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El Plan Hidrológico Nacional presentado por el gobierno supone
la continuidad de una política hidráulica basada en un crecimiento
continuo de la oferta, sólo viable si el agua fuera un recurso prácticamente
ilimitado.
Su principal objetivo sigue siendo la construcción de embalses,
encauzamientos y trasvases, haciendo cada vez más insostenible el
uso de un recurso crecientemente escaso. Su enorme coste social, económico
y medioambiental beneficiará sobre todo a las empresas constructoras,
las compañías eléctricas y los grandes propietarios
agrícolas. La falta de
consideración del dominio público hidráulico y
la posible privatización tendrán consecuencias inaceptables
en la gestión de un bien de primera necesidad.
Creemos injustificado el trasvase por el que ha optado el gobierno desde
el Bajo Ebro a las cuencas de Cataluña, Júcar, Segura y Sur,
y nos oponemos a él por considerar que:
- Ampliará las diferencias económicas y sociales entre
las zonas del interior y la costa mediterránea, hipotecando el desarrollo
de las primeras y consolidando una ordenación del territorio cada
vez más desequilibrada e insostenible.
- La progresiva reducción de los caudales medios en el Bajo
Ebro, proceso que se agravará rápidamente como consecuencia
del cambio climático, hace imposible garantizar la transferencia
anual de 1000 Hm3. En áreas con una severa escasez de recursos hídricos
se va a fomentar una demanda que no podrá satisfacerse, creando
así graves problemas sociales a medio y largo plazo.
- Profundizará el proceso de deterioro que vienen sufriendo
el Delta del Ebro y áreas costeras, haciendo irreversible la degradación
de numerosos ecosistemas acuáticos y afectando a algunas especies
y espacios naturales en teoría protegidos.
- El texto del proyecto recoge la renuncia del gobierno, en contra
de lo señalado en nuestra legislación y en la Directiva Marco
europea, a recuperar la totalidad de la inversión pública
realizada en el trasvase. A su vez, todo indica que el coste real del m3
de agua trasvasada superará ampliamente las 52 ptas. presupuestadas,
haciendo inviable económicamente el proyecto en los parámetros
que el mismo fija.
Reivindicamos un PHN que modernice la política hidrológica,
reorientándola con criterios de sostenibilidad y realizando una
planificación que gestione la demanda y distribuya de manera sostenible
el agua disponible. Una política que planifique el uso de los recursos
de las cuencas en base al conocimiento de los consumos reales de
cada actividad y gestione de manera
conjunta los recursos superficiales y subterráneos.
El centro de un uso racional del agua debe situarse en el ahorro, apostando
por incrementar sustancialmente la eficiencia, reduciendo las pérdidas
en las redes de distribución, impulsando el empleo de técnicas
de riego más eficientes, la depuración y reutilización
de aguas, etc. Dada la baja eficacia actual en la utilización del
agua, este conjunto de medidas liberaría un volumen que hace innecesarias
la práctica totalidad de las obras contempladas en el PHN.
Por todo ello creemos necesario modificar en profundidad el proyecto
del Plan Hidrológico Nacional presentado en el Consejo Nacional
del Agua, lo que hace imprescindible un debate con presencia de todos los
sectores afectados,
en el marco de un proceso de democratización real de los órganos
de participación relacionados con la planificación y gestión
hidrológica.
Organizaciones firmantes:
Amigos de la Tierra, Ecologistas en Acción, Greenpeace, SEO/BirdLife,
WWF/Adena, CCOO, UGT, Plataforma Rural, CECU.
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