Ahora, más libres
Texto editorial Iniciativa Socialista número
73, otoño 2004
Nos sentimos más libres. Ese sentimiento tiene
que fructificar en nuevas leyes y comportamientos sociales, desarrollando
la dimensión liberal-libertaria de la democracia. Tras el aliviado
“de buena nos hemos librado” llega la hora de un nuevo impulso creativo,
tanto en la agenda social como en la de política exterior, en la reforma
institucional y en la agenda civil. A esta última se refiere este
editorial.
Aún están vigentes leyes que restringen o no protegen el derecho
a vivir a nuestra manera en el respeto a los derechos y libertades de los
demás. Leyes influidas por criterios “morales” particulares y ajenos
a una ética ciudadana de libertad, cooperación y convivencia.
El período legislativo 2004-2008, en un contexto social favorable
al cambio, representa una oportunidad histórica para colocar a España
entre los cuatro o cinco países más avanzados en cuanto a derechos
civiles y a la posibilidad de comportarnos libremente y sin discriminaciones.
Un avance significativo en lo que Enrique Gil Calvo ha calificado la “agenda
civil” sería un logro formidable. Al contrario de lo que dicho comentarista
considera (El País, 20/9/2004), tal agenda no es “reformismo burgués”
a la medida de las clases medias, de impacto espectacular pero de corto alcance.
La transformación cultural y vital implícita en ella es profundísima
y de largo alcance. Es una batalla declarada contra lógicas de dominación
y discriminación sustentadas en siglos de “tradición” oscurantista
y machista. Sólo desde la demagogia populista puede oponerse agenda
social y agenda civil. Ambas deben ser llevadas a cabo y se complementan.
Alentamos al gobierno socialista a cumplir sus compromisos en torno a los
derechos civiles y aspiramos a que estos compromisos sean profundizados y
ampliados.
La posibilidad de comportarnos libremente y sin discriminaciones en nuestro
mundo afectivo, sexual y relacional tiene un papel esencial en la vida de
cualquier ser humano y en el logro de los grados relativos de felicidad y
satisfacción personal que puedan sernos asequibles, así como
en la educación de las generaciones más jóvenes o futuras.
Hoy en España es posible llevar a cabo reformas con consecuencias
positivas inmediatas en la vida de millones de personas y que, además,
no requieren esfuerzos presupuestarios desmesurados. Debe hacerse y puede
hacerse, así que hágase.
La legislatura dura cuatro años. No debemos dejarnos arrastrar por
la impaciencia ni rajarnos las vestiduras ante cada declaración ministerial
que no nos guste, pues no puede hacerse todo a la vez ni a gusto de todos.
Pero, a cambio, el Gobierno debe abordar la normalización de los derechos
civiles como compromiso a ser realizado en estos cuatro años, no en
doce ni en ocho, y mantenerse abierto al diálogo con la sociedad...
Hacemos una evaluación bastante positiva de los primeros pasos dados
por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero (ZP), tanto
en general como específicamente en el ámbito de los derechos
civiles: tramitación parlamentaria del proyecto de Ley integral contra
la violencia de género, presentación del anteproyecto de modernización
de la Ley del divorcio y de la reforma que cancelará la prohibición
de matrimonio entre personas del mismo sexo. Si sumamos a todo eso la paridad
gubernamental, que debería ir seguida de una iniciativa legislativa
que la garantice en las instituciones representativas, y la suspensión
de los aspectos más abiertamente segregacionistas y confesionalistas
de la LOCE, es obligado decir que, para tan poco tiempo, no es poco ni de
poca importancia lo que se ha puesto en marcha. En si mismas, estas decisiones
implican transformaciones de las que hacen época, y no solamente en
este país, sino, incluso, a escala planetaria, pues sólo dos
países admiten el matrimonio homosexual.
El motor del cambio ha sido el activismo ciudadano. Debe seguir siéndolo.
Hay que ser conscientes de que los partidos de la izquierda han dejado de
ser “vanguardia social” desde hace mucho tiempo y que la “agenda civil” asumida
por el PSOE recoge fundamentalmente aspiraciones tras las que se han movilizado
muchas personas logrando modificar el clima social hacia sus reivindicaciones.
Tanto es así que, en estos aspectos, ni siquiera el PP puede “clonar”
el discurso episcopal y vaticanista, ya que eso provocaría una quiebra
muy importante de su propia base electoral, por lo que se enfrenta a los
cambios desde discursos más matizados, de “freno”, aunque identificándose
100% con los intereses clericales en el ámbito de la política
educativa.
Sin embargo, hay que reconocer a ZP la inteligencia precisa para haber entendido,
al menos, que lo ocurrido el 14-M no fue un éxito del aparato de su
partido sino de la ciudadanía, lo que podría no haber ocurrido
con otros liderazgos. Igualmente, reivindicamos la carga transformadora implícita
en la concepción “republicana” de la libertad como ausencia efectiva
de dominación, si se es coherente con ella. No obstante, faltan compromisos
claros o se siguen proponiendo viejas políticas ya fracasadas en aquellos
ámbitos de conflicto en los que la presión ha sido escasa y
la opinión pública se mantiene mayoritariamente indiferente
ante reivindicaciones de libertad.
Quizá contemos con el “mejor gobierno posible” en la actual situación.
Ahora bien, el papel de los movimiento sociales y del activismo ciudadano
no es aplaudir, quedarse mirando ni limitarse a seguir los pasos del Gobierno,
lo que terminaría llevando al descarrile de ambos, activismo y Gobierno.
El activismo social tiene sus propias tareas de transformación cotidiana,
creando redes de cooperación y ayuda mutua no jerárquicas,
fomentando cambios culturales, generado nuevas propuestas y demandas, modificando
las relaciones interpersonales desde abajo. Pero esa “política de
la calle”, claro está, no vive en mundo aparte ni es ajena a la “política
institucional”, como si ese fuese terreno propiedad de los políticos
de profesión ajeno al compromiso de ciudadanía.
El grado de desarrollo y la profundidad de la “agenda civil” va a depender,
y mucho, de nuestra capacidad, en tanto que ciudadanas y ciudadanos, para...
- Apoyar, con los matices y propuestas de mejora que cada cual considere
precisos, las profundas reformas en marcha, ejerciendo una presión
de signo contrario a las campañas reaccionarias promovidas por las
jerarquias eclesiásticas y, de forma más matizada pero repartiéndose
los papeles, por la derecha o, incluso, por algunos segmentos de la izquierda
impregnados aún de prejuicios machistas u homófobos.
- Urgir un calendario sobre otros compromisos pendientes, despejando toda
duda sobre su cumplimiento en esta legislatura: reforma de la Ley de Interrupción
Voluntaria del Embarazo, cuya redacción actual es restrictiva y da
pie a una gran inseguridad jurídica y, en la práctica, deja
el aborto fuera de la red sanitaria pública; aprobación de
una Ley sobre la identidad de género que incluya la incorporación
de la condición transexual y de los tratamientos médicos necesarios
en la Sanidad Pública, así como el derecho al cambio de nombre
y de sexo legal, etc.
- Promover una movilización social lo más extensa y profunda
posible en favor de una completa laicidad del Estado, algo que en estos momentos
no figura en los proyectos del PSOE. El retorno al sistema “pre-LOCE”, mucho
mejor sin duda que lo tramado por Aznar y Pilar del Castillo, sería
fracamente insuficiente y permitiría la profundización de problemas
que carecen de solución satisfactoria sin abordar la cancelación
de los acuerdos concordatorios con el Vaticano, la extinción de la
financión pública de la Iglesia Católica -y de otras
iglesias, claro- y la eliminación de toda religión o forma
de adoctrinamiento en el currículum escolar.
- Poner sobre el tapete, como vienen haciendo ciertos colectivos y activistas
democráticos pero sin encontrar el respaldo suficiente, la existencia
de otras legislaciones disciplinarias, discriminatorias, arbitrarias e irracionales
que atentan contra los derechos civiles y que deben ser puestas en cuestión.
Llamamos la atención sobre la necesidad de la despenalización,
con los debidos controles, de la eutanasia; sobre la urgencia de modificar
una “política de drogas” fracasada, generadora de delincuencia, corrupción,
marginación y sufrimiento social; sobre la amenaza creciente contra
la convivencia y la democracia derivada de una “política de extranjería”
que a muchos de los inmigrantes que viven en España les cierra la
puerta de la regularización de su situación y que a todos,
con o sin papeles, les niega el derecho a participar en la toma de decisiones
a través de los procesos electorales...
Una agenda civil, pues, muy amplia. Creemos, si no se producen retrocesos
de última hora, que una parte de ella va a ser cubierta a corto plazo.
Obtendremos más logros a lo largo de la legislatura 2004-2008, si
entendemos que lograrlo sigue siendo tarea nuestra, de todas y todos, ya
sea junto al Gobierno, ya empujándole, tirando de él, criticándole,
movilizándonos contra sus decisiones o pasividades cuando sea necesario.
En todo caso, tarea nuestra, de todas y de todos. Los gobiernos no cambian
el mundo si “el mundo” no les fuerza a cambiar, pero no todos los gobiernos
son influibles de la misma forma, como hemos podido comprobar en sólo
unos pocos meses. Así están las cosas. Por cierto, mucho mejor
que lo estaban el 13 de marzo de 2004.