Ir a página principal de Iniciativa Socialista
Ir a archivo de documentos
 
 

LA GLOBALIZACIÓN Y LOS DERECHOS HUMANOS

Elio Rodolfo Parisí (1)

Iniciativa Socialista, número 54, otoño 1999

El 10 de diciembre de 1998 se cumplió el cincuenta aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y, frente al contexto político y económico del mundo en que estamos inmersos, cabe que inicie esta nota con una serie de preguntas, que van a ser las que van a servir de guía directriz a su desarrollo:

- ¿Es posible decir, en relación con aquella Declaración Universal, que los derechos humanos, luego de cincuenta años de vigencia legal son, efectivamente, "universales"?;

- La globalización en la que se ha sumergido el mundo contemporáneo, ¿implica la globalización de los derechos humanos, o -en sentido contrario- el mismo estado globalizador no es más que un atentado contra ellos o un facilitador de su violación?;

- La detención de Pinochet en Inglaterra, a pedido del Juez español Baltazar Garzón, ¿implica la universalidad de la justicia, o es un paso más de la globalización?; y

- ¿La detención de aquél supone que en el futuro la dirigencia política y la justicia va a ser capaz de hacer valer el estatuto de los derechos humanos por encima de los mezquinos intereses políticos y económicos de quienes detentan el poder?.

El concepto de globalización (2) hace referencia a que todos los sujetos del mundo y sus pueblos, están "englobados", es decir, están siendo afectados unos por otros en una suerte de licuadora imaginaria, que mezcla razas, idiomas y diferentes formas culturales, sin hacer distinción alguna, como sí, por fin, hubiera llegado algo más que nos emparejara a todos los hombres, como lo ha sido siempre la tan temida y resistida muerte. Este englobamiento sería, al decir de aquellos interesados, una suerte de mecanismo de facilitación del achicamiento de las distancias entre los pueblos; con las indudables ventajas que esto acarrearía consigo. Se habla -desde los cenáculos del Poder- de un mundo unificado, sin barreras y con la posibilidad de tener la anhelada información al alcance de todos. Un mundo, como nos muestran las propagandas, donde hasta los chinos toman Coca-Cola mientras comen hamburguesas.

La cita hecha a la Coca-Cola, gaseosa que opera como símbolo del capitalismo norteamericano, no ha sido casual. Estimo que siempre que se echa luz sobre algo -desde la física óptica- es preciso que queden zonas sombreadas. Y las sombras en que se oculta la globalización son las que me preocupan. ¿Cómo encaja el respeto a los derechos humanos en un mundo globalizado?. Es decir, ¿si estos han sido globalizados, existen las posibilidades de justicia, de trabajo y de seguridad para todos los individuos que habitan al mundo?

El fenómeno de la globalización es un hecho social creado por el capitalismo. Lo que se han globalizado son las desigualdades de un capitalismo que cada vez se expresa de manera más salvaje. Basta ver la masiva situación de opresión y miseria de tantos pueblos y personas en el Tercer Mundo -como así también en los propios bolsones dentro del Primer Mundo- como para no dejar de reconocer que si hay un factor que los unifica y los toma por un mismo rasero, es la pobreza.

La globalización -al igual que el Dios/Rey Jano- es algo así como una moneda de dos caras. Por una de sus caras, se la observa aproximando a los pueblos, inhibe -no siempre con éxito, como lo han demostrado las sucesivas contiendas en los Balcanes y en territorio africano, durante la última década del milenio- las guerras entre las naciones; a la par que vuelve el acceso a la información mucho más ágil(3). Por otra parte, privilegia a las naciones industrializadas que disponen de tecnología de punta, quienes hacen excelentes negocios vendiéndola a los países más pobres que -ingenuamente- creen que de esa manera se incorporan al codiciado Primer Mundo como una forma de expresar el pensamiento "avanzado" de sus gobernantes.

Observo, no sin espanto, que la única universalización que verdaderamente existe, de manera exitosa, en esta finisecularidad vigesimonónica, es la extensión y expansión del capitalismo transnacional, dónde sólo una minoría -la que participa de los bienes materiales y simbólicos suficientes y necesarios- parece que tiene sus derechos reconocidos. Todo esto frente a las mayorías del planeta, que se encuentran desposeídas del reconocimiento práctico -de hecho- de sus derechos más básicos e indispensables para vivir la vida con un sentido de dignidad, como es la única forma en que entiendo que es posible y merecedor vivirla.

Esta globalización, de la que vengo escribiendo, ha llevado a que se nieguen las referencias a las personas, para hablar de Pueblos, Naciones o Estados. Lo paradójico es que se habla de Naciones o Estados, en tanto éstos han dejado de cumplir con sus obligaciones legales para con la población: han abandonado la seguridad, se ha descuidado la educación pública y se han dejado las demás responsabilidades en manos de empresas privadas. Rodríguez Kauth (1998) sostiene que hablar del Estado implica que se constituyan entelequias del conocimiento vacías de piel. Los Estados solamente tienen la capacidad de constituirse en lo que son, a partir de las personas que en ellos habitan. Son las personas las que le dan forma y contenido a las instituciones supra individuales, llámense a estos Estados, países o Naciones. Sin los habitantes, las personas, sean estos hombres o mujeres, niños, adultos y ancianos, nacionales y extranjeros, como cualquier otra categorización de habitantes que se quiera realizar, repito, sin ellos y solamente con ellos se encuentra a los que le dan el sentido de existencia a las entidades sociales que los trascienden y contienen.

Podría plantear, a partir de lo sostenido, que es sumamente difícil significar el concepto de derechos humanos, en tanto los "humanos" vienen siendo dejados de lado, hasta desde el propio discurso de la centralidad. La globalización ha traído consigo la pérdida de la dimensión ecuménica de lo humano. Se globalizan los mercados, se globaliza el concepto de globalización, pero se dejan en el margen a los millones de personas afectados por los efectos de la globalización. Y hasta acá se va respondiendo sola la primer pregunta que hiciera al inicio de la nota, respecto de si los DD.HH. son universales, luego de cincuenta años. La respuesta revela que tal perspectiva es hoy una exigencia teórica y ética ineludible, precisamente cuando nos referimos a algo, desde su propio sentido teórico, tiene la obligación moral de referir e incluir en ella a todos los seres humanos.

Juan Antonio Senent de Frutos (1998), al respecto sostiene, sin hesitaciones: "La perspectiva de la universalidad de los derechos humanos exige estar concretada y orientada para no caer en mistificaciones de la sociedad mundial hoy existente. En nombre de una perspectiva global no podemos adoptar un punto de vista minoritario, un punto de vista que se centre en una pequeña parte de la humanidad que disfruta los beneficios del sistema social mundial, y que además pudiera parecer que representa el estadio histórico más avanzado del reconocimiento y disfrute de los derechos humanos universales Necesitamos ir más allá de una posición eurocéntrica, que identifique en última instancia la marcha o la dinámica de las sociedades primermundistas, su nivel de desarrollo material y los avances éticos sociales, con la dirección del proceso histórico global. De este modo, podría parecer que, alcanzada una civilización que genera unas `sociedades del bienestar' y que ha descubierto unos principios éticos universales, el propio desarrollo histórico de toda la humanidad tendiera por su propia lógica a universalizar esos desarrollos".

Frente a estos dichos ineluctables, es preciso adoptar una posición crítica. Precisamente porque en el Tercer Mundo, la realidad de sus pueblos, que constituyen la inmensa mayoría de la humanidad, transita sus vidas en unos niveles paupérrimos de subsistencia. No está universalizado el trabajo y, cuando existe para unos, sus condiciones suelen ser impiadosas; los salarios son tan bajos que recuerdan a la esclavitud; la marginación y exclusión social están a la orden del día; los presos comunes continúan siendo tratados como animales feroces mediante castigos, las cárceles más que parecer lugares de privación de la libertad -que ya es suficiente castigo- se asemejan a los espacios de reclusión y tormento de la Inquisición; los negros y las mujeres son discriminados por el solo hecho de ser tales, lo cual se testimonia en menores salarios para las segundas y en una mayoría estadísticamente significativa de los primeros en las prisiones; los indígenas tienen sus tierras invadidas por aquellos que las usufructúan sin darles cabida a sus legítimos propietarios; los movimientos populares son tratados como casos policiales y no como lo que son: cuestiones políticas; los pobres -que cada vez son más- no cuentan con derechos fundamentales, tales como alimentación, salud, educación y seguridad. La inmensa e inmoral deuda externa -tal como la definieran Fidel Castro y el Papa Juan Pablo II- de estos países pesa sobre las sufridas espaldas de las poblaciones, quienes pagan con sangre intereses y amortizaciones. Por ejemplo, Brasil es el país más populoso de América Latina: son cerca de 160 millones de personas, de los cuales más de 63 millones viven por debajo de lo que eufemísticamente se conoce como "la línea de la pobreza", con una renta mensual inferior a los 30 dólares. Hay 15 millones de agricultores sin tierra; 7 millones de desempleados; cerca de 500.000 prostitutas menores de edad; 3 millones de niños sin asistencia a la escuela, etc. Estos grupos humanos están desposeídos de toda protección a causa de los ordenamientos sociales e históricos que les han situado en una posición de privación relativa y absoluta (Merton, 1964). Y se encuentran excluidos frente a las minorías aristocráticas y elitistas, que conforman la minoría de la población, a la vez que usan en su provecho inmediato la mayor parte de los recursos disponibles. A lo cual es preciso añadir que la utilización que hacen de los recursos naturales se lleva adelante sin el más mínimo cuidado ni respeto por los "derechos ecológicos" del resto de la humanidad que advierte, con alarma, el modo en que se van destruyendo los mismos.

Observar el lugar de estos pueblos, que representan a millones de personas que sobreviven en pésimas condiciones y que no tienen en el horizonte solución alguna, nos permiten visualizar -de una manera "global"- cómo se ofrecen las condiciones sociales -para la mayoría- en que se vive en el mundo actual. Lo que existen son unas estructuras y unos modos de relación globales que controlados y orientados según el beneficio de la minoría elitista que tiene el manejo monopólico de la economía y de los destinos de la humanidad.

En tal espacio de situación, se hace una tarea harto dificultosa la de presentar la universalidad de los derechos humanos. Precisamente cuando las desigualdades sociales que ofrece el capitalismo al interior de un país o de un sistema social, en la actualidad, se han extendido "globalmente" a la totalidad de los países del mundo. Con el agravante que, una vez finalizada la guerra fría, los EE.UU. se han convertido -por su propia decisión y la complicidad del resto- en los gendarmes del mundo, cuidando, con la excusa del respeto de los derechos humanos, los intereses (negocios), de aquéllos que están a su servicio. Por tal razón sus autoridades no dudan en invadir, o castigar, con sus ataques arteros a los países que no detentan poderío bélico suficiente y, además, se atreven a no aceptan y cuestionar las políticas externas que les pretenden imponer desde el Nuevo Orden Internacional(4).

Ese carácter dialéctico que se manifiesta en una sociedad mundial donde las relaciones de poder benefician a una élite minoritaria y que simultáneamente marginan seriamente a una inmensa mayoría, no permite ni facilita una efectiva aplicación de la universalidad de los derechos humanos. Por lo tanto, estos cincuenta años de los derechos humanos, aún no caminan ni transitan gran parte de los caminos de los pueblos del tercer mundo, ni siquiera enormes senderos de pobreza e injusticia que se encuentran en su propio territorio. Más, si se tiene en cuenta que las diferencias sociales a las que he hecho mención tienden progresivamente a agravarse de manera geométrica. Podría afirmar que la globalización marginó sensiblemente el respeto de los derechos humanos, ya que extendió un salvaje sistema capitalista a lugares remotos del planeta, creando redes de marginación y dominación. Es preciso comprender esto por más que dicho pensamiento refleje un estado de cosas altamente pesimistas, sin embargo, es útil para sincerar -a mi entender- la realidad que nos rodea y que a veces, por reflejo o costumbrismo, se tiende a tomar como cotidiana, de manera "natural". La globalización del capitalismo ha debilitado a los sistemas democráticos, ya que está creando democracias formales, que prestan un conformismo pasivo a los países centrales.

En la Argentina, el gobierno actual (5) ha mostrado una política hacia los EE.UU. vergonzante para la historia de nuestro país, donde se habla -desde la propia Cancillería argentina- de relaciones carnales con los "gringos", sometiendo las decisiones nacionales a las voluntades foráneas, cosa solamente vista en nuestra historia que se hiciera con disimulo, pero que en la actualidad se realiza con desenfado, de manera semejante a lo que ocurrió durante las dictaduras militares. Estas democracias precarias, como lo es la democracia de Chile, en la que el gobierno vive en una mezcla atemorizada y alegre -en la soledad de los despachos gubernamentales- desde la detención de Pinochet en Londres, por la posibilidad de un golpe de Estado llevado adelante por los militares golpistas que repetirían el triste episodio del 11 de septiembre de 1973. En estos países, como sucede con tantos otros de la región, sus gobernantes no luchan por establecer sistemas políticos y sociales justos, con igualdad de oportunidades para todos sus habitantes.

Ahora bien, cabe preguntarse si la detención de Pinochet en Londres, marca una posibilidad de "globalización de la justicia". O acaso no será una forma de hacernos creer desde los países europeos que ellos realmente se preocupan por los derechos humanos de los países del Tercer Mundo. Creo que tenemos derecho a la sospecha. Aún cuando algunos inescrupulosos crean que esta sea una forma encubierta de defender al desteñido Pinochet.

La pregunta que se esconde en el párrafo anterior se refiere a si la justicia tiene límites y, por ende, cuáles y quiénes son los hechos y personajes que limitan la justicia a operar en una sola dirección y para el beneficio de un único destinatario.

A los crímenes cometidos por Pinochet y su gobierno, impuesto por la fuerza luego de derrocar y asesinar al gobierno democrático de Allende, se los llama de lesa humanidad y, de acuerdo con los cánones del derecho internacional, no prescriben con el paso del tiempo. Además, por ser delitos contra la humanidad en toda su magnitud, toda la humanidad los puede condenar, y en este caso, aplicar justicia a través de las instituciones establecidas a tal efecto. Por esa causa el juez español Baltasar Garzón inició procesos judiciales contra ex dictadores de la Argentina y de Chile, llevándose en sus investigaciones el premio sorpresa Pinochet, quien luego de servir a los ingleses con lealtad y sometimiento, fue preso por éstos mismos, en uno de sus habituales viajes al "viejo y querido Londres". Los militares argentinos, involucrados directamente en la pasada dictadura militar -1974 a 1983- se cuidan bien de salir del país para que no les ocurra lo que al genocida Pinochet, con el cual si bien comparten la metodología de trabajo homicida y el "Plan Cóndor", los separa la colaboración que aquél prestó a los británicos durante la Guerra de las Malvinas. En mi país, a pesar de que varios de los militares ya fueron juzgados -los que no hay que olvidar que fueron liberados por una decisión "graciosa" de Menen (6)-, y que actualmente son juzgados por el secuestro, robo y cambio de identidad de bebés, gozan de los beneficios del arresto domiciliario. Estos tenebrosos personajes siempre se las arreglan para conseguir los beneficios de la ley en su favor, siendo que siempre ellos se encargaron de violarla.

El derecho internacional especifica que los autores de crímenes contra la humanidad están sujetos a jurisdicción universal, incluidos los ex jefes de Estado. Este no es un principio nuevo ni original de la contemporaneidad. Sólo que la detención de Pinochet en Londres ha confirmado su existencia.

La instrucción judicial, por parte de la justicia española, de los procesos contra los militares argentinos y chilenos implicados en crímenes contra la humanidad, significará un paso significativo en la lucha por la efectiva promoción y protección de los derechos humanos a nivel global.

La denuncia entablada contra Pinochet sostiene que éste es "... uno de los responsables máximos de la creación de una organización internacional, que concibió, desarrolló y ejecutó un plan sistemático de detenciones ilegales (secuestros), torturas, desplazamientos forzosos de personas, asesinatos y/o desaparición de numerosas personas, incluyendo ciudadanos de Argentina, España, Reino Unido, Estados Unidos y Chile y otros Estados, en diferentes países, con la finalidad de alcanzar los objetivos políticos y económicos de la corporación, exterminar a la oposición política y múltiples personas por razones ideológicas, a partir de 1973...".

Pero, el tema en cuestión, que plantea una interesante y fértil polémica, es el título de los jueces españoles para procesar a Pinochet. El gobierno de Chile ha insistido en el carácter exclusivo de su jurisdicción, invocando un principio de territorialidad dimanante inmediatamente de la soberanía. A entender de Remiro Brotóns (1999), lo planteado ante los reclamos del Juez B. Garzón es una base de jurisdicción indiscutible, la primera de ellas, preferente y recomendable: los delitos pueden y deben ser juzgados allí donde se han cometido, más aún cuando los responsables y las víctimas son nacionales y residentes en el territorio. Lo que no puede admitirse es el reclamo de exclusividad que hace el gobierno chileno y la defensa de Pinochet. Dejando de lado otros principios acogidos por los ordenamientos estatales y permitidos, dentro de ciertos límites, por el Derecho internacional para fundamentar una jurisdicción extraterritorial, el llamado principio de persecución penal universal no sólo permite, sino que anima, a los Estados a afirmar su jurisdicción sobre los crímenes contra la humanidad, sea cual sea el lugar en que se produzcan y con independencia del origen y condición de los sujetos activos y pasivos. Dos de las tres figuras delictivas que se le imputan a Pinochet, genocidio y terrorismo, se encuentran entre esos crímenes sobre los que extienden su jurisdicción, atendiendo al principio mencionado, los jueces españoles (art. 23.4 de la Ley Orgánica del Poder Judicial).

La jurisdicción de los tribunales chilenos para conocer de los delitos de lesa humanidad y, el primero, el de genocidio, cometidos en su territorio, no es sólo un derecho que surge de la soberanía territorial de Chile, sino una obligación internacional expresamente asumida por la República de Chile, al menos frente a los Estados que son parte en el Convenio para la prevención y la sanción del delito de genocidio, firmado en 1948. En el mismo, en efecto, se dispone en el art. 6 que las personas acusadas de genocidio "... serán juzgadas por un tribunal competente del Estado en cuyo territorio el acto fue cometido, o ante la corte penal internacional que sea competente respecto a aquellas de las partes contratantes que hayan reconocido su jurisdicción".

En este punto, el gobierno chileno apela a dicha resolución por el mero hecho de que durante 50 años no se formó un tribunal internacional. Entonces reclaman para sí una competencia exclusiva para este caso. De todos modos, aunque este planteo sedujo al fiscal español, en realidad encubre, no un descuido internacional, sino una falla en la justicia del país en cuestión. La realidad indica que de no haber sido por el pedido inicial del juez Garzón, que luego fue seguido por algunos de sus pares de Francia, Suecia y Canadá entre otros países reclamantes, Pinochet continuaría paseando su ominosa figura de genocida y terrorista de Estado por diestra y siniestra(7).

De hecho, esto se confirma por el hecho de que en momento alguno, ni los abogados del ex dictador, ni el gobierno de Chile, han siquiera intentado negar los cargos que se le imputan, los de genocida, asesino, torturador, terrorista de Estado, etc.; sino que establecen criterios de territorialidad, inmunidad, y hasta de humanidad.

Como latinoamericano me produce vergüenza la defensa que hace el gobierno chileno de su ex dictador. Parece que hubieran detenido a Blancanieves y no a un asesino al que se le imputan tres mil desapariciones, además de otros crímenes aberrantes, entre ellos, los económicos, delitos que parece que nadie recuerda, pero que han llevado a la marginación y hasta incluso al exilio a millares de chilenos.

Eduardo Galeano (1998), sostuvo al respecto y con el talento que lo caracteriza, que en Europa estaba ocurriendo lo que debió haber ocurrido en Chile mucho antes.

Los presidentes latinoamericanos reunidos en Portugal asistieron a la detención de Pinochet con cierta cuota de asombro y otro tanto de espanto. Un hecho normal, como la detención de un asesino que ha generado hechos de terrorismo de Estado, a través de la aplicación del Derecho internacional, les produjo estupor. Y esto es debido a que en América Latina estamos, desgraciadamente, acostumbrados a la impunidad. Impunidad que ha sido acompañada y bien vista por el poder central y omnímodo, que nunca respetó la autodeterminación de los pueblos, produciendo y facilitando golpes de Estado en toda América Latina, a la vez que apoyando a los dictadores de turno. De hecho, desde los EE.UU. se levantaron voces, desde el mismo núcleo del poder, para apoyar a Pinochet y en su defensa; como también es preciso indicarlo, surgieron voces condenando al anciano ex dictador y hasta ofreciendo documentación que lo comprometería seriamente.

Como dije anteriormente, la sospecha de la universalidad de la justicia, en este caso ejercida, o con pretensiones de ejercerla, desde la vieja Europa nos plantea una serie de dudas. Serán capaces los jueces europeos de juzgar a Clinton por sus "universales" ataque a los derechos humanos?. Detendrán a Kissinger en Inglaterra por su apoyo explícito al imperialismo norteamericano, que tanto ha hecho para violar los derechos humanos de miles de personas y de pueblos en el mundo?. Acaso Blair será juzgado en algún momento por su complicidad en la Operación Zorro del Desierto contra el pueblo irakí?. Será que quedarán impunes los ataques misilísticos contra la capital de Yugoslavia?...

Quedarán detenidos algunos de los cientos de militares ingleses que han desparramado colonialismo por todo el mundo, atentando contra la libertad individual y la libre autodeterminación de los pueblos?.

Qué reacción tomarán los jueces europeos contra aquellos que fabrican armamento y contribuyen a crear focos de tensión en los lugares más remotos de la tierra?. Y contra los que están produciendo armas nucleares y bacteriológicas, aprovechando cualquier circunstancia para probar las mismas contra poblaciones indefensas?. Qué sucederá con los que, con sus políticas neocapitalistas, generen mayor pobreza en sus pueblos?.

El escepticismo que se trasluce en estas líneas manifiesta el derecho a dudar sobre la universalidad de la justicia. A Pinochet no lo conoció por su detención el pasado año. Toda Europa mantuvo relaciones diplomáticas con el gobierno de Pinochet durante su sangrienta dictadura. Este era recibido como Jefe de Estado en todo el mundo. Y fuera de las voces de protesta de los exiliados y de agrupaciones de derechos humanos, Europa y EE.UU. fueron cómplices de sus atrocidades con su silencio en el momento que debieron denunciarlo.

Si bien, íntimamente, siento una gran conformidad por la detención de Pinochet, insisto en que cuando a Europa deja de convenirle la relación con algún gobernante -o ex gobernante- entonces aparece, como en este caso, el abandono y la denuncia.

La dama de hierro (8) -apelativo decididamente curioso para alguien que ha sido una pirata- es la única persona que ha demostrado coherencia en su conducta, ya que no ha dejado abandonado a su amigo dictador. Al respecto, y rememorando ese encuentro, me surge espontáneamente una frase de Borges, dónde dice "No los une el amor, sino el espanto..."

BIBLIOGRAFIA:

ALLPORT, G. : La Naturaleza del Prejuicio. Edit. Panamericana, Madrid, 1978.

GALEANO, E.: "El Ojo del Cíclope". El Mundo, Noviembre de 1998.

GARCIA ARAN, M. Y Otros. : "Contra la Impunidad". Federación de Asociaciones de Juristas Progresistas, Madrid, 1998

GOLDHAGEN, D.: Los verdugos voluntarios de Hitler. Edit. Taurus, Madrid, 1997.

MERTON, R. K..: Teorías y estructura sociales. Fondo de Cultura Económica, México, 1964.

PARISI, E.: "La Experiencia de la Tortura en la Argentina". Revista Iniciativa Socialista, Madrid, N° 51, 1998/99.

RODRIGUEZ KAUTH, A.: "Los Humanos en el Proceso de Globalización". Inédito. 1998

ROGOW, A. "Antisemitismo". En Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales, Tomo 2, Ed. Grijalbo S.A., Bilbao, 1979.

ROSE, A. "Minorías". En Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales, Tomo 8, Ed. Grijalbo S.A., Bilbao, 1979.

SCHWELB, E. "Derechos Humanos". En Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales, Tomo 3, Ed. Grijalbo S.A., Bilbao, 1979.

SENENT DE FRUTOS, J. "Los Derechos Humanos desde las mayorías populares y los pueblo oprimidos". Revista Exodo. N° 46, Madrid. 1998.

NOTAS

(1) Psicólogo, Docente de Epistemología e Introducción al Conocimiento Científico. Miembro del Proyecto de Investigación N° 4-2-8902 "Psicología Política" de la Universidad Nacional de San Luis, Argentina.

(2) Algunos hablan de una "globocolonización", el nuevo nombre del colonialismo.

(3) Sobre todo para aquellos que disponen de los medios económicos suficientes como para acceder a Internet, la televisión y otros remanidos instrumentos tecnológicos.

(4) Coincidentemente con la celebración de los 50 años de la Declaración de los Derechos Humanos, EE.UU. atacaba a Irak, en un alarde de fuerza y omnipotencia.

(5) Desde 1989 es gobernada por el Peronismo.

(6) Actual presidente de los argentinos.

(7) Especialmente por siniestra, aunque fue la enemiga preferida y dilecta del ex dictador chileno.

(8) Margarhet Thatcher.

 
 
Ir a página principal de Iniciativa Socialista