Iniciativa Socialista (portada) Las amenazas de Acebes
contra
la libertad de expresión

Gaspar Fraga

Gaspar Fraga es director de la revista Cáñamo (http://www.canamo.net)
Iniciativa Socialista, número 70, octubre 2003


Fundar la revista Cáñamo en mayo de 1997, al poco de subir al Poder el Partido Popular, fue una empresa transgresora. Los fundadores, con el director de la revista en cabeza –tratando un tema como el que cada mes Cáñamo se proponía publicar–, no esperábamos recibir ningún parabién desde las alturas. Ni mucho menos. Por suerte, entonces, parecía que su ascensión al Poder mantenía al Gobierno muy despistado.
Así y todo, ya tuvimos un primer contacto con las autoridades cuando en noviembre de 1997, tras una rueda de prensa convocada por Cáñamo en el Colegio de Periodistas de Cataluña, un tipo se nos vino detrás hasta la Redacción. Todos creímos que venía con alguno de nosotros y no le prestamos atención. El intruso estuvo casi dos horas sentado en la esquina de una mesa, hojeando una revista y observando nuestro quehacer, hasta que le pregunté quién era y porqué estaba allí plantado. Me hizo saber su condición de policía, aunque no estaba de servicio, me dijo, y añadió que era “simpatizante” y “fumeta”. Empero, le exigí que abandonara la Redacción en el acto. Tiempo después volvió a presentarse en la revista para regalarme una bolsita de marihuana que yo amablemente le rechacé.
Posteriormente, en mayo de 2001, a solicitud del Grupo Socialista compareció el Fiscal General del Estado, Jesús Cardenal, ante la Comisión Mixta Congreso-Senado para el Estudio del Problema de las Drogas, a informar, entre otras cuestiones, de un ejemplo citado en la Memoria de 2000 de la Fiscalía. “Nos referimos a una revista incitadora al consumo o tráfico de drogas”, leyó la diputada socialista Carmen Romero. A Su Señoría respondió el Fiscal General: “Recuerdo, efectivamente aquella revista en la que más o menos se ofrecía una sustancia estupefaciente y recuerdo también que se comentó ¿Esto será delictivo? Conviene que nos reunamos [los fiscales], oír el parecer de todos y luego ya veremos”. De esta comparecencia del Fiscal General supimos en esta Redacción ocho días más tarde. Teníamos la espada de Damocles encima nuestro y nosotros sin saberlo. Qué cosas tiene esta democracia. ¡Cuánta vigilancia la sustenta!
Así, en noviembre de 2002, prosiguió la persecución por parte del Ministerio de Interior, entonces desde el PND. La noticia salto a los medios informativos en fecha simbólica, el día 20-N: “Gonzalo Robles solicita a la Fiscalía Antidroga actuar contra revistas y tiendas que promocionan el cannabis”. Tres meses después apareció en el diario jurídico La Ley un prolijo informe doctrinal redactado por Fernando Sequeros, fiscal del Tribunal Supremo, que restaba soporte jurídico legal a las pretensiones del señor Robles. El informe acababa argumentado que “la propaganda de venta de semillas de cannabis para su cultivo doméstico (…) no podrá considerarse en modo alguno constitutiva de delito al carecer de entidad penal la finalidad perseguida por aquella [la propaganda]”. Es decir no sólo no hay delito en el consumo propio, tampoco lo hay en la supuesta “apología” de dicho consumo.
A todo ello siguió la amenaza del ministro de Interior, Ángel Acebes, hecha el 24 de julio pasado, tras de presentar junto al Delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas (PND) los datos de la Encuesta sobre drogas a la población escolar, 2002. El ministro denunció ese día “la manipulación de la información que sufren los jóvenes con ciertas campañas y publicaciones sobre la inocuidad del cannabis” y agregó su intención de “realizar reformas legislativas para acabar” con tales manipulaciones. Para ello anunció que desde el PND se “constituiría un grupo de expertos para contrarrestar la desinformación”. La respuesta de la revista Cáñamo, a través de un comunicado repartido a las agencias informativas y otros medios de comunicación, fue inmediata, con un comunicado del 25 de julio de 2003:
Creemos que las recientes declaraciones del ministro de Interior resultan inapropiadas e incoherentes, pues con ellas Ángel Acebes vulnera el principio de legalidad que nos ampara al acusar a nuestra publicación de un delito de apología rechazable por inexistente. Por ello, manifestamos nuestra absoluta repulsa hacia las maneras de demagogia política expresadas por el ministro al resaltar tendenciosamente que nuestra publicación se promociona entre adolescentes –que la Encuesta Escolar del PND con datos de 2002 sitúa entre 14 y 18 años–, no siendo cierta semejante imputación. CÁÑAMO lleva en portada, de modo claro y visible, la advertencia SOLO ADULTOS –mayores de 18 años– que tanto vale para informar al vendedor como al comprador.
CÁÑAMO, informa desde hace años de modo riguroso, científico, veraz e independiente acerca de las sustancias legales e ilegales y el daño que algunas de ellas pueden causar, por su uso indiscriminado, a la salud. La revista informa sobre las propiedades medicinales del cannabis en base a multitud de estudios de investigación médica y farmacológica, que son de obligada referencia internacional. También explica alternativas de consumo de menor daño para la salud ante la continua e imparable avalancha de hachís y otras sustancias adulteradas que intoxican a un importante sector de la población, sobre todo a la juventud, al tiempo que defiende libertades y derechos de los usuarios a diario vulnerados por la legislación vigente. Advierte asimismo sobre sustancias ilegales que se encuentran en el cotidiano y fácilmente accesible mercado negro, incontrolable por las autoridades competentes, y sobre los riesgos a que expone su consumo.
 Las declaraciones del ministro Acebes parecen esconder el fracaso de la política de Interior y los nada halagüeños resultados de los planes de prevención de su PND. Por ello se muestran alarmistas ante los padres, los educadores y el conjunto social; es así que echa a los adolescentes por delante, a las patas de los caballos, para atraerse el beneplácito de la opinión pública. Son estas declaraciones las que, de paso, sirven al ministro de Interior para justificar su amenaza de encontrar el modo de ilegalizar a medios de información que, como CÁÑAMO, han demostrado ser necesarios y útiles ante la incorrecta información gubernamental existente hoy por hoy.
Sepa el señor Acebes que desde Interior y Justicia esta es la tercera vez se preocupan tanto por la revista CÁÑAMO. Por favor, no pierdan más su tiempo ni el dinero de los contribuyentes españoles.
Que Cáñamo parece ser la bestia negra del Plan Nacional sobre Drogas, lo sabemos desde el principio. La animadversión del PND viene desde el inicio de esta publicación, en 1997, pues ya entonces intuíamos ser la china en el zapato del concepto gubernamental aplicado a la prevención del consumo de drogas; años antes de la vigilancia telefónica dictada en 2001 por el Fiscal General y de las beligerantes intenciones de Robles en noviembre de 2002 contra “la cultura del cannabis”. Es por ello que no extrañó en nuestra Redacción la acerba y extemporánea acusación de “apología del consumo de cannabis” que a finales de julio nos lanzaron el ministro de Interior, Acebes, y su acólito Gonzalo Robles.
Cáñamo informa, instruye y enseña, tanto a jueces, médicos y fuerzas de seguridad, como a padres, maestros y jóvenes, acerca de una realidad social que a lo largo del tiempo -seis años ya de nuestra existencia editorial- ninguna otra institución, publicación científica ni medio informativo asumió de modo responsable y coherente, como hacemos nosotros. Así, pues, laboral, tributaria y legalmente nuestra publicación está tranquila y fija en su oficio de veracidad informativa. Por tanto, esta Redacción nunca tuvo otros intereses ni mayor cuestión que los inspirados por sus principios profesionales y de servicio al conocimiento general de sus lectores acerca de los temas que sus contenidos tratan.
Al parecer, los únicos que no se quieren dar por enterados de la realidad circundante son, como siempre, los digresores de la costumbre social y diletantes en el comportamiento humano. O sea, los políticos del Partido Popular incapaces de hablar con gente de la calle, con enfermos, con vecinos, con parientes, con hijos, acerca del cannabis, cáñamo o marihuana para saber dónde, cómo y por qué están unos y otros. Y, en consecuencia, para saber aplicar bases de convivencia social no traumáticas ni alarmistas con respecto a consumos plurales, incluidos los ilegales.
Si la estadística es la realidad, en los últimos sondeos realizados de cara a las elecciones locales y/o generales que se avecinan - cinco consultas electorales en el Estado español en pocos meses- los españoles denotan una ínfima preocupación cuando de 15 problemas consultados sitúan al problema de la droga en el puesto 10º; por debajo -y en este orden de preocupación- de paro (61%), terrorismo (45,1%), inmigración (25,7%), inseguridad ciudadana (20,7%), situación económica (12,8%), vivienda (12,4%), guerra (7,6%), sanidad (7,2%), educación (6,5%), drogadicción (4,6%), además de pensiones bajas (4,2%), situación política (4,2%), justicia (3,9%), medio ambiente (3,6%) y corrupción (2,1%).
Es decir, vemos una percepción general de los ciudadanos que demuestra escaso o nulo interés en que el señor ministro de Interior quiera revolver el puchero para sacar tajada más fácil y beneficiosa para la reaccionaria política de drogas del PND que dirige su acólito Robles. ¿O es que acaso no tiene el Gobierno del PP mejores y mayores quehaceres que meterse con supuestos “apologetas” del cannabis y, por ende, querer buscar vericuetos inconstitucionales para acallar la voz informativa defensora de los consumidores perseguidos en sus derecho a gozar de tan natural y noble sustancia como es la marihuana? Así, con todas sus ya antiguas letras: M-A-R-I-H-U-A-N-A.
La intención declarada por el ministro Acebes, de crear una comisión de expertos que estudien la forma legal de clausurar las publicaciones y las tiendas cannábicas, sigue adelante. Al parecer la comisión ya está formada y próximamente se reunirá para “impulsar modificaciones legislativas” con las que justificar moral y jurídicamente su atentado contra la libertad de expresión y difusión de ideas, opiniones y pensamientos, derechos amparados bajo el artículo 20 de la Constitución Española, así como para intentar violar nuestro derecho a la comunicación de información veraz a los lectores.
El ataque del ministro de Interior se quiere justificar con que las publicaciones cannábicas hacemos “apología del consumo de cannabis entre los adolescentes”, lo cual, desde  CÁÑAMO, negamos rotundamente. El reciente sondeo, que cerramos el pasado día 30 de septiembre en nuestra página electrónica www.canamo.net, arrojó una edad promedio entre nuestros lectores de 25,5 años, lo que desmiente las aseveraciones del ministro Acebes. Además, nuestra revista anuncia claramente en lugar destacado de su portada, junto a su precio, que es de venta “sólo para adultos”.
Por otro lado, tontamente olvidan el ministro Acebes y su acólito Robles, al destacar en la encuesta escolar del PND los índices de consumo de cannabis entre adolescentes, que esas mismas cifras con las que intentan crear alarma social entre padres y educadores van en contra de su “gestión” en la prevención del consumo de drogas. Y que al mismo tiempo, esas cifras parecen ser una cortina de humo para ocultar el verdadero drama del consumo adolescente y juvenil: el alcohol, con 55,1%, y el tabaco, con 28,8%, drogas legales y letales que provocan muchos y graves efectos dañinos, devastadores para la salud, entre esos cientos de miles de escolares a quienes Acebes y Robles dicen querer defender.
Así, aunque el ministro quiera legislar al gusto moral de su partido y atropellar la legalidad vigente sacándose un decreto ley de la manga, Cáñamo confía en la solidaridad de los partidos políticos, en las empresas y profesionales del periodismo y en el sentido común de los españoles cívicamente responsables que defenderán sus/nuestros derechos constitucionales. Contamos también con el colectivo cannábico amenazado, capaz de crear su propia asamblea de sabios que desmienta a la anunciada comisión gubernamental de expertos. Ojalá haya controversia y de ella parta finalmente el debate nunca iniciado sobre el consumo recreativo de cannabis. Y, last but not least, sobre todo confiamos en que la sociedad bien informada y nuestros numerosos lectores no admitan sin unánime voz de protesta los subterfugios en las Cortes Generales del Gobierno y del Partido Popular, dispuestos a saltarse a la torera nuestros derechos abusando de su de mayoría absoluta al “ordeno y mando”.