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Once respuestas al Foro Social Mundial

Israel Covarrubias González

En la última semana de enero del presente año, se llevaron a cabo dos importantes foros mundiales, uno en Davos, Suiza, el otro en Porto Alegre, Brasil. El primero oficial y pernicioso para los intereses de los muchos, ya que en su espacio se dan cita los más altos empresarios del mundo, sus políticos y sus presidentes, sin olvidar, por supuesto, a sus intelectuales y a sus justificadores. El segundo, puede considerársele el primer esfuerzo mundial por revertir el interés de los pocos, atrincherados en el frío de Suiza y de las multinacionales.

No obstante, el espíritu de cambio que recorrió todas y cada una de las mesas en Brasil, sus debates, sus campamentos, y sus acciones directas –como el caso del líder campesino francés José Bove al ser arrestado por participar en la destrucción de cultivos modificados genéticamente-, faltó la suscripción de una agenda del cambio que adquiriera algunas directrices importantes de acción local. Tal vez fue la magnitud y el ánimo que expresaron los cinco días que duró el Foro, lo que imposibilitó un programa mundial de pequeñas actividades para que desde el momento de su clausura, las acciones comenzaren a relevarse. Y este es uno de los problemas que hoy tendremos que desentrañar de manera urgente, pues serán los imperativos de la lucha por un mundo distinto y mejor en todos sus aspectos los que en la inmediatez veremos surgir en distintas latitudes convertidas en verdaderas zonas fronterizas de conflictos de toda índole.

Por ello, considero que no basta organizar un rechazo en contra de las formas "jurídicas" con las cuales se ha tratado el problema del tráfico de drogas en el ámbito mundial, mucho menos pensar en la condonación de la deuda externa de los países pobres, como tampoco sirve la reanimación de los derechos fundamentales, ecológicos y sociales, que a estas alturas no se sabe en dónde está su realización, ni siquiera el trabajo de base que las llamadas organizaciones no gubernamentales realizan con el propio dinero salido de los países altamente desarrollados hacia las regiones menos agraciadas con las bondades de la globalización. Expresiones no excepcionales, pues siempre son una constante, y posibles gracias a la poca capacidad de pensamiento por parte de los líderes, partidos y pensadores de izquierda, en la discusión de que los modos entre la conjugación del cambio con el mayor de los consensos, pudieran resultar en la asunción de este punto ciego por donde tendrá que pasar nuestra vicisitud si es que se quiere su celebración. Olvidemos contraponer los que más tienen con los que menos tienen, y sigamos el sendero de la crítica de la economía como crítica de la guerra, ya que sin esta, muy difícil será la crítica sobre la economía global que tiene como característica principal la reproducción ampliada del capital de guerra. Si no, veamos el caso de la OTAN y Kosovo. O Rusia.

Por lo demás, también en la actualidad resulta imposible enmarcar la definición de la nación y de sus problemas que hoy presenciamos, en una enumeración de criterios de unidad, como ha sido el caso del Foro brasileño. Pues son los problemas en ella identificables lo que ha llevado a organizar foros y formas de resistencia de este tipo hacia el proyecto de globalización. Al respecto, estamos obligados a pensar que lo uno jamás podrá ser irreductible a sí mismo porque siempre necesitará de lo múltiple para hacerse real. Al existir solamente en los grados de distinción en tanto diferencia con otras especies sociales del mismo nivel pero jamás semejantes, la común frase "la unidad en la diversidad" perderá todo su encanto y toda su trayectoria política.

De aquí, los sentidos que hoy podemos darle a este concepto y a esta discusión, sea como herederos, sea como reflexión, sea como bisagra entre el pensamiento de cambio y la acción que lo hace posible, son aquellos en los cuales la nación y las naciones en esta nueva corriente mundial, deriven en una vida en sociedad donde la igualdad y la garantía efectiva y jurídica de los beneficios tendrán que llegar a cada boca y a todos. Ser un proyecto que el espíritu de cambio tiene que sostener, no una política a corto plazo. Esta política, para lo único que ha servido es para solucionarle los problemas –al detallar y señalar las direcciones y posibles resoluciones- a los gobiernos que han enarbolado el Nuevo Orden Global.

Además, hagamos del compromiso una franqueza para aceptar que toda la historia social de resistencia en contra del capitalismo ha tenido como principal trayectoria, la recuperación del primado de la política sobre la hegemonía de lo económico. Y hoy nos ocurre un proceso similar. No obstante, que no quede más política ni más primado de ella por instaurar. No más la política ni más Estado. De aquí que estemos urgidos por inteligir aquellas expresiones postcapitalistas de vida, conflicto, resistencia y desarrollo, que aparecen como mundo biográfico y como mundo compartido.

Por principio de contigüidad, será la voluntad de vivir juntos, cualquiera que sea su fundamento, lo que podemos esperar como proyecto. Es decir, la intención de no obligar a todos aquellos que ya han comenzado a resistir este estado "normal" de las cosas, a tener un soporte: sea ideológico, sea político. Tal vez, sin todo ello, podemos sugerir líneas.

Y de las líneas que han comenzado a vislumbrarse, tenemos de Chiapas a los estudiantes preuniversitarios de Italia, de los chicanos fronterizos con la tierra del Imperio –que serán el futuro de toda la cultura hispano parlante pese a quién le pese- a los coreanos avecindados en Canadá. De los inmigrantes etíopes en Alemania a los musulmanes en Milán. Todos ellas son formas que difícilmente aceptan un fundamento ideológico unívoco. Todas ellas son formas que por principio de causa están en contra del pensamiento único. Y todas ellas son formas que difícilmente tuvieron presencia en Brasil.

De aquí, la exigencia de constituir hipótesis que hoy más que nunca nos permitan abordar el verdadero embrollo que el Nuevo Orden Global ha puesto en marcha desde hace dos decenios:

1. Tener la competencia moral de convertirse en mayoría, para todos aquellos que intentan revertir el panorama del Nuevo Orden Global. Es urgente apelar a una ética y a una cultura, a una dirección que se tiene que pensar como principio de realidad para que suceda el cambio en donde todos esperamos que así sea y que deberá comenzar con el cambio biográfico. Para ello, necesitamos persuadir y dejarnos persuadir. También, estamos invitados a olvidar la unilateralidad del debate que en los últimos tiempos ha sido el signo más vistoso del reclamo y de la lucha. El debate será multilateral o no podrá ser más.

2. Sin esta percepción moral, transformada en un principio, en toda una ética, y sin el recurso social que hoy se formula en los distintos países que componen este movimiento, será muy difícil y estéril transitar a otro campo de comunicación, de conocimiento, de saber y de acción.

3. El cambio tendrá que ser pensado como cambio de época, de lo contrario será muy peligrosa su realización. Tendremos que hacer uso de la gracia y la fortaleza de las muchas cosas que faltan por hacer, por imaginar, y de las otras cosas que han comenzado a fijarse como pequeños cabotajes que señalan los rumbos posibles en el tiempo que está ya presente. No más su acoplamiento al porvenir. De aquí, si logramos fijarnos en otra cognición y en otro parámetro de inteligibilidad, el cambio que iniciará con las maneras de lograr nuevamente consensos en las poblaciones, nunca será definitorio y estará basado en la capacidad que tengamos de respetar aquello que nos enfrenta y aquello por lo que luchamos.

4. No podremos olvidar un segundo más que siempre hemos sido productos de aquello que nos combate. Hemos sido la negatividad que ha hecho posible la reproducción fiel del original que es el Nuevo Orden Global. Olvidemos la venganza moral en contra del capitalismo y la globalización. Comencemos reconociendo el carácter inviolable de nuestro enemigo.

Por ello, necesitamos romper el cerco en contra del pensamiento único, utilizado como escudo de lucha y explosión. De aquí que estemos comprometidos a encontrar otras palabras que valgan la pena para no seguir siendo la sombra que ha dado toda la identidad al capitalismo. No es desde dentro ni por fuera, es desde otro espacio y otra forma moral de pensar ya un ciclo post-político.

Lo primero que habrá que hacer, es olvidar al inglés como la lengua desde donde se puede crear la acción del cambio. Fijemos la mirada en el verdadero punto de disputa: estamos frente a un problema de sentido y de interpretaciones: a tantos sentidos, tantas interpretaciones, y tantos fragmentos de realidad. Recuperemos el principio de realidad de cada pueblo, de cada comunidad, de cada grupo, en cualquier parte del mundo. Emancipar lenguajes, tradiciones y culturas. Este es el verdadero reto.

Las lenguas y las sociedades no adquirirán su genuino sentido como no sea recurriendo a la tradición local. Las personas encargadas de llevar a cabo el cambio y su diseminación, deben aspirar a influir la voluntad de las mayorías, hacerlas nacer. Recurrir al espectáculo de la acción directa (Davos, Seattle, Praga), nunca debió tener un nombre y una "identidad". Al fuego de los garrotes de la policía, antepongamos la acción sin nombre, dejemos que el poder tropiece con la nada. No con hombre.

5. Regresamos al problema de los medios y los fines. Tales los medios, tales los fines. Seguimos disociando ambos términos como si la semilla fuera distinta del árbol. Por ello, aún hoy los que padecen la globalización no han participado en su rechazo o en su transformación. Aún hoy, quienes intentan cambiar su rumbo están haciéndolo desde un espacio privilegiado como lo fue el Foro Social Mundial, pero también como lo es el Internet y las nuevas tecnologías. El fin no es político, es moral, y por este camino podremos construir mayorías.

6. El debate que se desprende de lo anterior, es el de la racionalidad hegemónica y la búsqueda de una racionalidad distinta, que no ha sido otra cosa que una separación entre el nivel biográfico y la subjetividad de los grupos y de los pueblos. Es un no regreso a todo aquello que expulsa a los muchos de los beneficios y garantías, pero también es un no progreso. Estamos a caballo entre lo muerto y lo que aún no termina de parir.

7. Para la lucha tendremos a toda costa que respetar la esencia de las personas, porque es la globalización la que pone en completo entredicho la identidad. Intentemos herirnos sin herir. Intentemos que el cambio sea invisible y que sólo lo conozca quien lo lleve en el cuerpo y en el pensamiento.

8. Una primera aproximación tendrá que ver con el problema de las ciudadanías. De aquí, necesitamos construir de manera inminente una red mundial de trabajo voluntario fundado en la admiración y no en el interés. Un banco de datos de los oficios de todos aquellos que hoy integran este distinto orden global. Un archipiélago de ayuda mutua, que obligue a los políticos a pasar por los que no tienen lugar en la globalización económica.

9. De los muchos problemas que tenemos, los impostergables y específicos por solucionar son los de la sustentabilidad, el medio ambiente, la salud, la miseria, la educación, y el gobierno. Podemos comenzar su resolución al introducir un principio de "diarquía", es decir, repartir las responsabilidades: gobierno y resolución a los problemas de jerarquía y coexistencia, educación y saberes, salud pública, trabajo y migraciones, agricultura y tecnologías alternativas para los campos, empresa autogestionaria y capacidad de existencia en formas instituyentes, cultura sin censura y una religión donde cada persona sea Dios.

10. Se necesita una verdadera reflexión sobre el tiempo, sobre su simultaneidad y sus dimensiones desde donde lo humano sea posible. No es ya admisible seguir en la dirección temporal que aún hoy sujeta el proyecto discutido en Brasil a un tiempo futuro, ya que si por ese camino se transita, se tendrá que pensar en todos aquellos aspectos que de mito y de verdad traerá aparejada la consigna por un tiempo distinto en donde pueda tener lugar un equilibrio de los intereses, cualesquiera que sean sus indicadores. Por una parte, si no logramos precisar el tiempo y sus dimensiones tanto visibles como invisibles, mucho menos tendremos la capacidad de recuperar la historia de la resistencia y de la crítica.

11. Para terminar, requerimos una libertad de consentimiento traducible en libertad de consensos democráticos y sin las cuales los puntos anteriores no podrán realizarse. Por ello, tendremos que ser observadores y partícipes del descubrimiento de la consciente manifestación de aquellos sueños imposibles siempre transformables en posibles, para hacer realidad una democracia que pase por las conductas, los hábitos, las creencias, los modos de regir y delegar a los encargados de señalar los rumbos que ahora buscamos.

Febrero del 2001.
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