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LA IZQUIERDA VA MAL

* Editorial de Iniciativa Socialista, nº47, diciembre 1997


La situación del Gobierno Aznar no es buena, a pesar de todos los vientos favorables (coyuntura económica, pacto con los socios parlamentarios, paz social e inanición de la oposición). No logra el consenso social que busca y ni su Presidente ni el Gobierno logran la ventaja electoral que pensaban. Y, sin embargo, no parece que su futuro esté claramente amenazado, mientras que en las filas de la izquierda crece cada vez más la resignación a que tenemos a Aznar y la derechona como mínimo otra legislatura más.

Que el Gobierno no está tranquilo lo demuestra palmariamente la pasión con que se ha volcado a hacer oposición al PSOE. Es evidente que los estrategas del PP se mueven mucho mejor en la denuncia a los socialistas sobre cuestiones del pasado que en avanzar en la sociedad. Ese vuelco a tomar como bandera de nuevo los casos Filesa, Expo, etc., expresa la aspiración de la derecha española a destruir socialmente al PSOE. Mientras tanto, el Gobierno sigue desarrollando su política:

No son flancos débiles los que les faltan a este Gobierno. Lo que falta es oposición.

 Es llamativo que la estabilidad del Gobierno, y no nos referimos a la parlamentaria, sino a la política, dependa de la marcha de las relaciones con CiU (reforma de humanidades) y con el PNV (política sobre terrorismo), pero no de las dificultades en las que le esté metiendo la izquierda.

La situación de IU después de la expulsión de Nueva Izquierda y la ruptura con IC y EU-EG, sigue firmemente el rumbo impuesto por el núcleo agrupado en torno a Anguita: ¡Fuera toda la disidencia! La eliminación, en la Asamblea realizada en Madrid, de la candidatura de la Tercera Vía, que se había mostrado claramente beligerante con la política de Anguita; la decisión del Colectivo Andaluz de Izquierdas y de los Verdes andaluces de no concurrir a la V Asamblea; y la reducción a la mínima representación de la corriente nacionalista en el País Valencià... marcan una V Asamblea normalizada previamente, como quería la dirección. Pero, más allá de los avatares internos, IU sigue políticamente desaparecida. Tras el fracaso estrepitoso de la aventura gallega, su actividad se ha reducido a acompañar las campañas del PP contra el pasado Gobierno (EXPO, guerra mediática) sin ninguna repercusión social, excepto el ridículo. Su campaña por el empleo no pasa de ser la enésima campaña de "movilización" que no moviliza a nadie.

Pero la situación realmente grave para el futuro de la izquierda es la evolución de los acontecimientos en el Partido Socialista. El XXXVIII Congreso, si bien no respondió a las cuestiones claves que la sociedad le planteaba después de 13 años de Gobierno y de la derrota del 3 de marzo de 1996, ni dijo nada sobre el conjunto de escándalos que lo sacaron del poder, ni pudo formular un proyecto claro de oposición a la derecha; sí produjo un cambio muy importante. El relevo en la Secretaria General de Felipe González, la salida de Alfonso Guerra de la Ejecutiva y el nuevo discurso sobre la causa común de la izquierda fueron novedades de gran calado y no meros cambios formales.

La izquierda en general y el PSOE en particular han tenido en las elecciones gallegas la primera prueba real desde la asunción de Aznar al Gobierno. Para la izquierda estatal, el balance ha sido francamente negativo:

- No se ha logrado hacer retroceder a Fraga y a la derecha conservadora

- La alianza entre el PSOE , EU-EG y Os Verdes ha fracasado

- El Bloque aparece como principal fuerza de renovación y cambio

Además de las esperpénticas reivindicaciones de Anguita: "sin nosotros no se puede derrotar a la derecha", cuando ha obtenido el 0,9% de los votos, también se han levantado pronto voces en el PSOE, incluso en su Ejecutiva Federal, contra la política de unidad de la izquierda. Sin embargo, en el laboratorio gallego están todos los elementos de la realidad.

La alianza de izquierda fracasa no por ir unida, sino porque no tenía nada de nuevo. La renovación y el cambio estaban en el BNG. El discurso político de Abel Caballero ha sido un discurso contra la unidad, contra el Bloque, sin responder a las continuas propuestas de Gobierno conjunto que éste hacía, pensando en la posibilidad de que Fraga fuese derrotado. Ha sido una campaña mirando al pasado. "Nosotros haríamos lo que hizo Felipe en el Estado" (Caballero dixit). Los refuerzos electorales, esencialmente Felipe y Guerra, han desenfocado totalmente el papel de la coalición. El antigalleguismo de Vázquez y Caballero ha introducido fuertes elementos españolistas en la campaña. Los otros miembros de la coalición no han tenido un peso que pudiese transmitir la imagen de algo diferente al PSOE. En ningún caso ha aparecido como algo innovador.

En contraposición, aunque el efecto Pujol ("hace falta un partido nacionalista para lograr cosas en Madrid") haya podido tener una cierta incidencia, el BNG avanza porque aparece como renovador, tanto en el discursocomo en la afirmación de la identidad nacional gallega y la conexión con las nuevas generaciones. El Bloque ha logrado extraordinarios resultados en los centros urbanos, donde estaban los feudos tradicionales de la izquierda y se encuentran las bolsas más significativas de voto joven.

Galicia obliga a reflexionar a toda la izquierda y, sobre todo, a un ruptura política con el pasado más inmediato bastante más profunda que la inicialmente planteada.

Pero no sólo ha sido decepcionante la actuación del PSOE en Galicia, sino que su respuesta al conjunto de los problemas plateados no resulta tampoco nada aleccionadora.

 Desde el punto de vista del discurso político, el PSOE ha intentado avanzar algunas propuestas nuevas en temas como el empleo y el mercado laboral, puestos de relieve por el acuerdo sindicatos-patronal y por los nuevos vientos de la socialdemocracia europea. Sin embargo, ni en los Presupuestos ni en las privatizaciones ha logrado el PSOE una política opositora clara, capaz de transmitir socialmente la involución vehiculizada por la política gubernamental. En cuanto a otros dos temas estrella,: modelo de estado y guerra mediática, el discurso sobre el primero ha sido múltiple y con un tono españolista que lo sitúa a la defensiva en la actual situación política. No es casual que el Secretario de Política Autonómica, Ramón Jauregui, tenga el encargo de articular un discurso a nivel de todo el Estado. En relación a la batalla digital, se ha denunciado la escandalosa política monopólica del Gobierno y su comportamiento autoritario, pero no se ha denunciado con suficiente fuerza la política privatizadora (Telefónica-Retevisión) que soporta toda la operación.

Pero los más graves problemas del PSOE no le vienen de la dificultad de generar un nuevo discurso político -lógica, por otra parte- sino de que sigue siendo deudor de su pasado gubernamental. Las intervenciones de Felipe González y Guerra difuminan y oscurecen la política del nuevo equipo dirigente. La defensa numantina de los implicados en los sumarios de los casos de terrorismo de Estado (GAL) y de financiación ilegal (Filesa) han situado al Partido Socialista absolutamente al remolque de la ofensiva de la derecha. Sumemos a eso el escandaloso intento de mantener a Sala al frente del PSC-PSOE, y su casi más escandalosa dimisión; la propia campaña pública orquestada en defensa de Sala; la permanente defensa de Barrionuevo y su equipo de Interior; la entrada de destacados miembros del PSOE (Leguina, Barrionuevo y Vera) a chapotear en la charca inmunda del vídeo grabado a Pedro J., y el resultado es que no cesa de hundirse la confianza en el PSOE en el seno de la base social de la izquierda.

Sólo la petición de disculpas al electorado socialista de Joaquín Almunia, después de la sentencia de Filesa, se situaba en otra óptica, pero la cerrazón del aparato del PSC en el caso de Josep María Sala destrozó los efectos positivos de esa asunción de responsabilidades. La permanente justificación de lo realizado, el recurso amoral al "todos lo hacíamos" o el cubrirse en la hipocresía de otros, impiden la aparición de un nuevo proyecto capaz de ilusionar hacia un nuevo cambio de rumbo.

Pero no se trata sólo de un mirar permanentemente hacia atrás, sin asumir responsabilidades. Hay una tremenda resistencia al cambio, mostrada por las diversas esferas dirigentes y por los aparatos de las Federaciones regionales del PSOE, donde no se ha abordado una renovación en serio, ni en las direcciones ni en los posibles candidatos. Da la impresión de que parte significativa del PSOE y de sus principales dirigentes no se creen la política de alternativa a la derecha y entendimiento de la izquierda emanada del XXXVIII Congreso.

Preocupados los dirigentes y cuadros en cómo mantener cuotas de un poder en decadencia, el resto de los problemas pasan a un segundo término. Conectar con la sociedad, renovar el partido, representar demandas sociales y articular una alternativa unitaria de progreso, pasan a ser meros rótulos cuando llega el momento de la intervención política. Los Congresos Regionales del PSOE han sido una expresión de ese proceso, en las diversas Federaciones no se ha trasmitido a la sociedad que se estaba por un cambio en profundidad, por una renovación, por una apertura del partido hacia Plataformas de progreso, sino que se han realizado casi siempre apuestas continuistas. En lugares como el País Valencià, donde Joan Romero era el representante de un amplio espectro de renovación frente al viejo aparato, ha sido el mismo Joan Lerma, hoy miembro de la Ejecutiva, y el Secretario de Organización, Cipriá Ciscar los que han intervenido para dar marcha atrás a los acontecimientos. En la misma Federación Socialista Madrileña, la batalla se ha centrado en eliminar al acostismo, pero no en ofrecer una nueva alternativa unitaria a un sociedad en la que la mayor parte de la población sufre el castigo de soportar tres administraciones del PP encima. Incluso donde se han renovado algo las caras (Castilla y León, Castilla la Mancha, Cantabria), éstas han salido del riñón del aparato fuese este "renovador" o guerrista, dañando un proceso de apertura hacia la unidad de la izquierda. Incluso en el País Vasco, donde el cambio ha sido más profundo con el nuevo protagonismo de personas profundamente críticas, como Odón Elorza e incluso el nuevo secretario general Nicolás Redondo Terreros, y con la incorporación de gente con nuevos talantes, como Totorica, alcalde de Ermua, esto se hace dejando fuera a todo el viejo sector que viene de Euskadiko Eskerra.

En definitiva, ha faltado cambio y ha faltado propuesta unitaria a la izquierda.

Además, el PSOE, por su papel mayoritario en la izquierda, tiene una enorme responsabilidad, y si no la asume irá perdiendo base social y consolidando el poder político de la derecha.

Las posibilidades de derrotar a la derecha pasan por tres procesos combinados: renovación en la izquierda, alternativas unitarias y conexión social. Ninguno de ellos por sí mismo garantiza la derrota de la derecha.

La izquierda va mal. Las posibilidades de consolidación de una derecha cada vez más reaccionaria crece según empeora la situación de la izquierda. Pero estas dificultades no nos pueden hacer tirar la toalla a las primeras de cambio, las transformaciones en la izquierda pasan muchas veces porque el lobo no sólo muestre las orejas sino que pegue un primer mordisco (Francia, Italia, Gran Bretaña). La apuesta por la unidad de la izquierdas, su renovación y la movilización social sigue siendo la única perspectiva cierta para que este período nefasto del poder de la derecha no llegue al cuatrienio.
 
 
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