Iniciativa Socialista (portada) "Las Cuatro Fugas de Manuel"...
quién le teme a Jesús Díaz

Carlos Manuel Estefanía Aulet


Carlos M. Estefanía es Jefe de redacción de "Cuba Nuestra"

Débole a Jesús Díaz, para ser más exacto a su novela “Las Palabras Perdidas” (Barcelona, 1999), la publicación de mi primer artículo en Europa. En algún momento de 1994 encontré dicha novela en una biblioteca de Estocolmo. Poco menos que la engullí de un tirón, plenamente identificado con la problemática que abordaba, la de los estudiantes cubanos en Moscú [yo había sido uno de ellos]. Armado de una minúscula máquina de escribir tecleé ( en el que quizás fuese el último acto de utilización en mi vida de dicho artefacto) mis ideas sobre la obra. Ni corto ni perezoso envié las notas bajo el título de “Las Palabras Encontradas”, al periódico CNT, órgano de la Confederación Nacional del Trabajo. Se trataba esta de una publicación española que me hacían llegar regularmente mis amigos, los anarcosindicalistas suecos. Para mi grata sorpresa la reseña del la novela, apareció, si la memoria no me falla, en el número de agosto de CNT de aquel mismo año.
La alegría fue doble, en primer lugar por lo que representaba para mi currículo el insertar un artículo en un medio de la “Madre Patria”, en segundo, por haber confirmado con aquel hecho, qué sobre la base de la obra de Jesús Díaz, podía construirse un discurso que conjugara los sueños y utopías de la izquierda, con la critica contundente a la degeneración que tales expectativas habían sufrido en Cuba. Qué un periódico de pensamiento radical, pero con una larga tradición de lucha tanto contra el Fascismo como contra el Estalinismo aceptara y publicara mi elogioso trabajo sobre “Las Palabras”, significaban una clara señal de algo que se confirmaría mas tarde con el surgimiento de la revista “Encuentro de la Cultura Cubana”, y el periódico Digital “Encuentro en la Red” [dos publicaciones cubanas independientes estratégicamente emplazadas precisamente en España]: Jesús Díaz, y el grupo de autores que se nucleó entorno a sus "Encuentros" estaban creando crear un nuevo paradigma de retórica político-cultural sobre Cuba, tan efectivo en su aporte a la reconciliación de los cubanos como peligroso para las dos intransigencias que bloquean la democratización de la isla; aquella que se parapeta en La Habana y la que anida en Miami.
Haces pocos meses cayó en mis manos, hayada en la biblioteca de Södertälje, la ultima novela de este autor, “Las Cuatro Fugas de Manuel” (Espasa Calpe, S. A. 2002). En una obra que se presenta como testimonial, Díaz vuelve a la carga sobre el tema que tan bien conoce, el de los estudiantes cubanos en la URSS, esa otra “madre patria” que nos inventó la “revolución”. El coautor del guión de " Alicia en Maravilla" aborda, con visión cinematográfica los instantes de la descomposición del sistema soviético, su impacto ideológico en aquellos cubanitos, que habiendo ido a formarse como buenos comunistas salieron trasquilados en auténticos disidentes. Habla con profundo conocimiento de causa de la consabida represión desencadenada por las mal afamadas representaciones del Ministerio de Educación contra los estudiantes más contestatarios (influidos por la "Perestroyka"), del desperdigamiento en fugas de aquellos chicos (o concretamente del héroe de esta pieza) por una Europa cada día más xenófoba.
 Si quiere conocerse como fueron los conflictos, encuentros, desencuentros y hasta amores de aquellos jóvenes con sus compañeros latinoamericanos, si quiere tenerse noción de como la mediocridad ahogó el talento, de como chocaron las ideologías más diversas y difusas, debe leerse esta obra. Conocedor, en buen sentido de aquel medio, doy fe de que Díaz lo ha sabido reflejar a cabalidad. El escritor como, los buenos poetas, sabe contarnos lo posible a través de las arte. Esta es quizás la novela “mas europea” de Jesús Díaz, pues se ha permitido en ella, sobre la base de la custión cubana, adentrarse en uno de los problemas más candente y actuales de la Unión: la inmigración, el rechazo al extranjero, su segregación, hacinamiento y mezcolanza con los individuos de los mas variados orígenes. Se trata aquí de un fenómeno que alcanza similares dimensiones, lo mismo en Suecia que en Alemania destino final del fugitivo de nuestra historia. Siguiéndole la pista al talentoso Manuel Desdín, un físico, que se mueve instintivamente en pos de la libertad, pero sin completa conciencia de sus razones ( sólo sueña continuar su carrera y se niega al principio a dar motivos políticos a su solicitud de asilo) podemos tomarle el pulso a lo que pasan aquellos que en busca de un futuro arriezgan la vida cruzando las fronteras de Europa enfrentando desde la incomprensión, humillaciones y maltratos de las autoridades hasta la xenofobia más radical de los nacionales. Como estoy al tanto de este fenómeno - he compartido hasta cierto punto el destino decenas de “Manuel Desdín” en Suecia, he escuchado de ellos historias de fugas espectaculares que nada tienen que envidiar a las que nos narra Jesús- también acredito la verosimilitud (lo cual no siempre es necesaria cuando de literatura se trata) de lo relatado con respecto sobre el que "escapa" (un dicho convertido en lema de mi generación),
Sin embargo me permitiré un pequeña precisión a lo que supongo fue la realidad contada por el personaje, en que se basa la historia a su escritor. Desdín finaliza su fallido intento de asilo en Suecia, escuchando un sermón un tanto “izquierdista” por parte de una agente de la policía de frontera que se encargó de su caso. Esta lo trata como un traidor, hablandole de la Revolución Cubana como una “esperanza” para todos. En pos de credibilidad del relato señalaré que el cuerpo policiaco sueco no se caracteriza precisamente por sostener un pensamiento de izquierda y mucho menos por ver en la imagen endulcoraza del castrismo una esperanza para la humanidad, al contrario a menudos tiene que verselas a palos con los castristas del barrio (que no son pocos). Quienes si podían sostener tal ideología serían algunos de los responsables o asistentes de inmigración, sudamericanos, funcionarios administrativos de baja monta (para nada policías) con los que lidiaró día a día los cubanos solicitantes de asilo en este país escandinavo . Quizás el personaje real, que narra la historia, ha confundido estas dos autoridades , o el autor, tomándose una licencia literaria, se ha permitido sincretizarlos en uno solo. Hecha esta aclaración en honor a la verdad, reconozco que una mancha no oscurece la luminosidad del Sol. Las Cuatro fugas dan una luz que anticipa nuevos testimonios, nuevas historias y estudios sobre las venturas y desventuras de la inmigración Cubana en Europa a finales del pasado siglo. Al exponer la tragedia de su héroe, que es un símbolo del fracaso en la formación comunista de nuestra juventud, Díaz al triunfo de nuevo como escritor e incide una vez más en la llaga de quienes le temen y le odian. Le temen los que en Cuba supieron hacer de la cultura un medio eficaz de propaganda, Los que siguiendo la vieja receta estalinista, saben que un artista reconocido (llámese Picazo o Guillén) con carné del partido le sirve mas que miles de militantes anónimos. Jesús Díaz les esta dando su propia medicina, en el momento de su asilo era un creador reconocido, tanto por su obra literaria como cinematográfica, en el mundo intelectual que todavía apoyaba el proceso Cubano. Era por supuesto, un maestro en el difícil arte, (también dominado por el marxismo-leninismo), de transmitir ideología a través de un producto cultural. Ese “saber hacer” Jesús lo ha puesto, desde su exilio europeo al servicio de la democratización del mismo régimen a cuya consolidación contribuyó con lo mejor de su talento y años de juventud. Pudo haber optado por la cómoda posición de tanto intelectual “quedado” que gozan de su prestigio como “independientes”, quizás incluso de “exiliados”, pero verano a verano viajan a gozar de Varadero (pasado en un acto malabárico de discriminado a discriminador), so pena de no armar escándalos, ni prestarse a cuestionar a fondo el mundo que en Cuba dejaron. En tal tentación no cayó Díaz. La respuesta no se hizo esperar: Los tanques pensantes del sistema salieron a la carga, por ejemplo, Fernando Martínez Heredia, compañero de Jesús en la aventura de la revista “Pensamiento Critico” (mandada a cerrar por Raúl Castro a principios de los setenta) arremetió desde las páginas de la Gaceta de Cuba contra su antiguo colega. En “Tres notas y dos debates” (La Gaceta, mayo junio 1992 16-20) Heredia, respondiendo a una nota publicada por Jesús Díaz en el País (diario español al cual los cubanos de a pié no tienen acceso), escribe: “Jesús Díaz sirve, con sus argumentos y con su firma, a la lucha ideológica contra Cuba”. Además de otras notas difamatorias contra el escritor aparecidas en la prensa cubana. Las autoridades ideológicas culturales de la Isla crearon una revista digital a la medida del daño que recibían del autor exiliado “La Jiribilla”, un remedo de Encuentro en el que lo mismo se encuentran valiosos trabajos de temas culturales que bodrios del mas rancio estalinismo pero cuyo sentido es atacar todo lo que Jesús Díaz representa incluso después de su misteriosa muerte. El Indicio más claro de que el fallecido director de Encuentros es el objetivo de Jiribilla lo encontramos en la lista de temas, allí solo hay un nombre propio: Jesús Díaz. Pero a Jesús Díaz no sólo le teme el aparato ideológico de la isla. En el exilio, sobretodo entre los miembros de su generación hay muchos que no le perdonan, quizás mas que nada, el talento y el éxito. Un odio que toma cuerpo en la calumnia o las hipótesis totalmente increíbles, por ejemplo la que sostiene Servando González en su comentario: “