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Las elecciones en el País Vasco

Enrique del Olmo

 Publicado en Iniciativa Socialista, número 61, verano 2001
“el que está convencido de poseer el secreto infalible para hacer felices a los hombres, siempre está dispuesto a matarlos”
Giuseppe Salvemini (1873-1957)
 

La interpretación de los datos electorales puede ser múltiple, desde señalarnos la evidente victoria del PNV, la mayoría del “bloque nacionalista”, la derrota de la política del PP y el Gobierno Aznar si lo analizamos desde un lugar o por el contrario si lo hacemos desde otra óptica nos encontramos con que el “bloque constitucionalista” ha crecido, porcentualmente (1,8 puntos) y en votos absolutos (un 16,9%), más que el “nacionalista”, que EH ha perdido el 36,3 % de sus votantes y que no los ha recuperado totalmente el PNV-EA, que tanto el PP como el PSOE e IU han ganado votos. Sin embargo pocas veces un proceso electoral ha dejado unas enseñanzas más profundas y ha marcado las perspectivas de la acción política como el pasado 13 de mayo. Las vamos a estructurar en tres bloques: valoración del resultado, temas de fondo que reflejan y nueva articulación de políticas.

Valoración del resultado

El resultado electoral permite diseñar una posibilidad de salida al conflicto, es en ese sentido un resultado positivo desde el punto de vista democrático y de las libertades.
El resultado electoral es la derrota de Lizarra, al caer su pieza fundamental, EH, y al no ser necesaria para el PNV, al cual también se le rompe parte fundamental del planteamiento soberanista, aunque salva lo más importante para él, que es el Gobierno.
La derrota del PP, en relación a sus expectativas, frena una solución partiendo de la confrontación nacionalistas-constitucionalistas y es un fuerte golpe al Gobierno de Aznar. Deshace un cierto espejismo respecto a la sociedad vasca, que había llevado a muchos sectores, incluso antigubernamentales, a apostar por la victoria de Mayor Oreja.
El PNV ocupa el lugar central de la escena política, pero para generar un nuevo espacio político debe moverse en busca de una nueva alianza política. De acuerdo con la inteligente comparación de Joseba Arregui (ex parlamentario del PNV) de la adjudicación de votos como una campana de Gauss donde la mayoria de los votos se concentran en la bóveda central de la campana y los extremos políticos tienden a ser cada vez más próximos al eje (es decir con menor votación). Hay un gran espacio social donde construir una salida política e institucional democrática y de convivencia.
La derrota de EH abre un nuevo escenario dominado en primer lugar por el PNV, pero en el que se abre un posible espacio de colaboración tanto al PSE, como incluso al PP.
El PSE no logra salir de sus feudos y no penetra (cuando era el mejor situado para hacerlo) en el resto de la sociedad vasca, incluso en sectores nacionalistas que hubiesen podido apoyarle con otro candidato y otro discurso. Su identidad con el PP ha bloqueado esta posibilidad política. Hoy no puede ocupar una posición de puente y ni siquiera puede plantearse formar parte del Gobierno.
IU, con una política cada vez más pronacionalista, ha recogido parte del desmoronamiento de EH y del inmovilismo del PSE por su alianza con el PP.

Algunas reflexiones

Euskadi es una formación socioeconómica-cultural-política compleja y multipolar, con diversos ejes de estructuración, de suma y de contradicción. Retomando una reflexión de Mario Onaindía (otro condenado a muerte en Burgos): “la construcción de una nación no respondía al esquema marxista o gramsciano de la clase obrera y sus aliados, esto es, no un sujeto compuesto por un protagonista de la historia y sus aliados subordinados, sino, al contrario, una extraña suma de rivales que compartían unas reglas al tiempo que no dejaban de pelearse entre ellos. Ninguno de estos autores (se está refiriendo a autores muy anteriores a Sabino Arana) se había planteado que su pensamiento fuera vasco y que el adversario o el del resto no lo fuera, y desde luego todos ellos mostraban abiertamente su adscripción a una ideología, fuera el calvinismo, el pensamiento católico tridentino o la neoescolástica de Salamanca”
Cualquier intento de homogeneizarlo, de unificarlo, sea mediante una opción independentista, soberanista, españolista o constitucionalista es violentar esa realidad, es alejarse de la convivencia democrática y del respeto a las libertades individuales y colectivas.
La existencia de una organización xenófoba, racista, que intenta imponer su voluntad minoritaria al conjunto mediante el uso de la muerte, la violencia, la extorsión y el chantaje es un factor esencial de distorsión del juego político libre y democrático. Ninguna salida política, sea constitución, independencia o soberanismo, justifica los asesinatos para la introducción de una política de segregación racial y cultural.
El desarrollo actual del País Vasco pivota desde hace 20 años alrededor de un partido político, el PNV, que es una formación político-cultural-social que vertebra a una minoría mayoritaria de la sociedad, que afirma su pertenencia a la nación vasca a través de su adscripción al PNV. Dicho partido es mucho más fuerte socialmente que ningún partido español, sólo se le acerca el PSOE. Y provoca un fenómeno identitario de los más potentes y enraizados de Europa. Ya en los años 20-30 el PNV provocaba el agrupamiento partido / pueblo nacionalista / nacionalidad. No hay comparación, por poner un ejemplo con CiU, coalición más coyuntural y más presa a los vaivenes de la coyuntura, que no tiene la identidad pueblo catalán / partido. ERC se le aproximó en la República, sobre todo por la fuerza de la opción de Maciá-Companys, pero aún así estaba flanqueado a la derecha por la Lliga y a la izquierda por el anarcosindicalismo y el movimiento obrero.
El PSOE es un partido de fuerte raigambre en el País Vasco, expresión del movimiento obrero tradicional, en líneas generales no vasco parlante y que hunde sus raíces en una lucha contra el hegemonismo burgués y clerical del PNV, por negarse a ser asimilado y con base en la inmigración, esencialmente castellana. Expresa la vinculación al resto del movimiento obrero español y a España como nación multicultural (no tiene problemas para una cierta asimilación de lo vasco). En estos 20 años ha logrado salir de sus guetos tradicionales, en función sobre todo de las tendencias políticas generales del país, sin embargo no ha sido capaz de desarrollar una política de integración del hecho nacional vasco (exceptuando parcialmente en Guipúzcoa) del tipo de la realizada por el PSC en Cataluña y sigue siendo beligerante ante el nacionalismo, sobre todo en el socialismo vizcaíno.
EH expresa fundamentalmente el conflicto generado por ETA y la necesidad para sobrevivir de la radicalización del conflicto. Parte de una pretendida continuidad del franquismo y cada vez más de la tesis de la ocupación española, como forma de justificación política. Se nutre de una masa heterógenea: restos del antifranquismo que ven en ETA un rechazo al sistema político existente, sectores rurales o de arrantzales euskaldunes, jóvenes (hoy ya no tan jóvenes) hijos de la reconversión industrial, nuevas tribus urbanas, círculos familiares vinculados al tema de los presos, todo ello amalgamado por un potentísimo conflicto de carácter esencialista y xenófobo alimentado por la magia de la “lucha armada”. Se ha generado una contrasociedad de imposible integración democrática y plural, donde predominan los valores de la extorsión y la exclusión.
El conglomerado ETA-EH ya no se caracteriza sólo por el apoyo al terrorismo o a la lucha armada, se afirma cada vez más y con mayor profundidad en una consideración excluyente de todo aquel que no asuma adecuadamente la integración en Euskal Herría, es decir pone precondiciones no sólo de raza (imposible de descifrar después de los avances en la investigación del genoma humano), sino de adhesión a la causa del abertzalismo excluyente, es decir, la exclusión por razones ideológicas, políticas o incluso de sentimiento. Las declaraciones xenófobas del cabeza de lista por Álava, Antxón Morcillo (daremos el derecho de ciudadanía vasca en función de la demostración de su integración en Euskal Herría) sin ninguna desautorización por parte de EH marca perfectamente la deriva tomada por ETA y EH; su camino es el de Haider, Bossi, Le Pen, con el uso añadido del terrorismo. Su intento de comparación con el IRA o los palestinos no tiene ningún soporte, por múltiples razones. Se pasó el tiempo en que podían ser considerados parte de un problema político de la articulación del Estado español y reflejo de una reivindicación democrática incumplida. El proyecto de ETA es totalitario, reaccionario, racista y xenófobo como tal, y, sin ningún eufemismo, nazi.
En reivindicación de los que combatieron al franquismo desde ETA, no se puede establecer ni el mas mínimo hilo de continuidad entre su lucha y la de la actual organización racista. No es casual que la mayor parte de los más significativos militantes de ETA en los años 60-70 hoy sean “hombres de cristal “-objetivo de ETA-, como lo ha definido Teo Uriarte, miembro en aquellos años del Biltzar Tipia y condenado a muerte en el juicio de Burgos. De los 16 condenados en el citado juicio sólo dos (Jokin Gorostidi e Itziar Auzpurua) siguen vinculados a HB. Pero aún más, ¿dónde están algunos de los portavoces más significativos de HB de después de los 80, Letamendia, Txema Montero, Txomin Zuluaga, Iñaki Esnaola, y que mostraron alguna mínima discrepancia? Existe alentada por la derecha y coreada por sectores en otro momento autodefinidos como progresistas una permanente campaña para identificar a todo el que se rebeló contra el franquismo como un preámbulo de la actual ETA. Lo vivimos a nivel europeo con la vergonzosa campaña contra Joschka Fischer y lo vivimos todos los días: aquel que empuñó desde una piedra a una pistola contra dictaduras, explotaciones o totalitarismo es precursor del terrorismo criminal. Nada más lejos de la realidad, ni por objetivos, ni por métodos, ni por autoridad moral. Sirva un ejemplo. Un día antes del 1º de mayo de 1968 dos militantes de Eibar, José Ibargutxi y Jaka, colocaron una bomba en la sucursal del diario El Correo, cuando salían después de haber realizado la instalación contemplaron que estaba una luz encendida, dándose cuenta que la señora de la limpieza estaba dentro. Volvieron a toda velocidad e intentaron desactivar el artefacto, les explotó en las manos, no murieron pero el primero quedó tuerto y cojo. ¿Qué base moral puede unirles con los Solana, Harriet Iragi, López Riaño, Rementería, Pakito, Bienzobas?: nada, absolutamente nada. Para éstos, todos los que no están con ellos y apoyándoles son objetivos presentes o futuros de su delirio asesino.
El PP es un hecho más coyuntural, menos enraizado, refleja por un lado la burguesía no nacionalista de Euskadi (de gran fuerza en el conjunto de España), sectores de clase media-alta y media-media aterrorizados por la barbarie etarra y diversos sectores más populares que ven la referencia de fuerza frente al nacionalismo.

Las perspectivas que se abren

Las perspectivas que se abren son extraordinarias para generar una amplia base de convivencia en Euskadi. Como muy bien ha señalado Joseba Arregui: “A nadie nos hace falta una hinchazón nacionalista. Más bien lo contrario: una fuerte dosis de secularización y de laicidad nos vendría muy bien a todos”. Basta de confrontaciones sobre la base de la medición del índice de testosterona y de posturas tipo “nada sin la soberanía” o “nada sin la constitución”.
Hay que partir de que se está en una situación de excepción que limita excepcionalmente el juego político.
Las primeras tomas de posición de PNV y de PSOE apuntan en esa dirección, todavía de forma timorata y débil. En contra, Aznar y EH se sitúan de nuevo en la beligerancia. EA parece como si no hubiese pasado nada.
La perspectiva es un Gobierno PNV de minoría parlamentaria, que no se vea asediado por el PSE y el PP. Cualquier otra perspectiva está inmadura y sería un cierto engaño al resultado electoral.
El punto de unidad frente al nazismo étnico de ETA sigue siendo la primera y principal exigencia. A ese punto no debe añadírsele ninguna coletilla, ni ámbito vasco de decisión, ni constitución y estatuto, ni concierto económico. Esta discusión limita el impulso para el aislamiento del crimen, sobre la unidad sólida alrededor de este punto común se pueden y deben abrir todas las discusiones, en la medida que avance la convivencia y la construcción de un entramado político y ciudadano.
Un principio político básico es la defensa de la heterogeneidad de la sociedad vasca (incluidas sus alternativas autonomistas y soberanistas, constitucionalistas e independentistas) y las garantías democráticas para todos.
Junto al reconocimiento de la victoria del PNV y de su derecho a formar Gobierno, se le debe exigir al mismo el respeto y reconocimiento a esa gran parte del pueblo vasco que no les ha votado y que está sentado en el Parlamento de Vitoria-Gasteiz.
La reafirmación en el camino del crimen por parte de ETA y su acompañamiento absoluto de EH hace inviable cualquier política de negociación.
El PSE tiene imposible ahora incorporarse al Gobierno, pero debe mantener desde afuera al Gobierno mayoritariamente votado por los vascos, con total independencia respecto a su programa político y avanzar en la intensidad de los apoyos en función del avance de las condiciones de convivencia.
El Gobierno del PP debe cesar su campaña de deslegitimación del PNV, pues existe un resultado electoral que le avala concluyentemente, la labor de oposición no debe olvidar este hecho.
Los resultados del 13-M abren realmente una nueva situación profundamente política, pues su evolución depende de las decisiones que los diversos partidos políticos y la ciudadanía vayan tomando.
 
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