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Soberanía alimentaria

 Vicent Garcés

Texto de la Ponencia presentada en la Conferencia sobre Soberanía Alimentaria en el Foro Social Mundial de Porto Alegre 2002.

Del 3 al 7 de septiembre del año 2001, en el Foro Mundial sobre Soberanía Alimentaria (FMSA), convocados por un amplio número de asociaciones y redes de todo el mundo, se reunieron en La Habana-Cuba 400 delegadas y delegados miembros de unas 200 organizaciones campesinas, indígenas, asociaciones de pescadores, organizaciones no gubernamentales, organismos sociales, académicos e investigadores, procedentes de 60 países de todos los continentes

El FMSA de La Habana trató de ofrecer respuesta a algunas preguntas como ¿por qué cada día aumentan el hambre y la malnutrición en el mundo?, ¿por qué se ha profundizado la crisis de la agricultura campesina e indígena, de la pesca artesanal y de los sistemas alimentarios sustentables?, ¿por qué los pueblos pierden soberanía sobre sus recursos productivos?

Se trataba, además, de construir alternativas viables y estrategias de acción a escala local, nacional y mundial desde la perspectiva de los pueblos y no de la de las corporaciones alimentarias transnacionales o las instituciones multilaterales gubernamentales..

En última instancia se planteaba si la soberanía alimentaria de los pueblos es posible en el mundo de la globalización neoliberal que hoy conocemos, más aun, ¿es la soberanía alimentaria de los pueblos una alternativa a los negativos efectos de la globalización neoliberal que conocemos?.

La conclusión fue: la Soberanía Alimentaria de los pueblos es posible y necesaria.

1.- Algunos rasgos de la situación actual

Han transcurrido ya mas de 5 años desde la Primera Cumbre Mundial de la Alimentación convocada por la FAO (por cierto, no se han atrevido a realizar la Segunda, en noviembre del año 2001). Han pasado más de 7 años de los acuerdos sobre agricultura de la Ronda de Uruguay del GATT (hoy OMC). Durante las dos últimas décadas se han aplicado políticas neoliberales tanto desde organismos multilaterales tales como el FMI y el BM, como desde muchos de los gobiernos del mundo. Y a pesar de todo ello, están muy lejos de haberse cumplido los compromisos adoptados para satisfacer las necesidades de alimentación de los pueblos. El derecho humano más elemental contenido en la Declaración Universal, el derecho a alimentarse, es letra muerta en muchos de los países del mundo.

Hoy sabemos que la sustentabilidad de los sistemas alimentarios no es una cuestión únicamente técnica. Al contrario, alcanzarla constituye un desafío que exige la más alta voluntad política de los Estados.. También sabemos que la sustentabilidad de los sistemas alimentarios es inviable en el contexto de la liberalización promovida desde la OMC y los organismos financieros internacionales.

En nuestro planeta globalizado, hoy, mas de 800 millones de personas sufren hambre y malnutrición. Al menos 1.300 millones de seres luchan por sobrevivir con menos de un dólar por día. Según afirma el sociólogo suizo Jean Ziegler, relator especial de la ONU sobre el derecho a la alimentación, cada día unas cien mil personas mueren de hambre en el mundo. Si a ese número increíble de personas sumamos las que mueren por epidemias y guerras en los países subdesarrollados, la cifra de muertos por causas atribuibles al modelo económico y social de crecimiento existente ascendió el año pasado a mas de 58 millones. Esto es, una cifra superior de muertos a la que ocasionó la II Guerra Mundial durante seis años.

Están creciendo las desigualdades entre países ricos y pobres y también dentro de ellos. Hoy mas de 80 países tienen una renta per capita inferior a la de hace una década. Se está globalizando la pobreza y la exclusión social. Según el PNUD el 20 % más rico de la población mundial controla el 86 % del PIB mundial y el 82 % de las exportaciones de bienes y servicios

Así pues, la esperanza de un nuevo milenio sin pobreza, sin hambre y en paz se ha visto frustrada para vergüenza de toda la humanidad.

2.- Las causas reales del hambre y la malnutrición

El hambre y la desnutrición no son efecto de la fatalidad, de un accidente, de un problema de la geografía o de los fenómenos climatológicos. Son el resultado de haber excluido a millones de personas del acceso a bienes y recursos productivos tales como la tierra, el bosque, el mar, el agua, las semillas, la tecnología y el conocimiento. Son, ante todo, consecuencia de las políticas económicas, agrícolas y comerciales a escala mundial, regional y nacional impuestas por los poderes de los países desarrollados, sus corporaciones transnacionales y sus aliados en el Tercer Mundo, en su afán de mantener y acrecentar su hegemonía política, económica, cultural y militar en el actual proceso de reestructuración económica global.

Según los promotores de esas políticas, la liberalización del comercio iniciada en el sector agrícola en 1995, debería incrementar el volumen de los intercambios, estimular el crecimiento económico, modernizar las economías y reducir la pobreza y el hambre en el mundo.

Lo que ha sucedido en realidad es que esas políticas han aumentado las ventas y las ganancias de los poderes económicos de los países desarrollados mientras que los pueblos del Tercer Mundo han visto crecer su deuda externa y los sectores populares han aumentado sus niveles de pobreza, miseria y exclusión por todas partes. Se ha acelerado el ritmo de concentración del mercado agrícola internacional en unas pocas empresas trasnacionales, aumentando simultáneamente la dependencia e inseguridad alimentaria de la mayoría de los pueblos.

Las políticas de subvenciones a la producción y subsidios a las exportaciones permiten que las empresas trasnacionales adquieran productos a muy bajos precios para venderlos a precios mucho más altos a los consumidores tanto del sur como del norte.

Las políticas neoliberales hacia el campo, de hecho han impulsado un proceso de desruralización forzada de vastas proporciones y consecuencias dramáticas. Han desencadenado una auténtica guerra contra las agriculturas campesinas e indígenas que, en algunos casos, llega a configurar un verdadero genocidio y etnocidio. Igualmente, las comunidades de pescadores artesanales han ido perdiendo cada vez más el acceso a sus propios recursos. El 70 % de las personas pobres en el mundo viven en zonas rurales y dependen casi totalmente de la agricultura y el desarrollo rural para su subsistencia

Con las políticas neoliberales, el hambre y la malnutrición crecen, no por ausencia de alimentos, sino por ausencia de derechos.

Ante esas inadmisibles realidades, es preciso que aquí, en Porto Alegre, en el FORO SOCIAL MUNDIAL, insistamos en algunas de las afirmaciones del FORO MUNDIAL SOBRE SOBERANÍA ALIMENTARIA celebrado en La Habana:

- La concepción promovida por el neoliberalismo sobre las ventajas comparativas produce graves perjuicios para los sistemas alimentarios. Dentro de esa lógica, la importación masiva de alimentos básicos tiende a desmantelar la producción doméstica.

- Los pueblos y sus Gobiernos deben preocuparse por impulsar políticas de Estado que garanticen la seguridad alimentaria de toda la población.

- Se engaña a la ciudadanía al afirmar que las agriculturas campesinas e indígenas y la pesca artesanal son ineficientes e incapaces de responder a las necesidades crecientes de producción de alimentos

- Es falso que la forma de hacer frente a la cada vez mayor demanda de alimentos en el mundo sea a través de la agricultura y la pesca de gran escala, industrial e intensiva.

- Se intenta imponer el patrón alimentario de las corporaciones trasnacionales como el único apropiado y correcto en un mundo global, cuando en realidad se trata de un verdadero imperialismo alimentario que atenta contra la diversidad de los pueblos, de sus identidades nacionales, culturales y étnicas.

- Algunas potencias hegemónicas usan los alimentos como arma de presión económica y política contra países y movimientos populares. Esta política unilateral debe cesar inmediatamente

- Nos encontramos ante un marco global de debilitamiento sistemático de los Estados y promoción de un tipo de democracias que excluyen sistemáticamente del diseño, ejecución y control de las políticas públicas a la sociedad en general y a la población rural en particular.

3.- La soberania alimentaria

La soberanía alimentaria es la mejor vía para erradicar el hambre y la malnutrición en el mundo, así como para garantizar la seguridad alimentaria duradera y sustentable para todos los pueblos

Pero, ¿qué se entiende por soberanía alimentaria?

La Soberanía Alimentaria es el derecho de los pueblos a definir sus propias políticas sustentables de producción, distribución y consumo de alimentos, garantizando el derecho a la alimentación para toda la población, con base en la pequeña y mediana producción, respetando sus propias culturas y la diversidad de los modos campesinos, pesqueros e indígenas de producción y comercialización agropecuaria, y de gestión de los espacios rurales, en los cuales la mujer desempeña un papel fundamental. La soberanía alimentaria debe asentarse en sistemas diversificados de producción basados en tecnologías ecológicamente sustentables.

La aplicación del principio de Soberanía Alimentaria ocasiona algunos efectos añadidos y exige algunos requisitos necesarios para que sus contenidos sean posibles en la realidad. El Foro de La Habana describió estos efectos y requisitos de la siguiente manera. La Soberanía Alimentaria:

1. Favorece la soberanía económica, política y cultural de los pueblos.

2. Reconoce una agricultura con campesinos, indígenas y comunidades pesqueras, vinculada al territorio; prioritariamente orientada a la satisfacción de las necesidades de los mercados locales y nacionales; una agricultura que considere central al ser humano; que preserve, valore y fomente la multifuncionalidad de los modos campesinos e indígenas de producción y gestión del territorio rural.

3. Supone el reconocimiento y valorización de las ventajas económicas, sociales, ambientales y culturales de la agricultura en pequeña escala, de las agriculturas familiares, de las agriculturas campesinas e indígenas.

4. Implica el reconocimiento de la multietnicidad de las naciones y reconocimiento y valorización de las identidades de los pueblos originarios. Esto implica, además, el reconocimiento al control autónomo de sus territorios, recursos naturales, sistemas de producción y gestión del espacio rural, semillas, conocimientos y formas organizativas.

5. Contiene la garantía al acceso a una alimentación sana y suficiente para todas las personas, principalmente para los sectores más vulnerables, como obligación ineludible de los Estados Nacionales y el ejercicio pleno de derechos de la ciudadanía. El acceso a la alimentación no debe ser considerado como una compensación asistencialista de los gobiernos o una caridad de entidades públicas o privadas, nacionales o internacionales.

6. Exige la puesta en marcha de procesos radicales de Reforma Agraria integral adaptados a las condiciones de cada país y región, que permitan a los campesinos e indígenas -considerando a las mujeres en igual de oportunidades- un acceso equitativo a los recursos productivos, principalmente tierra, agua y bosque, así como a los medios de producción, financiamiento, capacitación y fortalecimiento de sus capacidades de gestión e interlocución. La Reforma Agraria debe ser reconocida como una obligación de los Estados en aquellos países donde este proceso sea necesario, en un marco de respeto de los derechos humanos y como una eficiente política pública para combatir la pobreza. Los programas de mercantilización de la tierra promovidos por el Banco Mundial son incapaces de sustituir a las verdaderas reformas agrarias y no resuelven el problema del acceso del campesinado a los recursos productivos.

7. Entiende que el comercio alimentario internacional ha de estar orientado por el propósito supremo de servir al ser humano. La soberanía alimentaria no significa autarquía, autosuficiencia plena o la desaparición del comercio agroalimentario y pesquero internacional.

4.- Algunas propuestas

Desde el diagnostico de la realidad que acabamos de realizar y, proyectando sobre ella los contenidos de la Soberanía Alimentaria, el Foro Mundial de La Habana, proclamo la necesidad de:

1.- Apoyar la iniciativa, presentada por organizaciones de la sociedad civil en 1996, para que los Estados elaboren un Código de Conducta sobre el Derecho Humano a una Alimentación adecuada, que sirva como instrumento efectivo para la implementación y promoción del derecho universal a la alimentación, reconocido por la ONU desde 1948 y ratificado en la Cumbre Mundial de la Alimentación celebrada en Roma en 1996.

2.- Proponer la rápida ratificación, y la aplicación por un mayor número de países, del Pacto sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales adoptado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1966.

3.- Impulsar la adopción por las Naciones Unidas de una Convención Mundial de Soberanía Alimentaria y Bienestar Nutricional, a la cual se subordinen las decisiones tomadas en los campos de comercio internacional y otros dominios.

4.- Rechazar toda injerencia de la OMC en la alimentación, la agricultura y la pesca, así como su pretensión de determinar las políticas nacionales en esos ámbitos. Hay que oponerse categóricamente a los acuerdos de la OMC sobre propiedad intelectual de organismos vegetales y otros seres vivos así como a su intención de incluir nuevos temas de negociación.

5.- Potenciar un nuevo orden democrático y transparente para regular el comercio internacional, incluyendo la creación de una Corte Internacional de Apelación independiente de la OMC. Se propone el fortalecimiento de la UNCTAD como espacio de negociaciones multilaterales en torno a un comercio alimentario justo. De igual manera hay que impulsar esquemas de integración regional desde las organizaciones de productores y consumidores y fuera de los objetivos y parámetros neoliberales.

6.- El cese inmediato de las prácticas comerciales desleales que establecen precios de mercado por debajo de los costos de producción, aplicando subvenciones a la producción y subsidios a las exportaciones.

7.- Considerar los recursos genéticos como el resultado de milenios de evolución y pertenecen a toda la humanidad. Por tanto, deben ser prohibidas la biopirateria y las patentes sobre seres vivos, incluyendo el desarrollo de variedades estériles mediante procesos de ingeniería genética. Las semillas son patrimonio de la humanidad. La monopolización por unas cuantas empresas transnacionales de las tecnologías de creación de organismos genéticamente modificados (OGMs) representa una grave amenaza a la soberanía alimentaria de los pueblos. Al mismo tiempo, en virtud de que se desconocen los efectos de los OGM sobre la salud y el medio ambiente, demandamos la prohibición de su experimentación a cielo abierto, así como la prohibición de su producción y comercialización hasta que se pueda conocer con seguridad su naturaleza e impactos, aplicando estrictamente el principio de precaución.

8.- Emprender una profunda difusión y valoración de la historia agrícola y de la cultura alimentaria de cada país, denunciando al mismo tiempo las imposiciones de patrones alimentarios extraños a las culturas alimentarías de los pueblos.

9.- Integrar los objetivos de bienestar nutricional a las políticas y programas alimentarios nacionales. Conviene, además, promover la diversificación hacia alimentos ricos en micro nutrientes; defender la calidad e inocuidad de los alimentos consumidos por las poblaciones y la lucha por el derecho a la información sobre los alimentos que se consumen, reforzando la reglamentación del etiquetado de los alimentos y el contenido de la publicidad alimentaria, ejerciendo siempre el principio de precaución.

10.- Reconocer el papel fundamental de las mujeres en la producción, recolección, comercialización y transformación de los productos de la agricultura y la pesca así como en la preservación y reproducción de las culturas alimentarías de los pueblos. Respaldar la lucha de las mujeres por el acceso a los recursos productivos, por su derecho a producir y a consumir la producción local.

11.- No renunciar al derecho de los pescadores artesanales y sus organizaciones al libre acceso a los recursos pesqueros y a que se establezcan y protejan las zonas de reserva de uso exclusivo para la pesca artesanal. Igualmente se exige el reconocimiento de los derechos ancestrales e históricos sobre la zona costera y aguas interiores.

12.- Revisar las políticas y programas de ayuda alimentaria. Estas no han de convertirse en factor de inhibición de las capacidades locales y nacionales de producción de alimentos, ni favorecer la dependencia y la distorsión de los mercados locales y nacionales. El FMSA se manifiesta contra la corrupción y la colocación de excedentes de alimentos nocivos para la salud, en particular con OGMs, que en mas de una ocasión estas políticas favorecen. .

Por último, señalar que la Soberanía Alimentaria únicamente es posible conquistarla, defenderla y ejercerla a través del fortalecimiento democrático de los Estados y de la autoorganización, iniciativa y participación de toda la sociedad. Se requieren, en este sentido, políticas de Estado de largo plazo, una efectiva democratización de las políticas publicas y la construcción de un entorno social solidario.

Porto Alegre, 02-02-02
 
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