Apostillas sobre
la situación en Irak
José Luis Redondo
Luis M. Sáenz
Iniciativa Socialista, otoño
2003
Tras la publicación del editorial "El mundo tras la guerra de Irak",
han tenido lugar acontecimientos como la aprobación de la resolución
1.511 por el Consejo de Seguridad de la ONU y la celebración en Madrid
de la Conferencia de donantes. Por ese motivo, aportamos a título personal
algunas reflexiones sobre los últimos acontecimientos.
1. La resolución 1.511 del Consejo de Seguridad de la ONU,
avalando una fuerza militar multinacional en Irak bajo mandato de la Administración
Bush durante tiempo indefinido es un grave paso atrás que dificulta
la construcción de un Irak federal, democratizado e independiente.
2. La Conferencia de donantes realizada en Madrid ha hecho burla
de su nombre. De lo que allí se ha tratado ha sido, ante todo, de
créditos, préstamos o subvenciones a la exportación
de empresas procedentes de los países "donantes", y de cómo
repartir tanto la tarta de "la reconstrucción" como la factura de
los gastos de guerra y ocupación, de acuerdo con la Orden 39 de la
"autoridad de ocupación", en la que se ponía en marcha la privatización
de empresas estatales, el acceso sin limitaciones de las empresas extranjeras
y la autorización para que éstas saquen de Irak la totalidad
de los beneficios que obtengan, todo ello bajo una autoridad política
también extranjera.
3. Irak es hoy terreno de un conflicto con varios contendientes, que no
puede abordarse desde un escenario "bipolar" (fuerzas de ocupación
versus resistencia) que no responde a la realidad iraquí, cruzada
por antagonismos de "geometría" mucho más compleja. Si el "movimiento
del 15 de febrero" asume ese escenario como cierto, su potencia pacifista
puede quedar comprimida entre un muro de aceptación "realista" de
la ocupación y otro muro de fascinación por una "resistencia"
armada que, en muchos casos, procede de grupos vinculados a la dictadura
sadamita y a sus crímenes.
4. La capitulación de los Estados ante la Administración Bush
incrementa los peligros y favorece el protagonismo de las fuerzas de ocupación,
los grupos sadamistas y el influyente fundamentalismo chiíta. La izquierda
política, el movimiento altermundista y el movimiento por la paz deben
reafirmar la condena a la guerra, a las mentiras con que se excusó
y a la ocupación posterior, abordando en positivo la construcción
de caminos de solidaridad con la población iraquí desde posturas
que sean tan hostiles a esos tres campos reaccionarios como cooperativas
con los grupos e individuos que en Irak aspiran a la democratización
e independencia y que aspiran a poner fin a la ocupación sin propiciar
el retorno del sadamismo o la instauración de un régimen fundamentalista.
5. Asumiendo nuestra parte de responsabilidad en lo que hacen nuestros gobernantes,
en la medida que podemos tratar de modificarlo o, al menos, desautorizarlo,
declaramos que:
a. Reclamamos una investigación y depuración de responsabilidades
sobre las mentiras con que el gobierno español justificó su
apoyo a la guerra. Igualmente, reclamamos un cambio radical en la postura
de éste frente a la exigencia de juicio y castigo a los culpables del
asesinato de José Couso.
b. Condenamos la resolución 1.511 del Consejo de Seguridad. Exigimos
al gobierno español que las tropas enviadas a Irak sean puestas de
forma inmediata fuera de la obediencia a la "autoridad de ocupación",
como primer paso para su pronta retirada definitiva salvo acuerdo con el secretario
general de la ONU y con el Consejo de gobierno iraquí para mantenerse
en el país con funciones de apoyo a la acción humanitaria y
protección de derechos humanos básicos subordinadas a las indicaciones
de esas instituciones y ajenas a toda voluntad de ocupación.
c. Exigimos la condonación de la deuda externa que Irak tenga contraída
con España y que los fondos prometidos para la reconstrucción
sean donados sin exigencia de devolución y dedicados a misiones que
reviertan de forma inmediata en el bienestar de la población y en la
reconstrucción material del país, a través de organizaciones
y agencias no dependientes de la "autoridad de ocupación". Igualmente,
reclamaremos un nuevo proceso de evaluación de proyectos, una vez que
sea rota la posición de vasallaje político respecto a la Casa
Blanca, ya que las ONGs más solventes se han negado a aceptar financiación
de los Estados implicados en la guerra y en la ocupación de Irak.
d. Apoyamos las acciones a través de las cuáles la sociedad
iraquí expresa o expresará su protesta contra la ocupación
o la reivindicación de atención a urgentes necesidades básicas,
del reconocimiento de derechos legítimos, del restablecimiento de servicios
públicos, de recuperación de los puestos de trabajo, etc. Compartimos
la opinión de diversas fuerzas democráticas iraquíes
que consideran que la lucha por la democracia y contra la ocupación
se expresa hoy fundamentalmente por vías no violentas, ya que
el margen para ellas y para la intervención política pública
es mayor bajo la propia ocupación que bajo el régimen de Sadam
y es imprescindible aprovechar esta situación inestable para extender
y desarrollar formas organizativas y asociativas que puedan jugar un papel
en la democratización de Irak.
En condiciones de ocupación extranjera y de acción militar
de grupos ultrareaccionarios de signo sadamita o fundamentalista, no puede
excluirse la legitimidad e incluso necesidad de actos de defensa armada frente
a las agresiones, pero eso hace aún más necesario diferenciar
las diversas acciones teniendo en cuanto quiénes las cometen y con
qué intenciones, quiénes son las víctimas y cuáles
las consecuencias previsibles. Ningún acto de fuerza cometido por los
ocupantes, los grupos sadamitas o las milicias fundamentalistas contará
con nuestra simpatía ni comprensión. En particular, condenamos,
además de la guerra y la ocupación en sí mismas, los
actos de represión cometidos por las fuerzas de ocupación contra
protestas multitudinarias y sus abusos contra la población en general;
los atentados perpetrados por grupos sadamitas contra delegaciones de la
ONU, ONGs como la Cruz Roja, miembros del Consejo de gobierno iraquí
o personas ligadas a movimientos contrarios al régimen de Sadam, embrionarias
-aunque aún no soberanas- formas de administración iraquí
y, en general, contra la población; y, también, las actividades
de milicias fundamentalistas tratando de imponer sus normas teocráticas
y feminicidas a través del terror.
e. Con las limitaciones que impone la distancia y tras haber hecho un esfuerzo
por conocer la opinión de los grupos democráticos iraquíes,
creemos que la opción menos mala en cuanto a la evolución política
institucional a corto plazo de Irak pasa por la sustitución urgente
de la "autoridad ocupante" y sus fuerzas de ocupación por la colaboración
entre las Naciones Unidas y un gobierno provisional iraquí -derivado
del actual Consejo de gobierno iraquí o de alguna más amplia
conferencia de fuerzas políticas y sociales nacionales- en un marco
de cooperación internacional sin el sello neocolonial de la actual
ocupación, para preparar la transición hacia un proceso constituyente
y representativo de la sociedad iraquí, con garantías de que
cualquier mayoría surgida de un proceso electoral respetará
un paquete mínimo de derechos básicos reconocidos a cada persona,
a cada colectivo étnico o religioso y, muy en particular, a las mujeres.
Ese debe ser, esencialmente, el papel de las Naciones Unidas, ya que si la
guerra fue injusta y la ocupación lo es, también lo sería
la indiferencia acerca del destino de la población iraquí. Las
fuerzas democráticas iraquíes deben recibir el apoyo y la solidaridad
internacional para que la retirada de los ocupantes no dé paso a matanzas
y dictaduras.
6. No nos engañamos. Las vías que se están imponiendo
son otras. Otro camino requiere fuerza para imponerlo. Las oportunidades para
un Irak democratizado residen en:
- El desarrollo de la propia potencia democrática y cooperativa de
la sociedad iraquí, en la que el derrumbe del régimen baazista
ha propiciado la emergencia de organizaciones políticas, sindicatos
y formas asociativas diversas, así como de una nueva capacidad de movilización
y protesta.
- El desgaste de la política conducida por la Administración
Bush, incapaz de generar una hegemonía política paralela
a su poderio militar y que da claros signos de ser incapaz de manejar la situación.
Son ya evidentes los primeros signos de una creciente oposición interna
en EE.UU., lo que puede influir decisivamente sobre el curso de los acontecimientos,
especialmente si Bush fuese derrotado en las elecciones presidenciales de
2004.
- La recuperación de una significativa capacidad de acción
crítica por parte del movimiento por la paz en el seno de la Unión
Europea y en otros lugares del planeta. Este movimiento, combinado con los
factores antes citados, podría tener como efecto colateral el surgimiento
de nuevas grietas sobre el capitulador consenso en las alturas alcanzado por
los gobernantes.
Obviamente, en los Estados no encontraremos garantías definitivas
que aseguren el respeto de los derechos humanos o el compromiso de la ONU.
Hay políticas de Estado mejores y peores, y hay Estados más
o menos sensibles a la presión pública, lo que debe ser utilizado,
pero la única garantía reside en la expansión y arraigo
de una voluntad democrática en la multitud, en Irak, en España,
en Estados Unidos, para que las fuerzas de la emancipación sean
superiores a las fuerzas de la dominación, sea cual sea su signo.