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EL DESASTRE DEL FOREC

Alpher Rojas Carvajal

Alpher Rojas Carvajal es escritor, analista político, investigador social, y consultor público. Correo: alpher_r@hotmail.com

Transcurridos dos años del terremoto que desgarró la piel social y fracturó el entramado urbano de Armenia (Quindío, Colombia), la situación de la ciudad y, especialmente, la de miles de damnificados es demasiado crítica, como graves son los impactos económicos y culturales posterremoto en la región cafetera. Los precarios resultados en la ejecución del proyecto, indican que las donaciones de la comunidad internacional y las millonarias apropiaciones fiscales de la nación -¡600 millones de dólares, durante la vigencia del proceso reconstructor!-, no han sido administradas con transparencia, responsabilidad y eficacia. Los titulares de la prensa nacional son bien elocuentes al respecto: El Tiempo del domingo 21 de enero (ver entrevista con Gloria María Pérez "Dos años viviendo en un cambuche") Portafolio del 24 de enero ("Las cuentas del Forec no cuadran") y El Tiempo del 25 de enero ("Capturas por peculado con plata del terremoto").

Las cosas no pintaron bien desde el momento en que un novedoso modelo de gestión de dineros públicos a través de organizaciones de la sociedad civil, fue utilizado como coto de caza por el Presidente de la República para devolverles favores a las elites financieras "en crisis" y a los grupos económicos más poderosos del país. En efecto, en la Junta directiva del Fondo de Reconstrucción (FOREC), Pastrana nombró pesos pesados del establecimiento neoliberal: al presidente del Grupo Aval, Luis Carlos Sarmiento Angulo, a Manuel Santiago Mejía, del "Sindicato antioqueño"; por el Grupo cafetero a Diego Arango Mora y Jorge Cárdenas Gutiérrez (remember Fedecafé) y a su hijo Mauricio Cárdenas Santamaría (remember Dragacol), y como Director al presidente de los industriales Luis Carlos Villegas (remember Corfioccidente); también al "superministro" Jaime Ruiz Llano (remember CAR). En otros niveles de la organización encontraron escaño las cúpulas empresariales en apuros, como Pedro Gómez Barrero (remember Armero). En cambio no tuvieron cupo ni vocería alguna (ni oportunidad de patalear) los damnificados, el sector más importante del problema.

Ya la excluyente composición de la Junta directiva, anunciaba que el proceso de reconstrucción no beneficiaría de manera prioritaria a los sobrevivientes. En primer lugar, fue suscrito un jugoso contrato con el exministro conservador Hugo Palacios Mejía, ideólogo del modelo jurídico que daría pie a los decretos de emergencia. A partir de allí espigaría una estructura administrativa de linaje antidemocrático; la selección de las ONGs que gerenciarían las zonas en que fue dividido el territorio, dejó por puertas a las organizaciones sociales, profesionales y gremiales -y a la mano de obra- de la zona afectada, para darles cabida a las "ONGs" representativas de los grupos de presión -sin ningún acumulado en gestión reconstructiva ni conocimiento de la zona-, algunas de las cuales, por cierto, afrontaban situaciones de quiebra económica. A dos universidades públicas y a algún sector de la "Izquierda", les dieron "cuotas" modestas con lo cual inexplicablemente se granjearon su acompañamiento acrítico.

A poco andar, el Forec empezó a adolecer simultáneamente de macrocefalia (burocrática) y raquitismo (operacional), en consonancia con el pensamiento de su junta directiva de carácter neoliberal, centralista y deslegitimador de lo público. Neoliberal, porque los dineros -depositados en las cuentas de los bancos del Grupo Aval- sirvieron a la lógica del mercado y a los fines de rentabilidad del sector financiero; centralista, porque el 80 por ciento de las grandes decisiones fueron impuestas desde la capital del país, en el despacho del presidente de la ANDI; y deslegitimador del poder local, porque -en el propósito de achicar el Estado-, las zonas y sus gerentes tuvieron siempre más presupuesto y mayor capacidad de gestión que los alcaldes, concejales y ediles, y en el ámbito territorial que los gobernadores y los diputados, reyes de burlas del proceso. Además, el esquema se cuidó muy bien de apropiar las condiciones de derecho privado adecuadas para que los organismos de control del Estado no fiscalizaran sus movimientos financieros y contractuales. Así como para conformar un gigantesco aparato propagandístico contratado por 1,3 millones de dólares, encargado de elaborar "medias verdades, truculentos montajes y maquillajes mediáticos", según los informes de la Veeduría ciudadana.

Pero si el proceso de reconstrucción física no ha podido despegar, por lo menos en Armenia donde Pastrana hizo entrega simbólica de casas y subsidios que a los dos años todavía no han llegado, en cambio el de la reconstrucción del "tejido social", nunca fructificó. La situación infrahumana de la "temporalidad", no ha sido superada y se mantiene a más de treinta mil ciudadanos hacinados en 106 albergues malolientes, donde se cultiva el maltrato infantil y la violencia intrafamiliar, el alcoholismo, la prostitución con menores y la drogadicción. En ese sentido el programa "Rumbos" de la presidencia de la república, documenta un informe sobre los "niños de Armenia que se inyectan gasolina". Ha sido tan deplorable el manejo social y técnico del FOREC, que su más radical contradictor, el ingeniero Mario Londoño Arcila, fue elegido Alcalde de Armenia por incontrastable mayoría.

No cabe duda que éste, de todas maneras, ha sido un buen laboratorio para construir conocimiento en materia de desastres y consolidar estudios de prospectiva urbana, pero también para corroborar la corrupción de las elites y la insensibilidad de la tecnocracia neoliberal. Por tal razón y a raíz de las audiencias públicas convocadas por el Procurador Bernal Cuellar, el Contralor Ossa Escobar y por la Comisión de DD.HH., presidida por la valerosa Senadora Piedad Córdoba, el Fiscal General Gómez Méndez abrió investigaciones y encarceló a tres prominentes directivos del FOREC, hoy puestos en libertad provisional, por "cambio de denominación del delito". Es lamentable que el modelo de gestión con las ONGs hubiera terminado desacreditado y en enredos judiciales, pleitos fiscales y administrativos, como los que empezamos a observar. Muchos intríngulis han postergado los resultados planeados para el mediano plazo desde el punto de vista de reactivación económica, incremento de capital e inteligencia social, modernización urbanística, construcción de vivienda y mejoramiento de la calidad de vida, que fue nuestro sueño de quindianos cuando les escuchamos decir a los dirigentes (¿irónicamente?) que "el terremoto sería una oportunidad". ¿Para quién?
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