Iniciativa Socialista (portada) ¿Extrañan las torturas estadounidenses?

Gonzalo Sichar

Iniciativa Socialista, nº 72, primavera 2004.


Desde que hace unas semanas aparecieran publicadas en diferentes medios de comunicación unas fotos que mostraban las torturas que militares de los Estados Unidos de América practicaban a presos iraquíes (militares y civiles), en la cárcel de Abu Ghraib, las sociedades occidentales se han estremecido, las fotos no eran para menos.

Pero además una buena parte de la población occidental quedó sorprendida. ¿Cómo era posible que los soldados que fueron a Irak para derrocar al tirano Sadam, devolver la libertad al pueblo iraquí y a instaurarles una democracia fueran ahora capaces de cometer crímenes de guerra?

Esta gente de bien, conservadora, demócrata, antiterrorista, mantuvo una ceguera indómita ante las razones económicas de la guerra. Esas supuestas motivaciones las veían producto de una campaña de la izquierda que con tal de oponerse al poder era capaz incluso de ser antipatriótica. Pero el tiempo va desvelando tanto los verdaderos motivos de la guerra como la falsedad de los documentos que justificaban la guerra: la presencia de armas de destrucción masiva.

Cada vez más población conservadora se daba cuenta de la mentira de las razones de la guerra, pero pensaba, que al menos sirvió para derrocar al dictador Hussein y mejorar la situación del pueblo iraquí. Ingenuamente estos democristianos, liberales, conservadores, o como quiera denominarse al centro-derecha, confiaban en que la restauración democrática de Irak podía ser liderada por Estaos Unidos, precisamente el país que más golpes de Estado ha financiado y apoyado.

Esta gente de buena voluntad y políticamente correcta quedó totalmente sorprendida porque vieron por televisión o prensa cómo los soldados del bien cometían crímenes como los de sus enemigos del Eje del mal.

Lo sorprendente en realidad es su sorpresa. ¿Cómo extrañarse que miembros de un ejército que diseñó y exportó sofisticados métodos de tortura los apliquen ellos mismos? No hay más que ver los manuales que la CIA repartía a los contras nicaragüienses para ver hasta dónde llega la imaginación de esa agencia para torturar. Como muchos contras eran analfabetos (fruto de la política educativa de Anastasio Somoza, por cierto) estos manuales de contrainsurgencia tenían que explicar los métodos de tortura al prisionero mediante sádicos dibujos.

Parece que a los conservadores se les olvide también que Estados Unidos, gendarme mundial de la libertad, creó la Escuela de las Américas, establecida en Panamá en 1946, con la
supuesta intención de promover la estabilidad en América Latina. Sin embargo, en los años ‘60, en vez de haber promovido la estabilidad, sirvió para entrenar a futuros tiranos, dictadores y miembros de escuadrones de la muerte. En los círculos latinoamericanos se la llegó a conocer como la “Escuela de los Golpes”, y en los círculos progresistas de Estados Unidos como la “Escuela de asesinos”. Bajo los términos del Tratado del Canal de Panamá, la Escuela de las Américas se trasladó a Fort Benning en 1984. En 1999, después de un fuerte movimiento de protesta el Pentágono cerró temporalmente la escuela, para reabrirla nuevamente con un nuevo nombre: Western Hemisphere Institute for Security Cooperation (Instituto Occidental para la Cooperación de Seguridad).

Naciones
Graduados en la Escuela de las Américas
Colombia
El Salvador
Nicaragua
Panamá
Bolivia
Honduras
Chile
Costa Rica
Ecuador
República Dominicana
Guatemala
Argentina
México
Brasil
Haití
TOTAL

       8.679  
       6.776  
       4.693  
       4.235  
       4.049  
       3.691  
       2.405  
       2.376  
       2.356  
       2.330  
       1.676  
         931  
         579  
         355  
           50  
         45.181  


   
La mayor parte de los altos mandos militares latinoamericanos involucrados en las represiones de sus países se graduaron en esta escuela.

Si antes el gobierno de Estados Unidos torturaba o enseñaba a torturar a “comunistas” para defender a la democracia del comunismo y los conservadores de ese país y de Europa no sentían curiosidad de los métodos utilizados, ahora es peligrosamente posible que miren para otro lado cuando desde altas instancias militares se torture a “terroristas” para defender nuestra cultura del islamismo extremista.

Y mientras la comunidad internacional civilizada diseña la Corte Penal Internacional para acotar estos abusos, el militarismo de Estados Unidos impide que sus soldados sean juzgados por este organismo, haciendo alarde una vez más de que la ley del más fuerte está por encima de la CPI, de la ONU y de cualquier otra instancia que no le sirva para sus intereses. Por eso, sus torturas y masacres y las de sus aliados (léase en estos momentos especialmente Israel) son medidas con otro rasero.