Raymond Van Ermen

Constitución e identidad europeas

Este texto es el capítulo 1 del informe Des Accélérateurs de Progrès pour Europe, presentado en el marco del programa “Renaissance europe”. Raymond van Ermen es Director Ejecutivo de European Partners for the Environment. Traducción de Celia Pérez para Iniciativa Socialista, nº 75, primavera 2005, con autorización del autor. El texto íntegro del informe puede localizarse en http://epe.be/

“El mundo que tenemos es el producto de nuestra forma de pensar”
Cumbre Mundial del Desarrollo Sostenible
Johanesburgo, 2002, en los muros de la ciudad


La Constitución europea no es un punto de destino sino la catapulta necesaria para realizar nuevos cambios. Gracias a la inserción de la Declaración de los Derechos Fundamentales, la Constitución hace “bascular” el centro de gravedad de Europa hacia una Europa de los Valores. Un primer signo precursor de este seísmo, incluso para muchos de los gobiernos de los países miembros y de los candidatos, fue el asunto Buttiglione. Y esto no es más que el principio.
A principios de este siglo XXI, los Americanos son, sin duda, los que más han contribuido a la comunicación de los europeos sobre el aspecto específico del propio proyecto europeo. El Presidente Georges W. Bush y Donald Rumsfeld, con sus actos y propósitos; Tobert Kagan, Jeremy Rifkin, Samuel Huttington, con sus análisis de los sueños, las creencias y el modelo social americano, comparados con los sueños, las creencias y el modelo social europeo. Sí, son ellos (mucho mejores comunicadores) quienes, simultáneamente, nos ayudan a renovar nuestro mensaje a los europeos, las metáforas para captar la imaginación, las imágenes que pueden elevar, las palabras de la vuelta a la movilización, los símbolos de los que estar orgullosos. En suma, gracias señores por ayudarnos a “reencantar” a Europa.
Según Marc Luycks, Europa “puede recobrar la grandeza si acepta reconocer que esta modernidad que ella ha contribuido a crear en gran manera, se acerca a su final. Europa puede entrar en la sociedad del conocimiento si capitaliza todo lo que hoy en día se presenta como un hándicap: la diversidad cultural, la solidaridad social y familiar, la promoción de la mujer, la solidaridad con el Tercer Mundo, el sentido de lo bello y de los valores humanos y espirituales. Si es razonable, Europa puede contribuir a reencantar al mundo” [La Déclaration de Laeken : Vers une Europe Transmoderne? Marc Luyckx].

Los valores que la Unión esgrime hoy son, en parte, la obra (inacabada, bien es verdad) de miles de agentes del cambio. Juntos, sus esfuerzos han hecho de la Unión Europea la portadora de un proyecto que en el exterior es envidiado por unos y condenado por otros. Jeremy Rifkin, un autor americano, desarrolla la tesis de que el Sueño Europeo se adapta mucho mejor que el Sueño Americano a la nueva etapa hacia la que se dirige la humanidad, “que promete conducir a la humanidad a una conciencia global que se corresponda con una sociedad  cada vez más interconectada y globalizada. El sueño europeo se fundamenta en la inclusión, la diversidad cultural, la calidad de vida, el desarrollo sostenible, los derechos sociales, los derechos humanos universales”.

1.1. Metáforas


Europa necesita nuevas metáforas para comunicarse con sus ciudadanos. ¿Qué debería sustituir a las bien conocidas fórmulas “mercado”, “competencia”, “déficit democrático” y al cinismo fácil y al euroescepticismo? Empatía, Integración, Unidad en la diversidad, Confianza, Solidaridad.
- El Faro: el sueño suropeo
En nuestros días Europa es envidiada por las otras regiones del mundo. Esto marca una nueva etapa de la historia de la humanidad, dado que es la Europa de la construcción de la paz entre países que solían tomar las armas unos contra otros en repetidas ocasiones; una Europa que promociona el bienestar colectivo de sus pueblos, una Europa de los valores en una sociedad que ha conseguido establecer conexiones entre los niveles locales y global y entre el pasado, el presente y el futuro, fomentando la unidad en la diversidad.
- La Nueva Piedra Angular
El proyecto del Tratado Constitucional da sentido a una posterior transformación del proyecto europeo al servicio de los pueblos. Hasta ahora, sólo algunos miraban a la Unión como una vasta zona de libre comercio. Con la Constitución, la piedra angular de la UE dejará de ser el mercado para pasar a ser los derechos fundamentales que se han convertido en el “corazón y el alma” del Tratado.
- El Triángulo
La inclusión de una sección de democracia participativa es otra catapulta significativa, ya que ayudará  a desarrollar un motor complementario del cohete “europeo”: la vía participativa. Tendremos más medios para convertir un súper Estado al servicio del mercado (que es como algunas personas ven a la Unión) en una Red Europea de asociaciones a multi-nivel pasando de una alianza entre el Estado y el Mercado a la colaboración entre los tres elementos de un triángulo “Gobierno-Mercado-Sociedad Civil” al servicio del bien común.
- Los Aros Olímpicos.
Hemos de dejar de pensar en la Unión en términos de “círculos concéntricos”, con un grupo de Estados miembros en el centro, para concebir una visión basada en el modelo de los aros olímpicos, con una Unión hermanada con otros grupos de países vecinos que compartan el mismo interés por los “derechos humanos internacionales”
- La Metamorfosis
Con la integración de la Carta de los Derechos Fundamentales como una piedra angular del Tratado y los nuevos objetivos descritos más arriba, las políticas europeas van a cambiar. El propio texto del proyecto del Tratado puede, por lo tanto, ser el punto de partida de la “metamorfosis” real de Europa – y otorgarle una nueva fisonomía – así como una metamorfosis de los negocios y de los modelos macro-económicos.

1.2. Identidad europea en progreso


Hoy en día, Europa es para nosotros una fuente de orgullo y de entusiasmo renovado. Constituye una nueva etapa de la historia de la humanidad. En efecto, es la Europa de la construcción de la paz entre países que han estado tantas veces en guerra, de una Europa del bienestar colectivo de sus pueblos, de una Europa de los valores dentro de un sociedad que consigue unir lo local con lo global, el pasado, el presente y el futuro, logrando la unidad en la diversidad.
Europa se ha lanzado hacia una nueva fase de su “metamorfosis”, incluyendo, por una parte, referenda para la ratificación del Tratado Constitucional, y, por otra, su política de ampliaciones futuras, y finalmente, la preparación de la zona de libre intercambio euromediterránea. Igual que el gusano se transforma en mariposa, todo el cuerpo de Europa, como si fuera un animal, va a transmutarse. Pero, salvo que cada cual esté persuadido de la oportunidad que ofrece esta transformación, el proceso va a ser muy arriesgado, muy doloroso y se va a ver constantemente amenazado de explosión, y eso sin hablar de los “genios malvados” racistas e integristas internos y de los “amigos” del exterior, preparados para lanzar torpedos. Va a hacer falta, pues, movilizar al mayor número posible de los que desean paz, solidaridad, desarrollo, lo que el político por sí solo no es capaz de conseguir. Va a haber que crear un “pegamento social” ya que “nuestra civilización separa más que une. Tenemos carencia de confianza y ésta se ha convertido en una necesidad vital” [Edgard Morin, La Méthode 6. L’Ethique, Seuil, 2004].
Como el texto del Tratado Constitucional resume hasta donde lo político ha sabido llegar, hablar de la Constitución Europea desde el punto de vista de los transmodernos es saber comunicar de una forma nueva lo que se refiere a la identidad europea, su sueño, sus creencias, su modelo social, pero también sobre su gobernabilidad.
En los Estados Unidos, los colonos de la primera fase y los inmigrantes de la segunda fase, tuvieron que construir y luego compartir su visión de América, esta “nueva tierra prometida” otorgada por Dios a un “pueblo elegido”. El movimiento de americanización de los inmigrantes fue lanzado por los organismos de la sociedad civil, entre cuya base  había organizaciones religiosas protestantes, judías, católicas [Qui sommes-nous? Identité Nationale et Choc des Cultures. Samuel P. Huntington, Odile Jacob Novembre 2004, p.136].
Surge una reflexión: tal vez la rápida ampliación de la Unión –un fenómeno que, como es sabido, está inacabado y necesitará un cierto tiempo para ser “digerido”– exigiría un replanteamiento de la identidad en términos de europeización. Por supuesto, los pueblos han sido siempre “europeos” por geografía y por historia. De todas formas, para hablar de nuestro continente, la adjudicación de los conceptos de “cristiandad” a “Europa” se remonta al siglo XVI y a los alegatos para poner fin a las guerras de religión entre cristianos, mientras que los turcos asediaban Viena [La Civilisation de l’Europe à la Renaissance. John Hob. Tempus, p.7]. Ciertamente, para los europeos, ya no quedan tierras por “conquistar”, sino que lo que hay es una nueva frontera que ganar. Y esa frontera está en los espíritus. La llamaremos la frontera de la unión.

A partir del siglo XV, la identidad europea se ha construido en fases sucesivas. Durante mucho tiempo ha estado vinculada a la religión. Entre las fases más recientes se encuentran:


Paz
Mercado
Desarrollo
Instituciones
Años 50
Carbón y Acero
Agricultura
Mejora el comercio y la inversión
CECA (1951). Tratado  Roma. Comunidad Europea
Años 80






9/11/1989
Paquete Helsinki
OSCE





Unificación Alemania. Fin Guerra Fría








Moneda Única
Infraestructura, tecnología, investigación, educación, medio ambiente, desarrollo regional, inmigración, justicia y policía
Acta Única (1987) para un Mercado Único (1992). Consejo de Europa, Parlamento, Tribunal de Justicia aumentan sus poderes


Banco Central Europeo

Años 90
Fragmentación de Yugoslavia
Mercado Único (1992)
Integración. Criterios de Copenhague (democracia y ampliación). Desarrollo Sostenible
Tratado Maastricht 1991

Pacto por la Estabilidad y el Crecimiento de la Unión Europea (1996)
Años 2000
EUROCORPS
Euro (2002)
Carta derechos fundamentales. Erradicación de la Pobreza. Comercio Libre y Justo
Constitución Europea (2004)

Años 2010
lianza euromediterránea para la Seguridad Humana
Zona euromediterránea de Comercio Libre
Programa de Seguridad Humana
Senado y Tribunal de Justicia euromediterráneos


Hemos sido y estamos siendo bombardeados todavía por las palabras favoritas de la élite europea: mercado, competencia, crecimiento. Riccardo Petrella, un experto que fue funcionario de la Comisión durante mucho tiempo, ha propuesto cooperación, desarrollo. En cuanto a Rifkin, él caracteriza el sueño europeo por las palabras de empatía, integración, unidad en la diversidad, tripartito (poderes públicos, mercado, sociedad civil) [The European Dream. Jeremy Rifkin. Polity Press 2004, 272,282, 244].

1.3. El credo europeo


Esta europeización ha de apoyarse sobre un mensaje, en particular en una ocasión única como es el procedimiento de ratificación de la Constitución, un mensaje que ha de referirse al sueño y a las creencias, pero también a las próximas etapas. Este proceso ha de activar nuevas solidaridades en torno a una ciudadanía dentro de una democracia participativa y una civilización euromediterránea, así como los derechos del ser humano al patrimonio, a la salud y al medio ambiente. La europeización ha de conducir hacia nuevas herramientas y hacia nuevos programas que demuestren que la Constitución no va a ser, para los transmodernos, un resultado, sino una etapa y un nuevo punto de partida.
Sí, subraya Hutington, “Gunnar Myrdal ha descrito el credo americano con el fin de plantear mejor un dilema americano, el del desfase entre el principio y la realidad”[Qui sommes-nous? Identité Nationale et Choc des Cultures. Samuel P. Huntington, p. 148, Odile Jacob Novembre 2004]. De la misma forma, la afirmación del credo europeo permite medir el dilema europeo, medir el camino que hay que recorrer y las políticas que hay que adoptar para obtener una Europa que se acerque a sus principios. Aquí es donde se marca la diferencia entre la visión política clásica y la aproximación dinámica del transmoderno. A título de ejemplo, para muchos convencionales, la inclusión en la Constitución de las palabras “comercio libre y equitativo”, “erradicación de la pobreza”, “desarrollo sostenible” no debería producir ningún cambio. Las políticas europeas son ya todo eso en su espíritu y el texto no es más que una imagen de la situación actual. Para los transmodernos, las mismas palabras en el mismo texto van a conducir a profundos cambios de las políticas de la Unión. Son numerosos los potenciales nuevos progresos ofrecidos por la Constitución y cada uno de ellos exigirá que se libre una batalla, apoyándose en la Constitución, para lograr el cambio.
¿Cuál es, pues, el nuevo credo europeo, que forja la identidad de Europa? ¿Cuál es el sueño europeo que moviliza las energías y contribuye también a la construcción de una opinión pública europea? Esto es tan importante, por resumirlo en algunas líneas, que ya se puede comprobar que los ciudadanos europeos se han puesto a forjar una opinión pública europea, apoyándose en las alianzas entre las opiniones de los ciudadanos de un país y los responsables políticos de uno o de varios países europeos diferentes. Es el caso, claramente, de la segunda guerra del Golfo, durante la cual las opiniones mayoritarias en Gran Bretaña, en España, en Italia, en Portugal, en Polonia se pronunciaron contra sus respectivos gobiernos y a favor del tándem Schröder-Chirac. Es evidente, también, por el referéndum organizado en el seno del partido socialista francés sobre el proyecto de constitución, en el que una mayoría se ha pronunciado en apoyo de la posición del “partido socialista europeo”.


Derechos
políticos
Derechos relativos a Economía,
Medio Ambiente, Movilidad
Derechos Culturales
 y  Religiosos (por completar)
Intercambios
Años 50

Protección de los consumidores


Años 80
Elección del Parlamento Europeo
por sufragio universal
Protección del medio ambiente


Años 90
Ciudadanía Europea
Supresión de fronteras interiores


Programa Erasmus
Años 2000
Democracia europea participativa
Carta de los Derechos Fundamentales

Servicio Civil Europeo facultativo
Años 2010
Elección del Presidente de la Comisión
por sufragio universal
Carta de Civilización euromediterránea

Servicio Civil Europeo obligatorio.
Programa Erasmus Euro-Med


1.4. Desplazar las líneas de fractura

Die Gerechten müssen viel leiden - Los justos han de sufrir mucho

La Constitución es asunto de todos. Ejercer un liderazgo colectivo para acelerar la metamorfosis de Europa en un sentido acorde con los objetivos que marca la Unión dentro del proyecto de constitución, supondría que pudiésemos recordar de dónde venimos (véase más arriba), indicar donde podríamos ir (es decir, las nuevas etapas) y conseguir convencer de que la línea de fractura entre eurófilos y euroescépticos debería de desplazarse o, en otras palabras, que numerosos euroescépticos de ayer y de hoy tendrían interés en apoyar la adopción de la Constitución.
Para los “transmodernos” el proyecto de Tratado Constitucional facilita los medios para transformar aún más el proyecto europeo al servicio de los pueblos. Hasta ahora algunos no veían en la Unión más que una vasta zona de libre intercambio. Con el Tratado Constitucional, la piedra angular ya no será el mercado, sino los derechos fundamentales que se han convertido en el “corazón y el alma” de este tratado. Se ha podido comprobar el primer síntoma de esta “basculación” con el asunto Buttiglione. La Carta de los Derechos Fundamentales ha pasado a ser “central”. ¡Cuánto camino recorrido desde que se firmó esta carta en Niza, de forma vergonzosa, sin contar con la sociedad civil!
Con el proyecto del Tratado Constitucional, tendremos unos medios más fuertes para transformar el proyecto de un súper Estado al servicio del mercado (como algunos ven a la Unión) en una Europa-Red, una Europa de partenariados a varios niveles que dejarán de establecerse entre el Estado y el Mercado para pasar a hacerlo entre los tres elementos de un triángulo “Poderes Públicos-Mercado-Sociedad Civil” al servicio del bien común.

Si tuvieran que ratificar el proyecto del Tratado Constitucional, los estadounidenses votarían hoy mayoritariamente no. Sobre todo porque la Carta de los Derechos Fundamentales va demasiado lejos, por ejemplo, incluye la abolición de la pena de muerte. Y también porque el proyecto de Tratado sustituye el libre mercado por una economía social de mercado, el desarrollo sostenible, un comercio libre y justo y la erradicación de la pobreza. Precisamente porque el proyecto de tratado constitucional convierte a Europa en el líder indiscutible de los derechos humanos, desde aquí convocamos a votar sí.

La Constitución Europea quiere dar un nuevo impulso a la democracia en Europa. La inserción de un capítulo sobre la democracia participativa es una catapulta significativa, ya que ayudará a desarrollar un motor complementario del cohete “europeo”: la vía participativa. “La iniciativa ciudadana europea” (artículo 47) proporciona una nueva herramienta para una democracia participativa. Al pedir la recogida de un millón de firmas procedentes de un número “significativo” de Estados miembros, se desarrollará una “opinión pública europea”. Al focalizar el Derecho de Petición sobre “elementos necesarios para la puesta en funcionamiento de la constitución” se pone en marcha una nueva dinámica de evolución que permitirá que el programa comunitario evolucione y que se “europeícen” los objetivos. De esta forma pueden ser los pueblos los que determinen la agenda sin tener que recurrir a la protesta ni al saqueo. De esta forma los grupos innovadores, los transmodernos para algunos, pueden tratar de producir un “efecto bola de nieve” para cambiar Europa [Initiative for Europe into new democratic territory. IRI October 2004]. Con la integración de la Carta de los Derechos Fundamentales como piedra angular y los nuevos objetivos de la Unión descritos más arriba, las políticas europeas habrán de cambiar.
Pero los euroescépticos se han convertido en una especie de “fondo de comercio” para ciertas políticas y en una “parte de la identidad nacional” en algunos países miembros. Por ello, una parte significativa de las organizaciones europeas no se comprometerán más que un poco o nada con el Tratado de Roma II en tanto que sus dirigentes tengan miedo de la obligación de responder al “no reflejo” de sus miembros procedentes de los países euroescépticos. Desde ese punto de vista, la posición favorable a la Constitución que ha adoptado la Confederación Europea de Sindicatos es una decisión importante, acorde, de hecho, con toda la historia pro-Europa de los dirigentes de la CES, a menudo en detrimento de las posiciones contrarias de la base militante.
¿Habrá individuos que se unan por encima de sus afiliaciones para decir sí juntos a la Constitución como catapulta de los nuevos cambios? Sería conveniente para los propios transmodernos, de cara a reforzar su movimiento y su impacto. Hay que “desplazar las líneas de fractura”, tanto más que ahora los europeos parecen estar divididos en cuatro categorías:
Sí a la Constitución - Sí a Turquía
Sí a la Constitución - No a Turquía
No a la Constitución - Sí a Turquía
No a la Constitución - No a Turquía

En el debate de los próximos meses, el mundo político y sindical va a presentar una “imagen de Europa” tal cual es. El referéndum en el partido socialista francés, con intervenciones importantes de los “camaradas europeos”, ha resultado ser una especie de “vuelta de calentamiento”, y ha demostrado que un partido político de un Estado miembro se encuentra respecto a Europa en la misma situación que ayer se encontró una de sus principales federaciones con respecto a París. Es la prueba de la construcción de una opinión europea. Los mensajes de los Presidentes y Primeros Ministros Chirac, Zapatero, Schröder, Blair, así como los discursos anti-Europa de una parte de la derecha, han mostrado los argumentos que van a desarrollarse. El papel de los transmodernos, en este debate que debería de involucrar a todos los europeos, habría de ser el de anticipar las nuevas etapas futuras. De esta forma, se pondría de relieve la “dinámica” que desencadena la Constitución: nuevas metáforas, nuevas catapultas, nuevas políticas.