Esteban Ibarra
Violencia racista en Villaverde
Esteban Ibarra es presidente del Movimiento
contra la Intolerancia. Publicado en Iniciativa Socialista 76, verano 2005
Los sucesivos actos de violencia racista acaecidos en Villaverde tras el
crimen que acabó con la vida del joven de 17 años, Manuel González,
revelan además de la gravedad de los hechos en sí, las insuficiencias
institucionales para prevenir y atajar los numerosos problemas sociales que
concurren.
Antes que nada hay que señalar que este asesinato mediante una
puñalada asestada por un joven dominicano de 19 años, se produjo
en el contexto de una pelea entre los dos jóvenes, originada
tras un absurdo enfrentamiento al dar un cachete la víctima a otro
menor de 13 años, primo del presunto asesino, porque le había
mojado con agua de una fuente.
Ni fue un ataque de “bandas latinas”, ni “un crimen por ser español”,
ni tuvo otra razón que la desgraciada violencia juvenil que se convierte
en irreparable cuando se porta una navaja. Esta información ha sido
acreditada por el atestado policial y por el hecho de que sólo hay
un acusado, que además fue detenido y puesto a disposición
judicial en poco más de 24 horas. Fue un puente de mayo muy trágico
al morir, además, un joven ecuatoriano de una puñalada por
unos menores y días después un vigilante jurado, también
por un enfrentamiento con menores.
Sin embargo solo la tragedia de Villaverde deparó una ola de violencia
racista, provocando numerosos heridos, una situación de terror generalizado
en los inmigrantes de este barrio y un impacto social y político de
alcance nacional e internacional. En consecuencia resulta oportuno preguntarnos
cuales son los factores que han concurrido para alcanzar esta cota de gravedad
social.
En primer lugar la existencia de problemas sociales en un barrio que tiene
serias carencias de servicios públicos, con bastante población
juvenil y cerca de un 20% de población inmigrante, con problemas de
seguridad ciudadana y con cierto abandono institucional. Pero esto no explica
el problema por mucho que se insista; en estas circunstancias o peores están
otros barrios de Madrid o Barcelona y no se ha producido esa eclosión
de agresiones racistas.
No obstante hay un segundo factor a considerar, tras el homicidio se desata
una información mediática culpabilizando a “bandas latinas”
del asesinato, y lo que es mas grave, criminalizando colectivamente a los
inmigrantes. La ecuación “inmigrante igual a delincuente igual a criminal”
se instala en muchas informaciones de prensa, radio y televisión durante
las primeras horas, sin que ninguna institución oficial salga a los
medios para señalar objetivamente la naturaleza de este crimen individual.
Tras este impacto mediático, y vamos con el tercer factor, grupos
ultraderechistas y xenófobos propagan una campaña fulgurante
contra los inmigrantes a base de carteles, pintadas y contacto directo con
jóvenes del barrio, acusándoles de invasión y
de ser origen de “todos” los problemas de convivencia vecinal. Una campaña
que se hace visible incluso en el estadio Bernabeu mediante una vergonzosa
pancarta de treinta metros. Es la propaganda racista.
El cuarto factor a tener en cuenta es la actuación organizada
de neonazis y ultras violentos quienes, junto a los existentes en el barrio,
lanzan a numerosos adolescentes, encendidos y cabreados previamente, a realizar
“cacerías de inmigrantes”, en especial tras negros y latinos, después
de las manifestaciones del miércoles y viernes. Todo ello disfrutando
de la pasividad policial que no produce ni detenidos, ni identificados.
La inexistente reacción institucional, y este es el quinto factor,
tras una semana de racismo y violencia finalmente aparece; reacción
tardía pero al fin emerge apoyando una manifestación vecinal
contra la violencia y por la convivencia; se producen cuatro detenciones
de jóvenes, tres menores, con navajas y palos, se aborta una veintena
de intentos de violencia en la manifestación y se adoptan medidas
de prevención y seguridad ciudadana.
Hubo numerosos inmigrantes agredidos que no denuncian por desconfianza en
la policía, un periodista latino con lesiones serias, dos periodistas
de El País atacados... y sobre todo una sociedad herida y unas instituciones
puestas en cuestión. Ante ello solo cabe reclamar en primer lugar
medidas de prevención de la violencia juvenil, acabar con la proliferación
de armas blancas, erradicar los grupos racistas, abordar con soluciones reales
los déficits sociales en los barrios, mejorar la seguridad ciudadana...
y compartir el dolor de una familia que ha perdido un hijo por una navaja
asesina en absurda disputa juvenil.