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Comisión Estamos en marcha, Censier, Mayo 1968
Editorial de Iniciativa Socialista, número 49, verano 1998
El 24 de abril, los 207.774 miembros del PSOE que participaron en las elecciones primarias y dieron la victoria a José Borrell sobre el propio secretario general del partido, provocaron una convulsión que afecta al conjunto de la izquierda y a todo el panorama político.
Durante las semanas anteriores se había observado que el PSOE recobraba dinamismo y salía de una manifiesta paralización. Tras la votación, la rebelión de las bases, que optaron por el candidato que menos apoyo tenía en el seno del aparato partidario y dieron un batacazo a los barones regionales, ha sacado de su letargo a todas las fuerzas de izquierda, que ven cuestionado un funcionamiento interno anquilosado y burocratizado. También la derecha ha sentido la sacudida, como reflejan las violentas campañas que, desde los medios de comunicación bajo su control, ha desatado contra las personas que podrían simbolizar este nuevo estado de cosas.
Tres factores benéficos se han conjugado para producir este nuevo de estado de cosas, en el que la izquierda ha recuperado una importante cuota de protagonismo social y ya no parece ilusoria -aunque tampoco fácil- la perspectiva de sacar a la derecha del gobierno del Estado en las próximas elecciones generales:
- La convocatoria de elecciones primarias, que, a su vez, deriva del malestar existente en el partido y de los cambios producidos en el último congreso del PSOE ("factor Almunia").
- La presentación de un candidato alternativo en serio ("factor Borrell"), poniendo fin a una tradición de oposiciones internas caracterizadas por el miedo a ganar y limitadas a un honesto papel testimonial o a meras expresiones de sectores desplazados del aparato.
- El ejercicio de autonomía de la afiliación socialista ("factor bases"), imponiendo una opción contraria a los criterios de la mayoría de sus dirigentes, hecho muy novedoso en el sistema político español y que, de una u otra forma, afectará a todos los partidos, sobre todo a los de la izquierda.
Lo ocurrido demuestra que el PSOE no es un partido muerto y que los hombres y las mujeres que lo componen tienen criterios propios e impulso transformador, aún a pesar de los efectos perniciosos provocados por demasiados años de excesiva institucionalización de la actividad del Partido Socialista y de ubicación en el ala derecha de la socialdemocracia internacional. La base socialista, harta ya de cargar con culpas no colectivas (GAL; corrupción, etc.), ha manifestado una clara voluntad de superar esa etapa, de desembarazarse de las losas que venían lastrando la actividad del PSOE, de salir de ese círculo de complots y anticomplots y ponerse a hacer política.
Pero lo más importante es que las elecciones primarias del PSOE y el triunfo de José Borrell han introducido importantes cambios en el escenario político.
Ha cambiado el estado de ánimo de la izquierda. Hasta el momento en que Borrell anunció su candidatura, casi toda la izquierda se había hecho a la idea de atravesar una nueva legislatura con Aznar al frente del Gobierno. Ahora, el pueblo de izquierda levanta la cabeza y cree firmemente en la posibilidad de incorporar España a la tendencia que se impone en Europa, favorable a la formación de mayorías de las izquierdas. Por ello, si no lo desperdicia en guerras de camarillas, este nuevo espíritu favorecerá al PSOE, que ya ha ganado credibilidad social y establecido una nueva relación -más entusiasta, no resignada- de la izquierda social hacía él, pero también puede dar impulso a todas las fuerzas de izquierda y movimientos sociales que sean capaces de responder adecuadamente a lo que la izquierda social reclama y comprendan el significado renovador y democratizador de lo ocurrido.
Ha cambiado la propia percepción de la alternativa izquierda/derecha. Aunque esa diferenciación está bastante marcada en la conciencia ciudadana de este país, políticamente había difuminado bastante su contorno. Todo eso empezó a cambiar durante la campaña de primarias, y fue confirmado en el debate sobre el Estado de la Nación, en el que Borrell, pese a los errores pedagógicos cometidos en su intervención, expresó con total claridad, dentro de una concepción socialdemócrata clásica, la oposición global, incluso a escala internacional, entre el proyecto liberista y un proyecto socialista democrático "que no se resigna a que el mercado trate como mercancías lo que son derechos que dan dignidad a la persona. Que sabe que sólo la política puede garantizar esos derechos basándolos en el cumplimiento de los deberes" (Borrell ante el C. F. del PSOE).
Ha cambiadola relación entre las fuerzas de la izquierda, desbloqueando el diálogo y acelerando o poniendo en marcha procesos de entendimiento indispensables para hacer frente en lo inmediato a las políticas reaccionarias de la derecha y para comenzar en 1999 la recuperación del poder a través de los ayuntamientos y comunidades autónomas. El nuevo clima político abierto tras las elecciones primarias del PSOE ha propiciado un ambiente social mucho más favorable para el entendimiento de la izquierda, en el que, pese a las dificultades que los acompañan, deben situarse hechos como el preacuerdo entre PSOE y Nueva Izquierda para presentar listas conjuntas en la Comunidad Autónoma madrileña y en el Ayuntamiento de Madrid o el nuevo tono de la oferta de diálogo lanzada por Julio Anguita en el debate sobre el Estado de la Nación.
Las izquierdas viven un momento apasionante, en el que nada está decidido. El conflicto entre las aspiraciones de la mayoría social de izquierda y la inercia de los aparatos no está, ni mucho menos, resuelto. Nos encontramos en condiciones mucho más favorables que hace tres meses, pero esta nueva etapa acaba de comenzar y no estará exenta de riesgos y de graves problemas, algunos de los cuales se han expresado ya tomando formas preocupantes. Quedan también abiertos algunos interrogantes.
Inquieta, por ejemplo, el que diversos y contrapuestos sectores del PSOE parecen no haber tomado las elecciones primarias como el comienzo del camino de la izquierda hacia el Gobierno, sino como el punto de partida de una "guerra civil" dentro del partido. Desde quienes no pueden ocultar su deseo de que Borrell "se estrelle", y magnifican sus errores, hasta quienes se aprestan a saldar cuentas por pasadas reyertas, todos ellos tergiversan el significado novedoso de la rebelión del 24 de abril, expresión de un anhelo emergente de democracia, cambio y pluralidad no identificable con ninguna de las corrientes o "sensibilidades" tradicionales. El mayor peligro que amenaza al PSOE es derrochar el impulso social generado por las primarias y desperdiciar esta nueva oportunidad de apertura a la sociedad, agotando sus fuerzas en ajustes de cuentas de uno u otro signo.
Existe también el grave riesgo de que estos conflictos internos adopten la máscara oportunista de falsas dicotomías, como la que opondría la democracia interna y la participación ciudadana a la unidad de la izquierda, cuando, en realidad, ambas aspiraciones constituyen, en cierta forma, el espíritu del 24 de abril. Por ello, en el momento de escribir estas líneas queremos expresar nuestro deseo de que la FSM-PSOE y el PDNI madrileños sepan encontrar las fórmulas adecuadas para que, respetando la autonomía de cada organización, su positivo acuerdo sea ratificado y mejorado con una amplia participación social y se convierta en peldaño hacia una convergencia progresista aún más plural y más extensa territorialmente. Ni la unidad debe ahogar la democracia interna, pues aquella dependería entonces de los humores caprichosos de los aparatos, ni la democracia debe ser coartada para patriotismos de partido que ignoren la voluntad unitaria de la izquierda social.
Tan imprescindible resulta, pues, proseguir y extender el impulso democratizador iniciado con las primarias del PSOE como asumir la existencia de una izquierda plural, de las izquierdas. El PSOE no debería emborracharse de su nuevo protagonismo, pretendiendo representar por si sólo a toda la izquierda, pues fuera de él, además de Izquierda Unida, quedan espacios democrático radicales, ecosocialistas, de nueva izquierda y de jóvenes libertarios que, hoy por hoy, no puede abarcar. A su vez, las demás fuerzas de la izquierda deben reconocer que no hay ninguna posibilidad de articular alternativas reales de gobierno sin que el PSOE esté en el centro de ellas, aunque se mantengan legítimas y necesarias discrepancias con ese partido y con el propio Borrell. Quizá sea preciso pensar en alianzas de geometría variable, en las que puedan convivir acuerdos entre una gran parte de la izquierda para la presentación de candidaturas comunes en las elecciones municipales, autonómicas y generales, y, a la vez, una convergencia post-electoral con las fuerzas progresistas que no compartan esa estrategia pero que acepten que la izquierda no puede permitirse repetir disparates como los que han llevado a que Asturias, Córdoba o Málaga estén gobernadas por una derecha minoritaria.
Finalmente, queda aún por comprobar si Borrell está donde ha dicho estar y donde la izquierda social le ha puesto; queda, por tanto, saber si quiere -y le dejan- propiciar un giro real a la izquierda y asume que, desde el 24 de abril, ya no le basta con ser el candidato de su partido a la presidencia del Gobierno sino que debería ser también capaz de encabezar un movimiento común de la izquierda plural, en el que siga habiendo espacio para la discrepancia y la crítica. En definitiva, está por ver si protagoniza un atrincheramiento en la casa común algo reformada o si lidera la causa común con, al menos, la sensibilidad social y el respeto a la pluralidad de que ha dado pruebas Jospin, y la radicalidad para abordar reformas políticas e institucionales democratizadoras mostrada por Blair. Por supuesto, esto no depende sólo del propio Borrell, sino, ante todo, del desarrollo de una presión social suficientemente poderosa para ser garantía de cambios sustanciales.
En todo caso, la presencia de Borrell como líder de la oposición
se ha convertido en un soplo de aire fresco que ha revitalizado a la izquierda.
¡Bienvenido sea!
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