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Friedrich Nietzsche
Pero aun un alma poco misionera, a menos que pretenda no tener sentimientos, se ve a veces obligada a elegir entre comisión y omisión. El "¿Qué están haciendo?" se convierte de pronto en un "¿Qué estamos haciendo?", y acto seguido en un "¿Qué debo hacer?"
Ursula K. Le Guin
A pesar del tiempo transcurrido desde la conmoción social provocada por el secuestro y asesinato a fecha fija de Miguel Angel Blanco, no podíamos pasar por alto aquellos acontecimientos, tanto por la dimensión que entonces alcanzaron como por la luz que pueden arrojar sobre la actualidad.
En aquellos días, tuvo lugar una masiva movilización social espontánea, en la que se expresó una alta madurez política de la multitud ciudadana que se negó rotundamente a convertirse en turba, rechazando las provocaciones de quienes trataron de canalizar la protesta hacia las contaminadas aguas de la revancha y del autoritarismo. La serenidad con la que centenares de miles de personas expresamos nuestra rabia fue, en gran medida, consecuencia de la paulatina extensión de un talante tolerante y pacifista entre amplios sectores de la juventud, protagonista de estas manifestaciones, y de la labor que desde hace muchos años realizan colectivos como Gesto por la Paz y Jóvenes contra la Intolerancia.
Ese es el Espíritu de Ermua, dominante en las manifestaciones de Julio y simbolizado en el Alcalde socialista de esa localidad participando personalmente en la extinción de un incendio en la sede de Herri Batasuna. Pues ese Espíritu no reclama un "proyecto político común", como querría más tarde el ministro Mayor Oreja. Tampoco es defensa de la unidad de España ni de patriotismo alguno. Es el rechazo de la violencia, la decisión a combatirla desde la legalidad y desde la democracia. Es la afirmación radical de que los más diversos y alejados proyectos políticos deben convivir y poder expresarse, pero que ninguno vale la tortura, el secuestro, el terror y el crimen.
ETA, por el contrario, está poseída por el Espíritu del zulo. Un zulo para el conjunto del pueblo vasco, a cuya voluntad, expresada repetidamente en las urnas y ahora también en la calle, hace caso omiso. Su esencia totalitaria les hace afirmarse como portadores de la identidad vasca... contra las vascas y los vascos realmente existentes. Pese a las protestas masivas, van a seguir matando, como prueba el asesinato de Daniel Villar. Y siguen afligiendo Euskadi con sus agresiones contra los locales de partidos políticos y sindicatos, con sus atentados, con sus amenazas y extorsiones, con sus razzias vandálicas en pequeñas localidades vascas...
La negociación, convertida en consigna repetida una y otra vez desde el entorno etarra, en su boca carece de toda significación democrática posible, a pesar de ser un elemento imprescindible en el camino hacia la paz. La Alternativa democrática defendida por ETA no es digna de ese nombre ni resulta aceptable, pues, en una lógica militarista, propone una articulación en dos fases, la primera entre ETA y el Estado (¿el Rey? ¿El Gobierno? ¿El Ejército? ¿Los jueces?), la segunda, a la que sólo se llegaría concluida la anterior, entre los vascos. Resulta obvio que estos "salvadores" de Euskadi eliminan de un plumazo el protagonismo esencial del conjunto de la sociedad vasca y de sus instituciones democráticamente elegidas en cualquier conversación sobre el presente y el futuro del País Vasco. La población vasca deberá callar hasta que ETA gane su "guerra".
Desde hace bastantes años, ETA no es un movimiento de liberación nacional ni una respuesta enloquecida a la opresión de Euskadi, sino un foco de opresión sobre Euskadi y de recorte de las libertades y derechos de sus ciudadanos. No les mueve una lógica emancipatoria, sino una lógica de sometimiento y sumisión. Nunca hemos identificado a los votantes de HB con los asesinos de ETA, ni somos partidarios de ilegalizaciones o procesamientos con escasa base legal. Pero es preciso decirles que tienen una responsabilidad política inequívoca en lo que ocurre y que, mientras dicen luchar contra un "Estado terrorista" inexistente -pese a casos horrendos e injustificables de terrorismo de Estado, hoy en los Tribunales-, están sosteniendo indirectamente a una miniatura de lo que sería realmente un Estado terrorista, que detiene, condena y mata sin juicio alguno. Hay margen legal suficiente para un partido político independentista que trate, en primer lugar, de ganar a sus opiniones a una mayoría de la ciudadanía vasca, como existe en Cataluña. ¡Pero basta ya de muertes!
Durante las jornadas de Julio, centenares de miles de personas decidieron que tenían algo que decir y algo que hacer en la lucha contra la violencia. Esa voluntad no ha muerto, como demuestran las manifestaciones de Basauri y Ordizia. Sin embargo, hay signos inquietantes de que el Espíritu de Ermua corre serios peligros bajo la incomprensión y manipulación a la que está siendo sometido por quienes más obligación tienen de mantener un comportamiento responsable. No podemos menos que sumarnos a la advertencia lanzada por Gesto por la Paz: "Nos preocupa que, al calor de la impresionante movilización ciudadana contra el terrorismo, se quiera poner en nuestras bocas palabras que no hemos dicho, se quiera llenar nuestros silencios solidarios con propuestas que no hemos planteado".
Efectivamente, en Julio no nos manifestamos para que algunos llevaran agua al molino de los intereses particulares de las personas implicadas en los procesos relacionados con el GAL y con el secuestro, tortura y asesinato de Lasa y Zabala. Tampoco lo hicimos para que otros hicieran analogías inadmisibles entre la situación de los judíos exterminados en masa bajo el nazismo y la que, dentro de la sociedad vasca, ocupa el entorno social del autodenominado MLNV, con sus partidos, sindicatos y prensa legales y gozando de los mismos derechos que el resto de la ciudadanía. Y mucho menos aún lo hicimos para avalar una operación política deleznable puesta en marcha por el gobierno Aznar, simbolizada por lo que Solé Tura calificó con tino como el Espíritu de Las Ventas, en referencia a la españolada cutre, reaccionaria y revanchista en que se convirtió el festival organizado por RTVE desde el más descarado sectarismo.
El gobierno Aznar y el Partido Popular han tratado de imponer una traducción manipulada de las aspiraciones propias de las Jornadas de Julio, presentando como reivindicación social lo que no es sino un retorno hacia viejos proyectos de la derecha, concretados ahora en la intención de modificar el jovencísimo Código Penal con las apresuradas reformas legislativas propuestas, que para nada servirán sino para "hacer como si se hiciera algo", además de adentrarse en un escabroso terreno de excepcionalidades jurídicas. El actual Código penal suministra los suficientes recursos para la persecución de la violencia. La escalada criminal de ETA y de la violencia difusa procedente de una parte de su entorno social no tiene nada que ver con un "desarme" legal de policías o jueces.
Tras el primer consenso alcanzado en la mesa de Ajuria Enea en torno a algunas actuaciones razonables y legítimas, como el aislamiento político institucional de quienes no condenan la violencia, el gobierno del P.P. ha utilizado descaradamente la situación para sacar un beneficio partidista de ella, imponiendo un terreno de juego -el endurecimiento de las leyes, absolutamente innecesario- en el que la derecha juega con cumplida ventaja y del la izquierda no ha querido o no se ha atrevido a distanciarse con claridad..
El Espíritu de Ermua es un espíritu de libertad y de implicación ciudadana. Limitar el contenido del diálogo político o tratar de encerrarle en el ámbito de conversaciones confidenciales entre los partidos que forman las mesas de Madrid y Ajuria Enea es un retroceso respecto a lo avanzado en Julio. Hay que asumir que la diversidad de opiniones sobre cualquier tema forma parte de la normalidad política democrática, a diferencia de lo que ocurre con el recurso a la violencia. Y el debate debe ser público: los actores anónimos de las Jornadas de Julio no deben ser forzados a volver a la pasividad y esperar a que surja la fumata blanca o negra del necesario diálogo entre los partidos políticos.
Si uno de los objetivos fundamentales de toda política que busque libertad y paz para Euskadi será el aislamiento social de ETA y la creación de fisuras en el entorno que la sostiene, nada peor puede hacerse que dar la imagen de que quienes estamos contra ETA somos una misma cosa, un único proyecto. Todo lo contrario, la idea que se expresó en Ermua y en todos los lugares donde tanta gente se manifestó fue que, a pesar de ser distintos y a veces distantes, rechazábamos en común el recurso a la violencia.
Si bien el problema de la violencia etarra es dramático, y no puede ser tratado al ritmo de la Macarena, como hicieron Aznar, Ana Botella y "sus" artistas, es preciso desdramatizar la controversia en torno a asuntos polémicos relacionados directa o indirectamente con este asunto. El PNV y EA deben poder defender sus ideas nacionalistas sin por ello ser acusados de cobijar a ETA, mientras que, simultáneamente, es necesario que se pueda criticar al PNV sin levantar por ello automáticas acusaciones de españolismo y antivasquismo. Colectivos como Gesto por la Paz o, salvando las distancias, esta misma revista tenemos el derecho a propiciar el acercamiento de los presos y a considerarlo como un derecho individual claramente establecido por la ley, sin que por ello se insinúe que hacemos el juego a ETA. Podemos también, como ya hemos en otras ocasiones, afirmar que creemos conveniente un diálogo hacia una reforma constitucional que dé cabida a alguna forma de autodeterminación, y podemos inquietarnos ante algunas actuaciones policiales e interesarnos en que se aclaren sus circunstancias. Y, cómo no, el Partido Popular puede proponer medidas de reforma del Código Penal, siempre que no deforme la realidad de las Jornadas de Julio y no pretenda exigir al resto de la sociedad un compromiso de silenciar cualquier crítica al Ejecutivo y a sus propuestas ni promueva un clima de sospecha hacia toda disidencia con ellas
En definitiva, sabiendo que estamos ante un conflicto que no se resolverá
a corto plazo, pensamos que la izquierda y quienes compartan valores democráticos
profundos tenemos que implicarnos decisivamente en la lucha contra la violencia
y debemos reaccionar frente a la extensión del Espíritu
de Las Ventas. Lo que está en juego es demasiado serio para
permitir que la derecha haga y deshaga a su antojo. Sin pretender sacar
provecho partidista de ello, hay que empeñarse en la consolidación
y avance del Espíritu de Ermua. ¿O estaremos en una
sociedad mucho más madura políticamente que los partidos
que la representan?
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