Iniciativa Socialista (portada) Partido Popular: candidatos de la guerra
El 25 de mayo, se tiene que notar a la hora de votar


consejo editorial Iniciativa Socialista

Iniciativa Socialista (http://www.inisoc.org), número 68, primavera 2003

En respuesta al llamamiento lanzado desde el Foro Social de Florencia, decenas de millones de personas protagonizaron el pasado 15 de febrero, a lo largo y ancho de nuestro planeta, la mayor, única en su alcance y características, movilización global simultánea de la historia. Una nueva potencia estaba surgiendo: la opinión pública mundial, como reconoció el propio New York Times. Y esa potencia ciudadana ha dicho no a esta guerra, una guerra que está causando un alto número de víctimas, incluida la población civil, y que resulta tanto más cruel en la medida que todo parece confirmar que, pese al inequívoco carácter sanguinario y totalitario del régimen de Sadam, no existían en estos momentos amenazas hacia el exterior o matanzas masivas internas que hicieran imprescindible el uso del recurso extremo de la guerra. No a esta guerra, tanto más repugnante en la medida que no muestra signos de contribuir a la democratización de la región y que está cargada por una evidente voluntad de dominación global de la muy reaccionaria Administración presidida por George Bush, varios miembros de cuyo equipo más cercano tienen o han tenido relaciones directas con las empresas a las que se están otorgando ya los "contratos de reconstrucción". No a esta guerra, decimos nosotr@s, sin manidos "anti-imperialismos" en los que todo cabe y sin contar con "la ayuda" de ningún dios, y menos aún de la mano de sátrapas sanguinarios como Sadam, sino por la libertad y por la dignidad de cada ser humano.
España forma parte de esa corriente de repulsa a la guerra. Hoy, 1 de abril, una extraordinaria rebelión cívica sigue recorriendo nuestro país. Millones de personas muestran su rechazo a la guerra y a la alianza del gobierno Aznar con los impulsores de esta barbarie. De una forma u otra, en manifestaciones, mediante lazos, con pegatinas, con carteles, con conciertos, con paros simbólicos y posiblemente con la huelga convocada para el 10 abril, mediante correos electrónicos y un sinfín de iniciativas producto de la creatividad individual y colectiva, la mayoría del país ha dicho ¡basta ya¡ a la guerra y a sus adalides.
Una sociedad que los sucesivos gobiernos del PP creían haber sumido en la pasividad y el ensimismamiento, en el egoísmo y la insolidaridad, se ha levantado con una pujanza extraordinaria. En primera fila, la juventud y el mundo cultural, pero con una participación muy amplia de todas las generaciones y grupos sociales, incluidas muchas personas votantes del Partido Popular.
No ha sido la movilización contra la guerra un hecho aislado, aunque si el más amplio, con precedentes como la Huelga General del 20-J y las posteriores movilizaciones que echaron abajo el decretazo, o como el apoyo solidario al pueblo gallego y al grito de Nunca Máis ante el brutal zarpazo que su ecosistema y su forma de vida sufrían por la negligencia criminal del Gobierno de la Xunta y del Gobierno central. El tiempo social había cambiado y preanunciaba el cambio político, quizá como una de las expresiones de un cambio cultural y de valores, con dimensión transnacional, tan profundo como el que tuvo lugar hace algo más de treinta años, aunque ésta es una hipótesis que sólo puede ser confirmada a medio plazo.
En todo caso, el alineamiento incondicional del Aznar con la guerra, su papel como ariete de Bush contra la ONU y la Union Europea, su función como amenazante alcahuete encargado de presionar a varios países latinoamericanos, su cinismo, su desprecio a la verdad y su menosprecio de la opinión pública y de la oposición política, ha dado lugar a que millones de ciudadanos se incorporasen de forma ejemplar, masiva, pacífica y consciente a una movilización persistente contra la guerra. Esta ciudadanía ha sido convocada el próximo 25 de mayo a las urnas en las elecciones autonómicas y municipales.
Hay muchas razones de política de Estado, nacional, regional, y local para no apoyar a las candidaturas del PP en las próximas elecciones: su gestión municipal y regional en beneficio de los intereses privados y de los grandes negocios; el deterioro de los pilares del estado del bienestar y la progresiva mutación de los derechos sociales en beneficencia; su negativa a realizar una integración plena de los inmigrantes; el rechazo de las iniciativas parlamentarias dirigidas a lograr plenos e iguales derechos para gays y lesbianas; el boicot a la aprobación de una ley integral contra la violencia de género; su sectarismo a favor de la Iglesia católica en detrimento de otras religiones y, ante todo, del laicismo y del libre pensamiento; su política de seguridad basada en la prohibición arbitraria y la represión de pequeños o inexistentes delitos mientras que las mafias de todo cariz campan a sus anchas y se reduce la capacidad operativa de la policía en los ámbitos en que más necesaria resulta... Todo nos lleva a la conclusión inequívoca de que hay que derrotar a las candidaturas del PP en las próximas elecciones.
Sin embargo la guerra ha colocado estas elecciones en otro escenario, por mucho que se empeñen sus candidatos en escabullirse del tema que tiene convulsionada a la sociedad. La derrota sin paliativos del PP, el partido de la guerra, supondrá, por un lado, un rechazo contundente a una forma de gobernar llena de soberbia y de creciente desprecio a los valores de la democracia y de la convivencia plural. Nos ha indignado la opción belicista de Aznar, pero también su incapacidad para explicarla, la cobardía con la que, ante cada sondeo con abrumadora mayoría contra la guerra, ha respondido con un juego de palabras tratando de apropiarse de lo que era un inequívoco no a su postura, la manipulación informativa, las censuras, el insulto a la oposición, la criminalización de la rebelión y la provocación policial frente a una ciudadanía que se manifestaba, en su aplastante mayoría, de forma pacífica y totalmente ajena a las insignificantes minorías fascinadas por la violencia y el totalitarismo que, bajo de la excusa de "más mata la guerra", podían tratar de desdibujar la diferencia entre democracia insuficiente y fascismo, imitar la urbana "kale borroca" del entorno proetarra o introducir consignas contrarias al espíritu del movimiento y tendentes a maquillar el carácter brutal de la violencia de ETA. Votar contra el PP, y sabemos que "votar contra" no es una fórmula adecuada en situaciones de normalidad democrática, se ha convertido en una urgencia pública, pues si bien los líderes de la derecha española ya saben perfectamente que el 90% de la población dice "no a vuestra guerra", es preciso decirles también que la gente de este país no está dispuesta a ser gobernada de esta manera.
No obstante, es preciso también recalcar la dimensión supranacional del voto. Ignoramos si el 25 de mayo la guerra habrá terminado o seguirán los combates. Pero la guerra contra Irak no ha sido una acción de coyuntura ante una agresión. El consejo muncipal de Nueva York, la ciudad mártir del 11 de septiembre de 2001, se ha pronunciado contra esta guerra. Esta guerra no se hace por las víctimas de las Torres Gemelas, ni por el torturado pueblo iraquí. Esta guerra es una parte de un proyecto de dominación global al que hay que hacer frente. Derrotar al PP en las próximas elecciones supone un debilitamiento de las fuerzas que están machacando a la población iraquí y destruyendo la posibilidad de dar pasos en una "gobernanza" democrática internacional; supone un aliado menos en el frente guerrero que dirige la camarilla ultrareaccionaria que encabeza Bush. Un Aznar desautorizado en las urnas, aunque sea por candidatos interpuestos, es un Aznar que no podrá seguir diciendo que su mayoría absoluta es mas representativa que el 85-90 % de la población que dice NO a la guerra. Un PP derrotado el 25 de mayo es un Gobierno con menor capacidad de seguir siendo base logística y de apoyo a las fuerzas militares dirigidas por Rumsfeld. Un PP rechazado es un caballo de Troya menos dedicado a la tarea de desmontaje de la débil e incipìente autonomía de la Unión Europea.
Salvo escasas excepciones, todos han cerrado filas en el PP, por convencimiento o por clientelismo, incluidos personajes como Alberto Ruiz Gallardón, quien intenta dar una imagen de tolerancia y modernidad pero que fue el primero que en la dirección del PP se levantó para apoyar la escandalosa política de Aznar y todavía no ha hecho el menor gesto de distancia.
Un PP que cierra filas y aplaude a Aznar en su política de guerra es un PP cómplice de la actual situación. Un PP donde la Ministra de Asuntos Exteriores es capaz de insultar a la ciudadanía situando los “logros” de la guerra en la bajada de unos céntimos del precio del petroleo y en la subida de las bolsas, como si los ciudadanos fuesen tan indecentes como el Gobierno para lucrarse de la barbarie. Un PP donde Ana Botella, de la que no sabemos bien si es acompañante o acompañada respecto a Gallardón en la candidatura al Ayuntamiento de Madrid, muestra su cinismo diciendo que "la diferencia con otros conflictos es que hoy se piensa en la reconstrucción del país y la recuperación de la democracia", lo que sólo es cierto en lo que se refiere a los negocios que puedan derivar de la "reconstrucción" de lo previamente destruido. Estamos, pues, ante un PP en el que unos se esconden esperando que acabe el chaparrón de los bombardeos, pero donde casi todos son cómplices por acción u omisión con la política de Aznar.
Las elecciones del 25 tienen una importancia decisiva. Son las más importantes desde aquellas que nos dieorn los primeros ayuntamientos democráticos tras el franquismo. El malestar ante ciertas formas de la política tradicional o la decepción frente a comportamientos inadecuados o voluntades paniaguadas de transformación social es legítimo, pero, hoy más que nunca, la abstención sería un error. Cada voto cuenta, y lo que cuenta ahora es, en primer lugar, poner al PP en su sitio, votando, y votando a otras candidaturas.
Desde la pluralidad que caracteriza al equipo editorial de esta revista, vamos a trabajar, en común e individualmente, para apoyar con particular empeño a las candidaturas de izquierda, ya sean organizaciones de ámbito general, como PSOE, IU o Los Verdes, partidos arraigados en ámbitos territoriales definidos, como BNG, ERC, IC-V o la Chunta, o candidaturas locales de signo progresista. Ese es nuestro voto, cada cual a la opción que prefiera.
No obstante, el esfuerzo político a realizar va más allá de los electorados tradicionales de la izquierda, como lo ha ido la movilización contra la guerra. Es obligado un diálogo con quienes no se identifican como "izquierda" pero han rechazado la guerra. Un diálogo en el puede recordarse que el voto no es un compromiso de por vida ni exige identificaciones al 100%, pero en el que es preciso también tener la amplitud de miras suficiente como para proponer, a quien se considere "centrista" o conservador y no se sienta compatible con ninguna de las opciones de la izquierda disponibles en su municipio o comunidad, que exprese su rechazo al partido de la guerra votando a fuerzas que, aunque no son de la izquierda, se han opuesto a la guerra, o incluso formando agrupaciones de electores específicas. En esta voluntad de animar a votar a la izquierda, mejor, pero en todo caso contra el partido de la guerra y a favor de candidaturas contrarias a esta guerra, es preciso, claro está, hacer una excepción: por mucho que hayan hablado contra la guerra y por la paz, ni un sólo voto a cualquier candidatura que no rechace la violencia criminal de ETA. No creemos en las lágrimas por el pueblo iraquí de quienes no se sienten conmocionados por el tiro en la nuca o la bomba a su vecino. No estamos aquí opinando sobre si esas candidaturas deben o no ser admitidas, eso es algo sobre lo que ya se han realizado varios comentarios en esta revista, lo que decimos es que, si están, no hay que votarlas.
En resumen: el Partido Popular es la única fuerza política significativa que ha defendido la guerra. Eso se debe de notar a la hora de votar. No hay otro canal político democrático para dar cuerpo político al grito de "dimisión" que se ha ido extendiendo en las manifiestaciones. Hay que derrotar al PP el 25 de mayo. Ese es el primer paso.
No estamos ante un debate electoral cualquiera, pues nuestro Gobierno ha tomado una posición contraria a la ciudadanía y de consecuencias nefastas para la humanidad. O con esta guerra y las que puedan derivarse del proyecto encarnado por Bush, que ya amenaza a otros países, o con la paz y la humanidad. Aquí, la ciudadanía tiene en sus manos una formidable arma democrática: el voto, un voto que puede derrotar a uno de los responsables de los bombardeos sobre Irak. A esa tarea y a la lucha contra la guerra volcará todos sus esfuerzos en las próximas semanas el colectivo de mujeres y hombres que formamos parte de esta revista.