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Izquierda como cultura,

Izquierda como gobierno


Editorial Iniciativa Socialista número 55, invierno 1999-2000


I

Las izquierdas europeas se encuentran sometidas a un proceso inacabado de cambios. En la década transcurrida desde la caída del muro de Berlín se ha mantenido su indefinición . Ello es una consecuencia directa , en primer lugar, de que la descomposición del comunismo como referente político ha alterado esencialmente los alineamientos ideológicos nacidos de la guerra fría. Pero esa indefinición es consecuencia, también, de la amplia hegemonía entre las élites políticas europeas de las ideas del mal llamado neoliberalismo, cuya confianza extrema en la capacidad autorreguladora de los mercados y su oposición a la garantía pública de los derechos sociales, ha impregnado a sectores de la socialdemocracia y de algunos partidos excomunistas.

El hecho de que existan gobiernos polarizados alrededor de una o de varias fuerzas de izquierda en Francia, en Alemania, en Inglaterra , en Portugal, en Italia, y en otros países, no ha facilitado, sin embargo, la transformación de las diversas izquierdas europeas en una izquierda europea. A pesar de algunos avances, resulta preocupante la incapacidad de situar en el primer plano de su quehacer un proyecto europeo constituyente. En todos los terrenos, empezando por la debilidad democrática de las instituciones europeas y siguiendo por la incapacidad de poner en marcha una política exterior común, que la crisis de la ex-Yugoslavia ha puesto de manifiesto una y otra vez. Así, las izquierdas gobernantes actualmente en Europa fracasarán, cualquiera que sean sus logros nacionales, si no cumplen lo que debiera haber sido su prioridad esencial: la creación de una Europa política basada en un espacio social, democrático y solidario. Sin esa perspectiva de construcción política europea, es imposible afrontar la mundialización económica de forma que sea posible evitar la asignación por fuerzas mercantiles de los derechos sociales.

Blair, Schröder o Jospin no deben ser ya entendidos únicamente como políticos nacionales de sus respectivos países. Para nosotros una vía nacional es una vía muerta para la izquierda. La valoración de los gobiernos y de las fuerzas de las izquierdas debe hacerse desde la afirmación de la necesidad de buscar nuevas fronteras y nuevas líneas de actuación a escala europea. Un fracaso de los actuales gobiernos de la izquierda no reflejaría solamente la incapacidad de la socialdemocracia europea para encabezar y desarrollar un proyecto constructivo sino que sería, también, expresión de la debilidad de la movilización progresista respecto a las alternativas políticas de defensa de derechos individuales, extensión y radicalización de los derechos democráticos y de definición de los derechos sociales capaces de consolidar una nueva etapa del estado de bienestar de dimensión europea. Sería un fracaso de los gobiernos y los partidos y, sobre todo, un fracaso de la sociedad europea.

En estos momentos el debate público más significativo de la izquierda europea es el que confronta en las filas del socialismo democrático a la "tercera vía" de Blair con la "vía francesa" de Jospin. Pero este debate puede acabar resultando más mediático que real por cuanto ni las propuestas de Blair resultan tan novedosas ni las críticas, en ocasiones descalificadoras, de sus adversarios nos presentan alternativas que vayan más allá de un vocabulario más izquierdista. A nosotros nos interesan las prácticas renovadoras de la izquierda, no el verbalismo y, desgraciadamente, echamos en falta esa clase de prácticas en ambos sectores del socialismo europeo. En esta revista no somos conservadores de izquierdas, hemos sostenido reiteradamente, respecto a determinados proyectos supuestamente radicales, que hay retóricas izquierdistas e hipocresías programáticas que no aportan nada a la revitalización de la izquierda.

La izquierda europea del futuro no creemos que deba ser monolítica sino plural. Nos parece que el primer reto de una izquierda con voluntad de autotransformación debería ser su apertura mental, su salida del ghetto organizativo y de la exclusividad de la política organizada alrededor de políticos profesionales, su apertura a todo lo que de progresista hay en los diferentes ámbitos sociales. Eso significa, también, que debemos evitar cualquier punto de vista excluyente. Las diferentes corrientes del socialismo democrático, los excomunistas, los verdes, los sectores libertarios, las izquierdas ecosocialistas, el asociacionismo solidario, etc. son componentes de esa izquierda plural y es necesario el diálogo entre ellas. Aunque, indudablemente la socialdemocracia ocupa un espacio fundamental dentro de la izquierda en cuanto fuerza electoral central de los votantes progresistas de Europa y fuerza de gobierno o alternativa. Lo que suceda en torno suyo es de una importancia trascendental.

Pero esa apuesta por una izquierda plural no la hacemos desde una posición indiferente entre sus diversos componentes. Tenemos nuestra propia apuesta por una específica síntesis de lo que nos parece más positivo de diferentes corrientes de la izquierda. En el número anterior de Iniciativa Socialista José María Mendiluce nos indicaba algunas de las características que considera necesarias para la izquierda, esta debería ser: "radicalmente democrática, profundamente liberal (antes diríamos libertaria), realmente sensible a (…) la mejor escuela ecológica, moderna en su discurso, universalista en sus análisis y respuestas, multicultural y abierta, transversal de vocación, científica en sus propuestas, pragmática en sus alianzas, respetuosa con la diversidad de opciones y planteamientos, joven en su lenguaje, utilizadora de las nuevas tecnologías de la comunicación, ferozmente antiburocrática y contagiadora de felicidad….". Y después de hacer esa enumeración de características, Mendiluce nos preguntaba: "¿las veis por algún sitio?". No la vemos por ningún lado con esos rasgos, pero esa es, en términos generales, la izquierda europea por la que apuesta Iniciativa Socialista.
 
 

II

La búsqueda de nuevas prácticas políticas al servicio de una ciudadanía europea nos sitúa en una intersección entre la izquierda como cultura y la izquierda como gobierno. Esa tensión es inevitable. Apoyamos gobiernos de la izquierda para que realicen un proyecto de reconstrucción democrática y social de Europa. Pero sabemos, y tenemos que decirlo rotundamente, que para que esos gobiernos existan no basta, aunque sea necesaria, la victoria electoral, también es precisa una recuperación cultural de la izquierda y una movilización social alrededor de ejes progresistas. Nuestro principal motivo de preocupación es la pérdida de influencia de la izquierda social. Si pensáramos que la política puede dejarse en manos únicamente de los aparatos de los partidos y de los políticos profesionales, no habríamos comprendido nada aún de la dialéctica crítica en que se mueven las instituciones de nuestro tiempo. No se trata sólo de cambiar leyes ni únicamente de cambiar las instituciones, lo más importante es luchar por modificar la relación entre las instituciones y los ciudadanos y que ese proceso sirva para convertirnos en ciudadanos más autónomos..

Una cultura de izquierda para el próximo milenio nos parece que debe considerar indispensable el poder para transformar la sociedad pero no creer que la lucha de la izquierda sea únicamente la lucha por gobernar. Gobernar para transformar, pero sabiendo que transformar no es únicamente tarea de los que dirigen sino que hay que implicar a capas cada vez mayores de la población. Edificar una democracia participativa es una de las metas esenciales para la izquierda de las próximas décadas.

La potencialidad de la izquierda deriva de su capacidad para entroncar con las luchas liberales, democráticas y obreras que desde el siglo XVIII han patrocinado una revolución democrática, un gran proyecto de autonomía humana,. La izquierda es parte esencial de un proyecto que no contrapone la libertad y la igualdad , sino que considera que están intrínsecamente unidas.

La experiencia histórica nos indica que no es fácil la coexistencia entre el proyecto de gobierno y el proyecto de cultura de la izquierda. Queremos gobiernos más sensibles a la cultura de una izquierda plural. Al mismo tiempo, queremos una cultura de la izquierda más impregnada de pragmatismo para gobernar desde bloques hegemónicos amplios. La izquierda debe organizarse para gobernar y debe ser pragmática para formar sólidas alianzas de poder progresista. Pero al mismo tiempo, la izquierda debe ser un proyecto de ciudadanía, de conquista de la autonomía individual. Esa tensión puede ser incontrolable para los aparatos políticos de la izquierda. Por ello , hace falta algo más, hacen falta redes, movimientos, asociaciones, iniciativas múltiples y plurales.
 
 

III

La izquierda europea tiene un protagonismo en la sociedad muy inferior al que le correspondería si fuera capaz de dedicar los esfuerzos debidos a movilizar a sectores importantes de la población en torno a campañas liberales, democráticas y sociales. El futuro de la izquierda no se encuentra en la "reconstrucción de un programa", que la abocaría al tradicional callejón sin salida entre los maravillosos programas irrealizables y el oportunismo sin principios de las prácticas reales.

Desde Iniciativa Socialista creemos que la principal tarea de la izquierda, como cultura y como lucha, es desarrollar campañas para generar apoyo social en relación a los temas fundamentales para nuestra sociedad. Ese es el camino, también, para vincular a los gobiernos de izquierda con compromisos de profundización democrática y social.

Las causas justas que merecen nuestra movilización no pueden, en muchos casos, ser logradas plenamente de forma inmediata. Dependen de que se aglutine en torno suyo un amplio apoyo. Son luchas que van mucho más allá del programa de un determinado gobierno. Apostamos y debemos apostar por gobiernos de izquierda (incluyendo un gobierno progresista liderado por Almunia en España), pero la cultura y la lucha de la izquierda no debe estar sometida a un determinado proyecto político.

Una vez afirmada la prioridad de las campañas respecto frente a la visión programática tradicional, sería legitimo preguntar: ¿cuáles son esas campañas? No vamos a intentar efectuar una relación completa de las luchas que merecerían nuestros esfuerzos, pero sí intentaremos indicar algunas de las campañas que por su contenido liberador nos parecen alimentadoras de esas metas de profundización democrática. Indudablemente sólo la realidad, esto es, el concurso de activistas y de sensibilidad social puede garantizar el éxito. Sabemos que algunas de las campañas que nos parecen justas y necesarias sólo pueden ser, de momento, minoritarias, pero desde la cultura de izquierda no podemos renunciar a ellas y a intentar convencer a la mayoría de la sociedad de su justicia y necesidad.

En el terreno de las libertades y los derechos individuales en la sociedad europea están planteadas batallas importantes en sí mismas, pero también esenciales para que el proyecto democrático siga siendo el referente del resto del mundo. Nos parecen merecedoras de todo nuestro esfuerzo el apoyo a campañas como las siguientes:

- Protección efectiva de los derechos individuales en el seno de las asociaciones, agrupaciones, confesiones religiosas, familias y núcleos de convivencia voluntaria.

- Defender Europa como territorio laico (Eliminación de los privilegios de la Iglesia católica o de otras confesiones. Prohibición del adoctrinamiento religioso dentro de las escuelas. Derecho de los niñ@s a una educación para ser ciudadan@s de una sociedad plural, laica y democrática).

- Derecho a la libertad sexual y afectiva de los ciudadan@s con el único límite del respeto a la libertad de los demás (Fin de toda discriminación por razón de opción sexual. Educación para la libertad sexual y afectiva de l@s niñ@s)

- Derecho a la eutanasia libremente decidido por las personas en uso de su razón.

- Contra la prohibición de las sustancias calificadas como drogas (estamos en contra del proteccionismo del estado, que sólo fomenta el mercado negro y la mafia, pero, sobre todo, negamos radicalmente la restricción de los derechos individuales que supone y la histeria policial que la acompaña).

-Reconocimiento de derechos civiles y políticos a los inmigrantes

-Derecho de las mujeres al aborto libre y gratuito.

En el campo de la extensión y radicalización de la democracia, indispensable para superar la actual parálisis de las democracias occidentales, nos parecen esenciales campañas como las siguientes:

-Por una paridad efectiva entre hombres y mujeres en todas las instituciones superiores del Estado, incluyendo las cámaras de representantes.

-Establecimiento de una ley de derechos de l@s trabajador@s el seno de las empresas, incluyendo leyes de cogestión social en las grandes organizaciones y grupos empresariales.

-Utilización de fórmulas consultivas a todos los ciudadan@s sobre temas de especial trascendencia, aprovechando para ello las posibilidades de las nuevas tecnologías.

-Persecución extraterritorial de las violaciones de los derechos humanos y de los delitos de genocidio. Juicio a criminales políticos como Pinochet o Milosevic.

-Federalización y municipalización de Europa. Desarrollo de nuevas formas de poder local, incluyendo asambleas ciudadanas, en pequeñas poblaciones y barrios, con poder de convocar consultas populares sobre temas de ámbito local.

En derechos sociales apoyamos un nuevo estado de bienestar, construido a escala europea, sostenible ecológicamente, menos estatalista y, al mismo tiempo, más orientado al reconocimiento de una ciudadanía social:

-Por un salario mínimo social de ciudadanía , de carácter universal, para todos los europeos, capaz de sustituir muchos de los actuales subsidios y pensiones y de atender las necesidades de las personas discapacitadas.

-Por la profundización en el gran logro social que supone una sanidad pública, sostenible financieramente y de funcionamiento transparente.

-Por la limitación de la jornada laboral a 35 horas por ley en toda Europa y la garantía pública de su cumplimiento.

-Por el establecimiento de una fiscalidad internacional para financiar los derechos sociales globales, partiendo de una tasa sobre los flujos de capital.

-Defensa de los derechos de los ciudadanos en cuanto consumidores. Por leyes antimonopolistas y antioligopolísticas en Europa y a nivel mundial.

-Por el cierre de todas las centrales nucleares.

-Por el establecimiento de una fiscalidad ecológica, respecto a industrias y particulares, sobre el uso de los recursos escasos y sobre los consumos excesivos. (En particular, fiscalidad progresiva de los consumos excesivos de agua, impuestos adecuados sobre los combustibles fósiles).

-Por el 0,7% de ayuda al Tercer Mundo en toda Europa destinados a proyectos sociales gestionados de forma transparente.

-Por una ley europea de inmigración generosa y realista.

En relación a la actualidad internacional, ésta demanda permanente la movilización por causas justas y contra la barbarie. En estos momentos nos preocupan especialmente y merecen nuestro completo apoyo:

-Campaña contra la agresión rusa: solidaridad con el pueblo de Chechenia. ¡Alto al militarismo ruso en el Cáucaso!

-Solidaridad con los pueblos de Bosnia, Kosovo y Timor.

-Campaña contra la pena de muerte en todo el mundo (Especial atención a Estados Unidos y a China).

-Apoyo a la democracia y el respeto de los derechos humanos en Afganistán, China, Corea del Norte, Turquía, Cuba, Arabia Saudita y en todos los demás países del mundo que los conculcan gravemente.

Para todas las campañas que hemos esbozado existe el sustrato básico de organizaciones y activistas en acción respecto a los temas respecto a los que se sienten especialmente sensibilizados. El auténtico reto es comprometer tejido social en esas luchas, especialmente entre la juventud. Las luchas son las que permiten avanzar a la cultura de la izquierda.

La responsabilidad de todos nosotros debe ser crear lugares de encuentro abiertos, plurales y fluidos, así como ayudar a coordinar las distintas iniciativas nacionales e internacionales para apoyar las campañas progresistas y diseñar nuevas campañas. Desde dentro y desde fuera de la izquierda organizada en partidos, hay que fomentar una recuperación cultural de los valores democráticos y radicales de la izquierda. Desde dentro y desde fuera de la izquierda organizada en partidos hay que señalar que el necesario pragmatismo para poder gobernar no es incompatible con la lucha cultural por la recuperación social de la izquierda. La cultura que defendemos es la de una izquierda demócrata y libertaria que lucha por objetivos democráticos y libertarios.
 
 
 
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