Iniciativa Socialista (portada) Un nuevo rumbo

Consejo editoral

Iniciativa Socialista, primavera 2004

Los acontecimientos de los últimos meses han sido vertiginosos. Una simple enumeración ya muestra esa intensidad. Los criminales atentados del 11 de marzo contra el pueblo de Madrid, las enormes movilizaciones contra el terror en toda España del día 12 de marzo, la rebelión ciudadana contra la mentira gubernamental del día 13 de marzo, la victoria de la izquierda en las elecciones del día 14, la investidura de Rodríguez Zapatero como presidente del Gobierno con el apoyo de toda la izquierda estatal y nacionalista, la formación de un nuevo Gobierno socialista con un programa con significativos contenidos progresistas, la decisión de retirada inmediata de las tropas españolas en Irak, las próximas elecciones europeas, etc. Al reflejar nuestras posiciones colectivas en este editorial estamos convencidos de que todo lo sucedido aporta enseñanzas fundamentales para comprender el nuevo rumbo emprendido por la sociedad española.

La barbarie terrorista del 11 de marzo


El 11 de marzo es una fecha trágica que forma parte inseparable de nuestra vida. Nunca  podremos olvidar a los cientos de madrileños muertos y heridos, ni tampoco a sus miles de familiares y amigos, golpeados directamente por una ignominia sin calificativo suficiente. Tampoco olvidaremos nunca a sus asesinos y a la red internacional que les sustentó. Sostendremos permanentemente nuestra demanda de que sean detenidos y juzgados todos los culpables.
El 11 de marzo ha sido nuestro 11 de septiembre. La barbarie ha golpeado en el corazón de la ciudad de Madrid y ha dejado heridas cuya cicatrización será muy difícil. Los autores de esos bestiales atentados son nuestros enemigos, porque son enemigos declarados del proyecto civil y democrático de una civilización humana libre e igualitaria. No cabe admitir ambigüedad alguna. Las redes articuladas en torno a Al Queda no son parte de ninguna resistencia legítima en sus fines. El terrorismo fundamentalista y sus sueños de omnipotencia son una amenaza terrible al presente y al futuro de la humanidad. Para Europa y Estados Unidos suponen un peligro terrorista sin límites en cuanto a los medios de muerte que están dispuestos a utilizar y en cuanto a los indiscriminados objetivos amenazados. Para el mundo de raíces islámicas supone, además, una directa amenaza de constituir un poder criminal, como lo fue el régimen talibán en Afganistán.
Las redes del terror fundamentalista representan un proyecto ultrarreaccionario, enemigo de la libertad de todos y contrario a los derechos elementales de las mujeres, representan un activo germen totalitario de carácter teocrático que utiliza todos los medios e instrumentos de la modernidad al servicio de un objetivo absolutamente contrapuesto con el proyecto de autonomía individual y social.
El 11 de marzo nos recuerda que la seguridad es un valor que hay que preservar. La izquierda no puede renunciar a la seguridad ni considerarla patrimonio de las fuerzas reaccionarias. Justicia y seguridad son parte esencial de una posibilidad colectiva de convivencia. Las redes fundamentalistas vinculadas al terrorismo internacional deben ser perseguidas y sus miembros castigados por razones de justicia y de seguridad. Deseamos que todos sus máximos responsables, empezando por Bin Laden si aún vive, sean juzgados ante tribunales nacionales o internacionales por sus crímenes. El 11 de marzo nos debe comprometer a todos a hacer lo posible para que algo como lo que ocurrió en Madrid no se vuelva a repetir en ningún lugar.
La seguridad democrática se opone frontalmente a cualquier forma de reacción xenófoba o al sacrifico de algunas de nuestras libertades. Ser mínimamente tolerante con cualquier paso en esas direcciones sería tanto como otorgar un triunfo al proyecto de Al Queda, cuyo odio a la democracia y a la libertad es consustancial al proyecto de impedir una convivencia ciudadana tolerante. Deberemos ser especialmente vigilantes porque en nuestra sociedad, aunque minoritarios, hay sectores sociales y políticos que podrían alentar esas preocupantes reacciones.

Tres días de rebelión ciudadana


El día 11 de marzo muchos creímos en algún momento que los atentados podían ser obra de ETA. Aunque los primeros datos no parecían corresponder a su técnica asesina, tampoco podía descartarse que en su delirio terminal hubieran realizado esta barbarie. Parecía difícil dada su extrema debilidad organizativa pero no era posible descartarlo. Sin embargo, muy pronto, la localización de la furgoneta de Alcalá de Henares al mediodía del mismo día 11 apuntó en otra dirección. La localización de una mochila en El Pozo aportó pruebas adicionales a los servicios policiales pocas horas después.
La reacción comunicativa y política del Gobierno de Aznar ante los atentados fue infame. Desde el primer momento intentaron convertir el atentado atribuido a ETA en un instrumento de linchamiento contra la izquierda y los nacionalistas, dejando de manifiesto su escasa sensibilidad ante lo más importante, las víctimas y el dolor de los suyos. Convocaron unilateralmente una manifestación para el día siguiente con un lema orientado de forma partidista y dieron barra libre a sus poderosos medios comunicativos para acosar a la oposición. Las grabaciones de los programas de radio y televisión de ese día son una prueba clara del tipo de reacción extremista que el Gobierno intentó provocar.
El Gobierno tomo la decisión de intentar mantener la acusación sobre la autoría de ETA durante el tiempo que faltaba para el proceso electoral. Para que esa pretensión pudiera fructificar se procedió a intoxicar directamente a los principales diarios, con llamadas directas del Presidente del Gobierno, y  también a intentar utilizar los canales diplomáticos para el mismo fin, como demuestran las insólitas instrucciones de la ministra Palacios a los embajadores españoles o la increíble inclusión del nombre del ETA en la condena de los atentados por Naciones Unidas. Es decir, intentaron engañar a los ciudadanos españoles y al resto del mundo. Para ello contaban con todo su poder mediático y con una notable complacencia de los principales medios. Cuando la autoría de ETA ya parecía descartada, el propio sábado el Gobierno intentó mantener al menos una situación de incertidumbre hasta la cita electoral, en la creencia de que la verdad podía perjudicarles electoralmente.
Este inconcebible intento de manipulación fracasó gracias a la reacción ciudadana de día 12 de marzo. Millones de personas salieron a la calle en todo el país en solidaridad con las víctimas. El ejemplo generoso y solidario de los madrileños durante el día 11 tuvo su continuidad en una inmensa ola cívica de rechazo al terror. Esas manifestaciones supusieron una completa derrota política del Gobierno, cuyo espíritu miserable y bajeza moral quedó en evidencia. No es anecdótico que espontáneamente en todas las manifestaciones surgiera la pregunta de “¿Quién ha sido?” y el rechazo mayoritario a cualquier intento de convertir la movilización en un ataque a los nacionalistas vascos y catalanes. Sin la reacción ciudadana del 12 de marzo no se puede entender nada de lo que pasó a continuación. El Gobierno ya no fue capaz de reaccionar. Desde ese momento había perdido la hegemonía social.
El sábado día 13 de marzo fue crucial. Sectores muy importantes de la opinión pública dudaban sobre el camino a seguir. La mayoría de la prensa internacional ya daba por supuesta la autoría de terroristas fundamentalistas y se escandalizaba ante el comportamiento del Gobierno español que, inmerso en una vorágine de mentiras y falsedades, seguía transmitiendo información incompleta o decididamente incierta en plena jornada de reflexión. 
La protesta cívica del 13 de marzo fue una reacción espontánea de civilidad ante una situación de excepción. Miles de personas decidieron protestar en las calles ante la indignidad del comportamiento del Gobierno del Partido Popular, simbolizado en su portavoz, Zaplana, y su ministro del Interior, Acebes. Todo comenzó con la convocatoria espontánea a través de los teléfonos móviles ante la calle Génova en Madrid, donde se encuentra la sede central del Partido Popular, y simultáneamente en docenas de ciudades. La excepcionalidad de la situación y la espontaneidad de los comportamientos provocaron una reacción sin precedentes en nuestra Historia. Junto a los miles que se movilizaron por todo el país, millones de personas siguieron y compartieron esa reacción cívica a través de la cadena SER. Posiblemente esa reacción fue uno de los detonantes del cambio político.
El voto masivo del 14 de marzo expresó que los ciudadanos habían comprendido la magnitud del reto del 11 de marzo. Después de las lágrimas del día 11, de las manifestaciones del día 12 y de las protestas del día 13, una consigna parecía haber prendido intensamente en miles de personas. “Si votamos, los echamos”. Era necesario votar contra los terroristas, defendiendo nuestros derechos de ciudadanía. Era necesario votar contra el gobierno reaccionario de Aznar. Y el día 14 una oleada de voto hacia la izquierda derrotó políticamente a Aznar, al partido de la guerra de Irak, al partido de la mentira, la prepotencia y el insulto.
Cuatro días de marzo que conmovieron España. Ese movimiento social de solidaridad, de unidad contra el terrorismo, de protesta cívica contra los abusos del poder triunfó. La calle llenó las urnas. Ese movimiento fue la culminación  de más de año y medio de movilización. La derrota de Aznar es el triunfo de la huelga general, de las protestas contra la gestión del Prestige, de la lucha contra el trasvase del Ebro, de las movilizaciones estudiantiles contra la LOCE y, sobre todo, de las inmensas manifestaciones contra la guerra de Irak.

Una nueva mayoría, un nuevo gobierno


Los resultados electorales del 14 de marzo representan un vuelco político nacional, Un gran éxito de la izquierda. Un éxito del PSOE, como fuerza ampliamente mayoritaria, pero también un triunfo conjunto de las fuerzas de la izquierda estatal y de la circunscrita a determinadas nacionalidades o regiones. El PSOE obtuvo 10.900.000 votos que junto a los 1.270.000 de Izquierda Unida (en coalición con Iniciativa por Cataluña) suponen que la izquierda estatal aventaja en 2.500.000 votos a la derecha. Además de ello hay que tener en cuenta que las fuerzas nacionalistas de izquierda han obtenido por encima del millón de votos. Es decir, hay una mayoría electoral de izquierda indiscutible en votos y en diputados.
Zapatero parece ser consciente del gran movimiento social que le ha llevado al Gobierno. Por ello no dudamos en calificar de acertados sus primeros mensajes y decisiones, muy impregnadas del “No nos falles” que muchos jóvenes le dirigieron el mismo día de las elecciones. En primer lugar, Zapatero se ha manifestado responsable ante los ciudadanos que le han llevado al poder y consciente de que ha sido un movimiento profundo de la sociedad española el que lo ha hecho posible. Sería bueno que no olvidara que más que votos a su programa ha obtenido los apoyos necesarios para ser el instrumento de la expulsión de un gobierno indeseable y para la puesta en marcha de un programa urgente de reformas progresistas. Pero tampoco debe olvidar su propio compromiso de un cambio sustentado en valores de diálogo, respeto, pluralismo, tolerancia y transparencia, todos los valores que se habían visto amenazados por el aznarismo.
En su discurso de investidura del día 15 de abril Zapatero asumió un conjunto de compromisos que reflejan su vinculación al movimiento social que le ha llevado al poder. En materia de renovación de la vida política ha adoptado compromisos importantes como la recuperación del diálogo entre el Estado y los gobiernos de las Comunidades Autónomas, entre ellos el de Euskadi. También asumió la necesidad de un comportamiento transparente del Gobierno y de los medios públicos de comunicación, incluido un importante compromiso de reforma del Estatuto de RTVE. Asimismo, la apertura de una reforma constitucional limitada se enmarca en esa misma orientación.También hay que destacar el impulso decidido a la paridad entre géneros, con la formación del primer gobierno paritario en España.
El calendario de acciones legislativas anunciado por Zapatero incluye también una respuesta clara a una parte importante de las reivindicaciones del movimiento social que le ha llevado al poder: suspensión inmediata de la Ley Orgánica de Calidad de la Educación, paralización urgente del trasvase del Ebro y reforma profunda del Plan Hidrológico, reconocimiento del matrimonio homosexual, ley integral contra la violencia de género, política de viviendas sociales, etc.
Respecto a política internacional, Zapatero ha asumido un giro hacia Europa y un rechazo claro del unilateralismo y de la guerra preventiva promovidas por la Administración Bush. La fulminante decisión de retirada de las tropas de Irak, comunicada solemnemente el 18 de abril, se ha convertido en una prueba esencial de esta nueva orientación. Era una necesidad urgente, dado el empeoramiento diario de la situación y la improbabilidad casi completa, desgraciadamente, de que la ONU  pudiera asumir las competencias militares y políticas que mantienen los ocupantes norteamericanos y sus aliados. Al actuar de una forma tan valiente y decidida, Zapatero se ha ganado el respeto y la confianza de una gran parte de la población. Al mismo tiempo, la retirada de las tropas españolas ha tenido una dimensión internacional muy relevante, mostrando un papel comprometido de España, lejos de cualquier aislacionismo, en la búsqueda, junto a otras naciones y contando con la ONU, de caminos distintos de los representados por el trío de las Azores.
Nuestra valoración de esos compromisos y talantes, así como de los primeros pasos emprendidos, es inequívocamente positiva. Ese conjunto de medidas y  reformas suponen paralizar y derruir una parte sustancial del legado aznarista. Quizás los aspectos menos convincentes del nuevo programa de gobierno sean las indefiniciones en materia laboral y económica, o la incapacidad de plantear un programa de reforma fiscal progresista tan necesario después de la arrasadora labor llevada a cabo por el PP con los principios de igualdad y progresividad. En todo caso, lo importante es la dirección emprendida, indudablemente progresista, indudablemente de diálogo e indudablemente orientada en la dirección que consideramos acertada: la recuperación de espacios de democracia, de civilidad, de respeto al medio ambiente y de conquista de derechos sociales.

Los ciudadanos ante el nuevo rumbo

En  nuestra opinión la derrota del aznarismo ha abierto una nueva situación política que requiere nuevas actitudes y nuevos planteamientos. Todos somos conscientes de que esta victoria del PSOE se ha producido en unas condiciones radicalmente distintas a las de los años ochenta y noventa. El nuevo gobierno no cuenta ni va contar con ningún cheque en blanco. Estamos convencidos de que la ciudadanía activa surgida en la última década será vigilante: apoyará a Zapatero en sus pasos adelante, se movilizará ante sus vacilaciones y protestará fuertemente si se equivoca de camino.
En esta nueva etapa nos parece importante evitar algunas posibles deformaciones que pueden afectar a la izquierda. Uno de ellas consistiría en el empeño en desactivar el movimiento social para evitar que el Gobierno sufra presiones ciudadanas, algo que ya ocurrió en la transición y tras la victoria del PSOE en 1982. La consecuencia de esa orientación suicida sería fortalecer a la derecha y una desmoralización de sectores fundamentales para una posible hegemonía progresista. Otro tipo de deformación posible, desde otros sectores, sería el sectarismo y la irresponsabilidad de quienes pudieran perder de vista la importancia de mantener la unidad en todo aquello que nos une, aunque existan  desacuerdos en cuestiones importantes. En la izquierda debe haber espacios para compartir acuerdos al mismo tiempo que para mantener discrepancias. Sobre la Constitución europea habrá, por ejemplo, distintas posiciones en la izquierda: hay quienes harán campaña en contra, quienes  estarán simplemente a favor y quienes estaremos a favor pero intentando mejorarla y manteniendo críticas sobre determinados aspectos.
En este examen sumario no podemos eludir las debilidades estructurales del actual mapa de la izquierda política para responder a la pluralidad de la gente progresista. Al sentirnos parte de esa variedad nos creemos legitimados para expresarnos con la mayor sinceridad.
El PSOE no puede pretender cubrir todo el espectro plural de la izquierda ni representarlo integralmente porque existen muy diversas sensibilidades en el magma progresista y, sobre todo, porque no existe en España una tradición de organización y debate libre dentro de los partidos políticos. En momentos o etapas coyunturales el PSOE puede extender sus fronteras, como ocurre en el momento actual, pero difícilmente eso puede consolidarse de manera permanente sin cambios muy profundos y poco previsibles. Por su parte, en Izquierda Unida, a pesar de los pasos positivos que ha dado Gaspar Llamazares, sigue pesando excesivamente la carga que suponen ciertas tradiciones y ciertos sectores vinculados a la tradición del comunismo estalinista, que dificultan la posibilidad de una mutación política que la convierta en interlocutor privilegiado de las redes ciudadanas autónomas, poco dispuestas a admitir ninguna clase de relación de subordinación. Finalmente,  las fuerzas de la izquierda nacionalista y regionalista reproducen en muchas ocasiones los mecanismos de organización tradicional propia de los aparatos de la izquierda estatal.
En definitiva, la izquierda plural tendrá que redefinir, desde la colaboración entre sus distintos componentes, los diferentes espacios políticos, y hacerlo dando protagonismo a las nuevas sensibilidades ciudadanas, generando proyectos políticos que se complementen y le den auténtica plasticidad. En particular el espacio político fundamentado en las ideas de la radicalización democrática y participativa, de la democracia libertaria, no está hoy cubierto, lo cual supone un lastre importante para un diálogo constructivo entre las viejas izquierdas meramente institucionales y los movimientos ciudadanos emergentes.
Los movimientos ciudadanos son insustituibles en el camino de defender un desarrollo de la democracia en todos los ámbitos de la sociedad. Son imprescindibles para generar capacidad de reacción social en defensa de la paz, de un orden internacional más justo, del laicismo, de los derechos sociales de los más desfavorecidos. No es posible dejar exclusivamente en manos de los políticos profesionales nuestro destino. Estamos firmemente convencidos de la necesidad de una interconexión, una colaboración crítica entre los ámbitos institucionalizados y los ciudadanos, respetando siempre la autonomía de cada ámbito. Ese nos parece el camino más viable para que las expectativas despertadas por la nueva etapa no resulten ilusorias y para que la creatividad impida cualquier desmoralización.
Estamos ante un giro político muy importante, trascendental para el futuro de nuestra sociedad, y todos los ciudadanos deben asumir protagonismo. Para ello debemos dotarnos de instrumentos eficaces y libres que den cauce a la participación ciudadana, a la intervención creciente de la ciudadanía en los asuntos públicos.

Las elecciones europeas del 13 junio


Las elecciones al Parlamento europeo del próximo 13 de junio adquieren en la actual situación política una importancia extraordinaria. En primer lugar por constituir, después de las victorias electorales de la izquierda en España y en Francia, una oportunidad para reforzar un bloque progresista que apuesta decididamente por la construcción de una Europa social y por la aprobación de una Constitución europea que, más allá de las críticas que puedan merecer algunos de sus aspectos que debieran ser superados, constituye un paso trascendental en la consolidación de Europa como un espacio unificado.
También desde el ámbito español resultan especialmente importantes por cuanto el Gobierno Aznar ha desarrollado durante los últimos años una política descaradamente antieuropeísta, hasta el punto de haberse convertido en uno de los principales enemigos de la Constitución europea.
Pero estas elecciones, importantes por los motivos indicados, también lo son en clave política interna. La victoria del 14 de marzo debe confirmarse nuevamente en las urnas, consolidando el inicio de un período hegemónico de izquierda en la sociedad española y evitando el intento de deslegitimación que intentará el PP en caso de vencer.
Los votantes progresistas, los que han estado contra la guerra, contra las políticas reaccionarias de Aznar y contra la manipulación descarnada de las instituciones en interés partidista, deben movilizarse electoralmente como hicieron el 14 de marzo para derrotar políticamente al cuarteto dirigente del Partido Popular (Rajoy-Zaplana-Acebes-Mayor Oreja) que pretenden continuar el legado de Aznar y evitar una reestructuración de la derecha española hacia posiciones más dialogantes y menos extremas.
El nuevo rumbo emprendido será fortalecido por una victoria clara de las fuerzas de la izquierda y del europeísmo progresista frente a quienes pretenden continuar desde la oposición la orientación reaccionaria y antieuropea del aznarismo. Para ello hay que acudir masivamente a las urnas depositando un voto por Europa, contra la guerra y por una izquierda europea que haga políticas de izquierda.

22 de abril de 2004