La ecotasa de Baleares
un paso hacia el turismo sostenible
José Santamarta
José Santamarta es director de la revista
World Watch (versión en castellano). E-mail: worldwatch@nodo50.org
Web: http://www.nodo50.org/worldwatch
La búsqueda de rentabilidades inmediatas, permitiendo la masificación
y la destrucción de los recursos que atraen al turista (playas,
paisajes, naturaleza, monumentos o cultura local), deteriora en unos pocos
años la fuente de ingresos, como han comprendido en Baleares, donde
la administración regional de socialistas, verdes y nacionalistas
ha implantado una ecotasa o impuesto ecoturístico, que gravará
las estancias en hoteles y apartamentos de los 11 millones de turistas
con un impuesto
diario de 2 a 0,25 euros (de 333 ptas a 42 ptas).
La ecotasa prevé recaudar 12.000 millones de pesetas al año
y servirá para que el gobierno balear financie la mejora de zonas
turísticas y la recuperación de espacios rurales y naturales.
El gobierno del PP y los principales empresarios y turoperadores
rechazan la ecotasa, prueba de su nula sensibilidad ambiental, y de
su falta de visión, pues el paisaje y la conservación del
medio ambiente son los requesitos básicos para asegurar la sostenibilidad
del turismo.
En 1999 más de 657 millones de personas viajaron fuera de las
fronteras de sus países en viajes de turismo, según la Organización
Mundial del Turismo (OMT). Los ingresos del turismo internacional en 1999
ascendieron a 449 millardos de dólares, cifra en la que no se incluyen
los pasajes aéreos. El turismo emplea a 255 millones de trabajadores
en todo el mundo, es decir, a uno de cada nueve trabajadores y genera cerca
del 10,7% del PNB mundial. El turismo supone un 13% de los gastos de consumo,
la mayor cantidad después de la dedicada a la alimentación.
Para el año 2010 la OMT estima que se llegará a mil millones
de turistas internacionales y unos ingresos de 1.550 millardos de dólares,
cuatro veces superiores a los de 1996. El crecimiento del turismo internacional
ha sido espectacular: se ha pasado de 25 millones en 1950 a 657 millones
en 1999. El aumento del nivel de renta y del tiempo libre, unido a la reducción
del precio real de las tarifas aéreas, crean las condiciones para
que el turismo siga creciendo.
El turismo tiene efectos positivos, pero también negativos.
Entre los positivos está la creación de empleo, el incremento
de los ingresos económicos, el permitir mayores inversiones en la
conservación de espacios naturales, el evitar la emigración
de la población local, la mejora del nivel económico y sociocultural
de la población local, la comercialización de productos locales,
el intercambio de ideas, costumbres y estilos de vida y la sensibilización
de los turistas y de la población local para proteger el medio ambiente.
Los posibles ingresos futuros por turismo son una poderosa razón
para conservar importantes ecosistemas y algunas especies emblemáticas.
Brasil, por ejemplo, puede obtener muchos más ingresos por turismo
conservando el Pantanal que los que obtendría con su destrucción,
merced a la hidrovía, las plantaciones de soja, la ganadería
extensiva y la extracción de oro, y lo mismo cabe decir de la Amazonia,
una región aún sin apenas desarrollo turístico. El
turismo es una alternativa económica para conservar bosques autóctonos,
zonas húmedas, ríos sin presas y litorales, o algunas especies,
como los gorilas de montaña en Ruanda, la fauna salvaje en Kenia
o los osos en Alaska. Aunque el turismo tiene importantes impactos, en
muchos casos éstos son inferiores a los de otras actividades económicas,
como la minería, la industria forestal, los monocultivos agrícolas,
la ganadería extensiva, los grandes embalses, la extracción
de petróleo y carbón o las industrias contaminantes.
El turismo es uno de los pocos sectores intensivos en empleo, y en
todo tipo de empleos, desde los más cualificados a los menos, y
es una de las pocas alternativas a la destrucción de empleo ocasionada
por el cambio tecnológico y la globalización, junto con la
reducción de la jornada laboral. Es también un sector donde
coexisten desde la gran multinacional a miles de pequeñas empresas
familiares. En la próxima década se espera crear más
de 100 millones de empleos en el sector turístico en todo el mundo.
Entre los efectos negativos, tan importantes como los positivos, está
el incremento del consumo de suelo, agua y energía, la destrucción
de paisajes al crear nuevas infraestructuras y edificios, el aumento de
la producción de residuos y aguas residuales, la alteración
de los ecosistemas, la introducción de especies exóticas
de animales y plantas, el inducir flujos de población hacia las
zonas de concentración turística, la pérdida de valores
tradicionales y de la diversidad cultural, el aumento de la prostitución
(turismo sexual), el tráfico de drogas y las mafias, más
incendios forestales y el aumento de los precios que afecta a la población
local, que a veces pierde la propiedad de tierras, casas, comercios y servicios.
Los flujos turísticos contribuyen al cambio climático, a
las lluvias ácidas y a la formación del ozono troposférico,
pues los transportes aéreo y por carretera son una de las principales
causas de las emisiones de dióxido de carbono, óxidos de
nitrógeno y otros gases contaminantes, y a la pérdida de
biodiversidad, tanto de forma directa como indirecta. De una forma capilar,
el turismo afecta a todo tipo de ecosistemas, desde el litoral destruido
por una muralla de hormigón, a las montañas donde se asientan
las estaciones de esquí, o, como los Alpes, son invadidas por millones
de excursionistas. Los campos de golf son hoy una de las principales atracciones
turísticas, con graves repercusiones a causa del consumo de agua
y el empleo de plaguicidas. Una región tan árida como Andalucía
realiza costosas campañas de promoción del golf en toda la
prensa internacional. Prácticamente ningún lugar se salva
del turismo, desde la Antártida, donde la presión es cada
vez mayor, al Everest, contaminado por centenares de toneladas de residuos
abandonados por las múltiples expediciones. Ningún país
ni región quiere verse privado de las rentas del turismo, salvo
Corea del Norte, Afganistán, Sudán y algún otro país,
y probablemente por poco tiempo. El turismo internacional es uno de los
aspectos de la globalización, y probablemente uno de los que tendrá
mayores repercusiones.
A pesar de que el turismo es una causa importante del deterioro ambiental,
es muy poco lo que se ha estudiado, en comparación con otros problemas
de mucha menor importancia, y cuando se relaciona con el medio ambiente,
se abordan aspectos marginales, como el ecoturismo, que todavía
es un mercado incipiente y poco consolidado. Existe una complacencia acrítica,
y en la mayoría de las publicaciones y páginas en los grandes
medios de comunicación supuestamente de periodismo ambiental se
promociona esta industria que tanto afecta de forma negativa a la naturaleza,
ya sea para captar publicidad o nuevos lectores ansiosos de emplear su
dinero y su tiempo desplazándose a nuevos lugares o descubrir una
nueva ruta que
recorrer, tras desplazarse en automóvil.
Muchas de las campañas de promoción del turismo supuestamente
sostenible son meras y hábiles operaciones de imagen, pues el derribo
de un hotel obsoleto, un carril bici, la recogida selectiva de residuos
o algún equipamiento para ahorrar energía o agua, o lavar
menos veces las toallas, no evitarán las graves repercusiones insostenibles
del turismo. En primer lugar por los desplazamientos en modos motorizados
y todo lo que ello supone, desde infraestructuras (aeropuertos, autovías,
aparcamientos, puertos deportivos, carreteras de todo tipo, funiculares,
trenes de alta velocidad) a las emisiones a causa del consumo de combustible,
más cuando los turistas se desplazan miles de kilómetros
en avión. Y en segundo lugar, por las
repercusiones en el lugar de acogida, desde la infraestructura de alojamiento,
al consumo de agua, energía y otros recursos, ruido y contaminación.
La mayor parte del turismo no es sostenible, y lo más sostenible
es lo que aparentemente no lo es. Benidorm, con la gran concentración
de hoteles, apartamentos y cerca de medio millón de turistas en
el mes de agosto en apenas 12 kilómetros de costa, es mucho más
sostenible que ese mismo número de turistas de forma dispersa (el
llamado turismo de calidad) afectando a decenas de kilómetros de
costa. Puestos a destruir el litoral, cuanto menos se destruya mejor, y
las altas densidades permiten reducir los desplazamientos y acometer las
inversiones adecuadas en depuración de aguas y tratamiento de residuos.
Lo ecológico son los rascacielos. Cuanto más altos mejor,
como en la película de Bigas Luna localizada en Benidorm, y lo antiecológico
son los chalés y las urbanizaciones dispersas con jardín
y piscina individual. Lo más insostenible es ese supuesto turismo
rural y de aventura en vehículos 4x4, degradando las zonas que aún
no lo están y con los mayores consumos de recursos per cápita,
cierto ecoturismo a países lejanos o ese turista del mundo rico
que no quiere ser considerado turista, sino viajero o aventurero, como
si estuviésemos en la época de Orellana o de Marco Polo,
que recorre miles de kilómetros en avión (el modo de transporte
con mayores emisiones y consumo de energía por viajero-km) para
pasar un par de semanas o el mes de vacaciones en Vietnam, Zimbabue, Namibia,
Irán o China.
La mayor parte de la población de los países en desarrollo
aún no participa de los flujos turísticos, salvo las élites,
pero las cosas empiezan a cambiar en muchos lugares, y se abrirán
nuevos mercados en Asia y Latinoamérica para las nuevas clases
medias. En 1999 Francia fue el destino más visitado del mundo
(70 millones), seguido por España (51 millones), y Estados Unidos
el país que registró más ingresos por turismo internacional,
mientras que España ocupa un cuarto lugar (unos 30.000 millones
de dólares). Los doce primeros países por ingresos turísticos
en 1998, según la OMT, fueron los siguientes: Estados Unidos, Italia,
Francia, España, Reino Unido, Alemania, China, Austria, Canadá,
Australia, Polonia y México. La participación de América
Latina en el turismo mundial es aún pequeña, pero crece rápidamente.
Cuba ha duplicado el número de turistas desde 1995, aunque México
es el primer destino turístico. La región mediterránea,
con 46.000 km de costa, es el principal destino turístico mundial,
con cerca de 180 millones de turistas y 6 millones de camas hoteleras,
y es también donde se registra un mayor deterioro ambiental. En
Italia el 43% del litoral está totalmente urbanizado y el 28% parcialmente.
El turismo en España
España es la cuarta potencia turística mundial por ingresos
de divisas y segunda por número de visitantes, y probablemente la
primera en ingresos netos de divisas. En 1999 hubo 51 millones de turistas
extranjeros propiamente dichos, más que habitantes. Según
la OMT siete de cada 100 turistas eligieron España como destino.
Somos la California de Europa, estamos al lado del mayor mercado emisor
(el 70% de los turistas internacionales son europeos), la accesibilidad
es cada vez mejor por avión y en automóvil privado, y los
competidores se ven amenazados por el integrismo (Egipto, Argelia…), la
inestabilidad y la seguridad ciudadana (casi toda África, algunos
países latinoamericanos y asiáticos) o los conflictos civiles.
El único gran competidor en el turismo de sol y playa es el Caribe.
La fórmula española se basa en las cinco eses: sun, sex,
sea, sand y sangría. Para el 2020, según la OMT, España
recibirá 71 millones de turistas, un 40% más que en 1999,
ocupando según las
previsiones de la OMT el cuarto lugar mundial, tras China (137 millones),
EE UU (102,4 millones) y Francia (93,3) y por delante de Italia, Reino
Unido, México, Rusia y la República Checa.
El número de establecimientos hoteleros en España asciende
a 13.800, con un total de 569.802 habitaciones que suponen 1.087.529 plazas
hoteleras, aproximadamente el 4,7 por ciento de la oferta mundial. España
cuenta con 226.081 bares y cafeterías, 58.886 restaurantes, 13.800
establecimientos hoteleros, 125.000 apartamentos turísticos, 2.992
centrales de agencias de viaje con un total de 3.574 sucursales, 1.171
cámping, 226 puertos deportivos, 176 campos de golf, 112 estaciones
termales y 28 estaciones de esquí. Y la oferta sigue aumentando
cada año.
El modo de transporte más utilizado por los turistas internacionales
que nos visitan fue el avión (71%), seguido del transporte por carretera
(25%), y el resto llegó por vía marítima o ferrocarril.
Además de los visitantes extranjeros, hay que destacar que la mayoría
de los españoles pasan sus vacaciones en España. En 1999
España ingresó por turismo 5 billones de pesetas, mientras
que los gastos de los españoles en el exterior no llegaron al billón;
los ingresos netos fueron por tanto de más de 4
billones de pesetas (cerca de 23 millardos de dólares).
El turismo interior y exterior representa el 11% del Producto Interior
Bruto (PIB), y aporta cerca de 1,6 millones de empleos (el 11% de la población
ocupada total). El 80% del turismo se dirige a la costa, lo que convierte
a las playas en uno de los pilares básicos de la economía
española, frente al 20% del interior. Muchas playas pueden desaparecer
por el cambio climático.
Turismo sostenible
El desarrollo turístico debe ser sostenible a largo plazo, viable
económicamente y equitativo, desde una perspectiva ética
y social para las comunidades locales. El turismo más sostenible
es el que se hace en casa, leyendo un libro, delante del televisor
o conectado a Internet, o paseando por el barrio. Pero como en el mundo
real el turismo es un fenómeno de masas, que responde a necesidades
reales y creadas, y que cada vez tendrá más importancia,
por el aumento del nivel de renta y de tiempo libre, y además las
poblaciones beneficiadas necesitan fuentes de ingreso y empleo, conviene
encauzarlo y regularlo, con el fin de reducir sus repercusiones globales
(emisiones del transporte aéreo y por carretera) y locales (pérdida
de biodiversidad, degradación de recursos) y asegurar su sostenibilidad.
La ecotasa puede frenar el crecimiento de la oferta turística,
ante las consecuencias de la masificación, fenómeno que ya
afecta a la mayor parte del norte del litoral mediterráneo. Baleares,
con una población estable de 797.000 habitantes, cuenta con 390.000
plazas turísticas y recibe anualmente once millones de turistas,
casi todos por avión, el modo más contaminante. Se ha recomendado
introducir el concepto de capacidad de carga en la industria turística,
limitando su número, especialmente en las zonas sensibles, como
parques nacionales y reservas protegidas. El Ministerio de Medio Ambiente
debería preparar un auténtico Plan de Turismo Sostenible,
que vaya más allá de un catálogo de buenas intenciones.
Las repercusiones globales del turismo se pueden reducir aumentando
la fiscalidad ecológica sobre los combustibles, especialmente el
queroseno (combustibles de los aviones), el gasóleo y la gasolina
y otros recursos, como el suelo, el agua o los residuos que se vierten.
El medio ambiente con precios entra, y sin instrumentos fiscales no se
cumplen los fines.
A nivel local se pueden formular las siguientes recomendaciones:
1. Promover la producción local y ofrecer alimentos de la zona,
a ser posible ecológicos y sin productos químicos (plaguicidas,
abonos químicos, aditivos), así como elaborar menús
regionales.
2. Reducir y minimizar la generación de residuos: elegir envases
retornables, rechazar productos con envoltorios superfluos y destinar los
residuos orgánicos a la producción de compost. Utilizar papel
reciclado y blanqueado sin cloro en los folletos turísticos, eliminar
el PVC y organizar la separación en origen, la recogida selectiva
y el reciclaje. Aumento de los impuestos sobre los envases.
3. El turista medio en España consume 440 litros diarios de
agua, que llegan a 880 litros en los hoteles de lujo, y además este
consumo se produce en los meses más secos. La importancia de ahorrar
agua es clave. Utilizar tecnologías eficientes en grifos y retretes,
construir instalaciones para recoger el agua de lluvia, cambiar las toallas
y sábanas sólo cuando sea necesario, usar plantas autóctonas
en los jardines e informar a los clientes sobre la necesidad de ahorrar
agua. Paralizar la construcción de nuevos campos de golf. Promover
pocas y grandes piscinas públicas frente a muchas pequeñas
piscinas individuales, con una política de precios del agua que
grave los consumos excesivos.
4. Depurar las aguas residuales y reutilizarlas para el riego del césped
o la agricultura, tal como hace Benidorm, por ejemplo. No abusar de los
detergentes de limpieza con agentes químicos y fosfatos. Nuevos
impuestos sobre los productos tóxicos.
5. Ahorrar energía: usar paneles solares para calentar el agua
sanitaria y energías renovables (eólica, minihidráulica,
fotovoltaica) para producir electricidad. Optar por electrodomésticos
y bombillas fluorescentes compactas de bajo consumo y vigilar el correcto
aislamiento térmico y acústico de los edificios. Prioridad
a los ventiladores frente a los despilfarradores aparatos e instalaciones
de aire acondicionado.
6. Construir de manera ecológica y respetuosa con el paisaje
y el medio ambiente. Hacer uso de materiales locales de producción
propia, no tóxicos y aptos para el reciclaje. Adaptarse a la arquitectura
tradicional. Promocionar la arquitectura
bioclimática, y la alta densidad con mezcla de actividades frente
a la urbanización dispersa. Urbanismo, viviendas y materiales deben
igualmente adaptarse al clima local, reduciendo, por ejemplo, los consumos
de electricidad en refrigeración en los meses punta de julio y agosto.
El arbolado, las ventanas pequeñas, el uso de persianas y contraventanas,
los patios interiores con fuente, el encalado de fachadas, el aislamiento
térmico y acústico o los muros gruesos, aseguran el confort
térmico sin requerir aparatos de aire acondicionado, que son enormes
devoradores de electricidad. Una política de precios altos de la
electricidad, con una fiscalidad ecológica, eliminaría el
despilfarro.
7. Evitar el tráfico de vehículos privados. Promover
el transporte público, el senderismo, el uso de bicicletas y el
montar a caballo. Fomentar la peatonalización de los cascos urbanos.
Reducir el ruido, y obligar a cumplir la normativa a bares y
discotecas. Y por encima de todo reducir la distancia de los desplazamientos
en transporte aéreo y en vehículo privado. Promocionar el
turismo local frente al internacional, y procurar que los desplazamientos
en modos motorizados sean lo más cortos posible. Una política
fiscal que grave la gasolina, el gasóleo y el queroseno, ayudarán
a cumplir estos fines.
8. Respetar la cultura local. Preservar los monumentos, tradiciones,
artesanía y la fauna y flora. Proteger y regenerar los espacios
naturales. Frenar la especulación urbanística y la construcción
de grandes infraestructuras, como autovías, embalses, puertos deportivos
o aeropuertos.
9. Evitar las actividades de ocio que sean nocivas para la naturaleza,
como las motos de trial, los 4X4 y las ruidosas, peligrosas y contaminantes
motos acuáticas. Promover las excursiones que permitan conocer mejor
la flora y la fauna y los paisajes locales. No comprar animales o plantas
como recuerdo.
10. Respetar a la población autóctona. Facilitar el contacto
entre los viajeros y la población receptora. Rechazar los guetos
turísticos. Planificar para que el turismo beneficie a toda la población
local.
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