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Entrevista con Daniel Cohn-Bendit

 Philippe Merlant y Ann-Corine Zimmer

 
Entrevista publicada en Transversales Science Culture (http://www.globenet.org/transversales), nº 64, julio-agosto 2000. Traducida por Iniciativa Socialista, con autorización de Transversales. Entrevista realizada tras la publicación de un llamamiento trasnversal "para sacar a Europa del estancamiento", firmado por Daniel Cohn-Bendit, eurodiputado verde, y François Bayrou, presidente de la UDF.

Transversales. En vuestro llamamiento, subrayáis la necesidad de hacer que intervenga un nuevo actor, el ciudadano europeo, pero sólo le invitáis a intervenir para elegir un presidente por sufragio universal. ¿No pensáis que el ciudadano debe estar asociado a la propia definición de las reglas del juego?

Daniel Cohn-Bendit. Este texto se refiere a la emergencia de un espacio público europeo, y defiendo la idea de que este espacio se crea también en el terreno electoral. Lo que está ausente de este texto es todo lo que concierne a la manera en la que la sociedad civil interesada por Europa podría intervenir en este debate, incluso en el ámbito institucional (por ejemplo, la idea de una iniciativa refrendaria que reafirmaría esta noción de espacio público). En el llamamiento que he firmado junto a François Bayrou este aspecto no aparece claramente. A posteriori, reconozco que es un error: habríamos debido evocar este asunto en algunas frases.

TSC. ¿Por qué habéis escogido apoyaros sobre los relés institucionales (particularmente, los de tipo parlamentario) en vez de hacerlo sobre los de la sociedad civil, movilizados con fuerza en torno a la carta de derechos fundamentales.

DCB. Soy diputado europeo y en este llamamiento me expreso desde esa posición. François Bayrou y yo hemos escogido lanzar una llamada de atención desde ese campo, firmando un texto "transversal". Considero que el espacio de las ONG, de los no-profesionales de la política, debe seguir siendo un espacio autónomo. Yo no debo hablar en su lugar. No se puede practicar constantemente la mezcla de géneros...

TSC. Constatáis el déficit de ciudadanía de la Unión, que se está convirtiendo en el leitmotiv de la clase política. Teniendo en cuenta la insuficiencia de las respuestas aportadas a lo que podría ser un "proyecto de civilización" europeo, ¿no resulta peligroso suscitar un nuevo desencanto hacia la construcción comunitaria?

DCB. No volvamos las cosas del revés. En primer lugar, es muy positivo que está constatación se convierta en una especie de leitmotiv o que, en todo caso, este déficit de ciudadanía esté hoy en el centro de los debates sobre Europa. Por otra parte, a través de los debates sobre la carta de derechos fundamentales emerge lo que podría ser la expresión de una "sociedad europea": la verificación de lo que emana de nuestras diferentes sociedades desde hace unos cincuenta años. Desde este punto de vista, poner la carta de derechos fundamentales en el corazón de la futura constitución es, verdaderamente, avanzar sobre el terreno de un proyecto de sociedad para Europa.

TSC. En ese aspecto, ¿cuáles son los retos de la próxima cumbre de Niza?

DCB. Es esencial que la carta de derechos fundamentales constituya el corazón de la futura constitución de Europa. A partir de ahí, el asunto se convierte en pura estrategia política: ¿en qué momento las divergencias internas en Europa (especialmente las reticencias anglosajonas) podrán ser superadas para que la carta sea incluida en los tratados? En Niza, los Estados miembros deberían adoptar oficialmente este texto, pero no forzosamente integrarle en los tratados. Ahora bien, dicho esto, hay que añadir que ese no es el único jalón que nos espera. El principal reto de Niza se situará en el hecho de que la cumbre dé un mandato para iniciar un proceso constitucional.

TSC. ¿Qué lugar dais a la sociedad civil en este proceso y en la arquitectura política que esbozáis en ese llamamiento?

DCB. Creo que la actual Convención, creada para elaborar la carta de derechos fundamentales, no basta: hay que añadirle otra convención, compuesta por las asociaciones y las ONG, crear pasarelas entre las dos y asociarlas al proceso constitucional. Sin duda, harán falta dos o tres años para que la futura constitución sea votada por el Consejo y por el Parlamento europeos. Y un año más para que sea ratificada por referéndum en cada país. Deseo, por otra parte, que este calendario se ajuste con el de la ampliación: no se trata de que ésta sea postergada, sino de que se apoye sobre un verdadero marco político para Europa.

TSC. Europa se fundamente sobre una gran diversidad de culturales, principalmente de carácter nacional. ¿Qué dinámicas convendría incitar para que estas culturas se inscriban en un espacio público común?

DCB. La diversidad de nuestras culturas políticas implica una verdadera dificultad: Europa debe recoger historias fundamentalmente diferentes, civilizaciones que, aunque todas son auténticamente democráticas, son muy distintas. Así, hay un foso profundo entre la sociedad constitucional de Francia o Alemania, por ejemplo, y la "sociedad de los ciudadanos" tan apreciada por los británicos, con todo su "liberalismo político" que también tiene su razón de ser. El desafío, he dicho ya, es la emergencia de un espacio público europeo más allá de las diversidades nacionales. Desde este punto de vista, la sociedad civil, o más bien las sociedades, civiles- tienen que jugar, esencialmente, un papel esencial.

TSC. Más allá de los aspectos políticos, ¿cómo podría la Unión escapar a las desviaciones ultraliberales de una simple zona de libre cambio y poner en marcha una economía plural, como Transversales profesa desde hace varios años?

DCB. La fuerza de Europa, en el futuro, será precisamente demostrar que existen enfoques económicos distintos pero complementarios. Cuento con la presidencia francesa de la Unión para poner estas ideas en el centro de los debates. Pero hay mucha tela que cortar: el peso de la ideología dominante del mercado y del liberalismo es terrible actualmente. No se trata de arrojar el bebé con el agua sucia, ni de replegarse una actitud puramente defensiva, sino de tomar la iniciativa de un verdadero contra proyecto: Por ejemplo, en Francia, ¿puede dejarse al MEDEF ["Mouvement des Entreprises de France", equivalente a la CEOE española] la iniciativa de la "refundación social", que debe situarse necesariamente en el ámbito europeo? El principal punto débil de los actores de la economía social y solidaria hoy en día es que solamente están estructurados en el ámbito nacional, pero con muy pocos intercambios en el ámbito europeo. Suscribo totalmente la idea de Guy Hascoêt [secretario de Estado de economía solidaria en el gobierno francés, Verde] de redactar un "libro blanco" sobre la economía solidaria en Europa. Es absolutamente necesario que todos los actores de una economía diferente construyan una red europea.
 
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