaboración entre ambas matrices culturales y éticas, realiza un análisis histórico y sociológico de la relación entre ambas instancias, abordando, de modo simultáneo, cuestiones teóricas y prácticas.
El objetivo explicito de esta investigación consiste en explorar las posibilidades de que la cultura cristiana liberadora pueda enriquecer a la tradición política de izquierdas cuyos referentes ideológicos se encuentran hoy en día bastante diluidos o, al menos, muy debilitados y que parece necesitada de encontrar una nueva fundamentación utópico-moral para recomponer su identidad en la época del capitalismo globalizado. La contribución de los cristianos de izquierda al pensamiento y la práxis de las formaciones socialistas y comunistas ha sido admitida y valorada en la mayoría de los países de Europa Occidental pero, en España, la cuestión no ha dejado de plantearse con muchos recelos derivados, en parte, de la vieja pugna entre el clericalismo y el anticlericalismo que ha caracterizado a nuestra sociedad.
Junto a la relevancia del asunto tratado, otras dos cuestiones hacen sumamente interesante el trabajo de Rafael Díaz-Salazar. En primer lugar, permite recuperar parte de la historia de la aportación de los cristianos a la construcción del movimiento obrero en España, tanto por lo que se refiere a la elaboración de pensamiento crítico como a la generación de organizaciones sindicales y políticas. Se trata de una cuestión de justicia, pues esta importante contribución ha sido muchas veces olvidada o minusvalorada en el discurso oficial de la izquierda y se encuentra por completo ausente en los simplistas esquemas mediáticos que reproducen un imaginario en el que la religión cristiana se sitúa siempre en el lado del conservadurismo político. Por otra parte, resulta de gran interés el marco teórico que Díaz-Salazar propone para analizar y evaluar las posibles relaciones que cabría establecer entre lo religioso y lo político o, más en concreto, entre el cristianismo liberador y una nueva izquierda, abierta a la pluralidad de movimientos sociales que hoy promueven un cambio emancipador y solidario.
¿Desde donde se plantean las cuestiones básicas de este estudio de sociología político-religiosa? A mi parecer, desde una indudable simpatía hacia ambas corrientes sociales (la socialista y la cristiana), que deja traslucir una evidente implicación personal en la problemática objeto de análisis. Esta perspectiva dota a todo el libro de una sana carga de apasionamiento, pero lleva al lector a preguntarse, en numerosas ocasiones, cuándo se está analizando científicamente "lo que es" y cuándo el texto está expresando los deseos del autor sobre lo que "deberían ser" las relaciones entre ciertos grupos critianos y el movimiento socialista. Lo cual lleva, a mi modo de ver, a una lectura un tanto embellecida de la aportación cristiana a la transición social y política en España. Siendo los hechos rememorados, ciertos y significativos, se percibe, no obstante, cierta falta de autocrítica respecto al movimiento obrero cristiano, tanto por lo que se refiere a su comportamiento global como a su relevancia real eclesial y social.
La estructura de la investigación afronta cuatro cuestiones de indudable interés. En primer lugar, se analiza la evolución de las relaciones entre política y la religion en la España contemporánea distinguiendo tres grandes etapas: años treinta, franquismo y democracia. A lo largo de menos de un siglo se asistiría a la sorprendente aparición de un sector de Iglesia muy significativo, cuantitativa y cualitativamente, que no se alinearía dentro del conservadurismo político, sino entre los sectores socialmente más progresistas. Precisamente, el capítulo segundo del libro aborda la descripción de las señas de identidad de la cultura política de los cristianos de izquierda. En el terreno del pensamiento destacaba el radicalismo ético y político de sus planteamientos (originado de forma autónoma en un contexto social tan adverso como el del franquismo); en el terreno práctico, tendrá mucha importancia la adopción de una metodología formativa activa y experiencial (con sus tres momentos del "ver", "juzgar" y "actuar") orientada a la promoción de militantes que, por su parte, prefirieron realizar su vocación en el seno de organizaciónes de clase no confesionales a crear partidos o sindicatos católicos. Algunos analistas consideran que los movimientos obreros cristianos especializados desempeñaron una función crucial: hicieron posible una transformación de la mentalidad de muchos trabajadores en una perspectiva de izquierdas, que habría sido imposible de otro modo, dado el recelo inicial de la mayoría de los obreros hacia las organizaciones socialistas y comunistas tradicionales. La tercera parte del ensayo de Díaz-Salazar analiza el contenido específico de las propuestas políticas de los cristianos de izquierda. Quienes elaboraron la reflexión de estos grupos se caracterizaron mayoritariamente por efectuar una crítica cristiana radical de la civilización capitalista que les llevaba a propugnar la construcción de un modelo autogestionario de socialismo. La transición política española descolocó a este sector de militantes obreros que se "quedaron solos" tanto en el seno de la Iglesia como en el entorno social. Tres factores originarían una severa crisis en este colectivo católico: la reacción conservadora eclesial temerosa del contenido crítico de este movimiento, la extensión de la secularización religiosa que deslegitimó la motivación cristiana de la acción social y el auge sociocultural del neoliberalismo que convirtió en inviables las propuestas políticas del igualitarismo autogestionario muy, alejado de las aspiraciones moderadamente reformistas de la mayor parte de la sociedad española. Esta triple crisis conduce, actualmente, a la búsqueda de nuevas ubicaciones sociales y formulaciones ideológicas. En el último capítulo de su investigación, Rafael Díaz-Salazar realiza un estudio comparativo de las distintas políticas que los partidos socialistas europeos han adoptado respecto al colectivo cristiano progresista que es, sociológicamente, una de las bases más amplias entre sus votantes. Es en este terreno donde se descubre una anomalía en el caso español que, de forma general, no ha prestado atención a la creación de un marco de diálogo y mutuo enriquecimiento, que sí es habitual en el resto de Europa Occidental.
Con todo, el trabajo de Díaz Salazar tiene una pretensión eminentemente práctica, presenta varias conclusiones operativas y abre un abanico de cuestiones que pueden ser importantes para ampliar y profundizar el debate político en nuestro país. Enumeramos alguna de las tesis e interrogantes más importantes en la confianza de que puedan estimular el pensamiento de los colectivos de izquierda:
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