Iniciativa Socialista (portada) El estado del mundo
tras la guerra de Irak

consejo editorial Iniciativa Socialista

Editorial. IS 70, otoño 2003


ÚLTIMA HORA. Con esta revista ya maquetada y a punto de enviar a imprenta, se confirma una de las hipótesis tomadas en cuenta en este editorial: la capitulación del Consejo de Seguridad, incluyendo los gobiernos de Fracia y Alemania, ante la política de Bush para Irak. Publicamos el texto tal y cómo saldrá en la revista-papel, sin esperar a posteriores valoraciones más desarrollada. Una vez más, todo depende de la gente de común, el “pueblo” del 15 de febrero, por encima de patrias, fronteras y gobiernos.

La guerra de Irak supuso una victoria rápida y poco costosa para la Administración Bush, aunque todavía no está claro si también influyó en la rendición iraquí la compra de alguno de sus generales, además del nulo deseo que la mayor parte de la población sentía de dar su vida por Sadam. Sin embargo, la victoria se les ha atragantado a través de una posguerra de inestabilidad creciente a la que no se ve salida. Ya han muerto más soldados estadounidenses -y dos militares españoles, por cierto- durante la ocupación que en la guerra; los ataques aumentan cada día con mayor organización y las tropas residuales de un Sadam desaparecido, los grupos terroristas islámicos y las acciones de resistencia de la población, que tienen intereses contradictorios y distintas motivaciones y propuestas, parecen converger en el único objetivo de que se marchen las tropas de ocupación o, al menos, de protestar contra su actuación.
A la acción de grupos baasistas, se suma la de grupos islámicos fundamentalistas y quizá la de Al Qaeda, configurando una realidad que antes no existía, en una situación que estos grupos utilizan para justificar su actuación. En esta escalada, el asesinato del ayatola chií Mohamamad Baquir al Hakim, los dos atentados contra la ONU y el asesinato de la ministra del gobierno provisional Akila al Hashemi han sido saltos cualitativos que demuestra lo difícil que puede ser conseguir ordenar Irak, pero ya no solamente para los estadounidenses sino también para una posible misión de la ONU, como muestra el abandono parcial de la mayor parte de su personal debido a la inseguridad.
El desorden y el aumento de los delitos comunes sigue presente en las grandes ciudades. Los estadounidenses y el Consejo de gobierno por ellos nombrado no han podido devolver la electricidad y el agua a la población. El petróleo iraquí que iba a servir para pagar los gastos del destrozo no fluye en la cantidad suficiente, porque los atentados continuos destruyen los oleoductos.
Es verdad que la situación más difícil está en la franja central sunita, la más fiel a Sadam, cuyo régimen persiguió a chiitas y kurdos, pero también se abren otras profundas grietas. La posible intervención de tropas turcas, a petición de EE.UU. y con el rechazo del propio Consejo de gobierno iraquí, aumenta aún más las tensiones, especialmente en el Norte, donde los kurdos, perseguidos por Sadam, expulsan ahora a población implantada en la época de éste. En la zona chií las tropas de ocupación, entre ellas las españolas, permiten de hecho milicias armadas y un avance de la imposición cultural islámica, velos para las mujeres, presión sobre los establecimientos que venden alcohol en el mismo Bagdag, configurando así claros avances hacia un Estado islámico. Se abre así la posibilidad de la desestabilización de Irak, con enfrentamiento entre distintos protagonistas, y una agravación de la crisis general de la zona.
De momento, la guerra ha supuesto terrorismo e inestabilidad. Su evolución no es previsible, hay muertes continuas de ocupantes y ocupados, las tropas estadounidenses están cada vez más acuarteladas y disparan sobre todo lo que se mueve. Están a la defensiva y el gobierno provisional no parece ser capaz de gobernar nada.
Aquella visión ingenua, estúpida o cínica de los neocon, según la cual la victoria en Irak abriría el camino para la resolución del conflicto palestino y para la democratización de los países islámicos, se ha revelado tan falsa y estúpida como parecía. La actitud del gobierno israelí y de Sharon se ha hecho más dura, la hoja de ruta se ha ido con el viento de la guerra, Abu Mahzen y sucesivos candidatos al cargo de primer ministro de la Autoridad Palestina han ido cayendo entre la presión de los grupos palestinos más extremistas y, ante todo, la falta de voluntad de avanzar hacia la paz de Sharon. Cada vez que se iba a registrar algún avance había un atentado o un asesinato selectivo de las tropas israelitas. Frente a la evidencia de que el interlocutor palestino debe contar con un fuerte respaldo de su pueblo y no puede ser impuesto, el gobierno israelí se obstina en despreciar a Arafat proponiendo su expulsión o asesinato (he aquí un Estado terrorista) y si, a la fecha, no lo ha hecho todavía quizá sea porque a Bush aún no le parezca muy presentable ante la comunidad internacional, aunque, de hecho, alienta y se hace cómplice del posible asesinato con el veto a la resolución de condena del Consejo de Seguridad. El bombardeo reciente sobre Siria, con el apoyo exclusivo norteamericano y usando la doctrina de la guerra preventiva, contribuye a situar a Israel como agente de la guerra imperial de Bush y sus muchachos. El conflicto por un Estado palestino está peor que nunca, hasta el punto de que parece que es Sharon el que impone lo que hay que hacer a Bush, cuando está claro que parece extraordinariamente difícil cualquier avance hacia la paz sin una fortísima presión estadounidense sobre Israel y, probablemente, sin la salida de Sharon del Gobierno israelí.
Los amplios movimientos que se han producido en todo el mundo contra la guerra han forjado una opinión mundial, con diferentes matices, que considera la guerra de Irak injusta e inútil para resolver los problemas del terrorismo y denuncia como falsa su justificación a partir de la existencia de armas de destrucción masiva. Se rechaza masivamente la intervención estadounidense como un intento de imponer su dominio en el Oriente Medio, tanto desde el punto de vista geoestratégico como para conseguir el control del petróleo de la zona. Este cambio se está manifestando ya en EE.UU. y en Gran Bretaña. La mitad de la población estadounidense considera que no fue una guerra justa y rechazan la política de Bush, que se ve obligado a pedir más tropas y dinero. El viento en su contra podría soplar cada vez más fuerte a medida que nos acerquemos a las elecciones en EE.UU., al igual que la presión para salir de Irak y las propias divergencias en el seno de su Administración. Rumsfeld y los neocon están cada vez más a la defensiva, y han llegado a decir que es bueno que se concentre el terrorismo en Irak para evitar que se dé en el territorio estadounidense. La estupidez no se oculta sino que se proclama a los cuatro vientos. El conflicto con la línea Powell, que ha llegado a sugerir una retirada de Irak en el plazo de seis meses, se ha saldado con el nombramiento de Condoleezza Rice como directora del Grupo de Estabilización de Irak, restando poderes al Pentágono y al Departamento de Estado.
La Administración Bush pretende conseguir una resolución de la ONU que legitime su mando militar y político al tiempo que le permita repartir costes y tropas entre el mayor número de países que sea posible. Mientras tanto, las empresas estadounidenses beneficiarias del reparto de la tarta (en primer lugar, las próximas al vicepresidente Cheney) no esperan para ganar dinero en Irak. La política de Francia y Alemania, así como la del Secretario General de la ONU Kofi Annan, ha parecido hasta ahora orientarse a intentar negociar una resolución del Consejo de Seguridad que traspase autoridad a la ONU y fije un plazo cercano para la retirada de las tropas, lo que podría ser favorecido por las dificultades de EE.UU. en Irak, sobre todo si hay una presión contra la ocupación por parte de las opiniones públicas en los países de la UE. No obstante, a fecha de hoy, al parecer con Rusia y China ya “encarriladas”, se observan claros signos de vacilación y es probable la aprobación de una resolución que, de forma más o menos vergonzante, avale un despliegue “internacional” bajo mando estadounidense.
En cualquier caso, en Irak se ha iniciado un proceso de descomposición que nadie sabe cómo parar. Lo ocurrido a partir del 11 de septiembre de 2001, culminando en la guerra de Irak, ha supuesto un retroceso de las libertades y del respeto a los derechos humanos, en EE.UU. principalmente y también en el resto del mundo. Los prisioneros de Guantánamo procedentes de la guerra de Afganistán y los nuevos encerrados en campos en Irak están en un limbo jurídico, ni son acusados ni se sabe cómo se les va a juzgar. La entrada en EE.UU. se ha convertido en una carrera de obstáculos, con una mayor exigencia de visado e incluso parece que con una clasificación de las personas en colores según lo “sospechosas” que resulten para el Estado. En la UE se ha agudizado la sospecha y control sobre las personas procedentes de determinados países y se está endureciendo el control de entrada de los inmigrantes, como ha hecho la cuarta reforma de la ley de inmigración en España, que es, también, una clara e hipócrita apuesta por la clandestininización de los inmigrantes irregulares.
Otra consecuencia de la guerra es también la crisis del mayor aliado de EE.UU., el primer ministro de Gran Bretaña, Blair, que se encuentra con un rechazo cada vez mayor, fundamentalmente a causa del caso Kelly, pero también por las mentiras que justificaron la guerra. Nadie creía seriamente que Sadam tuviera armas operativas de destrucción masiva, y ahora el informe sobre el terreno de los enviados estadounidenses viene a avalar lo justo de esa desconfianza.
La política de guerra preventiva y de intervención imperial en todo el mundo, propuesta por los neocon y seguida por Bush, se ha revelado como equivocada e ingenua en su prepotencia y ha dejado desnudo al emperador. Sabemos que el poder militar de EE.UU. es inigualable, pero su poder político, su capacidad hegemónica, es muy débil. Si no puede ordenar un solo país como Irak o resolver un conflicto en el que está implicado su aliado Israel, menos puede pretender ordenar o dominar el mundo.
En el camino del multilateralismo podría jugar un papel esencial la Unión Europea. En este ámbito se evidencia la nefasta política de Aznar, cuando incluso Berlusconi ha mantenido su apoyo a Bush de forma más discreta. Las declaraciones de Aznar en EE.UU., indicando que España tiene que hacer esta política porque allí hay muchos hispanos, o porque hay que combatir al terrorismo, denotan la estupidez del que ignora lo que dice. Puede ser que busque algún puesto para su futuro en el Estado de Florida o que pretenda que España sea un nuevo estado asociado a EE.UU., porque de otra forma no puede comprenderse su extremo vasallaje. En cualquier caso, debe preocuparnos lo que pasa en la opinión pública española, que estando contra la guerra, creyendo que Aznar y el PP han mentido con sus justificaciones de la guerra, no les pasa la adecuada factura política, ni en las elecciones autonómicas y municipales ni en las intenciones de voto. Esta falta de traducción en la política interior de la política internacional, nos revela un déficit de educación democrática y la duradera herencia de la dictadura. Mientras que la mentira se persigue, incluso penalmente, en EE.UU. y Gran Bretaña, aquí consideramos que es consustancial con la política y se la perdonamos a nuestro Gobierno. Aunque, desde luego, en esto también tiene mucho que ver el comportamiento decepcionante de las fuerzas políticas de izquierda, que, por otra parte, poco tuvieron que ver con las grandes movilizaciones ciudadanas.
Acaba de terminar en Cancún, sin acuerdo, la reunión de la Organización Mundial del Comercio. Allí también se ha expresado la falta de hegemonía de EE.UU. en el terreno económico e incluso la de todos los países desarrollados juntos. Se ha visto un acuerdo total de EE.UU., la UE y Japón para defender políticas proteccionistas a pesar del discurso predominante que propugna la libertad de comercio. Proteccionismo sobre todo de sus intereses agrícolas, al tiempo que quieren eliminar toda protección aduanera de los sectores industriales y de servicios. Debemos protestar por el miserable papel que ha tenido la UE, aquí sin divisiones entre la vieja y la nueva Europa. Si estos países no han podido imponer la boca estrecha del embudo a los países en desarrollo, se ha debido a la formación del bloque de los 22, encabezado por Brasil, que ha tenido un papel decisivo para aglutinar a los 22 países superando diferencias entre sus intereses. La partida del comercio mundial ha quedado en tablas, se abren caminos divergentes. Por un lado los acuerdos bilaterales que ya ha comenzado EE.UU. y que puede hacer la UE, lo que supondría la partida ganada por los poderosos. La otra vía supondría el mantenimiento de las posiciones de negociación de los 22, lo que supondría un freno a la hegemonía económica de los países desarrollados y de sus multinacionales. Es importante detenerse en el papel que han jugado las ONG del primer mundo, como Oxfam, elaborando estudios y propuestas para la negociación comercial, a disposición de los países menos desarrollados que carecen de medios para ello. Es una buena línea que demuestra el poder de las acciones transversales de los ciudadanos organizados que buscan otro mundo mejor y es una demostración de que también se están globalizando las actuaciones. Cabe señalar como un paso tímido y lleno de dificultades, a profundizar, el acuerdo sobre los medicamentos genéricos, así como el comienzo del reconocimiento de la importancia del algodón para algunos países africanos, con la vergüenza que produce la posición de la UE defendiendo intereses muy limitados, entre ellos los de algunos agricultores españoles.
Podemos concluir con un balance provisional sobre el estado del mundo. Se confirma la hegemonía militar de EE.UU. al tiempo que su ausencia en el campo político y económico. La hegemonía económica de los países más desarrollados ha retrocedido y se abren caminos de avance y colaboración entre algunos países en vías de desarrollo y movimientos de apoyo del primer mundo.
Actualmente hay organismos mundiales que no son capaces de organizar el desorden existente, desde la crisis de la ONU por la guerra de Irak, cuya reforma ha propuesto su Secretario General, a las sesiones sin acuerdo de la OMC, pasando por retrocesos de las políticas del FMI (que ha cambiado de hecho respecto a Argentina), en el marco de la tensión simbolizada por los dos polos que suponen el Foro de Davos y el de Porto Alegre. Podemos constatar, por lo tanto, que están surgiendo nuevos protagonistas, el grupo de los 22, Brasil y Argentina en América Latina, al tiempo que estamos en un mundo globalizado pero sin instrumentos de regulación.
La situación en Irak se ha convertido en un avispero; el control de la ONU para dar paso luego a gobiernos autóctonos de los iraquíes parece la opción menos mala, pero ni está claro si podrá alcanzarse ese acuerdo ni cómo llegar a una situación más o menos estable. Se necesitaría una acción prolongada con fuerte apoyo económico o podría producirse una situación como la de Afganistán, cuyo Gobierno apenas controla Kabul.
Y, sin duda, la situación palestina es clave para todo el mundo árabe e islámico, sin un Estado Palestino independiente no habrá paz ni justicia, y el terrorismo islámico tendrá un pretexto más. Esta salida no parece posible con Sharon y sobre todo sin una implicación estadounidense de otro signo, y que no parece pueda darse antes de las elecciones. En este marco el papel de la UE es muy débil, ya que no influye sobre Israel.
La guerra de Irak ha quedado ante la opinión pública mundial como injusta y los políticos que la han impulsado como mentirosos. Es hora de que los ciudadanos les pasen la factura. En España hay que ser capaces de unir opiniones con votos. Aunque los votos no sean suficientes para un cambio, son necesarios junto a las movilizaciones para que éste se dé.